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Sermón en el día miércoles 21 de julio de
2010
Título: LA VIDA EN ESPÍRITU
Biblia: Hebreos 7:1-28
Predicador: Pastor Dong Han David Lee
Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av.
Japón, Asunción, Paraguay
www.evangelio123.org
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Porque este Melquisedec, rey
de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía
de la derrota de los reyes, y le bendijo,
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A quien asimismo dio Abraham
los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y
también Rey de Salem, esto es, Rey de paz;
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Sin padre, sin madre, sin
genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho
semejante al hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
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Considerad, pues, cuán grande
era éste, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín.
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Ciertamente los que de entre
los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo
los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque éstos también hayan
salido de los lomos de Abraham.
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Pero aquel cuya genealogía no
es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía
las promesas.
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Y sin discusión alguna, el
menor es bendecido por el mayor.
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Y aquí ciertamente reciben
los diezmos hombres mortales; pero allí, uno de quien se da testimonio de que
vive.
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Y por decirlo así, en Abraham
pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos;
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Porque aún estaba en los
lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.
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Si, pues, la perfección fuera
por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué
necesidad habría aún de que se levante otro sacerdote, según el orden de
Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?
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Porque cambiado el
sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley;
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Y aquel de quien se dice
esto, es de otro tribu, de la cual nadie sirvió al altar.
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Porque manifiesto es que
nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al
sacerdocio.
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Y esto es aun más manifiesto,
si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto,
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No constituido conforme a la
ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida
indestructible.
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Pues se da testimonio de él:
Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.
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Queda, pues, abrogado el
mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia
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(pues nada perfeccionó la
ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a
Dios.
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Y esto no fue hecho sin
juramento;
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Porque los otros ciertamente
sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero éste, con el juramento del que le
dijo: Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según
el orden de Melquisedec.
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Por tanto, Jesús es hecho
fiador de un mejor pacto.
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Y los otros sacerdotes
llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar;
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Mas éste, por cuanto
permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable;
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Por lo cual puede también salvar
perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para
interceder por ellos.
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Porque tal sumo sacerdote nos
convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más
sublime que los cielos;
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Que no tiene necesidad cada
día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus
propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para
siempre, ofreciéndose a sí mismo.
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Porque la ley constituye
sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a
la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre.
INTRODUCCIÓN:
Hay veces en que hemos de hacer una pausa,
porque cuando se adentra mucho como lo hacemos en el libro de Hebreos y hacemos
principalmente con términos y asuntos que muchos creyentes no están
acostumbrados a escuchar, con conceptos y hechos del antiguo testamento, por lo
general las personas se confunden, porque creen que estoy enseñando cosas del
pasado y que nada tiene que ver con la realidad, o con Jesucristo.
Por eso, es necesario que hagamos una
pausa, en especial, porque la Biblia en Hebreos capítulo 7 dice que existe un
cambio de ley, porque hubo un cambio de sacerdocio. Si esto es nuevo para
algunos, para otros es confuso, igualmente no faltan aquellas personas quienes
dicen: “pero si al final lo importante es Jesucristo y que él murió por
nuestros pecados”. Otros dicen, ¿para qué me quiero complicar escuchando o
estudiando estas cosas si al final todo es igual?
Muchas personas no quieren prestar atención
cuando hablamos de doctrinas, porque les parece difícil, porque se complican
las cosas, porque se discute sobre asuntos que son sencillos… las cosas no son
tan sencillas como muchos suponen. Es más, cuando se tiene la doctrina, la sana
doctrina, inclusive todas las cosas les resulta más fácil, entendible y el
fluir de la Palabra de Dios es más fructífero y enriquecedor. Porque si tu no
sabes las doctrinas más sencillas a las más complicadas, muchos lugares de la
Biblia quedan sin respuestas, es apenas el pequeño chapoteo a la orilla de un
inmenso océano que es Dios y su sabiduría… y consecuentemente las bendiciones.
