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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

 

Sermón en el día miércoles 27 de enero de 2010.

Título: TÚ, SÍGUEME

Biblia: San Juan 21:1-25

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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1.     Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias; y se manifestó de esta manera:

2.     Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijo de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos.

3.     Simón Pedro les dijo: Voy a pescar. Ellos le dijeron: Vamos nosotros también contigo. Fueron, y entraron en una barca; y aquella noche no pescaron nada.

4.     Cuando ya iba amaneciendo, se presentó Jesús en la playa; mas los discípulos no sabían que era Jesús.

5.     Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No.

6.     El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.

7.     Entonces aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: ¡Es el Señor! Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se ciñó la ropa (porque se había despojado de ella), y se echó al mar.

8.     Y los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.

9.     Al descender a tierra, vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan.

10.           Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar.

11.           Subió Simón Pedro, y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió.

12.           Les dijo Jesús: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? Sabiendo que era el Señor.

13.           Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado.

14.           Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.

15.           Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me  amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos.

16.           Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas.

17.           Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

18.           De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras.

19.           Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

20.           Volviéndose Pedro, vio que le seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar?

21.           Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste?

22.           Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

23.           Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?

24.           Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas; y sabemos que su testimonio es verdadero.

25.           Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.

INTRODUCCIÓN:

RECTIFICAR.

Si nosotros pudiéramos rectificar los acontecimientos pasados, tendríamos muchas cosas en la lista. Cosas que hicimos, cosas que no hicimos, cosas que hemos dejado de lado,  cosas que no les dimos importancia, cosas que rompimos, cosas que habríamos hecho, cosas que ahora sería de gran utilidad…, y si a esto se agregan nuestros errores con las personas…

¿Se podría rectificar? Ciertamente existen cosas que sí, otras que no. No faltarán las cicatrices, los dolores y los recuerdos.

¿Cuántas cosas hemos hecho tomando decisiones que fueron instantáneas pero los recuerdos y las secuelas duran años e incluso toda la vida para sanarse? De seguro que si tuviéramos la oportunidad de rectificar, ahora sí lo haríamos bien, o mejor.

LIMITACIONES.

Es el otro punto que no queda muy en claro, pues a veces sobrepasamos nuestros límites como hombres y tomamos palabras y acciones que están por encima de nuestra posibilidad o capacidad porque no sabemos decir “no”; y otras veces simplemente nos consideramos muy diminutos y dejamos que la situación nos domine o pensamos que son imposibles.

Estas son las cosas que nos resultan difíciles en el mundo de Dios. Y son diferentes los motivos que nos atan y nos mantienen en estos estados: sea por la falta de conocimiento de Dios, sea por la debilidad del hombre, sea por la falta de experiencias suficientes en la convivencia con Dios.

Y no siempre hacemos las situaciones propicias y provechosas para aumentar nuestra fe.

AUSENCIA Y DESOLACIÓN

Generalmente cuando el hombre comete un pecado, o cuando niega a Dios como les ha sucedido a los discípulos de Jesús, cuando abandonan la fe, cuando a sabiendas dejan de hacer la Palabra de Dios; siempre existen tiempos de desolación y de ausencia (de parte de Dios).

A pesar de las señales de la resurrección de Jesús, de los diferentes testimonios que les dieron muchos discípulos, o que ellos mismos fueron visitados por Jesús cuando estaban como escondidos por causa de los temores que generaban los judíos quienes perseguían a todos los seguidores de Jesús. Seguían con temores, inseguridad, y sobretodo la ausencia y desolación.

Sí, justamente estas son las cosas que nos provoca el pecado y peor si es “una negación” de Dios; y todo pecado en cierto grado (o más o menos) es una negación que hago de Dios, es desconocer su autoridad y también su presencia en toda mi vida. Y estas cosas suceden porque aun el hombre no ha conocido “cuánto” está en Dios, “cuán” dependiente somos de Dios, “qué” somos en Cristo, y “por qué” estamos en esa situación por causa del pecado. Solamente luego de muchas evidencias, “gracia espiritual” para ver y dolores resultantes de las experiencias se nos crea el temor de Jehová.

