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Sermón en el día miércoles 28 de julio de
2010.
Título: LA VIDA EN ESPÍRITU <PARTE 2>
Biblia: Hebreos 7:1-28
Predicador: Pastor Dong Han David Lee
Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av.
Japón, Asunción, Paraguay
www.evangelio123.org / (595) 021-301-706
/ (595) 0981-815-179
- Porque este Melquisedec, rey
de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía
de la derrota de los reyes, y le bendijo,
- A quien asimismo dio Abraham
los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y
también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;
- Sin padre, sin madre, sin
genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho
semejante al hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
- Considerad, pues, cuán grande
era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.
- Ciertamente los que de entre
los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo
los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan
salido de los lomos de Abraham.
- Pero aquel cuya genealogía no
es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía
las promesas.
- Y sin discusión alguna, el
menor es bendecido por el mayor.
- Y aquí ciertamente reciben
los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que
vive.
- Y por decirlo así, en Abraham
pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;
- Porque aún estaba en los
lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
- Si, pues, la perfección fuera
por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué
necesidad habría aún de que se levante otro sacerdote, según el orden de
Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?
- Porque cambiado el
sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;
- Y aquel de quien se dice
esto, es de otro tribu, de la cual nadie sirvió al altar.
- Porque manifiesto es que
nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al
sacerdocio.
- Y esto es aun más manifiesto,
si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,
- No constituido conforme a la
ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida
indestructible.
- Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
- Queda, pues, abrogado el
mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia
- (pues nada perfeccionó la
ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a
Dios.
- Y esto no fue hecho sin
juramento;
- Porque los otros ciertamente
sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le
dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según
el orden de Melquisedec.
- Por tanto, Jesús es hecho
fiador de un mejor pacto.
- Y los otros sacerdotes
llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;
- Mas éste, por cuanto
permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;
- Por lo cual puede también
salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para
interceder por ellos.
- Porque tal sumo sacerdote nos
convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más
sublime que los cielos;
- Que no tiene necesidad cada
día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus
propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para
siempre, ofreciéndose a sí mismo.
- Porque la ley constituye
sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a
la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
INTRODUCCIÓN:
¡Confusión, confusión, confusión!
Sé que para muchas personas lo que estoy
diciendo le es absolutamente increíble, ¿por qué? Porque él mismo no vive, ni
siente que esté bajo una nueva ley. Es más, cuanto más se habla de la ley, más
pecados aparecen en la vida del creyente, y teniendo los mandamientos de Dios
que nos condicionan a que vivamos según ellos, nos parece una situación más
difícil aún. Y considera que su forma actual de creer y seguir a Jesucristo le
basta, le satisface, … bueno a veces sufre un poquito la presencia de Dios
pero… es mejor que esto que a veces lee o escucha de Palabras de Vida.
Porque antes que solucionar, las cosas que
complican aún más porque cuando se conocen los mandamientos como dice Romanos
7:9 y yo sin ley vivía en un tiempo;
pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y esto sucede
porque antes, cuando uno no tenía el conocimiento de la ley de Dios, tenía los
pecados, mas no tenía CONCIENCIA DEL PECADO, es como si no tuviera los pecados
pero de golpe aparecen muchísimos.
Ahora que se dice que estamos muertos en
nuestros pecados y resucitados con Cristo Jesús, vemos que los pecados aparecen
a nuestra conciencia, y en la medida en que conocemos más a Dios y la Biblia,
más pecados vemos que existen en nuestros miembros. Es como ir en contramano,
en embarrarnos más a medida que intentamos seguir a Jesús. ¿Cómo se explica
esto? Por esta razón muchos simplemente desechan diciendo que es una doctrina
diferente…
Alguien podría pensar, ¿no es esto un
error? Porque si Jesucristo murió por mis pecados, si la Biblia dice: Y no enseñará más ninguno a su prójimo,
ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán,
desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová; porque
perdonará la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. (Jeremías
31:34). ¿Cómo es que se hace más referencia de los mandamientos y que
exista más conciencia de los pecados en mí? Yo me veo más pecador, ¿es eso de
Dios? Por esta razón muchos dicen que mis enseñanzas son muy legalistas, que
estoy haciendo revivir el antiguo testamento. ¡Mas este es el proceso correcto!
Porque la gracia de Dios se aprecia desde los muchos pecados.
