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Sermón en el día miércoles 14 de octubre de 2009. Título: NO VINO PARA SER SERVIDO SINO PARA SERVIR Biblia: San Mateo 20:1-34 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay www.evangelio123.org 1. Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. 2. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; 4. Y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. 5. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. 6. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? 7. Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. 8. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. 11. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, 12. Diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. 13. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? 14. Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. 15. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? 16. Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. 17. Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18. He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; 19. Y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. 20. Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 22. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 23. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre. 24. Cuando los diez oyeron esto, se enojaron contra los dos hermanos. 25. Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27. Y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28. Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar vida en rescate por muchos. 29. Al salir ellos de Jericó, le seguía una gran multitud. 30. Y dos ciegos que estaban sentados junto al camino, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 31. Y la gente les reprendió para que callasen; pero ellos clamaban más, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! 32. Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? 33. Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y enseguida recibieron la vista; y le siguieron. INTRODUCCIÓN:Como la parábola que Jesús les habló a los hombres diciendo cómo es “el reino de los cielos” hoy en la práctica. Es que los pensamientos de los hombres cambian en función a su conveniencia, por su provecho, por celos, por codicia; porque pronto se olvidan de la gracia que reciben de Dios. Fíjense en la parábola que justamente Jesús mencionó y lo escucharon los discípulos, pero ellos no se daban cuenta que ellos mismos eran los protagonistas de esa parábola. Lo que hoy quiero hablarles es acerca de cómo los ánimos de los hombres cambian, si no se mueven por medio de criterios establecidos por Dios. Porque el amor que hoy expresa un creyente, mañana puede cambiar en función a su conveniencia. LA EXPLICACIÓN DE LA PARÁBOLADice que en una ciudad vivían muchos hombres desocupados, que lo único que hacían todos los días era reunirse en la plaza y esperar que alguien les contratase para un jornal de trabajo. Para estos hombres, en esos momentos, nada más importante que el ser contratado, porque trabajarían con mucho empeño, pues así llevarían el dinero ganado a sus casas. Fue así que apareció un señor muy bondadoso, quien tenía una gran viña y salió a contratar a obreros. Convino con ellos en pagar un denario por un día de trabajo, ellos agradecieron y aceptaron. Fueron a trabajar con mucho agradecimiento. Luego este señor bondadoso, salió nuevamente a la plaza de la ciudad y encontró nuevamente a personas sin trabajar, porque nadie les contrataba. Y les llamó y que fueran a trabajar en la viña, que el pago lo haría como él le pareciera. Los obreros que fueron contratados a las 9, a las 12, a las 15 y a las 17 horas agradecieron ese gesto; en realidad se fueron y trabajaron, pero ellos no esperaban recibir todo porque fue menos de un jornal. Mas al final del día, el Señor llama a su mayordomo y le ordena que pague desde el postrero hasta el primero en llegar, y a los postreros les dio un denario, y a los primeros también un denario. Y es aquí donde surgen los problemas, y es la manifestación de la naturaleza del hombre concupiscente que aun piensa como hombre. Cuando los primeros fueron a trabajar, aceptaron el denario como jornal a recibir, y trabajaron con empeño. Los postreros trabajaron sin saber cuánto recibirían, pero recibieron igualmente un denario. Enseguida viendo el pago de los postreros los primeros pensaron que ganarían más. Pero el Señor no se salió del primer contrato. Y vino la disconformidad. Cuando hoy fueron rescatados de sus inmundicias, de sus pecados, vicios, vidas perdidas, se sanaron de sus dolores y enfermedades. Jesucristo vino a ser su gran Salvador. En un comienzo dijeron que podrían trabajar agradecidos durante años, toda su vida. Mas