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Sermón en el
día miércoles 2 de diciembre de 2009. Título: DE CREYENTE A DISCÍPULO Biblia: San Lucas 14:1-35 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada Teniente Primero Leónidas Escobar 3913,
Asunción, Paraguay www.evangelio123.org 1.
Aconteció un día de reposo,
que habiendo entrado para comer en casa de un gobernante, que era fariseo,
éstos le acechaban. 2.
Y he aquí estaban delante de
él un hombre hidrópico. 3.
Entonces Jesús habló a los
intérpretes de la ley y a los fariseos, diciendo: ¿Es lícito sanar en el día de
reposo? 4.
Mas ellos callaron. Y él,
tomándole, le sanó, y le despidió. 5.
Y dirigiéndose a ellos, dijo:
¿Quién de vosotros, si su asno o su buey cae en algún pozo, no lo sacará
inmediatamente, aunque sea en día de reposo? 6.
Y no le podían replicar a
estas cosas. 7.
Observando cómo escogían los
primeros asientos a la mesa, refirió a los convidados una parábola,
diciéndoles: 8.
Cuando fueres convidado por
alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido
que tú esté convidado por él, 9.
Y viniendo el que te convidó
a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a
ocupar el último lugar. 10.
Mas cuando fueres convidado,
ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te
diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se
sientan contigo a la mesa. 11.
Porque cualquiera que se
enaltece, será humillado; y el que se humilla, será enaltecido. 12.
Dijo también al que le había
convidado: Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus
hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te
vuelvan a convidar, y seas recompensado. 13.
Mas cuando hagas banquete,
llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; 14.
Y serás bienaventurado;
porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la
resurrección de los justos. 15.
Oyendo esto uno de los que
estaban sentados con él a la mesa, le dijo: Bienaventurado el que coma pan en
el reino de Dios. 16.
Entonces Jesús le dijo: Un
hombre hizo una gran cena, y convidó a muchos. 17.
Y a la hora de la cena envió
a su siervo a decir a los convidados: Venid, que ya todo está preparado. 18.
Y todos a una comenzaron a
excusarse. El primero dijo: He comprado una hacienda, y necesito ir a verla; te
ruego que me excuses. 19.
Otro dijo: He comprado cinco
yuntas de bueyes, y voy a probarlos; te ruego que me excuses. 20.
Y otro dijo: Acabo de
casarme, y por tanto no puedo ir. 21.
Vuelto el siervo, hizo saber
estas cosas a su señor. Entonces enojado el padre de familia, dijo a su siervo:
Vé pronto por las plazas y las calles de la ciudad, y trae acá a los pobres,
los mancos, los cojos y los ciegos. 22.
Y dijo el siervo: Señor, se
ha hecho como mandaste, y aún hay lugar. 23.
Dijo el señor al siervo: Vé por
los caminos y por los vallados, y fuérzalos a entrar, para que se llene mi
casa. 24.
Porque os digo que ninguno de
aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena. 25.
Grandes multitudes iban con
él; y volviéndose, les dijo: 26.
Si alguno viene a mí, y no aborrece
a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su
propia vida, no puede ser mi discípulo. 27.
Y el que no lleva su cruz y
viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28.
Porque ¿quién de vosotros,
queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver
si tiene lo que necesita para acabarla? 29.
No sea que después que haya
puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a
hacer burla de él, 30.
Diciendo: Este hombre comenzó
a edificar, y no pudo acabar. 31.
¿O qué rey, al marchar a la
guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente
con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32.
Y si no puede, cuando el otro
está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. 33.
Así, pues, cualquiera de
vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. 34.
Buena es la sal; mas si la
sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? 35.
