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Sermón en el día miércoles 1 de noviembre de 2006. Título: COMO YO OS HE AMADO Biblia: San Juan 13:31-38 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada WWW.EVANGELIO123.ORG 31 Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará. 33 Hijitos, aún estaré con vosotros un poco. Me buscaréis; pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir. 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. 36 Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. 37 Le dijo Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. 38 Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: No cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. INTRODUCCIÓN:Llegamos a una de las partes más importantes de la Biblia y también a una de las partes menos comprendida, también no existe seguramente otro principio y verdad tan mal utilizada como este mandamiento que Jesús nos deja hoy: Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Por esto se caracteríza la fe que nosotros confesamos y el Jesús que nosotros creemos, el amor y el perdón. Mas no existe peor interpretación del amor de que hoy los hombres y las iglesias utilizan, enseñan y predican. Ya que nosotros estamos en medio del estudio de la Vida Familiar, veamos un caso muy normal y por el cual tenemos muchos conflictos, porque se aplica el amar los unos a los otros en forma equivocada. Puede existir muchas variaciones, pero tomemos el caso de una pareja que se casa “por amor”, luego uno de ellos o ambos conocen a Jesús como su salvador, asisten a la iglesia. Un día por algún motivo “se divorcian”, se separan y llevan vidas separadas. Luego cada uno de ellos desea rehacer su vida, encuentran a otras personas y deciden contraer matrimonio. usualmente hoy encontramos a iglesias que los aceptan en segundas nupcias sin ningún problema. El problema surge cuando nosotros decimos que no pueden volver a casarse, porque aun se mantiene el primer matrimonio, pues no murió la otra parte. Muchos consideran que no estamos amando a las personas que desean rehacer su vida, tener una segunda oportunidad, por eso, no estamos aplicando correctamente este mandamiento de Jesús, que os améis unos a otros, y nos aferramos a la Biblia y la interpretación particular, no permitiendo a los hombres el perdón y una nueva oportunidad. Conclusión: que no tenemos amor. Y este caso se puede extender para todos los casos. Por eso Dios nos dice en Romanos 1:18 porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; también dice en el versículo 21: pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Y en versículo 25: ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén. En el versículo 27: y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío. Como nos dice en este pasaje de Romanos 1, normalmente los hombres desean que amemos los unos a los otros por encima de la Biblia, que amemos los unos a los otros por encima de Dios. ¿Qué quiero decir? Desean que se justifique con el amor, aún cuando han pecado, pero ellos no quieren arrepentirse ni quieren reconocer, ni retroceder en la Palabra. En cambio, desean nuestro amor, nuestro perdón; y cuando decimos que no amamos de esta manera, critican diciendo que no practicamos el amor según el mandamiento de Jesús. Mas las palabras de Jesús hay que escucharlas correctamente: 1. COMO YO OS HE AMADOHOY los hombres desean siempre esta clase de amor: borrón y cuenta nueva. Se olvidan del origen de su pecado y quieren que nosotros solamente nos concentremos en su problema y desgracia actual para amarles, olvidando todo lo anterior. Mas hoy Jesús nos dice: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Jesús desea que nosotros nos amemos unos a otros como él nos amó. ¿Y de qué forma nos amó Jesús? Entregando su vida por nuestros pecados. Por eso Jesús comienza diciendo: a donde yo voy, nosotros no podéis ir. Significa que para que podamos amar los unos a los otros, es necesario que la persona que no cometió el pecado, lleve el pecado y muera primeramente por el pecador; para que luego el pecador “ mas me seguirás después ”, para que el pecador entienda y que él también muera por sus pecados. Por eso Jesús le dijo primero a Simón Pedro: adonde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Y es esto lo que necesitamos entender, cuando estamos pidiendo que alguien nos ame, estamos diciendo que lleve la carga de nuestros pecados y que pague el precio del pecado, porque hoy: yo que no puedo reconocer mis pecados, necesito que alguien lo haga por mí. Hasta que llegue a entender. No es como muchos piensan hoy, que me consuele de mi dolor, que me comprenda mi situación. Esta clase de amor, en lugar de amor, es participar por medio de la solidaridad con el pecado ajeno, porque no estoy indicándole dónde está su error, ni estoy llevando su pecado “COMO YO OS HE AMADO”. Veamos un pasaje bíblico para entender esto: Levítico 20:1-5 habló Jehová a Moisés, diciendo: