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Sermón
del día miércoles 28 de diciembre de 2011.
Título:
DESTRUIRÁ A LOS LADRONES
Biblia:
San Marcos 11:12 – 12:12
Predicador:
Pastor Dong Han David Lee
Iglesia
Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte.
1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,
Asunción,
Paraguay
www.evangelio123.org
pastordavid@evangelio123.org
(595)
021-301-706 / (595) 0981-815-179
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12) Al día siguiente, cuando
salieron de Betania, tuvo hambre.
13) Y viendo
de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella
algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de
higos.
14) Entonces Jesús dijo a la
higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.
15)Vinieron,
pues, a Jerusalén; y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los
que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las
sillas de los que vendían palomas;
16) Y no consentía que nadie
atravesase el templo llevando utensilio alguno.
17) Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada
casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de
ladrones.
18) Y lo oyeron los escribas y
los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque le tenían miedo,
por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina.
19) Pero al llegar la noche,
Jesús salió de la ciudad.
20) Y pasando por la mañana,
vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21) Entonces Pedro, acordándose,
le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.
22) Respondiendo Jesús, les dijo:
Tened fe en Dios.
23) Porque de cierto os digo que
cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en
su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho.
24) Por tanto, os digo que todo
lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25) Y cuando estéis orando,
perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está
en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.
26) Porque si vosotros no
perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras
ofensas.
27)Volvieron
entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales
sacerdotes, los escribas y los ancianos,
28) Y le dijeron: ¿Con qué
autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?
29) Jesús, respondiendo, les
dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme, y os diré con qué autoridad
hago estas cosas.
30) El bautismo de Juan, ¿era del
cielo, o de los hombres? Respondedme.
31) Entonces
ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué,
pues, no le creísteis?
32) ¿Y si decimos, de los
hombres…? Pero temían al pueblo, pues todos tenían a Juan como un verdadero
profeta.
33) Así que,
respondiendo, dijeron a Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les
dijo: Tampoco yo os digo con qué autoridad hago estas cosas.
San Marcos 12:
1.
Entonces comenzó Jesús a
decirles por parábolas: Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un
lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
2.
Y a su tiempo envió un siervo
a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña.
3.
Mas ellos, tomándole, le
golpearon, y le enviaron con las manos vacías.
4.
Volvió a enviarles otro
siervo; pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron
afrentado.
5.
Volvió a enviar otro, y a
éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros.
6.
Por último, teniendo aún un
hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi
hijo.
7.
Mas aquellos labradores
dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será
nuestra.
8.
Y tomándole, le mataron, y le
echaron fuera de la viña.
9.
¿Qué, pues, hará el señor de
la viña? Vendrá, y destruirá a los ladrones, y dará su viña a otros.
10. ¿Ni aun
esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha
venido a ser cabeza del ángulo;
11. el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?
12. Y
procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos aquella parábola;
pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.
INTRODUCCIÓN:
Si bien a lo largo de la obra de
Jesucristo vemos a muchas personas quienes deseaban seguirle, algunos lo
hicieron y otros se quedaron.
En el texto de hoy vemos cómo personas
quienes tenían conocimiento de Jehová Dios, y quienes cuidaban del templo del
Señor fueron corrompiéndose, pero algo era cierto, que todos quienes estaban
relacionados con el templo estaban convencidos del bien que cumplían sus
funciones y no encontraban nada malo en las obras.
Mas Jesús vino y puso un juicio a lo que
estaba sucediendo en el templo, veamos los versículos 15-17: “Vinieron, pues, a Jerusalén; y entrando
Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el
templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían
palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio
alguno. Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa
de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de
ladrones.”
Ya en el libro de Oseas, el profeta hace
mención de cómo estas cosas sucederían, cómo los hombres que hicieron sus obras
y construyeron en base mentiras serían juzgados: “Mientras curaba yo a Israel, se descubrió la iniquidad de Efraín, y
las maldades de Samaria; porque hicieron engaño; y entra el ladrón, y el
salteador despoja por fuera. Y no consideran en su corazón que tengo en memoria
toda su maldad; ahora les rodearán sus obras; delante de mí están. Con su
maldad alegran al rey, y a los príncipes con sus mentiras. Todos ellos son
adúlteros; son como horno encendido por el homero, que cesa de avivar el fuego
después que está hecha la masa, hasta que se haya leudado. En el día de nuestro
rey los príncipes lo hicieron enfermar con copas de vino; extendió su mano con
los escarnecedores.” (Oseas 7:1-5)
Es que el corazón de los hombres no se
afirmaron correctamente a Dios y en sus palabras, porque buscan sus propios
caminos y se perdieron de aquel que fue establecido por Dios para que entren en
su reposo; estos sacerdotes, escribas, fariseos e intérpretes de la ley que
estando en la tierra de la promesa y del pacto de Abraham, comenzaron a
encaminar su vida lejos de Dios, en lugar de centrarse en el entorno de Jehová
Dios y su templo; quisieron ser como los demás naciones de la tierra y pidieron
rey. Y esto comenzaba ya en tiempos de Samuel. Jehová y el templo de Dios fueron
perdiendo su importancia, y dejó de ser el centro de la vida de los israelitas.
Siempre cuando un país va teniendo
problemas, es porque el sacerdote ha dejado de cumplir correctamente su
función, y el pueblo vuelve por un tiempo cuando Jehová envía un profeta. Mas
el camino hacia el alejamiento es constante salvo por pequeñas pausas.
