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Sermón en el día miércoles 13 de abril de 2005 Título: Desde el principio Biblia: Génesis 47:1-31 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza www.evangelio123.org 1 Vino José y lo hizo saber a Faraón, y dijo: Mi padre y mis hermanos, y sus ovejas y sus vacas, con todo lo que tienen, han venido de la tierra de Canaán, y he aquí están en la tierra de Gosén. 2 Y de los postreros de sus hermanos tomó cinco varones, y los presentó delante de Faraón. 3 Y Faraón dijo a sus hermanos: ¿Cuál es vuestro oficio? Y ellos respondieron a Faraón: Pastores de ovejas son tus siervos, así nosotros como nuestros padres. 4 Dijeron además a Faraón: Para morar en esta tierra hemos venido; porque no hay pasto para las ovejas de tus siervos, pues el hambre es grave en la tierra de Canaán; por tanto, te rogamos ahora que permitas que habiten tus siervos en la tierra de Gosén. 5 Entonces Faraón habló a José, diciendo: Tu padre y tus hermanos han venido a ti. 6 La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío. 7 También José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón. 8 Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? 9 Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. 10 Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón. 11 Así José hizo habitar a su padre y a sus hermanos, y les dio posesión en la tierra de Egipto, en lo mejor de la tierra, en la tierra de Ramesés, como mandó Faraón. 12 Y alimentaba José a su padre y a sus hermanos, y a toda la casa de su padre, con pan, según el número de los hijos. 13 No había pan en toda la tierra, y el hambre era muy grave, por lo que desfalleció de hambre la tierra de Egipto y la tierra de Canaán. 14 Y recogió José todo el dinero que había en la tierra de Egipto y en la tierra de Canaán, por los alimentos que de él compraban; y metió José el dinero en casa de Faraón. 15 Acabado el dinero de la tierra de Egipto y de la tierra de Canaán, vino todo Egipto a José, diciendo: Danos pan; ¿por qué moriremos delante de ti, por haberse acabado el dinero? 16 Y José dijo: Dad vuestros ganados y yo os daré por vuestros ganados, si se ha acabado el dinero. 17 Y ellos trajeron sus ganados a José, y José les dio alimentos por caballos, y por el ganado de las ovejas, y por el ganado de las vacas, y por asnos; y les sustentó de pan por todos sus ganados aquel año. 18 Acabado aquel año, vinieron a él el segundo año, y le dijeron: No encubrimos a nuestro señor que el dinero ciertamente se ha acabado; también el ganado es ya de nuestro señor; nada ha quedado delante de nuestro señor sino nuestros cuerpos y nuestra tierra. 19 ¿Por qué moriremos delante de tus ojos, así nosotros como nuestra tierra? Cómpranos a nosotros y a nuestra tierra por pan, y seremos nosotros y nuestra tierra siervos de Faraón; y danos semilla para que vivamos y no muramos, y no sea asolada la tierra. 20 Entonces compró José toda la tierra de Egipto para Faraón; pues los egipcios vendieron cada uno sus tierras, porque se agravó el hambre sobre ellos; y la tierra vino a ser de Faraón. 21 Y al pueblo lo hizo pasar a las ciudades, desde un extremo al otro del territorio de Egipto. 22 Solamente la tierra de los sacerdotes no compró, por cuanto los sacerdotes tenían ración de Faraón, y ellos comían la ración que Faraón les daba; por eso no vendieron su tierra. 23 Y José dijo al pueblo: He aquí os he comprado hoy, a vosotros y a vuestra tierra, para Faraón; ved aquí semilla, y sembraréis la tierra. 24 De los frutos daréis el quinto a Faraón, y las cuatro partes serán vuestras para sembrar las tierras, y para vuestro mantenimiento, y de los que están en vuestras casas, y para que coman vuestros niños. 25 Y ellos respondieron: La vida nos has dado; hallemos gracia en ojos de nuestro señor, y seamos siervos de Faraón. 26 Entonces José lo puso por ley hasta hoy sobre la tierra de Egipto, señalando para Faraón el quinto, excepto sólo la tierra de los sacerdotes, que no fue de Faraón. 27 Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera. 28 Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años; y fueron los días de Jacob, los años de su vida, ciento cuarenta y siete años. 29 Y llegaron los días de Israel para morir, y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto. 30 Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices. 31 E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama.