EL CONOCIMIENTO DEL PECADO
En realidad esto sí es de Dios, y es el
método de Dios. Porque los hombres del mundo dicen: “no soy tan malo”, o “nunca
hice mal a nadie”. ¿Y cuál es su consecuencia? Que no necesitan de Jesús. ¿No
les parece? ¿Quién necesita de médico sino el enfermo? ¿Alguna vez ustedes
visitaron al hospital o necesitaron del médico si no se sentían enfermos?
Por eso Jesús dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel.
Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme!
Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los
perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer,
grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde
aquella hora. (San Mateo 15.24-28)
Entonces, si tú no te sientes enfermo
espiritualmente, si no sientes los pecados pulular en todo tu ser como una
inmundicia y sientas esa inmundicia, que sientas el mal que estás haciendo, que
necesitas limpiarte de todo ello, ¿para qué buscarías a Dios? ¿Para qué querrías
el perdón? ¿Para qué querrías la vida eterna si no te sintieras condenado?
Y de esto nos dice Gálatas 3:22-27 Mas la Escritura lo encerró todo bajo
pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada los
creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley,
encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido
nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la
fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios
por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en
Cristo, de Cristo estáis revestidos.
Es una analogía con la enfermedad del
cuerpo humano, existen personas que son físicamente muy fuertes, por eso,
cuando se engripan livianamente, si solamente chorrea la nariz, o siente un
cosquilleo en la garganta, muchos no hacen caso a esos síntomas. Mas cuando se
tiene una enfermedad más grande y grave, cuando todo el cuerpo pierde
completamente la fuerza y se desmaya en el suelo. Sin ninguna reclamación
acepta ser internado y sigue el tratamiento que impone el médico según el diagnóstico.
¿No es cierto?
Así también es el pecado. Porque muchos
consideran que existen pequeños “pecados”, aquellos que son livianos, las
mentiras blancas, las misericordiosas, aquellas que puede esconder un mal grave
y darle esperanzas al enfermo.
Pues justamente ese es el problema que
presentan muchos creyentes cuando no son enseñados suficientemente en toda la
Palabra de Dios. Porque cuanto menos conozcan la Palabra del Señor, menos
conciencia de sus pecados habrá, y cuanto menos conciencia del pecado, menos
buscará a Dios.
Pero qué me dice de lo que dice en Romanos
7:8-9 porque sin la ley el pecado está
muerto. Y yo sin ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado
revivió y yo morí.
¿Cómo algo bueno y santo, a mí me resulta
para muerte? Porque justamente eso, para mostrar que el camino de nuestro
perdón no es por el camino de los sacerdotes aarónicos. Que nada puede
expiarnos por medio de los continuos sacrificios, como dice Hebreos 10:1-4: Porque la ley, teniendo la sombra de los
bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos
sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se
acercan. De otra manera cesarían de ofrecerse, pues los que tributan este
culto, limpios una vez, no tendrían ya más conciencia de pecado. Pero en estos
sacrificios cada años se hace memoria de los pecados; porque la sangre de los
toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados.
DOS REALIDADES
Noten aquí que se nos abre dos realidades
de nuestra vida.
Justamente en este punto es cuando yo les
digo que muchos creyentes hoy practican el eterno ciclo de repetir el
sacrificio aarónico. Quienes por más que dicen que son evangélicos, que creen
en Jesucristo como su único salvador, que la salvación es por la fe, en
realidad es recurrir una y otra vez al pastor, a la iglesia, al arrepentimiento
porque en la medida en que va conociendo la palabra de Dios, lo que más le aumenta
es su CONCIENCIA DEL PECADO; y cada vez que esto sucede recurren a los pies de
Cristo para pedir el perdón por sus pecados, una y otra vez. Y eso es
inevitable porque viven sin un cambio de ley. Es que el creyente, por ser
predestinado y llamado, está confinado únicamente a vivir bajo esta presión:
Más conocimiento: cuando más
conozca a Dios, cuanto más contacto con la palabra de Dios tenga, siempre
aumentará su conciencia del pecado.
Si se aleja de Dios: si
cierra sus ojos o tapa sus oídos para no escuchar la Palabra de Dios piensa que
no tendrá la conciencia del pecado, pero a partir del momento en que tuvo el
llamamiento en el Espíritu Santo, siempre estará bajo el conocimiento y siempre
tendrá en entendimiento del pecado. Y si se aleja, sentirá el peso de ser hijo
pródigo.
