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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

Sermón en el día miércoles 29 de noviembre de 2006.

Título: DANDO EL TODO DE SÍ

Biblia: San Juan 14:1-6

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

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1.   No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

2.   En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

3.   Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4.   Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

5.   Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

6.   Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

 

INTRODUCCIÓN:

ESTAMOS VOLVIENDO SOBRE NUESTROS PASOS, para tomar hoy estos primeros versículos del capítulo 14, pues ahora es tiempo de tomarlos y predicar sobre ellos.

Jesús dijo un día: porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (San Mateo 6:21-23).

Constantemente vemos casos de hombres que son acusados y juzgados por casos de corrupción, son hombres que en su deseo enceguecedor de tener más de lo que está permitido, recibe o da ciertos servicios a cambio de dinero u otras retribuciones que finalmente redundan en aumento de su patrimonio personal o ascensos de puestos dentro de una empresa o institución.

Para no entrar en demasiados detalles, vayemos a lo que nos interesa: estas personas son capaces de realizar muchos sacrificios, se toman muchos riesgos, pues incluso están dispuestos a perder la libertad y pasar mucho tiempo en la cárcel. Pero vemos cómo el poder del dinero les enceguece. A lo que deseo llegar es, están dispuestos a todo, porque el fin de sus vidas, el valor que encuentran de la vida es justamente eso. Como no pueden ver otro mundo más allá del dinero y lo que el dinero les otorga, van detrás de ella, hasta conseguirla. El tiempo que pueden usufructuar, los riesgos que corren; nada les causa temor, incluso empeñan su vida y la vida de sus familiares en ese emprendimiento.

Es que sus ojos están puestos solamente en ello, y ese es su mundo. Por eso es tan difícil de motivar a los hombres del mundo, cuando ese mundo que construyeron se desmorona.

Y es aquí donde el creyente entra también en una confusión, porque vive en un mundo material pero también cree y tiene fe en el mundo de Jesucristo.

DOS REALIDADES

Por eso el creyente vive dos realidades a diferencia de los hombres incrédulos del mundo que viven sin esperanzas.

Y de esto nos quiere enseñar Jesús, pues desde el capítulo 14 comienza a hablar del mundo de Dios, del reino de Dios que existe en medio de nosotros y caminamos hacia el reino de Dios celestial.

Aquí radica el problema de muchos creyentes, pues escucha y tiene fe sobre el reino de los cielos, pero la fe, el conocimiento, las experiencias muchas veces no son suficientes para tener la plena certeza y convicción acerca del reino de Jesús.

Por eso Jesús comenzó su discurso a los discípulos comenzando con: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomeré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

La realidad del mundo material, o aquí el mundo en donde convivimos tanto los hijos de Dios como los hijos del mundo, todos lo sabemos, lo convivimos todos los días; nos despertamos todas las mañanas y salimos a trabajar, hacemos los negocios, conversamos con ellos, también recibimos el lucro de nuestro trabajo. Nos entretenemos con los bienes y los males de los hombres. La vida, la salud, la familia, los amigos, la comunidad, el trabajo; una infinidad de cosas que tienen una vida propia.

Mas nosotros no podemos olvidarnos de la otra vida, y así lo dice Jesús también, que existe un mundo de Dios en nosotros y vivimos también en ella.

Es más, Jesús nos dice, donde está tu tesoro, allí estará el interés de tu corazón. Y esta es la parte difícil y aprender a torcer nuestro interés por los tesoros del mundo para ver las riquezas de Jesús y de su reino es difícil. Mas esta realidad existe, el reino de Dios existe.

Por eso Jesús dijo: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (San Juan 16:33). Escuchamos de muchas personas quienes cierran las páginas de su libro de vida en Jesús ni bien salen por el portón de la iglesia, porque piensa que no es compatible Jesús y sus Palabras con este mundo material de la tierra en donde vivimos.

No vivimos en un mundo separado, ni dividido; sino como dijo Jesús: el tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. (San Marcos 1:15).

Pero también dice Jesús: preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros. (San Lucas 17:20-21)

No está Jesús solamente sentado en la diestra de Dios Padre en los cielos, sino que hoy también está en nosotros por medio del Espíritu Santo como nos ha prometido. Y de seguro que todos los creyentes verdaderos, cada día que escucha la Palabra, cada día que experimenta a Jesucristo en el Espíritu Santo, sabrá esta realidad del reino de Dios que vive hoy.

Y cada día que pasa, sabrá y verá cómo el reino de Dios se manifiesta en su vida. Todo aquel que trata de olvidar o tapar el reino de Dios, será destruido. Mas todo aquel que aprende a convivir en un comienzo para luego volcarse totalmente al reino de Dios, aprenderá a vivir como Jesús, triunfando en la fe y en la sabiduría a este mundo. Por eso Jesús dice: Yo he vencido al mundo.

Jesús ya sabía del conflicto que tendríamos nosotros por medio de su oración: Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mudno, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad. (San Juan 16:9-19)

Así que cuánto más sepas y mejor sientas de que vivimos en este mundo, pero estamos viviendo también en y para el Reino de Dios. Dependiendo de cuánto tengas en convicción DARÁS EL MEJOR DE TI.

Y todo comienza con:

NO SE TURBE TU CORAZÓN

¿Crees en Dios? ¿Crees en Jesús? Entonces cree también la morada celestial. Y es en esto donde no tiene que turbarse tu corazón. Pues cuanto menos se turbe y más seguro esté de la casa celestial, de que eres ciudadano del cielo, más fácil se hará vivir dentro de las Palabras de Dios, tu corazón y tu vida estarán buscando y viviendo en Jesucristo. Menos problemas, menos conflictos te producirá el mundo y sus riquezas. Mas al contrario, cuanto menos sea tu fe en Jesucristo, el reino celestial, la morada en los cielos será una incertidumbre, vivirás en la incertidumbre, querrás abrazar al mundo como lo hace cualquier hombre incrédulo.

