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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

Sermón en el día miércoles 25 de agosto de 2010.

Título: NO ME ACORDARÉ DE TUS PECADOS E INIQUIDADES

Biblia: Hebreos 8:1-13

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón, Asunción, Paraguay

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  1. Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos,
  2. Ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre.
  3. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer.
  4. Así que, si estuviera sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley;
  5. Los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se les advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte.
  6. Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.
  7. Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo.
  8. Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto;
  9. No como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendía de ellos, dice el Señor.
  10. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo;
  11. Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce el Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos.
  12. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.
  13. Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.

INTRODUCCIÓN:

Hoy veremos uno de los aspectos más reconfortantes de nuestra vida como creyentes: la “vida eterna” que tenemos en Jesucristo.

Y sé que nadie quien cree a Jesús en forma diferente a nuestra iglesia jamás puede alcanzar este gozo y plenitud respecto a la vida eterna, porque la salvación que recibimos de Jesús nunca fue por una iniciativa o decisión nuestra, sino como consecuencia del llamado de Dios pues hemos sido escogidos para ser santos y sin mancha desde antes de la fundación del mundo.

También muchas veces he insistido en que no se salva tampoco por la fe en Jesús, porque la fe es una consecuencia del hecho consumado de la justificación en el cual estamos, y ese instrumento que nos avala de nuestra salvación en Jesús ya obtenida es justamente la fe. Porque hemos muerto juntamente con Cristo, como miembros de su cuerpo y ha sido pagado el precio del pecado el doble por nuestro Señor Jesús ante Dios, y juntamente con Cristo hemos resucitado; y hoy estamos en Cristo y al estar en Cristo también por causa y por él tenemos una vida indestructible.

El miércoles anterior les he hablado acerca de cómo nos damos cuenta de que tenemos la ley de Dios escrita  en nuestros corazones, y lo que él nos ha puesto en la mente es utilizado cuando somos adiestrados. Y justamente esta parte del adiestramiento de nuestras manos para las diferentes batallas que recibimos demuestra el amor y el celo que tenemos por nuestro Señor Jesucristo.

Por esta causa, muchos creyentes se preguntan: ¿para qué quiero discipularme? ¿Por qué he de adiestrarme en toda la Escritura, de invertir mi tiempo en Dios y sus obras? Estas palabras son de personas que aún no han comprendido correctamente la gracia de Jesús.

Yo les respondo: por causa de la seguridad que puede alcanzar tu alma, por causa de plenitud en el Espíritu Santo que recibes, por causa de gozo y el gozo cumplido en Jesucristo porque hoy estás en Dios y puedes pedir cualquier cosa; por causa de la comunión a que llegamos con el Padre celestial, porque es un mundo diferente que se nos abre, es por la confianza que uno recibe de Dios porque te confirma que eres hijo suyo, y… es la vida eterna.

No es que luego de tantas disciplinas y discipulado se llegue a alcanzar la vida eterna: ¡NOOOO! Sino, es entonces cuando se “siente” y se “vive” la vida eterna, no es un hecho meramente de “creer que tiene vida eterna”. Consecuentemente la convicción que se vive, la certeza de todas las promesas de Dios, el hecho que nada puede suceder porque todo, todo está asegurado.

Por eso, hoy nos centraremos en el versículo 12: Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades.

REPASEMOS UN POCO

Repasemos rápidamente:

El creyente puede tener variados comienzos y llamados en diferentes tiempos y situaciones, mas una vez llamado y consolado por un tiempo…

Enseguida entra al Desierto de Dios: aprende las Palabras de Dios y que no solo de pan vive el hombre, mas de toda la palabra que sale de su boca, y a partir de este momento el Señor desea hacer un pacto contigo o revalidar el pacto que ya ha establecido con tus padres. Aprende poco a poco a centrar su vida en Dios y según los términos de Dios, también suceden grandes luchas de amores: entre Dios y el mundo, consigo mismo.