Por esta razón, muchos, muchos creyentes
quieren vivir “LIGHT”, suave en todo, sin profundizar demasiado en nada, sin
comprometerse demasiado con Dios y la iglesia. Pero tampoco alejarse demasiado
para sentirse culpable.
¿Se puede conseguir optimizarse en este
estado de vida en Dios? IMPOSIBLE. Es que desde ahora, están “DESPIERTO” y
siempre, y de cualquier forma les vendrán el mandamiento de Dios, y el pecado
va a revivir, y a morir.
¿Cómo responde el creyente? Nuevamente va ante
Jesús y pide el perdón de sus pecados por medio de la sangre de Jesús y
considera que el Señor siempre es misericordioso para con el pecador
arrepentido, pide ayuda porque su vida se complicó de cualquier forma: por los
problemas, por los aprietos, por las enfermedades, por el propio peso de los
pecados que siempre le dan remordimiento, por el juicio de Dios. Y esto se
repite y se repite. Y las iglesias simplemente les enseñan a venir a los pies
de Cristo, y dicen que él es fiel, que te perdonará, que hay que estar
arrepentido, que hay que estar en comunión.
Muchos quienes no quieren pasar por esto,
siempre quieren estar en íntima comunión con Jesucristo. Pero nunca pueden.
Ahora, si meditan con atención, verán que
esto no es más que el continuo sacrificio que hacían los sacerdotes, y ahora se
practican en la iglesia de nuestro Señor Jesucristo.
Siempre tienen conciencia del pecado, se
arrepienten, se confiesan, piden perdón, se sienten perdonados, se sienten liberados,
viven un tiempo en paz, y luego todo vuelve a repetir. Y la iglesia, en lugar
de solucionar DEFINITIVAMENTE siempre están ayudando a solucionar
momentáneamente, crean condiciones para que el creyente piense que está
perdonado. Como dice Hebreos 10:11-14 Y
ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas
veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; pero Cristo,
habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se
ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus
enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo
perfectos para siempre a los santificados.
Contrariamente a lo que está diciendo
Hebreos 10:11-14, ¿por qué sucede todo esto? ¿Por qué esto se repite una y otra
vez? ¿Por qué no se siente plenamente perdonado y redimido en una vez? Es
porque no consideran que existe una nueva ley, sino simplemente piensan que hoy
hay que “creer con fe” que Jesús te perdonó de todo pecado, que hay que “tener
fe” para siempre MANTENERSE EN EL PERDON Y EN LA GRACIA DE SALVACIÓN DE DIOS.
“Es una obra de su fe.”
Pero siguiendo esto, es imposible que
consigan el objetivo de sentirse “completamente salvo”, porque siempre que
vuelve la sombra de los pecados que tiene el cuerpo, ve que no está limpio. Y
esto es así, porque Dios tiene un objetivo con sus palabras, vean lo que dice
el versículo 13: ¿Luego lo que es
bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse
pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por
el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.
Hay que saber que es imposible que ustedes
vayan por el lado de “TENER LA FE” para librarse de los pecados. Porque la
palabra de Dios está hecho para que tú te sientas SOBREMANERA PECAMINOSO.
Es aquí donde hay que aclarar algo,
ustedes saben que no hay casi persona quien más insista en “ENSEÑAR TODOS LOS
MANDAMEINTOS Y EN GUARDAR LOS MANDAMIENTOS DE DIOS”, y diga que esto es lo
correcto. Y cuando muchos creyentes dicen que “tienen fe en Jesucristo” y que
“todo lo pueden en Cristo que les fortalece”, que en “nombre de Jesús” pueden
salvarse… DIGO QUE ESO ES HACER LAS OBRAS CON SU FE.
Al final, ¿quién es aquel que hace según
las obras, y quién es el que habla de la gracia?
PUES JUSTAMENTE AQUÍ ENTRA LA OTRA
REALIDAD.
JUSTAMENTE AQUÍ ES DONDE ENTRA EL CONCEPTO
DE LA OTRA LEY, DEL CAMBIO DE LEY QUE EXISTE REALMENTE EN JESUCRISTO NUESTRO
SEÑOR, QUIEN ES SACERDOTE SEGÚN EL ORDEN DE MELQUISEDEC.
