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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

 Sermón en el día miércoles 4 de mayo de 2005

Título: No según tu voluntad.

Biblia: Génesis 48: 1-22

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

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1 Sucedió después de estas cosas que dijeron a José: He aquí tu padre está enfermo. Y él tomó consigo a sus dos hijos, Manasés y Efraín.

2 Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama,

3 y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo,

4 y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua.

5 Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, antes que viniese a ti a la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos.

6 Y los que después de ellos has engendrado, serán tuyos; por el nombre de sus hermanos serán llamados en sus heredades.

7 Porque cuando yo venía de Padan-aram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino, como media legua de tierra viniendo a Efrata; y la sepulté allí en el camino de Efrata, que es Belén.

8 Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos?

9 Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré.

10 Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó.

11 Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia.

12 Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra.

13 Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él.

14 Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito.

15 Y bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día,

16 el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra.

17 Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto; y asió la mano de su padre, para cambiarla de la cabeza de Efraín a la cabeza de Manasés.

18 Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza.

19 Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé; también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones.

20 Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés.

21 Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres.

22 Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco.

 

La semana pasada hemos hablado acerca de las bendiciones proféticas. Había dicho que solamente el padre quien recibió promesas de Dios podía bendecir proféticamente a sus hijos. Y que eso era un justo premio por su temor y de haber caminado con Dios.

También habíamos visto que cuando Dios establece un pacto con su hijo, es Dios quien cuida que ese pacto se cumpla. Por ello, él utilizará cualquier medio necesario para que se cumpla suficientemente el pacto.

Hoy veremos un aspecto diferente de la implicancia del pacto y de las bendiciones proféticas.

DIOS ESTABLECE SU VOLUNTAD

Sobre esto existe dos aspectos:

Primero:

Dios decide el orden: Hoy vemos que Jacob aun estando casi ciego y no viendo quién es quién, Dios establece a quién dar las bendiciones correspondientes.

Veamos de qué se trata, vemos en el versículo 13, que José sabiendo de los principios de las bendiciones, de mayor y del menor. José coloca a su hijo menor Efraín a su derecha porque estaba frente a frente con su padre, de tal manera que Efraín quede a la izquierda de su padre, y a Manasés, su primogénito lo puso a la derecha de Jacob. Para cuando su padre extendiera sus brazos derechos, la mano derecha cayera sobre la cabeza de Manasés y la mano izquierda de Jacob cayera sobre la cabeza de Efraín. Mas vemos que Jacob, hace un gesto extraño, porque pone su mano derecha sobre Efraín y su izquierda sobre Manasés, de forma cruzada.

Y cuando a José le disgustó y lo quiso cambiar, Jacob le dijo que esa era la voluntad, más que la voluntad de un abuelo, era la voluntad de Dios.

Así que en toda bendición profética, el orden de precedencia está establecido por Dios y no por aquel que bendice. Pues, a final de cuentas, el pacto que se extiende sobre los hijos, lo hace con Dios Todopoderoso.

Este hecho más los sucesos que ocurrieron después muestran de que verdaderamente es Dios quien da las bendiciones y lo hace según su voluntad. Pues como hombre, ¿quién no querría dar en partes iguales a todos sus hijos? ¿O como el caso de José, dar preferencia a su primogénito? Mas recordemos que finalmente, el que tiene que cumplir con las bendiciones proféticas es Jehová, y nosotros no podemos obligar ni forzar al Señor según nuestro criterio.

Veamos un ejemplo bíblico de este tipo de bendición profética, que no incluye los actos del hombre para ser decididos respecto a la precedencia. Y veremos el caso del mismísimo Jacob, porque en su nacimiento se tuvo esa profecía, y era Isaac de cuarenta años cuando tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel arameo de Padam-aram, hermana de Labán arameo. Y oró Isaac a Jehová por su mujer que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. Cuando se cumplieron  sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz. (Génesis 25:20-26)

Por eso la biblia dice: pues a Moisés dice: tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios quien tiene misericordia. Porque la Escritura dice a Faraón: para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. (Romanos 9:15-18).

Así que nadie puede establecer por su propia voluntad, ni puede decidir por su propia voluntad el orden de precedencia o de preferencia, pues eso es solamente una autoridad que Jehová Dios, tiene; y lo utiliza según su propósito. El hombre no lo puede torcer, ni cambiar.

Segundo:

Dios decide el contenido de la bendición:

Leamos de nuevo desde el versículo 15 hasta el versículo 20.

El contenido de la bendición profética también es según la voluntad de Dios. O sea, no puede el padre que profetiza por su hijo, agregar cosas que Jehová no le reveló ni le concedió.

Así que la bendición que le concede a Efraín y Manasés es: multiplíquense en gran manera en medio de la tierra. Que Efraín (el menor) será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones. De Manasés dice: también él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él.

Nosotros que conocemos y tenemos la biblia en nuestras manos, vemos que la bendición profética de Jacob a los hijos de José, es acerca de la multiplicación de los hijos. Pero no hace ninguna referencia hacia reinados, ni hacia el Mesías. Aun teniendo a José como un hombre que salvó a toda la casa de Jacob. Por la obra que hizo José, Jacob le bendijo diciendo que tendría dos partes, que Efraín y Manasés serían considerados como hijos de Jacob.