Dos formas de vivir estamos encontrando hoy en el texto bíblico. La vida de los hijos de Israel y la vida de los egipcios. Ambos viven en un país, bajo una autoridad. Las condiciones que se les impone proviene de Dios, porque la sequía que tienen, nadie lo puede prever. Mas vemos cómo la sequía hace que un pueblo pueda enriquecer o puede empobrecer al extremo. Por eso el mundo y su plenitud es de Dios. Porque nadie puede prever una sobreabundancia de 7 años ni nadie puede prever una sequía de 7 años en el cual, incluso se olvide de los años de abundancia. Y esto fue así desde el principio, Dios ha levantado reino y ha destruido reinos. Solo que el hombre no ha visto y ha estado ciego. Por eso, Corresponde a los hijos cuidar Hoy hemos visto cómo por medio de una persona, José vino la salvación para su familia, pero también para la salvación a Egipto. Es evidente que de tiempo en tiempo, Dios juzga a los pueblos, juzga las maldades que se cometen. Por eso, es necesario que los hijos de Dios, nosotros, quienes conocemos a Dios, quienes conocemos la manera que el Señor trabaja, orar y trabajar por la tierra y por las personas que viven. Hoy nadie quiere darse cuenta que la maldad de la idolatría y de la injusticia hace que Dios está juzgando, porque el Señor no es ajeno a las maldades. No solamente espera hasta el fin de los tiempos para juzgar. Si así fue en el tiempo de Noé, en el tiempo de Sodoma, en el tiempo de Egipto, en el tiempo de Edom, de Tiro, de Sidón, de Babilonia, de Grecia, de Roma, etc. Tantos reinos y gobernantes han subido y han desaparecido. Vemos cómo un pueblo entero como el egipcio puede estar endeudado, puede vender sus vidas al Faraón, y trabajar pagando un 20% de su producción, arrendar la tierra que anteriormente eran suyos. He dicho antes, un hombre de Dios, José, quien fue utilizado por Dios. Primeramente para salvar a su familia, y en ese proceso también salvó a una nación. Mas hoy vemos a tantos gobernantes quienes gobiernan sin entendimiento, sin ver a Dios quien obra sobre todo el mundo. Y nosotros, cristianos vivimos bajo sus mandos y mayormente recibimos toda la carga y los males que envía Dios, sin poder solucionarlo. ¿Y cómo solucionarlo si no pueden ver a Dios? Y nosotros que podemos ver, simplemente somos pueblo. Necesitamos que personas con conocimiento de Dios, temerosos de Jehová se conviertan en gobernantes, que dirijan los destinos de las distintas oficinas. No quedarnos en la mediocridad, ni aceptar todos los males que nos sobrevienen. ¿Cómo se cumplirán las palabras como: te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles. (Deuteronomio 28:13)? Si conocemos la biblia, si conocemos a Jesucristo; tenemos que saber que Dios siempre, siempre juzgará a un pueblo idólatra. Mas cuando en medio de un pueblo idólatra, no existe ningún hijo de Dios quien se levante y proclame las maldades y predique la justicia, ¿quién podrá parar la furia de Dios? Salirse del encierro Vemos a tantos creyentes quienes utilizan la paciencia, el sufrimiento, como disculpas para no hacer nada, para vivir en el anonimato. Aceptan fácilmente las imposiciones de la sociedad, ven los males y sufren, pero nadie ora a Dios por querer cambiarlo. Por eso, hoy los cristianos son buenos empleados, porque son honrados, porque no protestan, porque no crean problemas; mas no vemos en los cargos de responsabilidad. Simplemente rehuyen de esos lugares, quieren vivir sencillamente, silenciosamente, sin importar su responsabilidad en el tiempo. Quieren vivir en paz, en su iglesia y morir. Tienen como disculpa el hecho de que Jesús vendrá pronto. Puede ser mañana como puede ser dentro de 200 años. Pero así condenan a ustedes mismos y a sus hijos de vivir en el ostracismo. Hasta ahora he oído de pocos pastores quienes enseñen a sus miembros y a sus jóvenes con visiones para crecer, para gobernar. Incentivarlos y