Los creyentes piensan que: Porque creen en
Jesús con fe, porque creen en su nombre, son salvos y tienen el perdón de sus
pecados. Para estas personas les basta “la fe” como medio de salvación. Pero
esto se quiebra porque en la medida en que aprende la Palabra de Dios COMIENZA
A VER TODA SU PECAMINOSIDAD. Por eso, siempre está pidiendo perdón, siempre
está esforzándose para “ganarse su salvación por la fe que tiene en Jesús”.
Mas lo único a que conduce esta situación
es: Y si hago lo que no quiero, ya no
lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien,
hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me
deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela
contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está
en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?
Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la
mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (v. 20-25)
Esto mata cualquier fe o intento de
sostenerse en su fe, y siempre se hace memoria de los pecados. Y ve que su fe,
no resuelve ningún pecado. ¡Mas bien la aumenta!
HAY QUE SABER QUE EXISTE UN CAMBIO DE LEY.
Mas saben ustedes que yo les hablo de que
hay que guardar los mandamientos de Dios, pero no bajo el sacerdocio aarónico,
sino yo enseño que hay que guardar los mandamientos de Dios bajo el sacerdocio
de Jesucristo sacerdote según el orden de Melquisedec.
Ciertamente que la ley muestra nuestra
pecaminosidad en la carne. Pero bajo el cambio de la ley, que Dios nos enseña
por medio de la analogía del matrimonio. Y está diciendo que la ley que nos
condenaba se cumplió mediante EL CUERPO DE CRISTO; para que ahora, siendo
resucitado seamos de otro, es decir antes nuestro marido era el pecado pero
ahora nuestro nuevo marido es Cristo Jesús. La ley de condenación tenía vigencia
como en el matrimonio solamente mientras se estábamos en el anterior
mandamiento, en la ley vieja que decía: “la
paga del pecado es muerte”.
Es por eso que muchos creyentes siempre se
debaten por la pecaminosidad que les invade, porque no creen, ni aceptan que
han muerto juntamente con Cristo, en lugar de ello, tratan de solucionarlo con
“la fe” en la muerte de Cristo.
No, es que verdaderamente hemos muerto
JUNTAMENTE CON CRISTO, por eso dice la Biblia: Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para
Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo
en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el
cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:19-20). Y una
vez muerto respecto a los mandamientos que nos condenaba y nos había destituido
de la gloria de Dios, ahora somos de otro. Es que la antigua ley tenía poder
hasta tanto estábamos vivos, pero cuando morimos juntamente con Cristo, esa ley
de condenación perdió su poder y efectividad. Por eso nos dice en 1 Corintios
15:55-56 ¿Dónde está, oh muerte, tu
aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el
pecado, y el poder del pecado, la ley.
No es que yo tengo que “vivir” para creer
en Jesucristo, sino en “LA NUEVA LEY” hay que “SABER QUE ESTOY MUERTO” con Cristo, y “AHORA ESTOY VIVO” en el
cuerpo de Cristo. Pero la nueva ley no es simplemente “saber que estoy muerto”,
pues si estoy muerto no puedo seguir viviendo en aquello que me mataba todos
los días; sino hay que salir a Cristo, hay que dejar las viejas usanzas y
seguir a Cristo, así como Abraham dejó a su tierra, su ciudad, su parentela y
siguió a Jesús; así como Pedro, Andrés, Juan y Jacobo dejaron todo, inclusive a
su padre para seguir a Jesús.
Son vidas y conceptos muy diferentes,
porque implica todo un cambio en la ley, como vivir la vida siguiendo a Jesús
según la ley del Espíritu de Vida. No es decir “todo lo puedo en Cristo que me
fortalece para conquistar el mundo con la ayuda de Jesucristo”, no es “pedir
todo lo que tú desees del mundo que Cristo te concederá ricamente”. Sino es
seguir a Jesús dentro de su pacto y creer en las promesas del pacto que él nos
dará: tierra prometida, nos hará una gran nación, que seremos bendición para
todas las naciones. Por eso, el cambio de la ley implica buscar primeramente a
Dios y su reino, y todo lo demás vendría por añadidura. Mas aquí radica la
diferencia, porque salir del mundo y someterse al Todopoderoso Dios es
“RENUNCIAR” a todos tus deseos, necesidades y aspiraciones, y buscar a Dios y
esperar hasta el tiempo que él nos conceda todo.
