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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

 

Sermón en el día miércoles 3 de marzo de 2010.

Título: EL EVANGELIO A LOS CREYENTES

Biblia: Hebreos 2:1-18

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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1.     Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.

2.     Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,

3.     ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

4.     testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

5.     Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;

6.     Pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo: ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él, o el hijo del hombre, para que le visites?

7.     Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos;

8.     Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.

9.     Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.

10.           Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

11.           Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,

12.           Diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.

13.           Y otra vez: Yo confiaré en él. Y de nuevo: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

14.           Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,

15.           Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.

16.           Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

17.           Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.

18.           Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

INTRODUCCIÓN

Hace un tiempo atrás, había utilizado la parábola del hijo pródigo (San Lucas 15) diciendo que en realidad había en ese texto dos hijos pródigos y no uno como normalmente se conoce.

Pues justamente hoy hablaré acerca del segundo hijo pródigo, el hijo mayor, para que ustedes entiendan por qué es hijo pródigo y por qué muchos “buenos” creyentes hoy están muy identificados con este hijo mayor. O sea, que por falta de conocimiento y fe, por falta de enseñanza también son pródigos.

Como casi todo creyente ha escuchado o leyó este pasaje, acortaré los detalles. Les había dicho que la gran mayoría de los creyentes que se consideran evangélicos se encuadran dentro de estos dos hijos, e incluso tienen una mezcolanza de ambos. Una gran proporción de creyentes desean recibir la bendición material o algo que esté relacionado con su persona (dinero, progreso, éxito, carrera, salud, hijos, matrimonio, casamiento, futuro) y muchos trabajan afanosamente como el hijo mayor para merecerlo, o que sea recompensado por el Padre. Y es común encontrar a creyentes quienes desde la mañana temprano del domingo está hasta la tarde o incluso hasta la noche está activando en la iglesia; porque así fue enseñado e inculcado por la iglesia, que así debe ser la vida y actitud de un buen creyente (¡Yo lo sé, porque lo he vivido de esa manera! Y pensaba que los otros creyentes no conseguirían nada…). Estas clases de enseñanzas como si fuera una “normativa” en las iglesias de hoy, porque así se sostiene toda la maquinaria, engranaje por engranaje. Todo los cargos se distribuyen en función a “ese tiempo dedicado”.

Por eso, es necesario que el Señor nos enseñe y nos libere de tan pesada carga que llevan tantos y tantos creyentes sobre sus hombros todos los días de su vida, por esta causa se ha titulado el Sermón de hoy: “El Evangelio a los creyentes”, pues seguro que abrirá el entendimiento de muchos y a otros les quitará un gran yugo.

¿Por qué digo que el creyente promedio de hoy son como los hijos menor y mayor de la parábola de San Lucas 15? Que ambos no tienen un conocimiento cabal de las cosas que Dios nos ha hecho y nos ha dado: y el hijo mayor vive como si fuera un “VISITANTE” o un “INVITADO” en la propia casa del padre. O sea, este es el concepto que tienen todos los creyentes; es cierto, sentirán pertenencia a la iglesia que asisten, pero delante de Dios y en Dios se sienten “extraños”. Así como el hijo mayor “nunca supo que todo lo que era del padre era suyo también (y también el hijo menor)”, que en cualquier momento podía hacer uso y disponer de los bienes del padre porque tenía “autoridad” para ello, pero nunca supo. Su única preocupación como hijo fue: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. (San Lucas 15:29). Hoy también todos los creyentes cuando oran pidiendo por alguna necesidad, lo hacen como si fuera un “visitante extraño quien necesita un gran favor de Dios”. Simplemente consideren las palabras que utilizan al orar, su actitud ante Dios para pedir; o en otros como en situación de “guerra o protesta”, pues siempre están ayunando o haciendo vigilias. Yo les digo: ¡UN VERDADERO BUEN HIJO NO NECESITA LLEGAR A ESOS LÍMITES NI EXABRUPTOS! Porque si haces lo bueno: el Padre te ama y vendrá y hará morada en ti (¿no lo dice así la Biblia?).

Y este sentimiento que tienen los creyentes hoy, que se sientan extraños, y aun cuando la Biblia nos dice hoy “anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré”, o cuando dice: “he aquí, yo y los hijos que Dios me dio.” No se sienten como “hijos”, sino como “creyentes”.

