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Sermón en el día miércoles 20 de enero de 2010.

Título: GUÁRDALOS EN TU NOMBRE

Biblia: San Juan 17:1-26

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

www.evangelio123.org

1.     Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti;

2.     Como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste.

3.     Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.

4.     Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese.

5.     Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

6.     He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

7.     Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti;

8.     Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

9.     Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son,

10.           Y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos.

11.           Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros.

12.           Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

13.           Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos.

14.           Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

15.           No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal.

16.           No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

17.           Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

18.           Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo.

19.           Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad.

20.           Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos,

21.           Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.

22.           La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.

23.           Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.

24.           Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo.

25.           Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste.

26.           Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos.

INTRODUCCIÓN

Solemos encontrarnos con personas quienes están confundidos porque hay quienes perseveran en la fe en Jesús y crecen; otras quienes parecían tan afirmados, un día abandonan la iglesia por diversos motivos. ¿Cuál es la explicación? Parecían que estaban encaminadas a ser buenos creyentes, con entusiasmo, afirmados, dedicados en sus iglesias; pero luego de un tiempo se desmoronan.

Y no son pocos las personas quienes están con temores, con dudas, con falsas expectativas. ¿Quién permanecerá o quién será el próximo en abandonar la iglesia? Porque alrededor nuestro tenemos tantas voces, muchos de aliento, otros que cuentan sus dificultades y problemas, otros que están desganados, los que abandonaron, aquellos que critican.

Mas siempre están aquellos quienes se afirman, crecen y se robustecen.

Es cierto que al comienzo, las personas consideren que ellos están teniendo la fe en Jesús, que ellos aman a Dios por eso. Que deben hacer un esfuerzo para seguir en el camino de la vida.

Pero, en realidad, es una conjunción de la obra que Dios hace en la persona para que ellos finalmente comprendan cuando sean adultos espiritualmente que fue la gracia de Dios quien les sostuvo.

Yo no puedo hablar fuera de lo que dice la Biblia. Y soy una persona que creo en la Biblia y suelo trabajar y enseñar como dicen las Escrituras. En ello me esfuerzo.

Mas mientras los creyentes que están en este camino no tengan todas las señales, ni tengan toda la convicción y seguridad; siempre CREEN que dependen de su fe, de su ESFUERZO y no faltan aquellos quienes también piensan en la SUERTE como factor de permanencia. Por eso, se escuchan personas quienes dicen: “yo tuve mucha suerte…”, “tuve la suerte de encontrarme con tal o cual persona, o iglesia…”

Hoy están confundidos porque basan su juicio solamente en un versículo, o un conjunto de versículos que están “interesadamente unidos” para dar un “significado y un sentido” que atraiga y agrade a los oídos de los hombres. Es por eso que utilicen versículos “previa” y “sabiamente” unidos para toda alma hambrienta de consuelo. Tal es así que los hombres piensan que son sujetos de un amor de Dios que en muchos sentidos quebrantan la misma ley de Dios y la integridad de la doctrina. Inventan cuántos caminos sean necesarios, diversas respuestas para las muchas preocupaciones de los hombres. Pero nadie se preocupa de Dios, ni cómo él piensa. Todo está bien “mientras se haga en nombre de Jesús”.

Esta es la razón de por qué Dios mandó escribir cuatro evangelios en el nuevo testamento: el San Mateo, el San Marcos y el San Lucas están escritas basando en el evangelio que el hombre recibe, comprende y transmite a otro hombre; y en su conjunto habla de Jesús como el mesías que Dios ha prometido. En cambio, el San Juan es bastante diferente en su óptica, es el evangelio contado desde la parte de Dios (Jesús, el Padre Celestial y el Espíritu Santo) para que nosotros, hombres, entendamos todo el panorama. Es por eso, que la primera prueba de cuánto la enseñanza de una iglesia, o la predicación de un hombre es correcto bíblicamente; es que tiene que pasar la prueba de la armonía y unión entre los cuatro evangelios. Ninguna enseñanza debe contradecir a la otra, sino que toda doctrina para que sea verdadera debe pasar el examen de estos cuatro evangelios.

TUYOS ERAN, Y ME LOS DISTE

Esta verdad y realidad que dice Jesús al Padre es uno de los aspectos más importante para nuestra vida y la consecuente fe en Jesús. Y aquí está plenamente visto la elección y la predestinación de aquellos que son de Dios desde antes de la fundación del mundo y que fueron entregados a Jesús para que muera por sus pecados.

Mientras muchos piensan que son “ellos” quienes se acercaron a Jesús por la fe que tuvieron. La Biblia dice una realidad muy diferente, veamos el versículo 6: He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra.