¿Y cómo se hace el cambio de ley? Pues es
renunciar a tus bienes del mundo, cerrar tus ojos y entregarte confiadamente a
Dios. Y este cambio justamente se produce por medio del cumplimiento de los
mandamientos, porque ahora que estás en el nuevo matrimonio con Cristo Jesús,
estos mandamientos son “la ley de espíritu de vida” (del cual veremos en el
sermón en su tercera parte el próximo miércoles, con Romanos 8).
Antes tú tenías que ofrecer sacrificios: tener
fe, permanecerte puro, esforzarte para estar en comunión continua. Por eso hoy
muchos ofrecen “sacrificios de fe en el nombre de Jesús” PARA GANARSE EL FAVOR
DE DIOS Y SU BENEVOLENCIA; en cambio nosotros simplemente creemos que “estamos
muertos” con Cristo y vivos en él. Y nos consideramos “Muertos” para el mundo y VIVOS PARA CRISTO. Por eso,
renunciamos a conquistar el mundo con los métodos que los cristianos utilizan;
y en su lugar nos “discipulamos” a vivir dentro del nuevo marido, dentro del
nuevo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo.
Y siempre que nosotros nos vemos muertos
en Cristo, en realidad vivimos. Mas cuando ustedes, siguen los mandatos de su
carne, dejan liberar sus pasiones de su carne e intentan vivir con FE EN JESÚS,
siempre van a morir.
Por eso, cuando ustedes se enfrentan a la
Palabra de Dios, ella te dice “ERES PECADOR”, nosotros que estamos bajo la
nueva ley decimos: sí es cierto, soy pecador; pero
estoy muerto para ese pecado. Ya no tengo ninguna deuda que saldar contigo,
porque Jesús ya lo hizo. Y cuando más leyes conozca, sabré de más pecados y me
arrepiento al saberlo; pero sé de la dimensión tan maravillosa y grandiosa
de la obra de nuestro Señor Jesucristo EN SU OBRA DE EXPIACIÓN POR NOSOTROS. En quien hoy nosotros como
miembros de su cuerpo estamos resucitados, quienes con él reinamos, porque nos
ha librado de toda condenación. Y lo que ahora vivimos lo vivimos en el
Espíritu Santo. Por eso sabemos que no podemos vivir como antes lo hacíamos, ni
podemos buscar o querer de la forma usual que se hacía anteriormente. Buscamos
hoy conocer a Dios, de contentarnos y gozarnos de nuestra vida en Cristo como
Rey.
¿Acerca de nuestras necesidades y
problemas? Primeramente confiamos en que él SABE, aprendemos a RECIBIR dentro
de su nueva ley, él nos enseña a SER PACIENTE Y TENER FE PARA AGUARDAR HASTA
RECIBIRLAS, y al hacer eso, porque creemos en sus promesas, SOMOS JUSTIFICADOS POR NUESTRA FE EN
JESUCRISTO SEÑOR NUESTRO.
Entonces, la realidad es que nunca
tratamos de justificarnos nosotros ante el pecado de nuestra carne; siempre
aceptamos lo que hizo Jesús, es claro nos arrepentimos delante de Dios sabiendo
cómo nuestra carne débil debe recurrir a cometer pecados. Y cuando más nos
enteramos, nos esforzamos más en vivir en Espíritu. También vemos que nuestro
esfuerzo por guardar los mandamientos de Dios para luchar contra las
necesidades y problemas del mundo y aguardar las promesas de Dios, él nos va
fortaleciendo, nos va animando, nos muestra nuevos horizontes, y tenemos
sobretodo SU COMPLACENCIA PORQUE VIVIMOS SEGÚN SU VOLUNTAD.
Mas por eso, en este nuevo cambio de ley
del sacerdocio de Jesucristo según el orden de Melquisedec, tratamos de vivir
en el Espíritu Santo guardando los mandamientos de Dios. SIGUIENDO A JESÚS Y SU
CAMINO ANGOSTO; Y NO TRATANDO NOSOTROS DE ENFRENTAR AL MUNDO EN EL NOMBRE DE
JESÚS. ¡CLARO QUE NO ES FÁCIL!
