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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

 Sermón en el día miércoles 20 de julio de 2005

Título: Voz que clama en el desierto

Biblia: San Juan 1:6-9

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

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6 Hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

7 Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

8 No era él la luz, sino para que diese testimonio de la luz.

9 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo.

 

Desde tiempos antiguos, desde los tiempos del profeta Isaías era profetizado que vendría un hombre, enviado por Dios, quien debía preparar el camino del Señor Jesús.

Y así decía la profecía según Isaías 40:3-5: Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane. Y se manifestará la gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá; porque la boca de Jehová ha hablado.

Una vez más fue avisado por el profeta Malaquías: He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí; y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos. (3:1)

Ahora en San Juan, dice: hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. Y dice específicamente cuál fue su función: éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, a fin de que todos creyesen por él.

Vino para dar testimonio

Esta era la función de Juan, fue enviado por Dios para que diese testimonio acerca de la luz del mundo que venía a iluminar a todos los hombres. No era él la luz, sino que vino para dar testimonio, de que alguien vendría después de él y que era mayor que él.

También el sacerdote Zacarías, padre de Juan, el día que fue abierto su boca para que hablase nuevamente, pues estuvo mudo por su incredulidad, dijo: y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; para dar conocimiento de salvación a su pueblo, para perdón de pecados, por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz. (San Lucas 1:76-79).

Así estamos llegando a reunir el propósito del profeta Juan, que debía dar testimonio, que debía preparar el camino del Señor, dar conocimiento de salvación a su pueblo.

¿De qué manera había que preparar el camino del Señor Jesús?

Dice en Isaías: enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios. Todo valle sea alzado, y bájese todo monte y collado; y lo torcido se enderece, y lo áspero se allane.

Que se tiene que enderezar la calzada.

Que todo valle debe ser alzado.

Que todo monte y collado debe ser bajado.

Que lo torcido se enderece.

Que lo áspero se allane.

¿Cómo preparó el camino del Señor?

Y dice la biblia en San Lucas 3, que Juan fue por toda la región contigua al Jordán, PREDICANDO EL BAUTISMO DEL ARREPENTIMIENTO PARA PERDON DE PECADOS.

Pues esta era la manera de preparar el camino al Señor, para tener el corazón del pueblo bien dispuesto para cuando se presentara Jesús.

Y está escrito en la biblia: y decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: ¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. (San Lucas 3:7-9)

Seguro que estas palabras no eran nada confortantes, no era nada aliviadores. Mas vemos la reacción de las personas, quienes responden: entonces, ¿qué haremos?

Les respondió Juan: el que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene de qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: no hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.

Incluso a Herodes el tetrarca, rey de toda esa región le acusó diciendo: no te es lícito tener la mujer de tu hermano. Por esta causa fue apresado y decapitado, por pedido expreso de Herodías, su mujer, que anteriormente era mujer de su hermano Felipe.

Ciertamente que no son palabras que complace a aquellas personas que escuchan, porque les acusa de pecado, que debían arrepentirse de sus pecados y bautizarse.

Esta es la manera de Dios para enderezar la senda, para bajar todo monte y collado, para levantar los valles, para enderezar lo torcido, para allanar lo áspero.

No son precisamente palabras que los oídos puedan escuchar fácilmente, porque hablan de juicio, hablan de fuego, pues acusa a los injustos, a los malvados, a todos los hombres que se han desviado del camino de Dios.

No son las palabras que los hombres del mundo desea escuchar, ni palabras que hoy los cristianos que están en las iglesias desean escuchar. Pues piensan que de todo esto, ya están aliviados, que ya están enderezados, que ya están allanados, que sus pecados ya están todos perdonados.

Pero, ¿por qué se molestan cuando escuchan palabras acerca de los pecados? ¿Por qué se molestan cuando escuchan de que todo árbol que no da fruto será cortado? ¿Por qué reaccionan y muchos se alejan o abandonan la iglesia, cuando escuchan de que tienen que hacer frutos dignos de arrepentimiento?

Contra todos aquellos judíos quienes se escudaban detrás de su origen israelí, de que tenían por padre a Abraham, la voz que clama en el desierto dijo: y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: tenemos a Abraham por padre; porque os digo que Dios puede levantar hijos a Abraham aun de estas piedras. Así mismo ocurre con todos los hombres quienes se quieren resguardar utilizando su origen, su iglesia, de su nacimiento en la iglesia, de sus padres que fueron creyentes, que son hijos de pastores, que tienen a María como madre misericordiosa.

