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Sermón en el día miércoles 17 de agosto de 2005 Título: Voz que clama en el desierto Biblia: San Juan 1:19 ~ 28 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada WWW.EVANGELIO123.ORG 19 Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalén sacerdotes y levitas para que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20 Confesó, y no negó, sino confesó: Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú el profeta? Y respondió: No. 22 Le dijeron: ¿Pues quién eres? para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 Dijo: Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. 24 Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. 25 Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. 27 Éste es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del calzado. 28 Estas cosas sucedieron en Betábara, al otro lado del Jordán, donde Juan estaba bautizando.
Seguro que uno de los aspectos más difíciles de entender en el proceder de Dios es comprender sus palabras, sus tiempos y su voluntad para cada tiempo. Como en el día de hoy, los hombres se preguntan por qué Dios no habla claramente, por qué Dios no indica específicamente los tiempos y las palabras, para que todos podamos entender, para que todos puedan interpretar la voluntad de Dios. Y vemos que no es simplemente por la maldad de los predicadores, sino que nos da en el ejemplo de Juan el Bautista y su predicación cómo existe un velo, un estupor en los hombres por el cual no puede entender. Entiendo que algunas personas hablan y quieren culpar porque somos nosotros quienes hacemos acepción de personas, pues con la doctrina queremos indicar que existen elegidos y no elegidos. Mas esta doctrina no es nuestra, ni de nuestro invento, sino de Dios. Pues él mismo trabaja de esta manera, él mismo habla en forma de parábolas, como dijo Jesús: a vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. (San Marcos 4:11-12) También en otra parte de la biblia nos dice: pero el entendimiento de ellos se embotó; porque hasta el día de hoy, cuando leen el antiguo pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aun hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará. Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. (2 Corintios 3:14-17) Y seguro que estas cosas tenían que ocurrir, pues la palabra de Dios no puede fallar, ni es equivocado lo que predicamos pues sigue diciendo la biblia: pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. (2 Corintios 4:3-4) El ejemplo de Juan el BautistaDios dice: Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré. Oídme, duros de corazón, que estáis lejos de la justicia: haré que se acerque mi justicia; no se alejará, y mi salvación no se detendrá. Y pondré salvación en Sion, y mi gloria en Israel. (Isaías 46:9-13). Siempre el corazón del hombre, el corazón no reformado, el pensamiento no renovado, y por el desconocimiento de la Palabra de Dios, quiere traicionar la mente y corazón de los creyentes. Y en todo este trayecto de enseñanza, de predicación, de discipulado, de años de enseñanza y la dificultad de los cambios nos habla de cómo el pecado y el hombre pecador cayó en lo más bajo, y con ello damos razón cuando leemos la Biblia cuando dice: todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Romanos 3:12). Porque nuestro corazón y pensamiento humano quiere traicionarnos, no queremos someternos al Dios eterno, no queremos reconocer que él dice la verdad y lo que ha decretado, no queremos creer. Mas como dice Jesús: pero la sabiduría es justificada por sus hijos. (San Mateo 11:19). Por tanto, aquellos para quienes es enviado la Palabra de Dios, los que recibieron el Espíritu Santo, entenderán y creerán la Palabra. Y justamente Juan el Bautista era un profeta así, sorprendió a todos con su manera de predicar, porque predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Juan el Bautista decía: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: Tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. (San Lucas 3:7-9) Mas lo que sorprendía era la cantidad de personas, quienes escuchaba sus predicaciones, se arrepentían de sus pecados y se bautizaban. Aquí está lo difícil de entender de la obra de Dios, pues sus promesas y sus profecías tienen fechas, pero no de acuerdo a nuestro calendario. No ha puesto, esto corresponde a tal momento de la evolución de la salvación de Dios. Pero para aquellos a quienes es enviado la Palabra, ellos