Dirás asimismo a los hijos de Israel: Cualquier varón de los hijos de Israel, o de los extranjeros que moran en Israel, que ofreciere alguno de sus hijos a Moloc, de seguro morirá; el pueblo de la tierra lo apedreará. Y yo pondré mi rostro contra el tal varón, y lo cortaré de entre su pueblo, por cuanto dio de sus hijos a Moloc, contaminando mi santuario y profanando mi santo nombre. Si el pueblo de la tierra cerrare sus ojos respecto de aquel varón que hubiere dado de sus hijos a Moloc, para no matarle, entonces yo pondré mi rostro contra aquel varón y contra su familia, y le cortaré de entre su pueblo, con todos los que fornicaron en pos de él prostituyéndose con Moloc. Lo que dice estas palabras de Jehová, es que cuando un hombre peca contra Dios, en este caso, con un sacrificio de su hijo a Moloc, hay que matarlo. Mas si el pueblo, por “amor al pecador”, no quisieren matar de acuerdo a las palabras de Jehová y perdonare al que pecó, dice Jehová que él pondrá su rostro contra aquella persona que desobedeció a cumplir con el juicio de Dios. Por eso, lo que nos dice Jesús y acerca de amaos los unos a los otros; como yo os he amado, en realidad significa: cuando un hermano comete un pecado, el otro hermano en Cristo, tiene que morir en su lugar pagando el precio de la muerte por el pecado ante Dios, orar por el hermano pecador ante Dios, intercediendo para que perdone, y pidiendo hasta que el pecador pueda comprender que “pecó” y pueda arrepentirse. Para eso, tendrá que morirse primero, luego enseñar al pecador, mostrar al pecador su “pecado”. Llevar esta carga hasta que el Espíritu Santo revele al “pecador” su pecado. Por eso, Jesús le dice a Pedro, a donde yo voy, no me puedes seguir ahora. Y la Biblia en 1 Juan 4:19 lo confirma: nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Mas nunca, nunca puedes amar a un pecador, compadecer de un pecador y criticar la palabra de Dios, sin pagar tú el precio del pecado, entonces estarías participando del pecado. Ahora, teniendo esta exposición en mente, si leemos nuevamente las palabras de Santiago 5:13-20 aparece como una luz que podemos comprender: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos a otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto. Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados. Por consiguiente, si hoy tú dices que amas a tu hermano, pero no quieres llevar su pecado primero por medio de la oración, y si no le enseñas para que haga volver de su pecado; en realidad no le estás amando unos a otros, COMO JESÚS NOS AMÓ. Si no le hablas luego del pecado en donde está, tú estás participando de sus pecados, porque hay un silencio cómplice; si no lo haces volver de sus pecados, en realidad no estás amando. Y recuerda lo que dijo Jesús: por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. (San Mateo 18:15-18). También está escrito en la Biblia: os he escrito por carta, que no os juntéis con los fornicarios; no absolutamente con los fornicarios de este mundo, o con los avaros, o con los ladrones, o con los idólatras; pues en tal caso os sería necesario salir del mundo. Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comaís. Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están fuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará. Quitad, pues, a ese perverso de entre vosotros. (1 Corintios 5:9-13). 2. MI VIDA PONDRÉ POR TIEste es el gran valor que tiene Pedro, un hombre que hablaba de corazón, a pesar que en algunas veces, más de la cuenta. Pero también eso habla del carácter que tiene. Jesús dijo: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me seguirás después. Pedro dijo a Jesús: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti. Pero Jesús le respondió: ¿Tu vida pondrás por mí? De cierto, de cierto te digo: no cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. En este momento, nadie podía seguir a Jesús, pero que después todos podríamos hacer. ¿Por qué? Porque había que morir por los pecadores, en ese momento, nadie más podía morir, nadie puede morir por los pecadores salvo Jesús. Porque la muerte de otros hombres no puede redimir el pecado de nadie. Solamente la muerte de Jesús lo puede hacerlo. También si en ese momento, Pedro también moría, los hombres se confundirían en dos hombres que murieron, así harían 2 caminos. En este momento, solo Jesús puede morir, solo Jesús puede ser el camino del perdón. Mas luego podrían seguir, es más, luego Pedro y todos los discípulos, incluyendo nosotros, necesitamos ir por el camino de Jesús, llevando los pecados de los creyentes que aún son niños, que no tienen mucho conocimiento, que son débiles. Jesús nos mostró el camino para el perdón de pecados, nos mostró el camino de la vida, y nos dio vida nueva y eterna en él. Hoy, nosotros también, como sacerdotes de Dios, necesitamos llevar los pecados de nuestros hermanos que pecan ante Jesucristo, orar por los pecadores y enseñarles hasta que comprendan su error y