Por eso, hoy nos detendremos y nos
enfocaremos a enlazar este pasaje con la ayuda de Romanos capítulos 6-8, y
verán que el conocimiento de un libro (Romanos) nos ayuda a abrir otro libro
(Hebreos), que las incógnitas de un libro es resuelto por otro, también
comprenderán mejor el libro de Romanos que es tan mal interpretado.
Recuerden las palabras que venimos escuchando
en Hebreos acerca del sacerdote Jesús según el orden de Melquisedec. Que
cambiado el sacerdocio, existe también cambio de ley; y verán y comprenderán
porqué les digo que muchos creyentes que hoy dicen que viven en el pacto de
Jesucristo pero utilizan y practican el sacerdocio aarónico del cordero de
sacrificio para su perdón de pecados.
Y el libro con el cual mejor podemos
comparar y explicar este asunto de la vieja ley y del cambio de ley; del viejo
sacerdocio según Aarón y el nuevo según el sacerdote Jesús; de cómo muchas
prácticas que hoy se consideran carnales y que deben vencer a la carne por
medio de la fe y el esfuerzo humano, en realidad se refiere a otros hechos. Por
tanto, verán qué es vivir en “la ley del
espíritu de vida.”
LA LUCHA DE LA CARNE
Normalmente los capítulo 6 y 7 de Romanos
son los capítulos más difíciles para los creyentes quienes tenemos la misma fe
en Jesucristo nuestro Señor. Por eso, este sermón constará de 3 partes como
mínimo para exponer toda la amplitud y profundidad del tema.
¿Por qué? Porque siempre se ha presentado
y enseñado el libro de Romanos al creyente como los capítulos donde la carne
del hombre debe luchar intensamente y vencer según la fe que tenemos en nuestro
Jesús. Que si uno no lo vence, pues debe olvidarse de vivir según la Ley del
Espíritu. Muchas veces han intentado hacerlo, se han esforzado de diferentes
maneras, se han puesto firmes una y otra vez, han hecho de todo para matar a la
carne con su pecaminosidad: retiros espirituales, ayunos para estar en comunión
continua con Dios, se han utilizado el nombre de Jesucristo en forma
indiscriminada para vencer todo peligro, mal, amenaza, tentación, deseo
profano, pecado.
Pero mayormente todos han llegado a la
misma conclusión, algunos antes, otros después, pero la conclusión es la misma
como dice Romanos 7:21-25 así que,
queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según
el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de
este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así
que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley
del pecado.
¡Ay, pastor, otra vez me lo recuerdas!
¡Otra vez me haces sentir mal! Otra vez voy a avergonzarme, otra vez que me
hace acordar esto y me siento culpable, que soy débil, que aún sabiendo la
Palabra de Dios y su voluntad, y creyendo en Jesús veo que mi vida no es
perfecta… Algunos enseñan que se debe llegar a la comunión “perfecta” o
“íntima” para solucionar esto, otros… que hay que bautizarse en el Espíritu
Santo para recibir el poder de Dios suficiente…
Si alguno de estos pensamientos, o algo
parecido a este sentir se asoma en tu interior y en la cabeza, y comienza a
mover tu corazón; eso significa que aún estás viviendo en la vieja ley del
sacerdocio aarónico, que no estás entendiendo la obra que hizo Jesús y “la nueva ley” en que vivimos.
Generalmente estos son los versículos que
realmente a muchos les “afecta” terriblemente y les hace volver, recordando
toda la lucha que muchos libran todos los días porque desean ser “buenos
creyentes”:
V. 6:2-3 en ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo
viviremos aún en él? ¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en
Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte?
V. 6:6-7 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente
con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos
más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
V. 6:12-14 No reine, pues, el pecado en vuestro
cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco
presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino
presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros
miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se
enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
Pero el hombre ve en sí que está pecado, que no es instrumento de
justicia. ¿Está viviendo bajo la gracia? Oh, ¡cuánto lo quisiera!
6:15-16 ¿Qué, pues? ¿Pecaremos, porque no estamos bajo la ley, sino bajo la
gracia? En ninguna manera. ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como
esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del
pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?