Que los discípulos de Jesús le hayan negado a su Dios y Señor, que luego de seguirle durante tanto tiempo, de asegurarle que seguirían a Jesús a la cárcel o incluso no temían a la muerte por el Señor; no son palabras que queden al aire, perdido y sin efecto consecuente.

En menor medida en todos nuestros pecados también sucede esto. Toda vez que el creyente peca contra algún mandamiento de Dios, en primer lugar “quebranta” ese mandamiento específico, mas por encima de todos los mandamientos “está menospreciando la autoridad de Dios” sobre su vida y no santificamos a Jehová delante de los hombres.

Incluso hay ejemplos bíblicos como el caso de Moisés cuando en lugar de hablar y ordenar a la peña que les dé el agua, golpea la peña con su vara y Jehová dice: “Entonces alzó Moisés su mano y golpeó la peña con su vara dos veces; y salieron muchas aguas, y bebió la congregación, y sus bestias. Y Jehová dijo a Moisés y a Aarón: Por cuanto no creísteis en mí, para santificarme delante de los hijos de Israel, por tanto, no meteréis esta congregación en la tierra que les he dado. Éstas son las aguas de la rencilla, por las cuales contendieron los hijos de Israel con Jehová, y él se santificó en ellos. (Números 20:11-13)

Por eso, ningún pecado hay que tratarlo tan livianamente, ni considerarlo como si fueran como las matemáticas: cometo un pecado, pido un perdón: efecto anulado. Mucho depende de las situaciones en que se cometieron los pecados, las condiciones para que se incurra en ese error, delante de quién o quienes se hicieron. También importa mucho el tipo de pecado que se cometió, o cuánto la gloria de Dios o su santidad fue menoscabado delante de Dios y delante de los hombres. Y esto se agrava si un pastor, un líder, un maestro, o el padre de familia lo comete.

Esta es la causa de por qué los discípulos, según las palabras de Jesús fueron hasta Galilea, pero igual sentían esa ausencia “del Espíritu Santo” y la desolación que causa eso.

Y aquí está otra diferencia entre un creyente elegido y uno que se auto denomina cristiano: el verdadero siente esa ausencia y se demuestra la desolación como lo hicieron los discípulos. En cambio, aquellos que no son verdaderos hijos de Dios pero se consideran cristianos, no tienen este sentimiento, ni sienten el dolor que produce la AUSENCIA DE DIOS EN SU VIDA.

Como dice la Biblia: Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia. Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo. (2 Tesalonicenses 2:8-14)

Son los momentos de tristeza, de lamento cuando estamos sumidos en esta ausencia y deseamos rectificar nuestros actos. Y esto lo hace Dios para que nosotros sepamos la diferencia que existe entre el bien de estar con Dios y el mal de estar en contra.

Mas también es nuestra limitación,

  • UNO: porque no comprendemos plenamente la obra de Dios en ese tiempo.
  • DOS: porque no somos capaces de sobrellevar las cargas.
  • TRES: que nos confiamos demasiado en nuestra fe y somos muy apurados para hablar asumiendo cosas que luego no podremos mantener sin caer.
  • CUATRO: por eso, siempre les digo que lo único que nos permite nuestra fe ante estas situaciones es simplemente arrodillarnos delante de Jesús y pedir que el Espíritu Santo nos fortalezca y nos ayude, sea en sabiduría, sea en entendimiento, sea librándonos de los males o sea evitando la tentación.

Fíjense cómo los discípulos fueron a pescar y la ausencia de pescado también contribuye y muestra la situación global. No es simplemente una ausencia y desolación del corazón por haber defraudado a Jesús. Sino que las diferentes situaciones contribuyen para que nada salgan bien.

PARA QUE EL HOMBRE APRENDA LA DIFERENCIA

En muchas ocasiones, nosotros somos conscientes del pecado cuando lo estamos cometiendo, porque hubo una advertencia anterior del Espíritu. Otras veces aun no somos conscientes de que estamos pecando porque no tenemos aún la palabra en nosotros, porque no hemos comprendido que eso es pecado. Pero es quebrantamiento del mandamiento y pecado al fin.