desafiarlos para que vivan perfectamente delante de Dios, y ser un dirigente, un gobernante, un presidente que mueva los destinos de un país. Si talvez encontramos a algún creyente en un puesto superior, está solitario, peleando contra todos. Necesitamos salirnos del encierro, principalmente de nuestra mente y de las enseñanzas generalizadas de las iglesias. Enseñar, insistir y mostrar un camino para que los niños y jóvenes, los adultos también, que sean fieles al Señor Jesús en toda la extensión de la Biblia, y luego deseen con afán puestos, lugares mejores. Y es en esta batalla que el diablo y el mundo nos está ganando, hoy simplemente se ofrece a los jóvenes conciertos, músicas, teatros; un momento de diversión, de pasatiempo. Mas nunca a estudiar con conciencia la Palabra de Dios con un objetivo. Nadie les ayuda a orar, nadie les ayuda a soñar. Talvez los dirigentes mismos estemos encerrados. Mas hay que despertarlos. Los cambios existen Hoy es un pensamiento generalizado que los países ricos serán cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. En el pasaje de hoy, vemos cómo Dios puede cambiar radicalmente las cosas, cómo puede volver pobre a un pueblo en cuestión de años. Pero somos pobres porque queremos serlo. Porque nos es cómodo. Nadie quiere vivir estrictamente en las leyes de Dios hoy en día, entregarse al Señor Jesús y querer un cambio. Luchar por la fe, por ideales en Dios, esto no existe. No se ve. Desde el principio, existen cambios, Dios mueve el mundo. Mas es necesario que exista un hombre que luche por Dios, que apueste (una forma de decirlo) por Dios. No suelo escuchar en las iglesias que exista personas quienes defienda las cosas de Dios, nadie defiende la Verdad. Todos buscan su bien propio, su beneficio. Tratan de hacer lo mínimo posible y sacar el mayor provecho posible. Difícilmente encontramos a retiros espirituales, son más bien campamentos de diversión difrazados con un nombre eclesiástico. Ninguna iglesia insiste en el estudio de la Palabra. Hoy la gran mayoría de los jóvenes ven como algo aburrido y arcaico el estudio de la biblia y la oración. Y los pastores quienes están más interesados en el número, siguen la corriente, tratan que la iglesia sea un lugar divertido. ¿Quién busca a Dios? Y bueno, Dios buscará un lugar para sí mismo, acomodándose donde puede. Mas recuerden que los cambios, existen, las sequías, existen, el empobrecimiento de los pueblos, existe. El hambre, existe, el endeudamiento y vivir toda su vida empeñado por la deuda, existe. ¿Mas dónde está el José de hoy? ¿Cuántas veces has orado así por tu hijo? ¿Cuántas veces has enseñado a tus hijos con esa intención? ¿Quién está en la vereda de Dios? ¿Quién desea luchar por Dios? ¿Quién desea sufrir un tiempo con el objetivo de alcanzar algo mejor? Conclusión: Por eso, hay que leer la biblia y enseñar la biblia con atención. Con visión, el mal de un líder arrastra a toda una generación. Nadie busca a Dios, nadie quiere disciplinarse ahora, nadie quiere discipularse en Cristo. Mañana solamente seremos como los otros hijos de Israel, arrastrados de aquí y para allá, mudando de un lugar a otro, viviendo sin ver y sin entender las cosas, vivir endeudados como los egipcios. Mas existirá un pequeños grupo, que hoy conoce a Dios, quienes creen en sus palabras, talvez por la firmeza de un padre de familia, de una pequeña iglesia, quienes serán grandes mañana, quienes gobernarán y serán los amos como José. El que tiene fe, el que cree en estas cosas, escuchará, lo buscará y lo hará. Que Dios te bendiga. |
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Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. Siempre que desees utilizar como una cita bibliográfica debe hacer referencia a: www.evangelio123.org, Pastor Dong Han David Lee, título del sermón o estudio bíblico. |
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