Ni para la tierra ni para el
muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga. INTRODUCCIÓN:
Hoy Jesús mencionó un ejemplo muy claro y
ejemplificador de lo que sucede con los hombres en la iglesia. Así como los
invitados a una cena se sientan en la mesa considerando a sí mismos con un
cierto “grado” de autoridad e importancia, también sucede con los hombre que
asiste a una iglesia luego de un tiempo. Y parece un mal crónico, como una
marejada que avanza y luego no tiene control. Por eso Jesús aconseja que se siente en el
último lugar, para que la persona quien te invitó te levante y te posicione en
una mesa de mayor importancia y gloria. Les lanzo esta pregunta: ¿quién les
dice que suba a lugares de mayor gloria? Pues esto mismo sucede en las iglesias
tradicionalmente, las personas quienes asisten un tiempo, quienes conocen el
movimiento de la iglesia, ellos mismos se atribuyen un grado y esperan que se
les valore como tal. Más aún en iglesias presbiterianas donde están muy
estructuradas, desde los simples asistentes, los bautizados, los diáconos (de
un año), los diáconos ungidos, los presbíteros; los evangelistas, los co-pastores,
los pastores; todos se comportan bajo esta burocracia que muchas veces es
paralizante e improductivo. Igual, entre los diáconos están los más
antiguos los más nuevos, cada cual se atribuye una autoridad y así se presenta
delante de los otros. ¡Y los pastores no quedamos lejos! Saben ustedes que en nuestra Iglesia
Esperanza, se maneja en forma diferente, pues todas las personas tienen que ser
discipulados primero, que no hacemos caso del grado o cargo que haya ocupado en
otros lugares, que inclusive cualquier pastor quien desee acoplarse a nuestra
iglesia deberá ser primeramente discipulado. ¿Por qué? Únicamente de esa forma
tendremos la unidad en la fe, en el conocimiento de Jesucristo, sabiendo
nuestros énfasis, conociendo cómo aplicamos las diferentes doctrinas bíblicas y
que las demás ovejas pueden confiar y confiarse. Y justamente las palabras de Jesús
hablando del banquete y cómo los hombres se buscan los mejores lugares porque
se desea enaltecerse a sí mismo está mal encaminado, que es una actitud de
hombre no discipulado. Nos habla de qué forma las personas deben
saber humillarse siempre, en cualquier lugar, y justamente esta actitud de
saber humillarse siempre y en cualquier circunstancia es un principio
fundamental del discípulo. LA HUMILDAD PARA LA GRAN CENA
Y un error frecuente de los creyentes es
considerarse que ha alcanzado grados y privilegios dentro de la iglesia. Pero también cuando es enseñando en algún concepto
ya no quiere considerar otras opiniones. Y este es el caso de la invitación
para la gran cena. Muchas veces fuimos enseñados y hemos escuchado sermones
utilizando este pasaje de la gran cena para “invitar” a los incrédulos a creer
en Jesús. Mayormente son utilizados en las campañas de evangelización. Mas en el grande contexto de este pasaje,
vemos con el ejemplo cuando Jesús mismo fue invitado a una cena, y veía cómo
las personas buscaban los mejores asientos y los más cercanos al dueño de la
casa. Y Jesús dice que se siente en el último lugar, para que se reciba la
gloria que le corresponde y no que se auto imponga una gloria. Ahora bien, vemos que existen personas
quienes tienen más gloria que otros, es recibido y puesto por el dueño de la
casa en un lugar más o menos encumbrado. ¿De qué dependerá? ¿Quién es el dueño
de casa? ¿No creen ustedes que esto sucederá
también en la gran cena de Dios? ¿Y cuándo es la cena de Dios? Y con este objetivo preguntó uno de los
que estaba sentado: Bienaventurado el
que coma pan en el reino de Dios. Pero esto lo dijo pensando de la cena
que tendremos en el cielo, en el paraíso. Mas Jesús responde dando a entender que la
cena de Dios se produce con mucha frecuencia, todos los días. Que no es algo a
realizarse cuando se termine este siglo, ni es la cena en el siglo venidero;
mas bien que está sucediendo todos los días. Para que ustedes entiendan: Jesús
dijo: Yo soy el pan de vida; el que a
mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. (San
Juan 6:35). O sea, la cena del Señor no es un lugar,
ni es un acontecimiento; más bien, es la oportunidad que sucede todos los días,
y también si Jesús es el pan de vida y comer de ese pan consiste en la cena.
Esto significa que toda ocasión que uno tiene de escuchar la Palabra de Dios,
toda ocasión de meditar en la Palabra, toda ocasión en que puedes ministrar,
practicar, predicar, testimoniar, evangelizar; es participar de la cena del
Señor. Jesús dijo: os digo que así
habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y
nueve justos que no necesitan de arrepentimiento. (San Lucas 15:7) Dios mismo dice en Salmo 23: Jehová es mi pastor; nada me faltará. En
lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará.
¿Acaso esto no es cenar con el Señor? Y también en Apocalipsis 3:18-20 dice: Por tanto, yo te aconsejo que de mí
compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para
vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con
colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues,
celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi
voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Toda ocasión que tienes para recibir y
comprobar la gracia de Dios es cenar con el Señor. Por eso, no es simplemente un concepto de
una gran cena, llena de mesas y sillas, y todo dispuesto para los comensales.