luego de unas jornadas, luego de vivir un tiempo en la iglesia, y viendo que otros vinieron después y reciben mejores tratos, son más allegados al pastor, su ánimo cambia. Es que “la gracia” que había recibido es olvidado y ahora cambia por “la recompensa”, pues desean recibir algo a cambio, un cargo, un prestigio, un reconocimiento, una alabanza, quiere ser el mayor entre los otros. Así también eran los discípulos, en el comienzo, cuando Jesús les llamó diciendo que serían “pescadores de hombres”, el sólo hecho de ser llamado por un gran maestro, el Cristo, era un privilegio; eran muy distinguidos porque fueron elegidos como discípulos quienes se mantenían cerca de Jesús, que venían en primera mano todos los milagros, era objeto de envidia de otros seguidores. Y así fue cambiando el corazón de los hombres, y finalmente buscan una recompensa, un sueldo por “haber sido fiel” a Jesús en la iglesia, en el mundo. Era la razón de por qué los hermanos Jacobo y Juan pedían a Jesús, y de eso se encargó su madre en pedírselo. FÁCILMENTE NOS OLVIDAMOS DE LA GRACIA RECIBIDACuando los hombres se olvidan de la gracia recibida. Cuando el creyente no sabe el valor real de la gracia de la salvación, la gracia de haber sido elegido por Dios y predestinado para salvación, si no se adentra para seguir y conocer toda la obra de Dios. Por eso en la Biblia reclama a los
creyentes el haber perdido este “primer amor”: Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por
tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si
no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres
arrepentido. (Apocalipsis 2:4-5) Creo que este es un problema que afecta hoy a una inmensa cantidad de creyentes en el Señor Jesucristo. Aunque muchos luchan para no perder la “gracia recibida”, no es fácil dentro del trajín en que vivimos los hombre en el medio que nos rodea. ¿Cómo se logra esto? Hoy Jesús nos dice por medio de una pequeña revelación: Subiendo Jesús a Jerusalén, tomó a sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte; Y le entregarán a los gentiles para que le escarnezcan, le azoten, y le crucifiquen; mas al tercer día resucitará. Estas palabras no fueron simplemente para que ellos estuvieran preparados, porque finalmente sabemos que igual los discípulos abandonaron a Jesús cuando él fue apresado. Mas bien estas palabras fueron dichas para mostrar a los hombres, qué se debía hacer para no olvidarse de esa “primera gracia” cuando conocieron a Jesús. No era simplemente los sucesos que ocurrirían a él, sino decirles que si un creyente no lleva la cruz de Cristo, si no lleva las cargas los unos por los otros, si no muestra misericordia y compasión hacia el prójimo, dando y ofrendando su propia vida, la codicia y el egoísmo afloraría en el corazón de los hombres. Y sin pasar mucho camino, la madre de Jacobo y Juan le planteó antes que subieran a Jerusalén. Y este es el problema de la iglesia,
enseguida piensan en los cargos electivos, en ser cabeza, en que los hombres
les sirvan, que les llamen maestros. Por eso Jesús dijo: Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse
grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero
entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser
servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. Cuando la iglesia hoy no tiene un plan coordinado de discipulado, de ayudar a guiar a sus miembros para que aprenda a servir a otros, a llevar la cruz por los niños, por los menos favorecidos, si no aprende a sufrir y a morir para servir a otros; y un primero paso hacia eso es justamente el estudio de la Palabra de Dios, es aprender a vivir y guardar estrictamente toda Palabra, es la oración, es la evangelización. Pero dejan pasar el tiempo, ¿cuántos quienes ingresan a la iglesia y participan del culto desean arremangarse, ensuciar sus lindas camisas para salir a evangelizar? A caminar, a sufrir el calor del día, a mojarse bajo la lluvia o recibir el vituperio por causa del evangelio. Por eso, todos quieren ser cómodos, todos quieren visitar y conocer la iglesia: “¿cómo es esta iglesia?”, “¿qué se hace o cómo se hace en esta iglesia?”