Cuando de esto mismo dijeron los judíos: linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí queda para siempre. Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. (San Juan 8:33-36)

Hoy miramos al hombre antes que a Dios.

Hoy consideramos al hombre más que la Palabra de Dios.

Hoy también no muchos quieren predicar el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados.

Hoy muchos dicen que están perdonados por la sangre de Jesucristo, pero cuando hablamos de la Palabra de Dios, hablamos de las maldades de los hombres, de sus pecados; condenan diciendo que es duro, huyen porque no quieren escuchar, dicen que ya están perdonados pero les sigue acusando en su conciencia.

Voz que clama en el desierto

Este fue el testimonio de Juan, anunciando y preparando el camino de Jesucristo. Él no era la luz, mas dio testimonio, para que por su testimonio pudieran conocer la luz del mundo.

Con esta predicación, con este testimonio, preparó un camino, preparó el corazón de los hombres para que se arrepintieran y conocieran el camino de paz.

Así que, el proceso de arrepentimiento de nuestros pecados y así poder bautizados en la sangre de Jesucristo para perdón de pecados es imprescindible.

Hoy muchos quieren acortar el camino, evitan hablar del pecado, y piensan que en el transcurrir de los días, de los meses o años, todos hombres naturalmente se arrepentirán. O incluso piensan que no es necesario. Claro que existen excepciones, que por su condición están imposibilitados. Mas todos quienes hoy escuchan, deben confesar sus pecados y tener frutos dignos de arrepentimiento.

Si bien Dios levantó a un hombre Juan para que prepare el camino del Señor, siendo él la voz que clama en el desierto. Mas también este camino de testimonio también es un camino solitario, es como clamar en el desierto. Pues muchas personas escuchan la voz, pero es como si uno hablara a las arenas del desierto, pues serán muchos quienes escuchen pero pocos los escogidos.

Generalmente vemos a personas quienes consideran que ya han escuchado y entienden todo el evangelio, quienes dicen que prediquemos a otros. ¿Tienes frutos dignos de arrepentimiento?

Por eso, a la hora de la verdad, cuando tú tienes que mirar por tu vida, por tus obras, tienes que considerarte solo, solitario en el desierto, sin considerar a los hombres y familia que está a tu alrededor.

Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz

¿Será que esta voz que clama en el desierto es solamente Juan?

Hoy también cada uno de nosotros somos enviados por Jesús para que preparemos el camino del Señor, que prediquemos la Palabra de Dios, el Evangelio de Salvación a tiempo y fuera de tiempo.

Pues Jesús mismo nos dice: entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. (San Lucas 24:45-48)

A cada generación necesitamos de una voz que clama en el desierto, que prepara el camino de Jesús y que crean a Jesucristo por tu testimonio.

Tú no eres la luz, pero la luz que tienes en ti hay que testimoniarlo.

Juan fue en su tiempo la voz que clamaba en el desierto, que testimoniaba de la luz del mundo. Hoy nosotros testimoniamos de esta luz y también de Jesús, quien vendrá para juzgar a los vivos y a los muertos, según la obra que han hecho cada uno.

Conclusión:

¿Has recibido la luz del mundo en tu corazón?

¿Ya está enderezado tu senda?

¿Ya se ha rellenado el valle de tu vida?

¿Ya está bajado todo monte y collado de tu vida?

¿Ya están enderezados todos tus caminos torcidos de tu vida?

¿Ya están allanados todas las asperezas de tu vida?

¿Qué significa esto? Si realmente tienes el testimonio de la luz del mundo, Jesucristo en tu vida, muchos de estos aspectos ya deben estar solucionados. Todos los días cuando escuches la Palabra de Dios, debes enderezar, rellenar, bajar, enderezar lo torcido, allanar; tu vida.

Pues así dice Dios en su Palabra: seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14).

¿Deseas ver la luz de Jesucristo que ilumina tu vida, para que tengas encuentros con él todos los días? Endereza tu senda. Porque hoy puedes escuchar la voz de Jesús.

Y por tu lado, sé la voz que clama en el desierto y preparad el camino del Señor.

Que Dios te bendiga.

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