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Sermón en el día miércoles 27 de julio de 2005 Título: Gracia inigualable Biblia: San Juan 1:12-13 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada www.evangelio123.org 9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. 11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.
¿Cómo puede el hombre entender la mente de Dios? Desde luego, ¿cómo pretendemos saber la manera que trabaja ni los motivos que le lleva a realizar todas las cosas? El hombre siempre quiere simplificar todo, quiere interpretar según su sabiduría le permite expresar o entender, por eso, cuando sobrepasa los límites del entendimiento humano, simplemente queremos cerrar nuestro entendimiento, queremos alegar que no existe, que no es posible. Porque es mucho más alto que nuestro sentimiento y forma de realizar las cosas. Por eso dice la biblia: porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres. (1 Corintios 1:20) También es increíble cómo los hombres quieren empequeñecer la gracia y toda la obra que hizo nuestro Dios. Pues están agradecidos por la obra que hizo Jesús por sus pecados y la vida eterna que les ha dado. Mas queda en el principio, la noción de que fue él, el creyente quien tuvo fe para creer en Jesús, para buscarlo, para creerlo, y así piensa que obtuvo la salvación. Y cuando mira a su alrededor, a cuántas personas quienes no creen y se compara a sí mismo, entonces se siente como una persona con suerte. Porque hizo la elección correcta, pues salvó su vida. Y justamente este es el sentimiento de la persona quien cree en Jesús y se mira a sí mismo hasta la primera parte del versículo 12. Pues piensa que por su fe, la fe que nació de su interior, que pudo romper la incredulidad, fue el motor que le impulsó a buscar a Jesús, y el versículo 12 también se expresa de esa manera: mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre. Esto, cuando se lee a simple vista, es todo un mérito del hombre, de la persona que hoy cree en Jesús. Además, como premio a este gran descubrimiento que hizo en Jesús, Dios le da un premio: que lo recibe como hijo. Todo fue mérito del creyente, piensa que es un justo premio a su fe, y cree que todo lo tiene bajo su control. Siente que esto, su fe, es un pequeño poder que tiene en sí mismo, capaz de buscar a Jesús para salvación; pero también un poder para vencer el diablo y tenerlo controlado. Al comienzo todo le va bien, todo se mueve según la dirección que le da, según la fuerza que imprime. Mas posteriormente, siempre encontrará cosas que no funcionan correctamente, que no tiene un dominio completo, que no puede vencer totalmente. Y el principal elemento que no puede dominar es a sí mismo. Surgen situaciones que su fe no puede responder, su fe no puede vencer, no puede controlar, lo que al principio pensaba que podía vencer, incluso las tentaciones, las maldades, las persecuciones, se agrandan delante suyo. Comienza a descubrir que esta fe maravillosa que le permitió descubrir y buscar a Jesús, no es tan grande, ni tan poderosa; entonces cada día hace un mayor esfuerzo, busca desesperadamente que su fe crezca. Pues está perdiendo el control, está fuera de control, ya no puede vencer tan frecuentemente, los obstáculos se hacen más grandes. Aparenta que está con gozo, pero en su interior tiene mucha preocupación, y es como una marea negra que avanza: ¿podrá mi fe sobrevivir, podrá resistir hasta el día de Jesucristo? Incluso existen personas quienes dicen y enseñan, que si esta tu fe no resiste hasta el final, si te dejas vencer y abandonas a Jesús, la iglesia; perdiste tu salvación. Y sentencian: ¡Ojalá que puedas volver a tener la fe para que te salve Jesús! O sea, el día que tenga nuevamente fe, tiene que remar todo de nuevo. Lo que en un día parecía dueño de la salvación, del cielo y de la tierra, un día se sentía hijo de Dios; pero unos días después, no le que da ni rastro, incluso se perdió como hijo, o desde antes estaba engañado, no era hijo. ¡Qué frustración! ¡Hay que aprender a mirar! Me acuerdo de un pasaje de una película de diseño animado de mucho suceso llamado “El rey León”, esto les pongo por analogía para que entiendan lo que pasa. Cuando un creyente cree que nace en él la fe para creer en Jesús, cuando se siente orgulloso de su descubrimiento, cuando siente y ve que con su pequeña fe puede luchar contra todo y vencer, incluso puede dominar al enemigo bajo sus pies. Es como el pequeño leoncito, hijo del gran rey, que nace y comienza a crecer, y aprende que tiene garras, que tiene dientes afilados y un rugido muy poderoso, porque cuando saca las uñas, cuando da un rugido con una boca bien grande, las hienas que son más numeroso, que son mayores que él, tiemblan. Y este pequeño leoncito se cree todo un rey, un poderoso. Mas en realidad, mientras que el leoncito está rugiendo, detrás de él, y sin que éste se dé cuenta está el verdadero rey león, vigilante y observando las travesuras de su hijo. Lo que temen en realidad las hienas, no es el leoncito, sino el verdadero rey león, el rey de la selva. Este leoncito que se siente orgulloso, engreído, crece; y a medida que se hace grande, el padre, el rey león también ya no anda detrás de él, sino le deja y siempre se queda vigilante desde una