. Son todos mirones, apenas quieren mover los dedos y que todos les sirvan. Y muchas iglesias les complace en sus deseos. Les da todos los lujos, los deseos cumplidos. Quieren tener lugares seguros de aparcamiento para sus automóviles, desean aires acondicionados, sillones confortables, cafecitos, que les llamen señores. Cuando estaban perdidos en el mundo, cuando estaban sumidos en los pecados, y fueron un día iluminados por Jesucristo y supieron que él les perdonó, fue el día más feliz del mundo. Mas pronto se olvidan de la gracia. Antes, que puedan servir a Dios en su iglesia era todo un honor, y con agradecimiento se hacía. Mas cuando vienen los días de calor, de fatiga, de largas horas de llevar la carga; solo esperan el tiempo del descanso. Por eso, el tiempo de mayor dolor de cabeza para los pastores son los fines de año cuando deben repartir la torta de los cargos y responsabilidades, y los primeros meses del año los miembros están dolidos y muchos dejan de aparecer por la iglesia porque se “decepcionaron” de sus pastores porque no les correspondió un “pedazo” de torta mayor en relevancia. Y en los momentos de recibir el pago, se ponen celosos porque los nuevos también reciben igual trato. O piensan que han trabajado mucho por muy poco. De esta manera bondadosa es el Padre Celestial, mas si los creyentes, los primeros obreros no están despiertos y comprenden el corazón de Dios, es difícil librarse de los sentimientos de envidia, de frustración, de enojo, de celo, de codicia. ¿Cómo estás seguro que no te ocurre contigo hoy? Las palabras que aseguran que “él nunca podría hacer eso” es un engaño a sí mismo, si no hace lo que les diré después. EL DESEO DE GLORIA Y GRANDEZAAnteriormente cuando Jesús era famoso y todo el mundo seguía, los discípulos cuando fueron llamados se sintieron honrados, muy afortunados, agradecidos. Todos dejaron sus trabajos, sus familias, dejaron de ganar dinero para seguir a Jesús. El sólo hecho de ser un Discípulo de Jesús era diferente, era un privilegio, era la envidia de otros. Porque eran los hombres cercanos a Jesús, eran los que comían, dormían, que pasaban todo el día con Cristo. Eran los que aprendían de primera mano, eran quienes podían preguntar de todos los temas. Veían todas las obras de Jesús. Mas en la medida en que las cosas se perfilaba hacia Jerusalén, cuando las enseñanzas y los discursos de Jesús apuntaban a la capital y todo hacía indicar que no volvería a salir de ella, la madre de Juan y de Jacobo pidió a Jesús que le concediese lo que pidiese. ¿Se imaginan cuándo ellos habrán planeado esto? Mas así es el hombre, lejos está la época cuando los hombres deseaban simplemente seguir a Jesús porque habían encontrado al Cristo salvador. Ahora deseaban sentarse a la derecha y a la izquierda de Jesús, sin mirar a los otros diez discípulos. Y ¿qué habrá después de sentarse a la derecha y a la izquierda? ¿Cuándo terminará esa codicia dentro del hombre y dentro de la iglesia y del reino de Dios en esta tierra? En nosotros también existen esta clase de pensamientos, de sentimiento. Por eso hay que combatirlas, mas utilizando el camino mostrado por Jesús. Si al comienzo, estamos obrando porque estamos agradecidos por el perdón de nuestros pecados, el saber que somos salvados en Cristo Jesús, que fuimos elegidos según la presciencia de Jehová Dios. Que de las tinieblas nos ha amanecido la luz de la salvación. Capaz que mañana, o incluso hoy, deseemos algo más, una mayor retribución, un cargo más relevante. Ya no será suficiente salir a las calles a repartir los folletos Palabras de Vida. ¿Qué nos podrá suceder cuando muchos nos digan “maestro”, “líder”, etc. Luego uno querrá dejar de salir, querrá dirigir, querrá tener autoridad. Gobernar con los labios, que los “nuevos”, que los “pequeños”, los que aun “no han pasado por el bautismo de fuego”… Y esta es la normalidad del reino de Dios hoy entre los creyentes. Por esta causa, todos quieren escalar rápidamente. Si se esfuerzan en ministerios es por esa causa oculta y silenciosa, pero presente en todo corazón codicioso y no discipulado. Es que estas son concupiscencias que normalmente, hasta que llegue el tiempo no aparecen, son mantenidos silenciosos; mas cuando llega el tiempo de elecciones, de elegir nuevos siervos, pastores, autoridades, responsables en la iglesia; estas concupiscencias afloran en el corazón de los hombres. Y Jesús sabe de otras cosas que los
hombres hoy no tienen en consideración. Si los hombres piensan en engrandecerse
pensando que el lugar donde se sientan y junto a quién se sientan, es el
principio del poder, de la autoridad. Por eso Jesús dice hoy: Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis
que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son
grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que
el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, Y el que
quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; Justamente este es el principio del reino de Dios. No es quién se sienta a la derecha o a la izquierda. No es quién está más cercano a Jesús, o quién está a la diestra del pastor. ¡Ese es el mundo de los hombres! Dice Jesús. Mas en el reino de Dios es diferente,
¿quieres ser grande? El que sirve, por eso Jesús vino como servidor, para morir
por el pecado de muchos y así Dios le hizo rey de reyes. Haya,
pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo
en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino
que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los
hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose
obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó
hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el
nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la
tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:5-11) Por esta razón el discipulado es largo, y debe pasar por diferentes etapas de la vida del hombre y de la iglesia. Porque nos se puede enseñar simplemente con palabras, sino debe ser vivido; experimentar que las maldades de los hombres creyentes puede experimentar y expresar a los otros, todo por causa de poder, de privilegios en la iglesia; y todo esto “ENTRE HERMANOS”. EL HIJO DEL HOMBRE NO VINO PARA SER SERVIDO, SINO PARA SERVIR.Y Jesús para enseñarnos cómo vino para servir, entregó su vida en propiciación por nuestros pecados, como una oveja muda, obediente, llevando el pecado de todos nosotros. Muchos ven esta actitud como debilidad, mas hasta que el señor Jesús resucitó entre los muertos, hasta que se sentó a la diestra del Padre Eterno, siempre mostró cuán fiel y servidor fue. Ese es el camino, y por eso Jesús les dijo: ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber y ser bautizado con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le respondieron: Sí podemos. Realmente no sabían lo que respondían. Porque beber del vaso la copa amarga que bebió Jesús, ser bautizado con el bautismo con que él fue bautizado en la cruz y en la muerte. ¡Cómo lo sabrían ellos en ese momento! Mas la Biblia dice que ellos lo bebieron, sí Jacobo y Juan luego lo bebieron. Jacobo fue el primero de los apóstoles que fue muerto por la espada de Herodes, y Juan murió en la cárcel, en una isla solitaria. Realmente no es fácil servir, no es fácil sentarse a la derecha o a la izquierda de Jesús. Por eso Jesús dice que tiene a quienes se sentarán a su diestra y siniestra. Y justamente esta es la lección que deben aprender cada creyente, aprender a servir y no ser servido. Y muchos de los problemas que actualmente afectan a las iglesias es porque no enseñaron correctamente y a tiempo para que sus pastores, sus ancianos, sus líderes, sus maestros, sus miembros aprendan a servir. Generalmente las personas piensan que “YA” están “sirviendo” a Jesús trabajando en los diferentes ministerios, siendo líderes, enseñando, siendo maestros, evangelizando, testimoniando. Mas hablo de servir con la vida, muriendo como lo hizo Jesús. Entonces se muestra una característica única para aquellos que verdaderamente están sirviendo según los ojos del Espíritu Santo:
La compasión es el sentimiento resultante cuando realmente estás sirviendo a otros, cuando estás entregando tu vida para rescate de muchos, cuando realmente estás bautizándote con el bautismo de Jesús. Vean inmediatamente cómo Jesús mostró el corazón de los hombres, querían sentarse a la derecha o a la izquierda, otros que se enojaban porque dos de sus compañeros discípulos deseaban engrandecerse, otros seguían a Jesús mirando todo este acontecimiento. Mas cuando se presentaron unos ciegos gritando: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! Y dice que la gente les reprendió para que callasen. Mas el corazón de Jesús, quien vino para servir, y quiso mostrar cómo debe ser la actitud del que sirve dijo: “Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. Entonces Jesús, compadecido, les tocó los ojos, y enseguida recibieron la vista; y le siguieron.” ¿Podrías tú servir a los hermanos y a la iglesia durante 20 o 30 años sin ser un diácono? ¿Sería tu entusiasmo como el primer día viendo cómo otros han crecido y ocupado lugares de responsabilidades? No se siervo para ser primero, sino ser movido por compasión y misericordia para amar a Dios y al prójimo como a ti mismo. CONCLUSIÓNRealmente sobre papeles, todos podemos hablar, delante de personas quienes nos requieren de quién es el mayor o quién es el menor, tratamos de ser humildes, intentamos aparentarnos como servidores. Mas ¿cómo reaccionamos y respondemos ante Dios cuando él nos encarga obras, ministerios que implica servir a otros y eso de condición muy inferior a ti? ¿Pensarás y sentirás como Discípulo o como gobernante? Durante ¿cuánto tiempo podrás ser servidor? En realidad, delante de Dios siempre, toda nuestra vida no debe salir de esta realidad: de ser servidor de nuestro Salvador Jesucristo. Por eso hay que combatir contra ese pensamiento, contra las cosas y situaciones que ven nuestros ojos. Y es el especto más difícil del discipulado: “imitar a Jesús en ser Servidor y no en ser servido” Apacienta tu corazón conforme a toda la Escritura. Que Dios te bendiga. Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. |
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