Pero sea que sepas o sea que no lo sepas, en definitiva es pecado; y también que las consecuencias de la ausencia y desolación también existen. Porque sea que ocurra en los niños espirituales o sea en los maduros espiritualmente, la respuesta de Dios ante esa agresión no puede quedar sin respuesta; por eso Dios muestra su desagrado, baja en su nivel de entusiasmo hacia ti, se queda en silencio, o comienzan acciones, incluso puede revocar bendiciones o privilegios si se alarga o se repite insistentemente.

Son por estas cosas que Jesús no les restauró en su desolación el primer día que les apareció, ni la segunda vez; sino como dice el versículo 14: era la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos. Esto nos da una idea de cuánto puede durar nuestra desolación y la ausencia que sentiremos de Dios si negamos a Jesús delante de los hombres.

Vemos que esto es igual para todos los siete discípulos que estaban presentes, y ni el mundo les daba el placer con alguna pesca durante la noche. Incluso Jesús se les apareció en la playa y les preguntó si habían pescado algo y los siete no le reconocieron.

Mas como Jesús apareció justamente para sanar esta desolación y ausencia, mostró una señal como inicio de la restauración:

  • Primero: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces. (v. 6)
  • Segundo: Y de parte de los discípulos fue reconocer a Jesús, pues la primera vez cuando les habló preguntando si tenían peces, ellos no lo pudieron hacer.

¿Se dan cuenta de qué produce la ausencia? Por eso, no es fácil, ni sencillo restaurar. Tampoco existe un tiempo que esté escrito o estipulado que nos diga cuándo o cómo será la restauración.

Por eso, es tan importante que los creyentes conozcan bien la Biblia y aprendan a vivir cumplidamente. Y este es un caso muy marcado, pero existen otros en que los creyentes sea por pequeñas mentiras, por involuntarios actos pecan; y ni se dan cuenta que Dios está ausente para la comunión íntima. Como también la ausencia de peces durante toda la noche a los pescadores, así también es la ausencia de cualquier cosa, de bendición, de respuestas de Dios, de gozo y contentamiento en la Biblia o respuestas y satisfacción en la oración.

Es la razón de por qué es importante hacer una estricta confesión de día en día, de semana en semana; pues no hay hombre que no peque, a pesar de que todo está perdonado en Cristo (mas hay que reconocer y saber el mal).

Esta es la diferencia que nos quiere enseñar el Señor Jesús para que las siguientes veces evitemos estas cosas. Por eso dura mucho tiempo para que el creyente luche denodadamente contra el pecado y que en su fe en Jesucristo venza al mundo. Verán que ese fue el mayor dolor de Jesús en la cruz cuando dijo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué  me has desamparado? (San Mateo 27:46)

LA RESTAURACIÓN

Vemos que existen cuatro clases de restauración que hace Jesús:

  • PRIMERO: es la señal de la pesca
  • SEGUNDO: los discípulos reconocen la voz de Jesús y se entusiasman.
  • TERCERO: es el desayuno preparado por Jesús para que pueda confortar sus cuerpos cansados del trajín de la noche.
  • CUARTO: es la restauración espiritual.

LA RESTAURACIÓN ESPIRITUAL no consiste simplemente en decir: “me equivoqué, perdóname”. Sino que la restauración espiritual toma un cariz diferente. Porque siempre se hace en base a “compromisos”.

Primero los once discípulos abandonaron a Jesús, mas Pedro siguió a Jesús como le prometió, pero luego le negó tres veces. Incluso había dicho: Si me fuere necesario morir contigo, no te negaré. También todos decían lo mismo. (San Marcos 14:31). Estas palabras de Pedro no quedaron olvidados por Jesús, pues después le vuelve a pedir y anuncia cómo iba a morir.

Y el gallo cantó la segunda vez. Entonces Pedro se acordó de las palabras que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y pensando en esto, lloraba. (San Marcos 14:72). O sea, aquí ya produce el arrepentimiento. Y seguro que el arrepentimiento tanto de Pedro como de los demás discípulos siguieron los subsecuentes días.