cierta distancia. Ahora, las hienas rondan más cerca, ya no le temen tanto al joven león. Y aquí viene las dificultades del creyente, porque rápidamente tiene que aprender que el poder que tiene, viene del Padre Celestial, que el poder que tiene, proviene del Padre. Muchos creyentes se pierden porque no miran donde tienen que mirar, ni donde tienen que buscar, porque nuestro poder no radica en nuestra fe, sino el poder que tenemos radica en que somos hijos de Dios. Así que, no es tu fe la que gana verdaderamente, sino tu fe te permite acercarte a Jesús, a descubrir el poder que tienes en él, y con el poder de Dios, vencer. No es tu fe, sino la gracia de Dios Por eso, vemos a tantos creyentes que están maravillosamente bien cuando nada les ocurre, sienten que su fe llega al cielo, que conquistan el mundo, y dicen: ¿quién contra nosotros? Mas cuando comienzan a caer, es como un auto en una bajada de montaña pero sin freno, tiene contusiones pero finalmente se salva. No entiende cómo. No es tu fe, sino la gracia de Dios. La gracia de Dios quien te recibió como hijo, te dio el poder de hijo, y todas las prerrogativas de hijo. Y tienes que aprender, comprender y agradecer que todo esto viene por gracia, un regalo de Dios. Y justamente a ti. Jesús en el mundo estaba y el mundo no le conoció. El mundo fue creado por Jesús pero no le reconocieron. Incluso vino a los suyos, al pueblo que Dios había elegido, a sus descendientes, vino según todas las palabras escritas en la biblia; pero no le reconocieron. ¿Por qué? Porque el conocimiento de Dios no proviene del deseo, ni del querer. Y para que las cosas no estén sujetos a nuestra fe, a nuestro conocimiento de Dios, a nuestra fuerza; Dios nos adoptó como hijos. Así, no es nuestra fe débil, ni la fe bamboleante la que nos hace acercar a Dios, sino es la mano de Dios quien nos sostiene, porque tiene un motivo para hacer esto: porque nos adoptó como sus hijos. No por méritos Hoy nos dice la Palabra de Dios, una de las palabras de mayor gracia y más profundas, tan hermoso es que nuestra mente no puede entenderlo. Él nos da el derecho de ser hijos suyos, no por nuestra fe, no porque el creyente piensa que la fe en Jesús nació de su interior; y para refutar todo esto, dice la palabra: los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Es decir, el derecho de ser hijo de Dios no nos es concedido:
Seguro que con esto, ustedes se preguntarán, entonces ¿no creemos nosotros en el pacto de Dios? Sí, claro que creemos en el pacto eterno de Dios. Mas también este pacto está dado de padre a hijo, de los hijos a los hijos de los hijos, mas siempre bajo la gracia y la promesa. Porque la gracia que uno recibe de Dios, por el cual es hecho hijo de Dios, tiene que conservarlo, tiene que ratificarlo todos los días, tiene que sujetarse al pacto de Dios, en el temor de Jehová todos los días. Por eso Jesús dijo: el que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. (San Juan 14:23) También dijo Jesús: el que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él. (San Juan 14:21). Así que, el que hoy conoce a Jesús, quien le ama, y guarda sus mandamientos, el que vive de esta manera, sigue y vive en la gracia de Dios, por tanto, los hijos que nazcan también recibirá esta gracia. Porque tú sabes de esta gracia, te mantienes y cuidas de estar en esta gracia, y esto significa que tú has cumplido tu parte del pacto, seguidamente también Dios cumplirá con tus hijos. Por tanto, tu hijo, cuando nazca dentro de este pacto, recibirá la fe para creer en Jesús, pero la gracia que comenzó con el padre, se extiende al hijo y si el hijo también se mantiene en esta gracia, se gozo y cumple y guarda los mandamientos, si vive en esta gracia, también tendrá el pacto y se renovará. Porque esta gracia, el tener la potestad de ser hecho hijo de Dios, solamente proviene de Dios, es concedido por Dios a quien él quiere. Conclusión: Puede que hoy seas el pequeño leoncito, pero rápidamente hay que entender que es una gracia que proviene de Dios. Que no es nuestra fe la que nos mantiene en Jesucristo hoy, sino el hecho de que somos sus hijos, por la gracia de Dios Padre. Cuando el creyente crece un poco, tiene que entender que no es por su fe, no porque le ama más a Dios, sino es una gracia, una enorme gracia de Dios. Hay que sentirse privilegiado porque conoces a Jesús, que hayas sido elegido por Dios, que todo el mundo no conoce a Jesús, que los judíos siguen en la ignorancia. Pero también esto tiene que producir temor en nuestro corazón, porque es Dios quien nos sostiene. Por eso dice en 1 Tesalonicenses 4:2-8 porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo. Y nos repite una vez más en Efesios 2:8-10 porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. El que entienda y viva agradecido y temeroso de esta gracia inigualable de Dios, será amado por Dios y seguirá recibiendo su bendición. Que Dios te dé el discernimiento y que te bendiga. |
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Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. Siempre que desees utilizar como una cita bibliográfica debe hacer referencia a: www.evangelio123.org, Pastor Dong Han David Lee, título del sermón o estudio bíblico. |
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