NO BASTA CON SER BUEN CREYENTE

Buen creyente es sinónimo de fe, es sinónimo de conocimiento, es sinónimo de orar bien, de tener mayores frutos del Espíritu Santo, es sinónimo de tener mayores dones y amado por Dios. Y así cada día nos esforzábamos a ser “buenos creyentes” porque nos parece que Dios impone unas metas, un nivel de perfeccionamiento que espera que alcancen todos los creyentes, y siempre esperábamos tener mayor fe y sostenernos en fe.

Mas nadie se ha esforzado en ser lo que realmente el Padre Celestial quiere: “Hijo” y que tú le llames “Padre Santo”.

Pero aun aquellos buenos creyentes, muchas veces se quedan desconcertados, ¿por qué? Porque Dios obra de tal forma que les deja descolocado, sin entendimiento, cosas sorprendentes, accidentes imprevistos, enfermedades del cual no tenemos respuestas; a lo cual simplemente decimos que el Señor tiene una voluntad que no ha revelado aún. Mas yo les digo que en muchos casos sucede porque el hijo no busca crecer e identificarse como HIJO DE DIOS, y está buscando otras cosas, perdiendo su tiempo en cosas vanas, siempre tratando de recibir bendiciones movibles.

Y verán que “ser un buen creyente” es algo opcional dentro de la iglesia. O sea, que tú seas un invitado en una casa, tienes la opción de irte o no irte, de asistir o de no asistir, de ser más o menos asiduo en las reuniones. Y así sucede generalmente con toda la Palabra de Dios, la iglesia puede ponerte todas las condiciones para que tú estudies la Biblia, mas el creyente piensa, considera, mide y algunas veces si desea: asiste, pero si tiene alguna actividad más urgente, simplemente lo esquiva. ¿Por qué? Porque es creyente, y considera que en cualquier momento lo puede hacer.

Igualmente el creyente no se siente responsable, por eso les nombran con algún cargo: sea profesor, sea miembro del coro, sea diácono, sea tesorero para “exigir alguna responsabilidad”. Mas en definitiva depende del ánimo individual.

Mas también existen “buenos creyentes”, aquellos que sí han recibido una gracia muy especial de Dios, sea por sus padres, sea por las personas quienes intercedieron por él, sea porque Dios le haya elegido para una misión especial. Pero incluso en estas personas suceden cosas inexplicables, hechos que nos sorprenden y no tenemos respuestas.

Pues justamente esta es la imagen del hijo mayor, siempre se esforzó en ser un buen creyente, en ganar otros cinco talentos, en no defraudar nunca. También están aquellos quienes realmente han sentido el poder de Dios, el amor de Dios, su misericordia, y sinceramente dan su vida a Dios… pero como creyente.

¿Qué más desea Dios? ¿No es suficiente tu dedicación como creyente? ¡En realidad NO! Porque no ha planeado así, nunca eso fue su voluntad, no desea que nadie entre ustedes sean “buenos creyentes”, sino que ustedes sean: ¡HIJOS! Hijos con poder y autoridad.

Por esta razón dice la Biblia:

·        2 Samuel 7:14-16: Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo. Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente.

·        San Juan 1:12-13: Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

·        Romanos 8:16-18: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

·        Efesios 3:3-7: que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio del cual yo fue hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder.

Por tanto, la mismísima mente que tenemos de “creyente” debe ser quitado y crecer hasta sentirnos y vivir como “hijos”, herederos y coherederos con Cristo.

Así que, si ustedes buscan hacer las cosas como “buen creyente”, aun no has conocido todo como debe ser conocido.

ENVIÓ A VUESTROS CORAZONES EL ESPÍRITU DE SU HIJO

Esta es la razón de por qué Gálatas 4:1-7 dice Pero también digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

Por tanto, ¿cómo oras? Porque si piensas por un momento en las palabras con que oras, si escuchas atentamente tu actitud en la oración, podrás darte cuenta si aún eres un niño bajo tutores, o sientes realmente el Espíritu de su Hijo que ha derramado en tu corazón. ¿De qué forma te comunicas con Dios? ¿Le llamas Señor o tienes confidencia para llamarle Padre? Pues justamente la obra que hace y busca que se manifieste en nosotros el Espíritu Santo es “El Espíritu de su Hijo”, por el cual llamamos a Dios: Padre.

También hemos de acordarnos de las Palabras que el Señor me mostró hoy durante la oración de la mañana, con la lectura bíblica, en Efesios 2:13-22: Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.