  • Se manifestó a los hombres del mundo, y aquellos que eran de Dios y fueron entregados a Jesús han escuchado y guardaron la Palabra de Dios.

En el versículo 7-8 dice: Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

  • Creyeron que Jesús salió de Dios y que es el salvador. O sea, todos aquellos que son de Dios, le creyeron y dice además Jesús v.12 cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Los versículos 14-16 dice: Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

  • Incluso dice que los hombres del mundo los aborrecieron, porque escucharon la Palabra de Jesús y le creyeron; pero son aborrecidos porque ellos no pertenecen al mundo. Pues si fueran del mundo, el mundo los amaría, mas porque no lo son, resultan aborrecidos.
  • Vean cómo Jesús hace una clara diferenciación. Dice que existen aquellos que son del mundo, y aquellos que son de Jesús y le aman, que le siguen, que son suyos.

Saben ustedes que la Biblia, mirándolo puede verse como un simple libro común y corriente. Mas también para aquellos quienes leen sus palabras y Dios le da la fe para que crea y por supuesto: que haga y guarde cada una de las palabras de Dios, los mandamientos.

Y esta es la seguridad que debemos tener:

    • Como individuo:
      • Que yo escucho la Palabra de Dios.
      • Que me enseña, que me reconforta, que me muestra y también que me incentiva a guardar cada palabra.
      • Y cuando no lo guardo, el Espíritu Santo me habla, me quebranta para que guarde la Palabra de Dios.
      • Que Dios me cuida como hijo, si le amo él me ama, si no, él también me castiga como todo hijo amado.
    • Como iglesia:
      • Hemos de enseñar en toda la palabra de Dios.
      • Ver y comprobar si los creyentes escuchan, siguen, viven en todas esas palabras y no solamente en aquellas de su interés.
      • Siempre las palabras han de ser abundantes y variadas para que el creyente escuche, sienta y compruebe las señales firmes que aparecen.
      • Comprobar si son aborrecidos por el mundo porque guardan la ley de Dios (y no por algún pecado que hayan incurrido), y ayudarles en esos momentos de mucha prueba. También esperar que finalmente verificar si tienen la victoria como dice la Biblia: En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo, a quien amáis sin haberle visto, en quien creyendo, aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso; obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salvación de vuestras almas (1 Pedro 1:6-9).
    • Por parte de Dios:
      • Tuyos eran (en Efesios 1:4-6 dice: según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado).
      • Me los diste (v. 24 dice: Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo).
      • Ruego por ellos, porque me diste porque tuyos son.
      • Todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío.

Hoy en San Juan el Señor Jesús nos revela cómo es la conversación con el Padre Celestial y nosotros que somos objetos de su amor. Que hoy “somos” de Dios en Cristo Jesús. Y es una realidad que si leemos a lo largo de este capítulo, en ningún momento interviene el hombre para decidir sobre su futuro. Es una conversación de un hecho ya hecho y consumado. Simplemente somos “llamados” para enterarnos de esta realidad y que tengamos la “fe” para creer en esta “ciertísima verdad” y vivamos una nueva vida.

Por eso Jesús dice: mas los que fueren tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan, ni se dan en casamiento. Porque no pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. (San Lucas 20:35-36)

GUÁRDALOS EN TU NOMBRE

Por eso nos cuesta tanto aceptar y creer, pues existen hechos que ya se realizaron según el beneplácito y voluntad de Dios para la gloria de Jesús. Y hoy nosotros, carnales y de limitados conocimientos hemos de absorber todo esto; por eso dice la Biblia en 1 Corintios 1:18-31: Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. Porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.

Todo lo que Jesús dijo puede parecer que está en el pasado, talvez las personas que estuvieron en ese momento con Jesús podrían beneficiarse.

Mas Jesús dice v. 11-12: Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

Fíjense que en todas estas palabras de Jesús, en ningún momento el Señor menciona que tú debes tener la fe o alguna condición que Dios cumpla su misión de guardarnos. Simplemente lo hace porque pertenecemos a Dios, y porque Jesús dice: ahora voy nuevamente a la diestra de Dios, por tanto: “guárdalo tú Padre por tu nombre”

Y esto traducido a la realidad del hombre, es que el creyente siempre será cuidado, siempre tendrá la fe, siempre recibirá la gracia, siempre será protegido para que nunca afronte un hecho más grande que su fe, y que juntamente con la tentación tendrá la salida.