Cambio del método de Egipto de vida a una vida entregada y depositada según el pacto de Abraham, y que nos lleva a nuestra tierra, a formar nuestra nación y ser benditos de Jehová en este tiempo. Este aspecto es fundamental, porque existen muchos creyentes pero no muchos viven basados en el pacto de Abraham, incluso existen aquellos que porque estamos hoy en el pacto de Jesucristo hacen caso omiso al pacto de Abraham. Es que solamente se puede comprender y vivir el pacto en Jesucristo dentro del pacto de Abraham (esta es una de las causas de por qué muchos creyentes no pueden vivir y sentir la vida eterna).

Conocimiento de las leyes de Dios: siempre el hombre comienza a aprender los mandamientos, estatutos y ordenanzas de Dios, se siente culpable; y es impulsado al arrepentimiento de sus pecados. También aprende a discernir entre los bueno y lo malo, entre lo santo y lo inmundo.

Gracia de la salvación: a comprender que Jesús nos salvó llevando a nosotros y nuestros pecados sobre él, y pagando el precio del pecado que es la muerte. Y haciéndonos parte de su cuerpo como miembro suyo, por eso, somos inseparables, somos insustituibles; tampoco nos puede olvidar.

Vida en espíritu: es cambiar el modo de buscar las cosas, de salir del mundo y de sus métodos, abrazar el pacto y vivir según los nuevos términos dados y prometidos por Dios. Siguiendo a Jesús, llevando su yugo, buscando recibir las promesas del pacto dentro de los tiempos y métodos expuestos por Dios en la Biblia.

Vida bajo el sacerdocio de Jesucristo: aprendemos a intimarnos entrando en el lugar santísimo. En el tabernáculo no hecho de manos sino aquella que está en el cielo. Es una relación personal, individual con Jesús, que es producto de cuánto te has esforzado en vivir en el Espíritu.

Adiestrado para toda batalla: Dios adiestra nuestras manos para encarar y llevar todas las cosas a un nivel en que vemos, sentimos y recibimos la respuesta de Dios. Un paso de fe más allá de nuestra humana razón, humano sentir, humana confianza; para sentir que sí tenemos puesta en nuestra mente la ley de Dios. Como Abraham quien creyó en esperanza contra esperanza de que Jehová le daría un hijo, o cuando ofreció a su hijo creyendo que Dios era poderoso incluso para resucitar de los muertos a su hijo.

En realidad el camino es largo, pero así es necesario para nosotros lleguemos a comprender todas las cosas que Jesús hizo por medio de su obra en la cruz. Todo esto es por que “Sed santos porque yo soy santo”. La santidad ya nos otorga Jesús por medio de su obra en la cruz y de la cual aun estando en nuestros pecados y delitos nos lo concedió, incluso antes de nuestro nacimiento.

Y esto que estamos simplemente tratando de alcanzar y equipararnos en el conocimiento de “las cosas realizadas” en Cristo. Y esta dificultad que tenemos para comprender estas cosas, para creer que sí efectivamente ya estamos salvados, que somos uno en el cuerpo de Cristo; (sí que son cosas increíbles), mas esto nos muestra el grado de pecaminosidad y corrupción al que habíamos caído.

Repito: conocer las cosas así como son, creer sencillamente sin ninguna nube de duda es de por sí un duro trabajo y discipulado. Todo esto nos cuesta simplemente seguirle, de actualizarnos en todo lo que el Señor Jesús ya nos hizo. Entonces podemos comprender cuán grave es el pecado y sus consecuencias en el hombre.

Mas también una cosa es que tengas fe y por fe puedas creer que esto es cierto y está en ti: EL QUE CREE EN EL HIJO TIENE VIDA ETERNA (San Juan 3:36). Cuando una persona es un elegido de Dios, esta persona tiene verdadera fe en Jesús, y esa fe le dice que tiene VIDA ETERNA. Mas una cosa es CREER, otra muy diferente es VIVIR LA VIDA ETERNA Y SENTIRLA. Una cosa es escuchar las maravillas de los platos que cocina un famoso chef, mas otra cosa muy diferente y una experiencia imborrable es que personalmente lo coma y disfrute. Así también es la vivencia de la VIDA ETERNA QUE TIENE EL ELEGIDO DE DIOS.