Por eso, las bendiciones proféticas son diferentes a cualquier otra.

Seguro que todos pueden bendecir a sus hijos, pero nadie quien no tenga la promesa y el pacto de Dios, puede bendecir proféticamente a sus hijos. Nadie puede a su criterio de selección bendecir más o menos, porque eso viene de Dios. También está el caso del contenido, todos pueden bendecir a sus hijos con lo mejor de los frutos, de los bienes de la tierra; ¿mas si Dios no concede, de qué sirve? Por eso, en las bendiciones proféticas, incluso el contenido no puede salirse de la decisión de Jehová, pues él es quien hace cumplir finalmente.

Un dilema con las bendiciones proféticas

Siempre que tratamos temas como estos, de las bendiciones proféticas que entran dentro del cuadro grande de la predestinación, existen muchas voces en contra.

Por ejemplo, con el tema de las bendiciones proféticas a Efraín y Manasés, se puede decir que se están limitando el campo de acción de los creyentes, que un conciente o inconcientemente estaría siendo inducido a no desplegar más las alas de lo que uno podría hacer. El otro punto discutible, es acerca de la injusticia para todos los hijos de Manasés, porque Dios los declara un poco inferiores??? O no los bendice con toda la amplitud y abundancia, es como cortar la punta del ala para que no pueda volar más lejos o más alto. Y alegan estas personas, que Dios, el Dios de amor, jamás haría eso. Que deberíamos permitir una libre competencia y que cada uno decida su vida, que conquiste según su entendimiento.

Mas justamente eso es el pensamiento del mundo. Que no es el pensamiento proveniente de Dios.

Primeramente, recuerda que nosotros estamos “atrapados” en Cristo Jesús. Porque él nos compró con su sangre y él nos dio redención. Por eso dice en la biblia: con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. (Gálatas 2:20).

Así que si estás dentro de Cristo, si Cristo vive en ti, existe y prima el orden de Dios. Pues Jesús mismo nos dio ejemplo: porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada. (San Juan 8:29). También dijo Jesús: de cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. (San Juan 5:19). ¿Te das cuenta que existe orden entre Dios y Jesús? Jamás Jesús hizo nada por su propia cuenta.

También nos habla así acerca del Espíritu Santo: pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. (1 Corintios 12:11-14).

Y aquí está el secreto de las bendiciones proféticas, el que gobierna y reparte todas las bendiciones proféticas a cada uno es Dios. Como un cuerpo bien coordinado donde tiene muchos miembros pero la cabeza es Cristo Jesús, así también si cada uno sigue las bendiciones proféticas recibidas, no hay de qué preocuparse, tampoco habrá sobreposiciones de funciones. O sea, no tienes necesidad de mirar por las bendiciones ajenas, sino en cumplir solamente las tuyas. ¿Piensas que las bendiciones del hermano son mayores? Así mismo tiene mayores responsabilidades.

De esto habla, porque la iglesia en Corinto tuvo estos problemas, de envidia, de competencias entre los hermanos, por eso dijo: ¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. Porque nosotros somos colaboradores de Dios, y vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios. Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire cómo sobreedifica. (1 Corintios 3:5-10).

Se dan cuenta, que aquellos quienes hoy sienten competencia entre hermanos, celos por lo que hace el otro, aun es niño y no conoce la amplitud de la voluntad de Dios. Antes de cuidar su plantación, está mirando qué hace su hermano que está al lado suyo. Por tanto, cuida tu plantación. El Señor sabe recompensar a cada uno según el obrar de cada uno, y según lo que hay en su corazón. Mas si te falta fe, si no conoces la Palabra de Dios, si te quedas a mirar lo que hace el otro, si piensas que lo que hace tu hermano es verdadero trabajo y no el tuyo, estás desobedeciendo y desconociendo la voluntad de Dios. Y estas son las palabras para que te cuides a ti mismo: pero muchos primeros serán postreros, y los postreros, primeros (San Marcos 10:31).

Conclusión:

Generalmente los celos entre hermanos vienen por causa de la falta de conocimiento de la biblia y de la voluntad de Dios. El desconocimiento de cómo trabaja Dios.

Así como la bendición profética, jamás puedes bendecir algo que Jehová no puso en tu boca, tampoco puedes proferir más porque deseas, ni puedes acortar porque ves que es desfavorable a tus hijos o a tus miembros.

Cabe a cada uno de nosotros, cuidar lo que somos y lo que tenemos hoy. Porque esto es cierto y esto se cumple: y dijo a los que estaban presentes: quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. (San Lucas 19:24-26).

Así que no te quedes a criticar al hermano por los talentos que ha recibido de Dios, sino cumple tú lo que tienes ahora en tus manos. Sé fiel para que tu futuro sea brillante, pues así aumentará tus bendiciones ahora y las proféticas para tus hijos. Esta es la forma en que se aumentan las bendiciones. Pues Dios concedió a cada uno unas bendiciones y responsabilidades, mas cuando alguno no hace, como dice la parábola de las minas, el Señor tiene que dar a otro para que siga haciendo y cumpliendo su voluntad en la tierra y en el tiempo establecido.

Que Dios te dé entendimiento.

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