Pero el hombre sabe muy bien en su
interior que no fue lo suficientemente fuerte, ni fue capaz de vencer contra
los pecados del mundo y mantenerse “santo”. Por eso, lo que peor quieren
escuchar los creyentes en Jesucristo es la mención de “los mandamientos de
Dios”, pues le hace revivir toda su incapacidad y que está “inmundo”.
¿Por qué será que la sola mención de los
mandamientos de Dios y hace saltar al creyente de hoy como gato ante la amenaza
del agua y un buen baño? Si fue perdonado, si fue redimido, si tiene vida
eterna, si es santo, si es hijo de Dios… ¿por qué tanto miedo del contacto y de
la realidad de toda la Palabra de Dios?
Pues les enseñaré el por qué: “porque
están viviendo bajo la vieja ley donde deben cumplir todos los mandamientos
como obra, y siempre que no son capaces deben presentarse delante del sacerdote
aarónico para presentar su sacrificio, su holocausto, su ofrenda de paz y pedir
perdón a Jesús, y si siente más culpable… pues a hacer ayuno y vigilia”. De
esto nos decía en Hebreos 6:1-6 Por
tanto, dejando ya los rudimentos de la doctrina de Cristo, vamos adelante a la
perfección; no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras
muertas, de la fe en Dios, de la doctrina de bautismos, de la imposición de
manos, de la resurrección de los muertos y del juicio eterno. Y esto haremos,
si Dios en verdad lo permite. Porque es imposible que los que una vez fueron
iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del
Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes
del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento,
crucificando de nuevo para sí mismos al hijo de Dios y exponiéndole a
vituperio.
UNA REALIDAD QUE DEBE SER VENCIDA CON FE
Ahora siempre que miran ustedes a sí
mismos y cómo están viviendo ahora, de tratar de vencer ustedes al mal y la
pecaminosidad que nos rodea y que existe dentro de uno mismo por medio del
“esfuerzo de su fe”, siempre caerán una y otra vez. El sentido de derrota jamás
les será quitado. Todo esto sucede porque están en una realidad equivocada,
porque viven en lugar equivocado, porque el camino que se plantean, que se
proponen para su vida siempre les conducirá irremisiblemente hacia ese final.
Porque desean seguir viviendo a la vieja
usanza pero ahora que son “cristianos” pretenden vencer “en el nombre de
Jesús”. Es que tienen los mismos viejos vicios del deseo, del amor a las
riquezas, del amor hacia todas las cosas del mundo que llega a la idolatría
personal. Y creen que ahora que “conocen y tienen” a Jesús, las cosas
cambiarán.
Mas jamás lo podrán hacer estando en el
mismo corral de siempre, y no porque hoy estás vestido de vestiduras limpias, y
porque creyendo que tienes la “cobertura” del Espíritu Santo serás librado, que
no serás embarrado de suciedad, de dolor, de lastimaduras, de vicios, de
pecados. Por eso las palabras de Proverbios es tan claro: Como perro que vuelve a su vómito, así es el necio que repite su
necedad. (Proverbios 26:11).
Por eso, toda persona quien vive de esta
forma, quien no renuncia definitivamente al “modo” de hacer las cosas de los
hombres del mundo, y se planea “el mundo según la óptica y el camino abierto
por Jesucristo” siempre serán mortificados como “pecador” y se identificará
como “el pecador” de Romanos 6 y 7.
Es imposible que el hombre quien antes
pretendía conquistar el mundo por sus propios esfuerzos y sabiduría, y hoy
porque está en Jesucristo le ha agregado el nombre y el poder del Espíritu
Santo lo logre. Porque en ese camino, es imposible que uno no se preocupe de lo
que come, de lo que bebe, de lo que se viste y en cambio busque a Dios y su
reino primeramente.
Lo que hace Jesús en realidad es hacer un
pacto con nosotros, es prometernos una serie de bendiciones por medio de
promesas dentro del pacto que se llama Jesucristo. Y que en Jesucristo todo el
problema del pecado ya está resuelto. Porque juntamente con él hemos muerto y
juntamente con él hemos resucitado, como dice Romanos 6.3-7 ¿O no sabéis que todos los que hemos sido
bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos
sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como
Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros
andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con él en la
semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección;
sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para
que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado.