Es más fuerte el concepto de que Jesús llama a cada creyente, sea para un
culto, sea para un estudio bíblico, sea para participar de un ministerio, sea
para predicar, enseñar o testimoniar. En todos estos casos estás participando
de la cena del Señor. Y hay que ser humilde para responder a
cada ocasión y en todas las ocasiones. Justamente estos ministerios, estas obras,
estos llamados de Dios puede suceder en cualquier día fuera del día de reposo y
también en ella; las personas se excusan porque tienen mucho trabajo, porque
tienen que probar, arreglar, ajustar, perfeccionar sus negocios, sus vidas,
porque hay casamiento. Porque si leen con atención, verán que ninguna de estas
cosas uno lo haría en un día de reposo. Es decir, que a más de lo que pueda
suceder en un día de reposo, todo creyente debe estar preparado y ser lo
suficientemente humilde y obediente para presentarse al Señor cuando es
llamado, y dejar toda actividad cotidiana necesaria. Aún teniendo que asumir
pérdidas en tu dinero, renunciando a ganancias y asumiendo los cansancios. Esto
es ser discípulo de Cristo. Esto es contigo, porque tú ya conoces a
Dios, y estás invitado. Mas si rehúsas, estarás en falta con Dios. Tal es así,
que muchos quienes no responden “repetidas” veces porque están atareados con
los hechos cotidianos de la vida serán desechados y en su lugar serán
reemplazados definitivamente por los llamados los pobres, los mancos, los
cojos, los ciegos y otros que son forzados a entrar en la casa de Dios y son
preparados para suplir a los primeros invitados. Y aquellas personas quienes hoy aun
conociendo a Jesús, se excusan ante la invitación alegando que están atareados
de las cosas de la vida, Jesús dice: porque
os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron convidados, gustará mi cena.
(v. 24). Es decir, que estas personas ya no serán invitadas, significa
que estas personas por más que después participen en otras cenas, no podrán
gustar de la cena. O sea, que no disfrutarán de la Palabra de Dios, verán pero
no entenderán, escucharán pero no percibirán. Por eso, muchos dicen hoy que la Palabra
de Dios está débil, que no les llega, que no escuchan, que tienen hambre en su
espíritu. Porque no hay palabras que les satisface. Mas nadie sabe que la causa puede ser
ésta: cuando fueron llamados, se excusaron; por eso, no “PUEDEN GUSTAR DE LA CENA”.
Cuando los pastores se excusan, ya no perciben la voz del Espíritu Santo y no
pueden predicar lo que Dios desea ni discierne su voluntad (no gustará de la
cena del Señor); cuando una oveja hoy no quiere participar de la cena del Señor
alegando alguna causa, será reemplazado por alguna otra persona y también
dejará de gustar la cena del Señor. Es decir, hay que esforzarse para ser
discípulo cada día, todos los días, todas las veces. ¡Y nadie sabe cuántas
veces te puede invitar el Señor! Puede ser una, dos, tres veces; mas nunca será
eterno, ni cuando tú estés dispuesto; pues para esa época será tarde o difícil
de desandar. Se dan cuenta que no puede existir un
indiferente en el reino de Dios, ni puede existir una persona quien diga que no
le interesa la predicación, la evangelización, el estudio de la Palabra de
Dios, el discipulado, el culto, el testimonio como luz del mundo y sal de la
tierra. Por tanto, todo creyente NUNCA DEBE
QUEDARSE COMO UN SIMPLE OYENTE, SIEMPRE DEBE PROGRESAR PARA SER DISCÍPULO. Sea
pastor, sea creyente, sea novato, sea maduro; todos deben esforzarse para ser
discípulos. PARA SER DISCÍPULO DE JESUCRISTO
Fíjense cómo entre los versículos 25 al
33, aparecen tres vicios que un creyente no debe cometer, y que todo creyente
debe identificarse claramente como tal, y si se deja llevar por ella, dice
Jesús: NO PUEDE SER MI DISCÍPULO. Hemos visto en la invitación que existen razones
realmente valederas humanamente: ·
Se compró una hacienda, y
necesita ir a verla. ·
Se compró cinco yuntas de bueyes,
y va para probarlos. ·
Se acaba de casar y no puede
ir. Con cuántas razones tan valederas como
estas los creyentes se excusan delante de Dios, porque está cansado, porque
está atareado, tiene un gran pedido, una gran compra, se compró un negocio,