Tenemos que luchar e intentar muchas veces, pero siempre hemos salido
victoriosos cuando hemos vivido según esta nueva ley del Sacerdote Jesús,
porque esto es VERDAD.
Por eso, les decía el miércoles pasado,
que hemos de salir del pabellón de la carne y de la tentación del mundo,
siguiendo a Jesús ciegamente y con fe, quien se encuentra fuera del pabellón,
hemos de cambiar nuestro rumbo de vida y de la forma de mirar y buscar las
cosas. Porque esa “puerta” de salida del pabellón hacia Jesús “es guardar el
mandamiento de Dios.” Por tanto, cuando uno guarda un mandamiento, significa
que ha dejado el pecado, y está siguiendo a Jesucristo en el pacto de Dios,
persiguiendo sus promesas.
LOS TESTIMONIOS QUE TENEMOS
Antes nosotros también éramos escépticos,
antes también buscábamos “ganar al mundo” con la ayuda de Dios y su poder
extraordinario; buscábamos recibir “un poder, una sabiduría, una anticipación,
una idea revolucionaria, un cuidado especial de todo mal y malvado” pero todo
eso enfocado para “conquistar el ideal de riqueza que teníamos como hombres de
carne”. En esos tiempos, teníamos la fe en Jesús, pedíamos a Jesús, hacíamos
grandes esfuerzos para “ganarnos” su BENEPLÁCITO para que todos los tesoros del
cielo entrara en nuestros bolsillos y en nuestras bolsas, en nuestros graneros,
en nuestros corrales, que engrose generosamente nuestras cuentas bancarias y
todos nos consideren “el bienaventurado de Dios”.
Pero era tan difícil encontrarnos con
Dios, era tan difícil escuchar sus palabras, nunca oíamos su voz, nunca
enderezaba nuestros pasos. De tanto en tanto siempre nos sobrevenía
enfermedades, castigos, accidentes, golpes, pérdidas, enojos, peleas, desazón,
frustración.
Porque siempre queríamos utilizar a Dios y
su poder como “UNA CHEQUERA EN BLANCO PERO FIRMADO POR EL GRAN DIOS”.
Lo mismo pasaba cuando vivíamos así, y
siempre que nos enfermábamos le buscamos. Luego cuando éramos sanados, nos
olvidábamos de él.
Y estábamos creidísimos que eso era CREER
EN JESÚS. Que así consistía nuestra vida en Cristo. Que la vida en la iglesia y
la función de la iglesia era de incentivarnos, de motivarnos, de consolarnos a
que sigamos buscando todo en nombre poderoso de Jesús.
Ha sido duro, difícil aprender que ese no
era el camino.
NOS FUE DIFÍCIL APRENDER ACERCA DEL CAMBIO
DE LEY DEL SACERDOTE JESÚS SEGÚN EL ORDEN DE MELQUISEDEC.
Pero el Señor ha sido fiel, y no nos ha
abandonado, porque como hijos fuimos guiados. NO FUE FÁCIL, NO ES FÁCIL, pero
hoy sí nos gozamos de la paz, del reposo en el Señor. Y seguimos recibir todas
las promesas del pacto que tenemos en Jesucristo. Sabemos que todas las
promesas dadas a Abraham también nos corresponden.
El Señor ha sido fiel a su pacto, a su elección.
CONCLUSIÓN:
No es fácil predicar acerca de esto,
porque muchos, muchísimos creyentes siguen entusiasmados en la conquista del
mundo, de su mundo utilizando a Jesús y los poderes del Espíritu Santo.
La iglesia también ha puesto un pabellón y
un escudo como su modo de vida y de obra en la tierra. Pero irremisiblemente
todos, los hombres como las iglesias caerán, chocarán contra un muro, porque
están luchando contra la voluntad de Dios.
Es tiempo de volver, es tiempo de cambiar,
es tiempo de vivir dentro de la nueva ley de vida en Cristo Jesús Señor
Nuestro.
Ciertamente no es fácil vivir de toda la
Palabra de Dios que sale de su boca, porque nuestra carne quiere y espera mucho
del mundo. Pero solamente afuera del pabellón, cuando se siguen los pasos del
pacto en Jesucristo hay vida. Hay paz, hay sanidad, hay comunión, hay reposo de
tu alma.
Que Dios te bendiga.
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