Porque el que ha muerto, ha sido justificado del pecado.
Por tanto, si Jesús dice que ya estamos
muertos, que hemos pagado el precio del pecado que es la muerte, ¿cómo queremos
seguir viviendo en ese camino que siempre nos daba muerte? Y mientras no se
crea en Dios y en su poder de que puede conducirnos por un camino nuevo,
diferente, donde él nos guía constante y fielmente en todos los asuntos de
nuestra vida y te entregas PLENA Y COMPLETAMENTE, si uno siempre quiere vivir
en el viejo mundo y a la vieja usanza con el agregado del nombre de Jesús…
Siempre fracasará.
Es el ejemplo de Abraham y Lot, por eso
Jehová sacó a Abraham de su tierra, de su parentela y le trajo a una tierra
nueva, a vivir bajo unas reglas diferentes. Pero hay que tener fe para vivir
bajo ese pacto, porque su sobrino Lot decide marcharse dejando el pacto de
Jehová con Abraham, y se encamina a Sodoma y Gomorra que es la representación
del mundo actual donde viven los hombres incrédulos. Como hoy muchos creyentes
hacen, quieren vivir en santidad en Sodoma y Gomorra, quieren amar a Dios en
primer lugar en Sodoma y Gomorra, quieren ganarse y subyugar a Sodoma y Gomorra
en nombre de Jesús. Y así vivió Lot, pues dice de Lot: Y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los
malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma
justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de
tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el
día del juicio (2 Pedro 2:6-9). Pero de igual forma, Lot perdió todo, y
salió huyendo casi desnudo. En cambio, aquel que creyó en Jehová y en el pacto,
Abraham, se levantó a la mañana siguiente y vio desde lejos el humo que subía
de las ciudades de Sodoma y Gomorra. Fue librado porque permaneció en los
caminos de Dios y finalmente heredó las promesas del pacto.
Hay que salirse de este mundo e
introducirse en el mundo de Dios. Pero vivimos en la misma tierra, ¿cómo puede
hacerse esto? Es más o menos la pregunta de Nicodemo a Jesús: Nicodemo le dijo: ¿cómo puede un hombre
nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su
madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no
naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es
nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No
te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. (San Juan 3:4-7).
O como lo dice el versículo talvez más conocido por muchos creyentes pero
incomprendido por muchísimos y vividos aun en menor cantidad: Porque yo por la ley soy muerto para la
ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no
vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la
fe del hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas
2:19-20)
Por lo cual, hay que vivir como Abraham
vivió, permanecer en los caminos que Dios nos indica. Es cierto, no
relacionaremos con los hombres del mundo, viviremos, compraremos, negociaremos
con ellos, pero EL PRINCIPIO DE VIDA, DE BIENES, DE PROMESAS, DE BENDICIONES
TODO TIENE QUE ESTAR BASADO EN LOS TÉRMINOS DEL PACTO, Y EL VIVIR EN LOS
CAMINOS QUE DIOS ABRE PROGRESIVAMENTE HASTA ENTRAR EN LA TIERRA PROMETIDA,
HASTA SER MULTIPLICADO COMO LAS ESTRELLAS DEL CIELO, HASTA QUE SEAMOS DE
BENDICIÓN PARA LAS NACIONES DEL MUNDO. Sin importar cuánto tarde, porque
ciertamente se cumplirá.
Pero no a la manera de hoy, de adentrarse
en el mundo como lo hizo Lot, y pensar que dentro de las reglas impuestas del
mundo y del principado de las tinieblas, imponer su voluntad y su fe en Jesús.
Porque desde el momento que el creyente decide vivir bajo estos términos, el
Señor Jesús te ha dejado a tu suerte, el Espíritu Santo está para cuidar tu
alma, pero no para obrar con todo su poder.