En la mayoría las personas solamente alcanzan el conocimiento de esta realidad, es que todos ustedes quienes creen, y ¡ya son hijos! Solamente que no lo sienten y por consiguiente, no viven como tal.

Ah, y aquí viene la gran pregunta… ¿Por qué si el Señor nos envió el Espíritu de su Hijo no nos sentimos hijos de Dios?

·        Primero, por el desconocimiento de la Palabra de Dios y su voluntad;

·        Segundo: por la falta de fe porque no fueron enseñados o mejor, que las enseñanzas recibidas en Jesús no fueron “conducidos” bajo este conocimiento;

·        Tercero: por los errores que se cometen porque utilizan otras doctrina respecto a Dios y respecto a la salvación. Y aun siendo un hijo de Dios, cuando cree y persigue doctrinas equivocadas; Dios que es justo no puede convalidarlas y así les manifiesta, sacándole todo entendimiento acerca de ser “hijo”.

·        Cuarto: Porque no se tienen los frutos del Espíritu Santo: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; según el don de Cristo.

QUIEN HACE LAS COSAS MUCHO MÁS ABUNDANTEMENTE

¿Cómo es la mente del creyente? Primeramente piensa en sí mismo. Aquellos que son un poco más crecidos piensan en Dios, y un poco más y piensan en el prójimo. Pero nunca pierde de vista su vida, su bendición.

Por esta causa el apóstol Pablo dice que dobla rodillas y ora ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo: de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén. (Efesios 3:14-21)

Y estas cosas abundantes ya fueron hechas por Jesucristo, nos hizo miembros de su cuerpo, nos dio el Espíritu de su Hijo para que llamemos a Dios: Abba, Padre. Todo está hecho, como el hijo mayor que estaba cuidando su propia manada de ovejas; pero nunca se sintió dueño, ni como si fuera una posesión suya.

¿Entonces, a qué está sujeto para que nosotros conozcamos o mejor, que comencemos a conocer que somos y sintamos hijos de Dios? ¿Por qué el Espíritu de su Hijo que hizo morar en nosotros no nos hace sentir eso? Efesios capítulo 4 nos enseña así:

·        Efesios 4:1: Digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre. No es simplemente creer como un creyente, y guardar los mandamientos de Dios “cuando tiene o alcanza la fe”, no es excusarse ante Dios diciendo que le faltó la fe o que fue un momento de debilidad. Sino debe estar orgulloso de vivir bajo la ley de Dios, de sustentarlo, de enseñar a muchos, de ser una luz que ilumina al mundo tu vida basado en la ley de Dios; que a los creyentes muestres cómo la sal de su Palabra marca y condiciona tu modo de vivir. No se vive dentro de la palabra de Dios cuando se tiene fe, sino que se vive de esa manera porque eres hijo.

·        Efesios 4:2-6: Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Hoy cada creyente divaga entre las doctrinas, incluso cree aceptable que cada iglesia, cada denominación tengan sus propios principios de vida y de culto a Dios. Pero el hijo es mucho más determinante, pues sabe qué es la Verdad, conoce cuál es la Verdad; y nunca se da el brazo a torcer, ni acepta “medias” Verdades. Existen cosas que no se pueden “negociar”, y solamente de esta forma y con esta actitud hay que guardar la Unidad del Espíritu.

Esta es la razón de por qué el apóstol Pablo fue tan brutalmente perseguido y decía él: Esta persuasión no procede de aquel que os llama. Un poco de levadura leuda toda la masa. Yo confío respecto de vosotros en el Señor, que no pensaréis de otro modo; mas el que os perturba llevará la sentencia, quienquiera que sea. Y yo, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué padezco persecución todavía? En tal caso se ha quitado el tropiezo de la cruz. ¡Ojalá se mutilasen los que os perturban! Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. (Gálatas 5:8-13)

Por eso, es imprescindible que tú conozcas perfectamente la Palabra de Verdad y que defiendas la doctrina de la Biblia, ante cualquier hombre y ante cualquier situación que demande tu razón de la fe.

·        Efesios 4:7: pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Dios dice que a cada uno de nosotros El Señor nos ha dado una “gracia” para que tengamos entendimiento de la Palabra de Dios, y bajo esas palabra primero y luego bajo la sombra de toda la Biblia uno viva y lleve el don de Cristo. Y el don de Cristo no es otra cosa que “tomar la cruz de Jesucristo y seguirle todos los días”. Por eso Jesús decía: Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios. (San Lucas 9:61-62).