se arrepientan. Esto es amar los unos a los otros. Por eso la Biblia nos dice: De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Así que, cuando Jesús nos dijo: UN MANDAMIENTO NUEVO OS DOY: QUE OS AMÉIS UNOS A OTROS; COMO YO OS HE AMADO, QUE TAMBIÉN OS AMÉIS UNOS A OTROS. Significa que por cada hermano debemos morir cuando vemos y sabemos sus pecados, llevarlo ante Jesús en oración, y enseñar al pecador para que vuelva de su mal camino. Dar de comer, cubrir una necesidad, asistir en la enfermedad comprándole remedios, acompañar en los momentos difíciles: son medidas de amar los unos a los otros en términos humanos; mas amar los unos a los otros, como Jesús nos amó, es guiar al pecador ante Jesucristo para que sea perdonado, confesando él sus pecados y tenga frutos de arrepentimiento. 3. CUANTO DEBEMOS PADECER POR SU NOMBRELos hombres y las iglesias hoy confunden las cosas, dicen amar lo que no saben, aman lo que no es y en muchos casos participan de los pecados ajenos en su afán de mostrar y cumplir con amaos los unos a los otros. Mas la Biblia nos dice de cuán difícil es amar los unos a los otros, pero que necesitamos hacerlo, como le dijo Jesús a Ananías: El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. (Hechos 9:15-16) Y si quieres saber la medida en que Jesús llevó nuestros dolores y pecados, hay que leer Isaías 53. Hoy también, cada creyente es como Pedro. Todos hablan de amar los unos a los otros, pero cuando decimos que sufra por el hermano, cuando tiene que padecer por el hermano, cuando tiene que llevar su carga de pecado, cuando tiene que salir a evangelizar, cuando tiene que sudar y sufir, todos se apartan. Así como Pedro, mientras no vio a Jesucristo crucificado y resucitado, hasta que no recibió el poder del Espíritu Santo, no pudo morir por el Señor, en cambio, le negó tres veces. Hoy también, somos así todos los creyentes, decimos que podremos, mas cuando viene el enemigo y nos amenaza con la muerte, negamos a Jesús. Por eso, cada creyente necesita encontrarse con Jesucristo resucitado, a Jesucristo glorificado, a nacer de nuevo en agua y en espíritu. Entonces realmente seguiremos a Jesús. Entonces llevaremos las cargas de los hermanos y sus pecados, porque oramos y evangelizamos. Hoy vemos a tantas iglesias y tantos creyentes que dicen saben amar los unos a los otros, que realmente ellos tienen el amor verdadero; pero no son capaces de sufrir, de padecer, no pueden enseñar al pecador su mal, no quieren llevar la carga y morir él en lugar del pecador ante Jesucristo. Son como una semilla de trigo que no quiere morir, quiere mantenerse vivo él; solamente con su boca está hablando de amar los unos a los otros. Qué contraste con lo que hizo Jesús: despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. (Isaías 53:3-7) ¿Te has encontrado a Jesucristo en su muerte y resurrección? ¿Estás seguro que has visto a Jesucristo resucitado? ¿Estás seguro de tu salvación? Cuando tengas asegurado esto, cuando estés sufriendo y padeciendo por tu hermano que ha pecado, que tú lo has visto y lo presentas ante Dios, e intercedes por él todos los días, hasta que él entiende y se arrepienta. Entonces, verdaderamente en Cristo Jesús, estarás AMANDO AL HERMANO COMO JESÚS NOS HA AMADO. CONCLUSIÓN:Cuando tú dices que amas al hermano, ¿no estarás amando como Pedro lo hizo? Emociones, impulsos, amor humano, pero no el amor de Jesús con que tenemos que amar al hermano. Si te cuesta sufrir, si te cuesta padecer por el nombre de Jesucristo, verdaderamente no hay amor de Cristo en ti para los otros hermanos. Porque ni para ti mismo hay suficiente. Es por eso, que cuando llegan las pruebas y dificultades, muchos retroceden, niegan a Jesús. Si por ti mismo, no puedes aceptar las palabras de Jesús, no puedes aplicar las palabras de Dios en toda la dimensión que está escrita en la Biblia, ¿cómo piensas amar a tu prójimo como a ti mismo? ¿Cómo amarás los unos a los otros? Por eso, es necesario que aprendas de Jesucristo, que te encuentres con él, que le veas a él resucitado y sentado a la diestra de Dios en los cielos. Que nazcas del agua y del espíritu, y que tengas la convicción de la vida eterna. Y poco a poco podrás padecer por Jesús, podrás sufrir por sus palabras, porque obedecerás a la Palabra de Dios cada día más. Entonces podrás amar a tu hermano, unos a otros, porque así, y sólo entonces, podrás llevar los pecados de tu hermano y podrás hacerle volver de sus pecados. Si no haces esto, seguirás como Pedro, todos los días, estarás negando tres veces cada vez que el enemigo requiera de tu fe. Tendrás miedo de morir por Cristo Jesús, y nunca te afirmarás en tu fe, ni tendrás la comunión del Espíritu Santo en las profundidades que él te quier llevar. Por eso la Biblia dice: Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. (Romanos 8:17-18) Que Dios te bendiga y derrame su gracia en Jesucristo para amar unos a otros. |
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