Y una cuestión fundamental para que el hombre pueda comprobar la vida eterna que YA tiene en Jesucristo es justamente el versículo Hebreos 8:12 Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. Si no llega a vivir “suficientemente guiado por el Espíritu Santo”, siempre el creyente caerá una y otra vez en el temor en su interior del capítulo Romanos 7:14-23 Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

Mas para las personas quienes “sus manos están siendo adiestradas en toda batalla”, y en cada momento confía y acepta vivir en el Espíritu, conoce que Jesús ha sido propicio a sus injusticias y que Dios no se acuerda más de sus pecados e iniquidades, porque le responde, le consuela, le habla, le muestra las cosas que hay en su corazón.

En realidad no se busca ni se pide diciendo: “Señor Jesús, sé propicio a mis injusticias, no te acuerdes más de mis pecados e iniquidades”; este tipo de oración no se hace, porque JESÚS YA FUE PROPICIO A TUS INJUSTICIAS, YA LLEVÓ Y DIOS YA TE PERDONÓ Y NO SE ACUERDA MÁS DE TUS PECADOS E INIQUIDADES. Pero es necesario que aprendas que existe un mandamiento respecto a ese pecado y que debes primero arrepentirte y segundo que debes hacer todo esfuerzo en vencer ese pecado para no ser esclavo del pecado, y a vivir guiado por el Espíritu Santo. En cambio, mientras sigas viviendo en la carne y para la carne, y utilizas a Dios solamente para tus caprichos, podrás tener fe (y una fe muy difusa) de la vida eterna, mas nunca una certeza plena. La vida eterna para estar personas es una realidad” pero no se hace “EFECTIVO”.

LA REALIDAD QUE SE EFECTIVIZA

¿Cómo se sabe verdaderamente que Jesús ha sido propicio a tus injusticias, y que Dios nunca más se acuerda de tus pecados y de tus iniquidades? ¿Saben cómo se traduce esto en la práctica? Es común encontrar a muchos creyentes quienes no se sienten “salvados”, que muchos creyentes aun debaten en la incertidumbre, algunos que enseñan diciendo que la salvación se puede perder y siempre existen personas quienes les creen y viven consecuentemente atemorizados. No es raro encontrar a padres quienes oran a Dios pidiendo que los corazones de sus hijos se abran a Cristo Jesús y le reciba como su señor y salvador. Cuando que esta preocupación se soluciona de una sola vez por medio del pacto, ¡claro! Que difícilmente lo conocerá si él mismo no conoce el pacto de Dios o no cree.

Todo esto sucede porque no están llegando a conocer que Jesús sí ha sido propicio a todas sus injusticias y que no son recordados tus pecados y tus iniquidades. Por tanto, la cuestión no es preguntar a Jesús: ¿has sido propicio a mis pecados? O siempre que uno siente mal pide que Jesús limpie sus pecados por la sangre derramada en la cruz. Porque no obtendrás ninguna respuesta para una cosa tan obvia y cierta.

El camino para saber eso es por otra parte, es viviendo el cambio de ley que nos dice Hebreos, es vivir la vida guiado por el Espíritu Santo y salir junto al Señor Jesús y vivir dentro de los términos del pacto, dejando tus conocimientos, sueños, deseos que tienes del mundo. Pues no se puede utilizar a Jesús para que él te escuche y haga salir el número de lotería que has comprado. Por eso, Jesús les dice: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia.”

Entonces, ¿cómo se llega a sentir la vida eterna? ¿Cómo la realidad de nuestra vida eterna se efectiviza?

Para eso necesitamos la ayuda de otra parte de la Biblia, San Juan 17:

  • GLORIFICA A TU HIJO: v.1-2 Glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Toda persona a quien Dios ha escogido y dado a Jesús, sobre ellos Jesús tiene la potestad para dar vida eterna, sin ninguna participación del hombre en ello. Y en San Juan 1:3-4 dice: Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Así que la vida eterna está en Jesús, es por eso que él nos hace parte de sus miembros para que la vida también esté en nosotros, o mejor dicho que nosotros estemos incluidos en la vida eterna que él tiene.
  • ESTA ES LA VIDA ETERNA: v. 3-5. que te conozcan a ti, el único Dios verdadero,  y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. Porque la vida eterna está en Jesús, y con su muerte y resurrección y su ascensión a los cielos es la restauración de la gloria que anteriormente tenía Jesús.