Cuando tu corazón está firme y seguro porque tienes fe en Jesucristo, pueden ocurrir muchos males a tu alrededor, pero siempre estarás confiado.

Pero recuerden que estos son los primeros pasos y siempre se volverá a tu fe en Jesucristo, porque no basta con “saber”, luego hay que vivir “en Jesús”. Sí, el creyente en Jesucristo como Señor, tiene que vivir dos mundos: el mundo de Dios y el mundo de los incrédulos.

Muchos creen que es incompatible, o es lo uno o el otro. Tardará, pero debemos aprender a vivir el Reino de Dios en nosotros y entre nosotros, dentro del mundo incrédulo. Así lo dice la Biblia: porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos; y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio. (2 Pedro 2:4-9).

Jamás daré el todo de mí si no tengo seguridad, si no puedo ver a Jesús ni la morada celestial.

Y cuando creemos en Jesús, todas estas cosas se aclaran poco a poco; y crecemos aprendiendo un nuevo lenguaje: el que habla Dios.

VIVE SEGÚN LA LEY DE DIOS

PRETENDER ENTENDER el Reino de Dios con el lenguaje de los hombres incrédulos es imposible. Y todos aquellos que tratan de buscarlo, de encontrarse con Dios dentro de este lenguaje y leyes de los hombres impíos es imposible.

También Dios no se dejará encontrarse de esta manera, por más que tu seas su hijo. Por eso necesitamos aprender el lenguaje que puede llegar a Dios, que puede hablarse con él, con el cual podemos ver y tener la sabiduría del Reino de Dios.

Talvez esto confunde a muchos, pero es porque están pensando con el pensamiento del hombre impío. El hombre no convertido a Jesús, desprecia la ley de Dios, se apartan de la luz de Dios porque sus obras son malas como lo dice en San Juan 3:19-20 Y ésta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.

En el mundo, podemos encontrar a muchas personas que resisten la ley de Dios; muchos rechazan la ley de Dios, no desean ser enseñados ni desean someterse a los mandamientos, estatutos y ordenanzas de Dios. Mas deberían considerar esas personas por su bien, que esa negación acerca de Dios no sea porque realmente no les guste la ley de Dios porque sus obras son malas y aman las tinieblas. Pues dice la Biblia: Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno. (Deuteronomio 4:1-2)

Mas aquellos que creen en Dios, aquellos que creen en Jesús, aquellos que creen en el Reino de Dios, saben que las palabras y leyes de Dios son iguales, ayer, hoy y siempre.

Y hasta que no mejoremos a comprender el lenguaje de Dios y a vivirlo, siempre nuestro corazón estará turbado, no estaremos seguros del Reino Celestial, nunca podremos darnos el todo para Jesús. Siempre habrá duda y recelo, nunca podremos abandonar completamente el mundo en que vivimos.

Nos viene en mente lo que hemos aprendido ayer en la hora de oración: Mirad, yo os he enseñado estatutos y decretos, como Jehová mi Dios me mandó, para que hagáis así en medio de la tierra en la cual entráis para tomar posesión de ella. Guardadlos, pues, y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos  de los pueblos, los cuales oirán todos estos estatutos, y dirán: ciertamente pueblo sabio y entendido, nación grande es esta. Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? (Deuteronomio 4:5-7)

No será como hoy, cuando no te acuerdas cuándo fue la última vez que oiste la voz de Dios, sino que cuando aprendas el lenguaje y la vida de Dios, siguiendo y guardando sus mandamientos para tener su sabiduría y su inteligencia, entonces todos los días hablaremos con nuestro Padre Celestial.

¿Temor? ¿Duda? ¿Temblor en tu corazón por la inseguridad? No, ¿cómo podrás sentir temor si estás conversando con Dios todos los días?

Sabremos que la vida en Jesucristo está por encima de todo este mundo que nos rodea. Viviremos según las reglas de Dios, y estaremos por encima de este mundo. Y Dios nos dice en su Salmo 112: 1-10 bienaventurado el hombre que teme a Jehová, y en sus mandamientos se deleita en gran manera. Su descendencia será poderosa en la tierra; la generación de los rectos será bendita. Bienes y riquezas hay en su casa, y su justicia permanece para siempre. Resplandeció en las tinieblas luz a los rectos; es clemente, misericordioso y justo. El hombre de bien tiene misericordia, y presta; gobierna sus asuntos con juicio, por lo cual no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo. No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo. Reparte, da a los pobres; su justicia permanece para siempre; su poder será exaltado en gloria. Lo verá el impío y se irritará; crujirá los dientes, y se consumirá. El deseo de los impíos perecerá.

CONCLUSIÓN:

¿Dónde está tu corazón? Allí depositarás y darás el todo de ti.

¿Crees en Jesús? Pero la vida que llevas, la vida que vives, la obediencia a las palabras de Dios te muestran si realmente vives para Dios y en su mundo o si vives en el mundo de los incrédulos.

De cuánto te dedicas, habla a las claras de tu fe.

Pero también existen muchos que no aprenden el lenguaje de Dios, no aprenden las palabras para aumentar la fe y comprender el reino de Dios, pues solamente así verán el reino de Dios.

También está la conversación que tiene con Dios. Y sólo aquel que habla con Dios todos los días, recibe las revelaciones de Dios. No resbalará jamás, y se hará poderoso sobre la tierra.

¿Dónde está tu corazón? ¿En Jesús? Entonces tienes que dar el todo de ti por tu Salvador. Y verás que el Reino de Dios está cerca y sentirás tu plenitud en ella.

QUE DIOS TE BENDIGA.

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