puso una fábrica en funcionamiento, se compró un automóvil, se compró un avión,
se casó, está de mudanza, vienen amigos, vienen visitas, están las grandes
ventas de fin de año. Mas Jesús dice, aún cuando tengas estos
negocios pendientes, tienes que excusarte con tu padre, con tu madre, con tu
mujer e hijos, con tus hermanos y hermanas; para aceptar la invitación de la
cena de Jesús. Si no puedes hacer esto, no puedes ser el Discípulo de Jesús. Y esta es siempre la gran incógnita: ¡No
sabes cuántas veces te llamará el Señor y luego se cansará para reemplazarte
con algún pobre, ciego, cojo! Justamente vencer esa tentación, dejar de
lado su hacienda, probar tus cinco yuntas de bueyes para mañana, prorrogar tu
casamiento para la semana siguiente; o aunque existan cosas tan importantes,
necesarias, e inmediatas como estas, uno debe llevar su cruz y seguir a Jesús: ¡es
la condición de discípulo! Finalmente Jesús dice que debemos seguir a
él con los ojos bien abiertos, sabiendo todos los casos y peligros, las
dificultades que suponen el ser discípulo de Jesús. Tiene que estar dispuesto a
perderlo todo inclusive, podrás arruinar completamente tu negocio, pues deberás
cerrar tu negocio, parar las máquinas, perder clientes porque dejas de trabajar
los domingos, disminución en las ventas, menos tiempo para cumplir tus
compromisos, una aparente desigualdad en la competencia con otros que trabajan
24 horas por día, durante 7 días a la semana y 365 días del año. Es la razón de por qué Jesús
dice: cualquiera de vosotros que no
renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. NINGUNO GUSTARÁ MI CENA
Leamos juntos los versículos 24: porque os digo que ninguno de aquellos
hombres que fueron convidados, gustará mi cena. Escuchen este pasaje: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueses
frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré
de mi boca. (Apocalipsis 3:15-16) No es una opción para el creyente el
discipulado, o sea, no es algo que “si quieres” puedes hacerlo y “si no quieres”
puedes dejar de serlo. Porque Jesús cuando llevó nuestros pecados y murió para
darnos remisión y vida eterna; no condicionó sino que obedeció. Así también es
la vida que tenemos en Jesús, no es una opción de si quiero vivir más cerca o
más lejos de Dios, pero igual sigo siendo creyente. ¡No funciona así las cosas!
Cada creyente debe ser tan crecido, agradecido, adulto y maduro espiritualmente
como cualquiera de los creyentes que vemos en la Biblia. ¡Por eso mismo Jesús
nos hizo miembros de su cuerpo! Por eso, no puede haber desavenencia entre un
miembro y otro. Y en cada caso particular que se presente
en tu vida, deberás ser Abraham, ser Isaac, ser Jacob, ser Israel, ser Samuel,
ser Daniel, ser David, ser Elías, ser Eliseo, ser Isaías, ser Jeremías, ser
Ezequiel, ser Juan el Bautista, y todo esto es ser un pequeño Jesús. Solamente la persona quien se esfuerza
cada día en aprender a dejar sus cosas, su vida en el camino de Jesucristo, ese
participará y gustará de la cena del Señor Jesús. Sus hojas no caerán porque
está alimentado por el río de la vida. Y será alimentado del árbol de la vida
todos los días de su vida. Se dan cuenta que es algo totalmente fuera
de los conceptos corrientes de aquellos con que viven los creyentes de hoy.
Pues muchos dicen que Dios entenderá su caso, comprenderá que necesita de un
trabajo para dar de comer o sustentar a su familia; que las condiciones del
trabajo imponen que trabajes un día de reposo. Que la intención es lo
importante, lo que sientes en tu corazón es lo importante. ¡TODAS SON EXCUSAS
PARA NO ASISTIR A LA CENA DEL SEÑOR! PORQUE EN LA CENA SOLAMENTE ESTO IMPORTA:
O ESTÁS PRESENTE O ESTÁS AUSENTE. Y no sabes los tiempos, ni sabes
plenamente el ánimo de Dios. Por eso, cuando el Señor te da ese sentir en tu
corazón para hacer, para predicar, para evangelizar, para vivir, para renunciar
al pecado, para aceptar la vida y condiciones de la Biblia; tienes que saber
que ese es tu tiempo justo. Cuando respondes en ese tiempo, recibirás muchas
alabanzas y gloria, mas si dejas pasar la siguiente vez será más difícil.