Pero hay que fortalecerse en toda la
palabra de Dios, en esforzarse por caminar por una senda, de comprobar de que
el Espíritu Santo le ayuda, le hace recordar la palabra de Dios, que le da la
fe. Pues solamente así puede creer, puede ver que existe un mundo donde sí
Jesús es el rey, que existe un camino diferente, angosto pero donde el Señor
obra inclusive hoy con todo su demostración del poder en el Espíritu Santo.
Dice la Biblia: Romanos 6:7-11 porque el que ha muerto, ha sido
justificado del pecado. Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos
con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere;
la muerte no se enseñorea más de él. porque en cuanto murió, al pecado murió
una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros
consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor
nuestro.
Ahora bien, existe una puerta muy angosta,
un camino muy angosto que divide y separa entre el mundo donde el mundo es
mundo como siempre lo hemos conocido, pero sí existe el mundo donde la voluntad
de Dios, llamemos: el Reino de Dios (para aclarar las cosas y que tengan mayor
entendimiento) existe para todos aquellos hijos de Dios que son fieles. En la
Biblia dice de diferentes maneras: “ver el reino de Dios”, “entrar en el reino
de Dios”. Que no es simplemente el reino “celestial”, sino el reino de Dios que
está en medio de nosotros como lo dijo Jesús.
Y la Biblia es claro en decir: Romanos 6:17-18
Pero gracias a Dios, que aunque erais
esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a
la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos
de la justicia.
Justamente en estas palabras “vinisteis a
ser siervos de la justicia” habla del cambio de ley, como lo dicen nuevamente
estas palabras Romanos 6:22-23 Mas
ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis
por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga
del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús
Señor nuestro.
Esa puerta, al que me refería, el camino
angosto tiene una puerta muy pequeña; y solamente aquellas personas quienes
creen en Jesús pero creen suficientemente para vivir según ella, puede entrar y
ver ese reino, puede vivir en ella y verdaderamente vivir en espíritu.
Justamente esa puerta es el guardar los mandamientos de Dios, y en la medida en
que se aumenta la observancia, mayor será la comprensión de toda la obra de
Dios.
Esta es la dificultad que tienen las
personas, porque siempre tenemos como principio de inicio el día que ustedes
creyeron en Jesús, y a partir de ese día, no muchos tienen el conocimiento ni
la experiencia de que han o hayan sido trasformados en una persona diferente.
Ni algo extraordinario sucedió en su
vida como para decir que está viviendo bajo una nueva ley.
Aun hoy consideran que Romanos 6:3-4 es el
bautismo en agua que uno hace. Mientras que en ella está diciendo cuándo
nosotros hemos muerto respecto a la ley vieja en donde el sacerdocio de Aarón
tenía vigencia, y hasta donde Jesús es el Cordero de Dios. Por eso dice al
final del versículo 4: “ASÍ TAMBIÉN NOSOTROS ANDEMOS EN VIDA
NUEVA”. Esto, para muchos simplemente significa una “ARRENGA” para
que el hombre carnal vea y sepa de su cambio y que debe vivir “CON TODO PARA
LUCHAR CONTRA SU CARNE”.
Mas en realidad, lo que hay que saber que
ESTAMOS “YA” MUERTOS, que en realidad la vieja vida YA MURIÓ CUANDO HEMOS SIDO
BAUTIZADOS EN Cristo Jesús.
Porque también hemos sido bautizados en su muerte. Y no como se trata de
“morir” voluntariamente o con su esfuerzo tratando de “matar” la carne como se
hace hoy. Ya estamos muertos, y hay que saber que estamos muertos, aceptar esa
realidad, y vivir dentro de la ley del Espíritu de Vida.