entenderán verdaderamente que proviene de Dios. Por eso, los hombres les preguntaron: ¿Quién eres? ¿Quién te dio la autoridad para predicar y para bautizar de esta manera? Lo que los hombres querían saber era: ¿eres tú verdadero enviado de Dios? ¿Eres tú el Cristo? ¿Son tus palabras verdaderas? Mas también las palabras de Juan revelan la verdad, pero que ellos no entendieron, cuando le preguntaron si por qué bautizaba con agua, él respondía que había alguien quien está en medio de vosotros, que ustedes no conocen, y él vendría y bautizaría con el Espíritu Santo. Pero también declaró quien era: yo soy la voz de uno que clama en el desierto: enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Seguro que alguien puede decir, por qué Dios no envió para que hable más claramente, que hable más específicamente. Pero Juan habló clara y específicamente, pues todos quienes tienen que recibir el mensaje de salvación oye y entiende, lee y percibe. Y cree en Jesús como salvador. Discernimiento dado por el EspírituPor eso, esta sabiduría para entender y conocer que Jesús es Cristo, que es el Salvador del mundo es tan difícil de entender, pues debe ser discernido con el Espíritu Santo. Y no existe otra manera de alcanzar el conocimiento de Jesucristo, incluso, aun con las mejores palabras, con la mejor intención del hombre para hacerles creer, es imposible. Por eso dice la Biblia: pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. (1 Corintios 2:14). Encontramos con personas quienes piensan que si rebajamos los muros, si nuestras palabras fueran más blandas, si las exigiencias fueran menos; seguro que más personas creerían, más personas se acercarían a Jesús. Dando a entender que somos nosotros quienes cerramos las puertas de la iglesia, y somos nosotros quienes cerramos el camino al cielo. Seguro que esta polémica existió con Juan el Bautista, existió con Jesucristo, y continuará en nuestros días, hasta que Cristo venga nuevamente. Es cuestión de feQue alguien pueda recibir o no estas palabras, que pueda creer o no estas verdades, es cuestión de Dios. Es una absoluta autoridad de Dios, que ya está decidido quienes creerán estas palabras. Mas corresponde a nosotros, con la fe que nos ha permitido el Señor Jesús, no ser incrédulos en toda y cada una de las Palabras. Que por incredulidad querramos disminuir, que querramos cercenar la palabra. Incluso vemos a personas quienes juzgan que Dios es injusto, pues hace diferenciación entre personas, que hace acepción de personas. Incluso quieren significar que Dios quien no hace acepción de personas, tampoco hace acepción para que todos crean en Jesús, sin limitación de la elección divina. Y esta es una parte que tienen que conocer y creer por la fe, tienen que orar para que puedan creer y reconocer que Dios tiene potestad. Así como a ti te hizo hijo, a otro puede no elegir para que sea hijo. No sea que tú, por esta incredulidad no puedas alcanzar mayores bendiciones de Dios. Y sé que en algún momento tienes que tener este discernimiento de la verdad. Pues sino vendrán momentos más difíciles, habrá persecuciones, te perseguirán por la verdad, y dudarás. Tampoco podrás adentrarte en la fe, en la profundidad del conocimiento, pues te falta fe. Ni el Señor podrá encargarte de más, pues no le crees. Tienes que afirmarte en tu fe, en tus conocimientos. Tener el convencimiento y la convicción de la fe en Jesucristo. Sino vendrás las tormentas, los vientos y grande será tu ruina. Conclusión:No permitas que la incredulidad, cierre las puertas de tu conocimiento. No te quedes simplemente meneando la cabeza, sino que busca por medio de la oración y de la lectura la verdad de todas las cosas. Vendrán días en que tendrás que defender tu fe y el mundo querrá ver y probar tus conocimientos, tendrás que responder, pues dice el Señor que todo será puesta a prueba con fuego. Mucha gente piensa que somos insensibles, que somos despiadados, irreflexibles con la palabra. Pero también es irreflexibe e inexorable la muerte. También el conocimiento de la Palabra en su real dimensión también otorga libertad. Tú puedes pensar de la manera que quieras, pensar o predicar como quieras, mas Dios no cambia, y él obra soberanamente. Por eso, tienes que leer la Biblia en toda la extensión, desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Y orar para que tú no seas hallado en falto en la balanza del juicio de Dios. Que Dios te bendiga. |
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