En un comienzo, Dios no te exige que lleves la cruz en todos los ámbitos de la Biblia, sino en aquellos puntos o actos que has recibido tu “gracia”. O sea, primeramente es con tu talento que has recibido, es con la parcela de tierra que has recibido para labrar, y en ella hay que ser fiel. Y luego cuando el Señor venga y vea tus obras, te podrá sobre más y sobre lo verdadero.

Se dan cuenta cómo esto está íntimamente relacionado con las Bendiciones Inconmovibles, es por eso que los creyentes quienes hoy buscan las cosas movibles no pueden llegar a sentir y vivir como hijos.

SOCORRIÓ A LA DESCENDENCIA DE ABRAHAM

 Y esta es la forma con que Dios personaliza y pone nombre respecto a la salvación, no lo hace solamente a los “creyentes” sino a la descendencia de Abraham:

·        versículo 11: Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.

·        Versículo 12: Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré.

·        Versículo 13: He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.

·        Versículo 16: Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.

Como ven, que Jesús se hizo hombre para salvar a sus hermanos, y socorrió a la descendencia de Abraham; no la de todo el mundo. Como también fue enviado Moisés a Egipto, no para liberar a los egipcios sino a los descendientes de Abraham.

Es cierto que existen muchas doctrinas respecto a la salvación, y uno más que otro desea liberalizar y ampliar. Por esta razón es importante que el creyente crezca y asuma su rol como hijo. Porque hoy cada uno parece poder vestirse de “creyente”, hacer las cosas “en nombre de Jesús”; pero nadie más que los propios hijos que fueron elegidos y predestinados desde antes de la fundación del mundo pueden recibir el Espíritu de su Hijo por el cual clamar Abba Padre.

Es bien claro cómo dice: ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Y en Gálatas 3:22-29 clarifica esta situación: Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniesen la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo, pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús; porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa.

Y esta es la razón de por qué el libro de Hebreos es El Evangelio a los creyentes, pues si el “creyente” se queda como “creyente” siempre tendrá miedo (como sucede hoy, porque son muchos quienes “se apartan de la fe” y tiene temor de que puede ser el próximo). En cambio, cuando tú tienes la confirmación de hijo de Dios, cuando sientes el Espíritu de su Hijo que se manifiesta en ti. Cuando sientes la autoridad de Dios y que se manifiesta en ti, y sí siempre tienes, no la seguridad como creyente, sino el gozo de hijo y eres ajeno a esas crisis que aparecen en las iglesias y creyentes.

Que hoy existan muchas personas, grupos, asociaciones, iglesias, denominaciones eclesiásticas que quieran generalizar y hacer populismo con Jesús y su obra de Cristo, realmente no debieran hacer pero tampoco podemos pararles. Pero muchos tratan de entrar, pero es más fácil que pase un camello por el ojo de una aguja que un rico entre el cielo. O que el Señor Jesús diga: Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta, y estando fuera empecéis a llamar a la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos, él respondiendo os dirá: No sé de dónde sois. Entonces comenzaréis a decir: delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. Pero os dirá: Os digo que no sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando veáis a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros estéis excluidos. Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Y he aquí hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros. (San Lucas 13:25-29)

CONCLUSIÓN

Porque la salvación que nos ha dado el Padre está por encima de toda esta problemática en que viven los religiosos de hoy, por eso, los hijos de la promesa de Abraham, los que son hijos de Dios que hoy están como “creyentes” deben crecer y liberarse de toda esta discusión y confusión en que viven los religiosos.

Y solamente los hijos de Dios, pueden vivir y tener los frutos del Espíritu Santo, porque tienen la firmeza y convicción de hijos, para dedicarse plenamente en otras cosas espirituales: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. (Gálatas 5:17-25)

Justamente para evitar toda esta problemática y de las inseguridades que un creyente afronta a él y a los que están con él a su alrededor en la iglesia, debe crecer y “sentirse” que el Espíritu de su Hijo, está en él y que él mismo también es Hijo de Dios.

Entonces verá cómo la paz y el amor de Dios llena cada rincón de su vida. Y el Evangelio a los creyentes está justamente para que el creyente encuentre esta identidad y seguridad.

Que Dios te bendiga.

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: 06 de marzo de 2010