Y ¿eso qué significa? V. 6 sabiendo esto, que nuestro viejo hombre
fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido,
a fin de que no sirvamos más al pecado. Porque el que ha muerto, ha sido
justificado del pecado. Esto significa que día tras día, se debe
aprender a guardar los mandamientos de Dios y confiar en el Espíritu Santo
quien nos conduce a buscar los términos del pacto, las promesas del pacto y
fortalecernos. Pero también cuando no se guarda los mandamientos de Dios, que
es lo único que nos separa de vivir en espíritu y vivir en el “viejo mundo” es
una separación muy frágil y vago si no se hace por el Espíritu Santo. Y por un
buen tiempo no se notará la diferencia, solamente las imposiciones de los
mandamientos contra el mundo. Pero en la medida en que se va creciendo, la Vida
en Espíritu se acrecentará, se manifestará más.
LA REALIDAD DE NUESTRA MUERTE RESPECTO A LOS PECADOS.
Por eso dice el versículo 2: En ninguna manera. Porque los que hemos
muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?. Miren también cómo nos
dice en el versículo 8: Y si morimos
con Cristo, creemos que también viviremos con él. Por eso luego dice: así también vosotros consideraos muertos
al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.
En un comienzo se exige grandes esfuerzos
de fe, porque aun no tiene todo el discernimiento, pero cuando se sigue
viviendo confiado en el camino que nos abrió Jesucristo, cuando se vive guardando
todos los mandamientos, verán cómo el Espíritu Santo que mora en la persona
comienza a florecer con más y más poder.
Es cierto, vuelvo a recalcar, vivimos en
el mismo mundo, con los mismos hombres que lo hacíamos anteriormente, pero
ahora es diferente. Porque nosotros lo hacemos siguiendo la ley del Espíritu de
Vida que nos ha vivificado, y MUERTO PARA EL MUNDO Y LA LEY ANTIGUA.
Entonces, ¿ahora no fallamos? ¡Claro que
sí! Y mientras que no podamos vivir plenamente en los caminos angostos de
Jesucristo fallaremos, pero siempre el Espíritu Santo nos alentará para seguir,
porque luego se verá cuando eso crezca y abarca cada día más asuntos de nuestra
vida. ¿Ahora no nos arrepentimos? Sí, claro que sí, pero ya no tenemos toda esa
mortificación ni todo el proceso de “redención” utilizando nuevamente la muerte
y la sangre de Jesucristo. Por eso, hablamos de arrepentimiento, porque estamos
en una nueva ley. Porque Jesucristo YA NOS HIZO PERFECTOS. Esto implica que
“suponiendo que sigamos haciendo mal y mal sin tener en cuenta la obra del
Espíritu Santo” igual seríamos salvos, porque la ley vieja de la condenación ya
no tiene su efecto en nosotros. Pero, ¡OJO! Jamás el Espíritu Santo nos permite
caer tanto, porque somos un cuerpo en Cristo Jesús según la nueva ley. Mas si
se empecina en seguir viviendo bajo la vieja ley del sacerdocio aarónico, y
utilizando a Jesús y su nombre como el cordero de sacrificio… eso hará que se
caiga en la “desobediencia por incredulidad…” que habla 1 Corintios capítulo
10, y del cual se refiere Hebreos 6:1-8.
Tal parece que estamos hablando de cosas
muy profundas, extrañas; y seguro que será así para muchos, porque esto es
novedoso para muchos. Pero jamás el hijo de Dios puede caer “deliberadamente”
para comer el pecado, porque para “acceder a ver el reino de Dios en la vida
del Espíritu” tuvo que haber vivido durante cierto tiempo guardando los
mandamientos de Dios, y que los mandamientos de Dios ya constituyen una parte
íntegra de la vida, de la mente, del corazón del hijo de Dios.
¿QUIÉN ES EL SACERDOTE?
Lo que en apariencia parece bastante similar
en la vida, es muy diferente en los conceptos, y en la realidad de la vida
espiritual, especialmente en el RELACIONAMIENTO con el Padre Celestial, por
medio del Espíritu Santo, pues ahora se hace más íntima y frecuentemente.
Pues hay quienes como hombres, o sea, como
carne viva quiere vencer los pecados, y lucha contra ella. Entonces, siempre se
está en desventaja, siempre existe culpabilidad porque está tratando de
“vencer” una lucha que YA HA SIDO LUCHADA Y GANADA POR JESUCRISTO.