Muchos hoy son como el siervo que recibió una mina, va y esconde hasta que
viene el Señor; recompensa a los que ganaron y el tuyo es quitado y entregado
al que tiene. Y Jesús dijo: y dijo a
los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez
minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. Pues yo os digo que a todo el
que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
(San Lucas 19:24-26) No hay que hacer volver al siervo del
Señor con las manos vacías, ni que se vuelva con una excusa tuya. Porque aquí
tenemos testimonio de cómo la misericordia de Dios se corta, y se extiende a
otras personas. TU SAL DEBE SER BUENA
Tu sal debe ser buena, tiene que tener una
respuesta bien definida. Que se pueda saber qué se puede esperar de ti. Que una
vez que tengas cargo de ello, no te moverás, ni te cambiarás, que serás
constante y perseverante. Esto es ser discípulo fiel. Así debe proceder
un discípulo. Así debe crecer un creyente. Como la sal que pones a la comida,
sabes que con esa medida salará seguro, ¿mas qué pasará si tiras y tiras la sal
pero no produce ningún sabor a tu comida? Así es todo creyente que todo son
palabras, hermosos deseos, pero no mueve ningún dedo en esa dirección. Y al comienzo Dios utiliza todo su amor
para hacerte crecer en este sentido, te alimenta, te convence, te seduce, te
muestra su misericordia, sus señales, sus prodigios, también te castiga, te
forma, te fortalece, te moldea. Mas si luego de un tiempo, si aun con
estas enseñanzas la persona es maleable, no es estable, ni tiene principios, se
inclina de aquí para allá, mira al hombre y no a Dios, esa sal no tiene sabor,
está pronto a ser desechado. ¿Tienes tú oídos? Escucha la Palabra de
Dios. EL DISCIPULADO NO ES UNA OPCIÓN
El discipulado no es una opción, no es un
capricho de un pastor y el discipulado no se circunscribe solamente a las
ovejas de una iglesia. Pues el pastor también tiene que ser un fiel Discípulo
de Jesús. Y les digo que existen muchísimos
creyentes y pastores, más de lo que uno quisiera ver, quienes no son discípulos
de Cristo, sino pastores de sus propios deseos y caminos. Todos quieren ser llamados hijos de Dios,
quieren ser tratados como hijos de Dios; todos quieren recibir la herencia de
Dios, ser coherederos con Dios mas nadie quiere “PADECER” por Jesús y en su
nombre. La Biblia dice: Solamente que os comportéis como es digno del evangelio de Cristo,
para que o sea que vaya a veros, o que esté ausente, oiga de vosotros que
estáis firmes en un mismo espíritu, combatiendo unánimes por la fe del
evangelio, y en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos
ciertamente es indicio de perdición, mas para vosotros de salvación; y esto de
Dios. Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis
en él, sino también que padezcáis por él, teniendo el mismo conflicto que
habéis visto en mí, y ahora oís que hay en mí. (Filipenses 1:27-30) Hay otros quienes también intentan limpiar
su conciencia haciendo un trabajo alternativo, en un tiempo alternativo, en
lugares y con personas que a ti te gustan. ¡ESO NO ES SER DISCÍPULO! CONCLUSIÓN
Cuando un creyente rechaza la invitación
del Señor y Dios dice a su siervo que sea reemplazado por un pobre, por un
ciego, por un cojo; significa que aquella persona quien rechaza la invitación,
primeramente dejará de gustar la cena. Es decir, que Dios le cortará todo
entendimiento y comprensión de la Palabra de Dios. Ya dejará de responderle, y
su vida será un desierto, no recibirá la lluvia del cielo, y su suelo será
improductivo. Conllevará a que sea insensible, sus palabras no tendrán poder,
ni nuevos conocimientos. Finalmente sus hijos se apartarán y
llegará un día cuando toda su familia se pierda en el mundo de los incrédulos. En cambio, Dios le reemplazará con una
nueva persona, le tendrá misericordia, conocerá a Jesús, y comenzará a andar.
El Señor comenzará de nuevo, como dijo a Moisés: entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que
sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido. Pronto se han apartado del
camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han
adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, éstos son tus
dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. Dijo más Jehová a Moisés: Yo he
visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz. Ahora, pues,
déjame que se encienda mi ria en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una
nación grande. (Éxodo 32:7-10) Y luego esto sucedió: Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo
había permitido, para vergüenza entre sus enemigos, se puso Moisés a la puerta
del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron
con él todos los hijos de Leví. Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de
Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a
puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su
pariente. Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y
cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres. (Éxodo 32:25-28) Y estos tres mil hombres fueron cortados y
reemplazados por otros. El que lee, entienda la analogía. Que Dios te bendiga. Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. |
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