Por tanto, la vida eterna no es algo que nosotros ganemos o dejemos de ganar como CONSECUENCIA DE NUESTRA FE O DECISIÓN, sino la vida eterna está en nosotros si estábamos en su cuerpo o no en el momento de su muerte, resurrección y glorificación.

Y porque la vida eterna no está en nosotros como individuos independiente, sino somos parte de la vida eterna porque somos miembros del cuerpo de Jesús; por tanto nos corresponde conocer al Dios verdadero y a Jesucristo. Y como dice el sermón del domingo: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. (San Juan 15:7). Porque así llegas a saber si realmente estás en Dios o no, si el Espíritu Santo mora en ti o no, si tienes en ti sus palabras que moran en ti o no, si permaneces en su amor o no.

Y en la persona en quien permanece la palabra de Dios, sucede esto que corresponde al adiestramiento de las manos para la batalla: Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos. Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? (1 Juan 5:3-5)

Por esta razón, mucho del discipulado es esto: aprender y estudiar la Biblia y conocer a Dios. Aprender a vivir toda palabra en la guía del Espíritu Santo. Entonces, el sólo hecho que tú puedes permanecer en las Palabras de Dios y las Palabras de Dios en ti para vencer, hace que tú tengas el testimonio y la manifestación de Dios que eres su hijo, y por tanto que tienes vida eterna.

  • GUARDADO TU PALABRA:  V. 6-8 He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Sabemos que guardar la palabra de Dios no es fácil, ni se consigue en una primera vez salvo que sea una persona en avanzado estado de discipulado. Mas siempre es convencido y fortalecido por el Espíritu Santo para LOGRARLO, y dice la Biblia: Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento. Porque para Dios somos grato olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden; a éstos ciertamente olor de muerte para muerte, y a aquéllos olor de vida para vida. Y para estas cosas, ¿quién es suficiente? Pues no somos como muchos, que medran falsificando la palabra de Dios, sino que con sinceridad, como de parte de Dios, y delante de Dios, hablamos en Cristo. (2 Corintios 2:14-17)

  • DIOS ES GLORIFICADO EN SUS HIJOS. V. 9 Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.

¿De qué forma crees que Dios recompensará para sus hijos quienes hoy son fieles a los mandatos de Dios en todos los términos de la Biblia? ¿Qué más que la manifestación personal del Padre y de Jesús en ustedes? Y cuando esta manifestación sucede, es una comunión íntima, personal, única. Y la persona no necesita de testigos, ni otras pruebas, porque sabe lo que tiene en Jesús.

  • Guárdalos en tu nombre: V. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Para que sean uno, así como nosotros

Las manos que han sido adiestradas en toda la Palabra de Dios, aquellos que sí han esforzado en vivir guiados por el Espíritu Santo, sabe cómo la Biblia le responde según los términos exactos de las Escrituras. Y esta confianza y confidencia que alcanza en Dios le da AUTORIDAD DE HIJO.

  • Gozo cumplido en sí mismos: V. 13-14: Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos (v. 13). El mundo los aborreció, porque no son del mundo (v. 14).  

Ya no estamos simplemente como unos “creyentes” con fe en Jesús, sino nos paramos como hijos, vivimos con la autoridad de hijos, y cada uno sabe qué le ha concedido el Padre celestial. Es como Josué quien en medio de la batalla ordena al sol que está encima de Gabaón que se pare, que no se mueva durante un día entero. O que Elías pueda orar porque tiene confianza que del cielo caerá fuego para quemar el holocausto, o que el cielo deje de dar lluvia durante tres años y seis meses.

  • Guárdalos del mal: v. 15. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

Saben que nada de esto puede suceder si uno no es discipulado en vivir en la Palabra, en tener el discernimiento del bien y del mal, quien no haya luchado con todas sus fuerzas contra el mal, no sabe de esto. Mas los frutos que resulta muestra y te da esa confidencia porque puedes vivir en el Espíritu.