Hoy también te arrepientes profundamente, lloras, te dueles, incluso puedes ayunar por ello; y tienes el perdón porque señal te es dado por el Espíritu Santo por la paz. Mas luego tienes que solucionar la ausencia y la desolación. Y para ello, hay que seguir insistiendo con el Señor, vestirte de cilicio, humillarte y quedarte en silencio hasta tu restauración.

En el caso de los discípulos Jesús se toma un tiempo y ocasión especial para mostrar cómo se los restauró. Primero agravar y extender la situación  y luego por medio de ciertas señales, palabras y preguntas:

  • ¿Me amas?
  • ¿Me amas más que éstos?
  • Apacienta mis ovejas,
  • Pastorea mis ovejas.

Estos son modelos típicos que Jesús utiliza hoy también para tu restauración, la exigencia podrá ser diferente; mas las respuestas que desea obtener de ti son las mismas que Pedro: “Sí, Señor”; “Sí, Señor, tú sabes que te amo”.

El siguiente punto de la restauración también es esta característica, que en nosotros también se tenga cumplimiento todas las palabras de nuestra boca. Como Pedro quien dijo que moriré por ti. Pues ahora Jesús le daba la oportunidad de morir también como las palabras dichas por Pedro, v. 18-19: De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme.

¿Y QUÉ DE ÉSTE?

Todos los discípulos que estaban presentes también negaron a Jesús al abandonarle, pero en este pasaje vemos que el Señor se empecina con Pedro. Porque fue Pedro quien más habló, quien más se adelantó, se precipitó en sus actos. No supo de sus limitaciones y ahora Jesús le estaba dando la oportunidad para restaurar las cosas.

Pero le interesaba a Pedro qué hay de los otros, y en especial del discípulo a quien Jesús le había amado en especial; pues ese discípulo especial también había incurrido en el mismo mal.

Por eso, Jesús le dijo a Pedro: TÚ, SÍGUEME. No te preocupes por los otros, ni te preocupes de qué forma el Señor impone las condiciones para restaurar a los otros discípulos. A cada uno el Señor tiene la forma y medida justa. Si para Pedro las preguntas: ¿Me amas? Le fueron punzantes y dolorosas, también habrá esas clases de preguntas para los otros discípulos. Y esa medida lo sabrá Dios cómo aplicar y hacia dónde dirigir su voluntad para sacar lo mejor de cada uno de sus hijos.

TÚ, SÍGUEME; es la indicación que hoy también nos hace Jesús de cada uno de nosotros. Sin importar qué hacen otros, cómo se restauran, de qué forma Jesús le pregunta, le conmueve, de cómo resulta y resuelve la ausencia y la desolación. ¿Qué te importa cómo Dios haga con ellos? Tú, sígueme DICE EL SEÑOR.

CONCLUSIÓN

Hoy Dios te puede pedir más que otros hermanos, puede que el Señor te exija más a tu iglesia.

¡No te dé cuidado por ello! Más bien, alégrate que Dios te está restaurando, te saca de tu ausencia y la desolación. Y cómo conociendo mejor a Dios y sus Palabras, conociendo mejor las consecuencias del pecado; es correcto que hagas tu mejor esfuerzo para vivir guardando los mandamientos.

Y aquellas cosas que el Señor te indicó, que te preguntó: ¿Me amas? Según lo que hayas respondido, has el mejor esfuerzo en cumplirlos.

Seguro que en las actuales situaciones no irás muy lejos para apacentar o para pastorear a las ovejas, ¡seguro que ni a ti mismo podrías hoy! Por eso el Señor Jesús dijo: no se vayan de aquí, esperen hasta que reciban el poder del Espíritu Santo. Y justamente esta es la parte final para tu restauración, recibir el poder, recibir más poder del Espíritu Santo para permanecer y realizar las obras que el Señor te encarga. Así podrás cumplir plenamente tu compromiso.

¿Amas tú a Jesús? ¿Amas a Jesús más que éstos? ¿Hasta cuántas veces debe preguntarte Jesús? Espero que sean pocas…

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

 

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: 08 de febrero de 2010