Pero hay que afrontar como “muertos”
respecto a la ley VIEJA y a los pecados, respecto a esa vieja vida. Y ahora, en
la nueva LEY se vive según la nueva vida en el Espíritu Santo. Y esto “SEGURO”
que hay que aprender a vivirla de nuevo, como un discípulo del sacerdote
Jesucristo. Y les aseguro que es una disciplina bien estricta, porque debe
creer y vivir en los condicionamientos del pacto y esperar esperanzado pero
pacientemente en las promesas del pacto. Por ejemplo, antes decían: “Todo lo
puedo en Cristo que me fortalece… y pedía, buscaban, golpeaban la puerta de
Dios porque lo estaban pidiendo en el NOMBRE DE JESÚS” y eso creían que era
CRISTIANO, EL SER UN BUEN CRISTIANO. Pero hoy, en la nueva ley donde Jesucristo
es el nuevo sacerdote… se cree en la Palabra de Dios, uno se disciplina y
“cree” en las promesas de bendición del pacto… y se “espera”, utilizando todo
el poder del Espíritu Santo para no “caer” ni hacer según el método de todos
los hombres. Esta es la lucha de “creyó en esperanza de Abraham” como dice en
Romanos 4:16-22 Por tanto, es por fe,
para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su
descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que
es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito:
Te he puesto por padre de muchas gentes) delante de Dios, a quien creyó, el
cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen. El
creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes,
conforme a lo que se le había dicho: Así será tu descendencia. Y no se debilitó
en la fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi
cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara. Tampoco dudó, por
incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria
a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo
que había prometido; por lo cual también su fe le fue contada por justicia.
Lo dice así la Biblia: No reine, pues, el pecado en vuestro
cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco
obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al
pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios
como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos
de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis
bajo la ley, sino bajo la gracia. (v. 12-14)
Parece algo muy particular, similar, que
no tiene mucha diferencia. Pero es radicalmente diferente, porque el uno vive
bajo el sacerdocio de Aarón y el otro bajo el sacerdocio de Jesucristo.
Porque cuando uno lucha “por sí mismo y en
su esfuerzo para vencer a la carne”, cuando no quiere creer, ni quiere
reconocer, si no plantea su vida con estas verdades de que está muerto respecto
a los pecados, que está bautizado en la muerte y resurrección de Cristo,
siempre se está presentando ante el Sacerdote Aarón. Es por eso, que existe tanta
culpabilidad en los hombres que ofrecen este tipo de sacrificio.
CONCLUSIÓN:
No se puede presentar todo en un día, y
tratar de comprender esto en un solo día, y con un solo sermón. Pero el tiempo
y la obra del Espíritu Santo es siempre fiel. Hará la obra en cada uno que
escucha, para dar el entendimiento, la comprensión.
Porque es algo realmente grande,
diferente. Por eso, nunca decimos “nuestra religión…” sino decimos: “nuestra
vida es Jesucristo”. No es una opción, ni es una elección de ser más o menos
creyente o espiritual; ni más conservador, liberal u ortodoxo; porque existe
solamente una única realidad: que somos miembros del cuerpo de Cristo, de
nuestro sacerdote Jesucristo; por tanto, no existe otra “salida” u otro
planteamiento “doctrinario”. Es simplemente LA NUEVA VIDA EN ESPÍRITU con
Jesucristo.
No es una cuestión que “exista” porque uno
lo “cree”, sino es una REALIDAD. Y toda nuestra fe es tratar de vivir en esta
nueva realidad, tratar de quitar el “velo” cada día para ver lo que “somos” y en
lo que “nos hemos convertidos”: Porque
somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que
como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en vida nueva. (Romanos 6:4).
Y
esto es aun más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un
sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de
la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. (Hebreos
7:15-16)
Cuando uno quiere mirar desde la “carne”
es una locura, pero cuando se mira desde “el Espíritu” es vida eterna en Cristo
Jesús, Señor Nuestro.
Que Dios te bendiga con su sabiduría y
entendimiento.
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