Y cuando dice: “Guárdalos en tu nombre”, significa que el Padre nos tiene que guardarnos por el mismísimo honor de su nombre. Es decir, si Dios no nos puede guardar, significaría que “deja de ser Dios el Todopoderoso”. Por tanto, es imposible que esto pase. ¿Puede Dios mentir? ¿Puede él desaparecer? Y si la Biblia dice: Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Hebreos 13:8). También la promesa de su cuidado es para siempre. Así que, mientras Dios el Padre cuida a un creyente porque Jesús le ha pedido que le cuide, jamás puede perder la fe, jamás puede alejarse de Jesucristo, y menos que suceda algo que rompa el vínculo entre el Padre y nosotros, pues también porque somos miembros del cuerpo de Cristo. La Biblia también lo dice: por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:3).

¿DE QUÉ FORMA GUARDA EL PADRE?

  • Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. (San Juan 10:18). De esta forma cuidó Jesús y dice que ninguno se perdió. Y sabemos que el Padre lo hace también. Por eso, verán que la oración que nos enseña Jesús es una oración en que el hombre pide para que Dios actúe a nuestro favor como: “Guárdalos en tu nombre”, y dice: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (San Mateo 6:9-13)
  • La Biblia hace una comparación del amor que nos tiene el Padre: ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. Tus edificadores vendrán aprisa; tus destruidores y tus asoladores saldrán de ti. Alza tus ojos alrededor, y mira: todos éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida, y de ellos serás ceñida como novia. Porque tu tierra devastada, arruinada y desierta, ahora será estrecha por ala multitud de los moradores, y tus destruidores serán apartados lejos. (Isaías 49:15-19)
  • En Números capítulos 22 y 23, vemos cómo un rey amenazado de Moab como Balac promete muchas riquezas y honra a Balaam para que maldiga a Israel. Este es un hecho que está sucediendo a espaldas de Israel, en total desconocimiento de los hombres; mas igualmente Jehová Dios los cuida para que nadie siquiera pueda maldecir… Entonces él tomó su parábola, y dijo: Balac, levántate y oye; escucha mis palabras, hijo de Zipor: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta, él dijo: ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? He aquí, he recibido orden de bendecir, él dio bendición, y no podré revocarla. No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel. Jehová su Dios está con él, y júbilo de rey en él. Dios los ha sacado de Egipto; tiene fuerzas como de búfalo. Porque contra Jacob no hay agüero, ni adivinación contra Israel. Como ahora, será dicho de Jacob y de Israel: ¡Lo que ha hecho Dios! He aquí el pueblo que como león se levantará, y como león se erguirá; no se echará hasta que devore la presa, y beba la sangre de los muertos. (Números 23:18-24)
  • Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad: la manera de guardar que tiene el Padre no es simplemente ser un escudo contra todo mal o enemigo. Sino es santificándote en toda su Palabra, para que veas la diferencia entre el incrédulo y tu vida.
  • Yo los envío al mundo, las palabras que ellos guardaron, cuando prediquen de Jesús otros también lo guardarán, para que sirva de testimonio de que el poder y el espíritu de Dios está en los creyentes. Y también dice que haciendo esto se manifestará la gloria de Jesús que hay en nosotros: la gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno.
  • Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. (v. 23). Estos son estados muy avanzados de unión que cualquier creyente puede sentirse en unidad con el Padre, cuando se va santificando y llevando la Palabra de Dios en la tierra. Y con esto notará cuánto es guardado por el Padre.
  • Donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado. La Biblia nos dice en Hebreos 11 y 12 que muchos creyentes tuvieron este testimonio y vivieron en esperanza. Incluso por ello, prefirieron vivir como extranjeros y peregrinos en la tierra por la gloria futura que recibirían.

CONCLUSIÓN

Hasta ahora les he dicho cómo es Dios quien nos guarda para que sigamos y perseveremos en la fe hasta el día del Señor Jesucristo y por la eternidad.

Y porque una vez está santificado por el Señor Jesucristo, y porque estamos guardados por el Padre actualmente, no hay forma ni hecho que nos pueda separar del amor de Cristo. Y la Biblia nuevamente nos dice en Romanos 8:31-34 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros? El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Así también podríamos seguir y seguir con ejemplos, como el ejemplo de los pámpanos, del olivo silvestre, de la semilla santa, miembros del cuerpo de Cristo, hijos de Abraham.

Pero sabemos que aun existen personas quienes aseveran que se “puede perder la salvación…”, seguro que esa persona no sabe, o no ha conocido a Dios. O es una doctrina según su vientre. Los que así dicen y persisten en esta doctrina engañosa verán los frutos de su incredulidad.

Mas mientras nosotros estaremos tranquilos y guardados en las manos de Dios:

  • Detrás y delante me rodeaste, y sobre mí pusiste tu mano. Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender. ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? (Salmo 139:5-7)
  • Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que vendare Jehová la herida de su pueblo, y curare la llaga que él causó. (Isaías 30:26)

Que Jehová Dios te bendiga y te guarde.

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