  • Santifícalos en tu verdad: v. 17-19 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

Saben que estas cosas no son para neófitos, que nadie quien no vive enteramente puede alcanzar. Esta es la razón de porque tantos creyentes en Jesucristo no pueden vivir la vida eterna, de por qué siempre están inseguros respecto a la salvación. Porque el pecado cada día mora en su casa, el pecado golpea su puerta y está ahí.

En cambio, solamente la persona quien ha vivido y es aprobado por el Espíritu Santo, el Espíritu de la Verdad y de toda Consolación puede quitar y afirmarte en tu corazón: “NO ME ACORDARÉ DE TUS PECADOS E INIQUIDADES”.

  • También los otros que vendrán sean uno en nosotros: v. 20-21 Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

Promete que esta palabra será repetible, que las enseñanzas serán ciertas en todas las personas a quienes se les aplique correcta y bíblicamente. Que no es una cuestión única a los apóstoles de Jesús o de su tiempo.

  • La gloria de Dios: v. 22 La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

A estas alturas, no estamos hablando ni esforzándonos en tener “fe”, porque el nivel de relacionamiento en el Padre Celestial es completamente diferente. ¿Y qué puede ser la gloria de Dios en ti? Jesús dijo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. (San Juan 8:12). Y Jesús también nos dijo: vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo 5:14-16)

  • Perfectos en unidad: v. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

Les puedo asegurar que los hijos que han sido discipulados de esta forma, cada día se esfuerzan más para vivir en el Espíritu Santo, porque puede comprender la gloria de Dios que hay en él, y existe una unión tan franca, íntima con el Padre y Jesús, que por nada del mundo cambiará.

  • Estén donde yo estoy: v. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos están conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Así dice la Biblia en Hebreos 11:13-16 conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad.

¿Pueden entender ahora cómo funciona “el conocimiento y la vivencia de la vida eterna en Jesucristo”?

  • Éstos han conocido que tú me enviaste: v. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Ya no es ver a través de un velo, ni bajo un espejo, sino ver claramente a Dios, ya no existen ningunas sombras de duda.
  • Amor que me has amado esté en ellos: v. 26 Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. Y esto es construible y esto es repetible en todas las iglesias, en todas las familias, en todo individuo quien es hijo de Dios y busca vivir guiado bajo el Espíritu Santo.

SABES QUE DIOS HA SIDO PROPICIO A TUS INJUSTICIAS

Llegado a este punto con una vivencia con Dios todos los días, sabes con certeza que Jehová ha sido propicio a tus injusticias y que no se acuerda más de tus pecados e iniquidades.

Porque esto de Romanos 8:1-3 es el testimonio de esto: ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.

Y sabemos que esto es verdadero y esto es cierto, también no he escuchado que hayan mostrado el camino bien específico para sentir y vivir la vida eterna, más allá de la fe.

CONCLUSIÓN

El adiestramiento de las manos para las diferentes batallas que nos guía el Espíritu Santo es fundamental para que el hombre practique y viva en la Palabra. Porque cuando es adiestrado y cuando puede vencer guardando todo mandamiento, ordenanza y estatutos de Dios es porque eres nacido de Dios. Que en ti mora el Espíritu de Verdad quien te hace recordar siempre la Palabra y te ayuda para que puedas vencer.

Mas nadie puede discipularse si sigue detrás de sus ansias, de sus sueños, de construir su mundo porque no quiere torcer el camino del hombre carnal, y utiliza a Dios como “un ayudador”. No, debe primero renunciar a toda forma de vida actual y seguir firmemente los caminos de tu pacto.

No se conseguirá al primer día, ni se logrará al primer año; mas en la manera en que sea hacedor de la Palabra sentirá el adiestramiento de tus manos, y que no se acuerda más de tus pecados e iniquidades. Este camino es bien cierto, está comprobado por vivencias propias y de muchos quienes antes de nosotros vivieron.

Pero si no se atreve a vivirlo, si se empecina en ese su camino del evangelio de la prosperidad, siempre será un nuevo comienzo luego de un nuevo fracaso e incertidumbre.

Que Dios te bendiga.

 

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Fecha de creación
: 28 de agosto de 2010