Y todas estas cosas que digo Jesús explicó
con la parábola de los malvados labradores.
¿POR QUÉ APARECEN ESTOS MALVADOS?
Para que el templo de Dios se convierta en
una cueva de ladrones (como lo dijo Jesús), tuvo que ser creado y habitado por
ladrones, ¿no es cierto?
Y Jesús nos ha enseñado cuándo una persona
o personas se convierten en ladrones y salteadores, veamos San Juan 10:1-15
“De
cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las
ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador. Mas el que
entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. A éste abre el portero, y las
ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. Y cuando ha
sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen,
porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no
conocen la voz de los extraños.”
“Esta
alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía.
Volvió, pues, Jesús a decirles: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta
de las ovejas. Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y salteadores;
pero no los oyeron las ovejas.”
“Yo
soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y
hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he
venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. Yo soy el buen
pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no
es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas
y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado
huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor;
y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo
conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas.”
La cuestión no es que uno diga que trabaja
o sirve para el Señor Jesús, y trabaje de cualquier manera, sin principios, sin
disciplina, sin doctrina; sino que el Señor dice claramente: “el que no entra
por la puerta de las ovejas”, es ladrón y salteador.
¿Qué significa que debe entrar por él? Hoy
muchos creen que cuando hacen las obras “pensando” en el Señor Jesús o cuando
se menciona “el nombre de Jesús” todo es o se convierte en obra para el Señor.
Pero Jesús es bien claro: “El que no
entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte,
ése es ladrón y salteador”. Más adelante el Señor Jesús es aun más
claro: “Yo soy la puerta; el que por
mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no
viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y
para que la tengan en abundancia”.
Y
el Señor nos indica de qué manera actúa el asalariado: que el asalariado huye
cuando ve venir al lobo que arrebata las ovejas y las dispersa. El asalariado
huye porque no le importan las ovejas.
Para que el hombre sea un buen siervo de Dios
y no un ladrón y salteador. Uno: tiene
que entrar por la puerta que es Jesús, dos: no debe huir cuando viene el lobo
que arrebata las ovejas.
Así que para entrar por la puerta de las
ovejas y no ser ladrón y salteador hay que ser fiel en toda palabra como lo
dice Jesús en San Marcos 8:33-38, “porque
no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres… si alguno
quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su
vida por causa de mí y del evangelio, la salvará… porque el que se avergonzare
de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del
Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con
los santos ángeles.”
Vemos que pasar por la puerta de las
ovejas cumpliendo los requisitos de Jesús no es fácil, porque implica
padecimientos, llevar cargas y cruces, hay que enseñar y decir cosas que no
agradan a los hombres, se pierden amistades y conocidos porque les estás
amonestando, porque se debe olvidar de la gloria de hombres y su enaltecimiento
porque se debe morir por causa de la Palabra y del ministerio. Por eso, abundan
los ladrones y los salteadores, pues sin cumplir estos requisitos, desean hacer
la obra de Dios, sin morirse quieren gloriarse de la obra de Dios, quieren ser
elogiados, quieren ponerse por encima de hombres, esperan que los hombres les
sirvan y nadie quiere padecer.
Por esta causa aparecen los ladrones y
salteadores, y no solamente son los grandes hombres como los pastores, pues
inclusive los padres de familias quienes son los sacerdotes familiares quieren
evitar el padecimiento necesario para ser el pastor de sus pequeñas ovejas que
es su familia. También existen ladrones y salteadores en los profesores de las
escuelas dominicales, y no qué no en los diferentes líderes de los grupos, de
las misiones, de las células que tienen las iglesias.
Es que muchos consideran que “la obra” de
por sí es lo importante, no la forma ni los requisitos. En cambio, Dios mira “a
la persona quien hoy enseña, quien predica, quien lidera”. Pues si el pastor o
maestro o sacerdote es ladrón, nada de lo que hace, nada de lo que dice o
enseña, ninguna obra que haga será acepto por Jesús.
Por eso abundan los ladrones y salteadores
hoy, pues todos quieren hacer por gloria, por competencia, por nombre, porque
otros hacen, porque quiere imitar, porque la apariencia frente a otros hombres
así lo requiere.
Creen que toda obra es aceptada por Dios,
con tal que se predique a Jesús.
Por estas causas las iglesias hoy se
convierten en cuevas de ladrones, porque se engañan ellos y a los que son
guiados hacen caer en el mismo hoyo del error.
Para evitar esto, cada creyente debe ser
consciente de sí mismo, tiene que discipularse fielmente y tener la aprobación
de Dios; y también la constante corrección que rectifica los rumbos para que no
se salga ni se pierda.
¿Cuánto tiempo debe ser preparado un
discípulo para que sea apto a entrar por la puerta del redil y no sea ladrón o
salteador? Realmente es difícil de precisarlo, depende de la persona, de la
intención de Dios con la persona, depende del carácter, de las ocasiones, de la
voluntad, del esfuerzo personal, del conocimiento, del celo, de la valentía,
del temor de Jehová, de la búsqueda del rostro de Dios, de la llenura del
Espíritu Santo. También depende del tiempo, de las ocasiones, del maestro, de
la iglesia, del pastor, de la doctrina en que es enseñado.
CIERTAMENTE LAS OBRAS DE LOS LADRONES SON DESTRUIDOS
Muchos creyentes e iglesias no contemplan
la amplitud, lo completo, el poder de las Palabras de Jesús cuando dijo: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre,
dijo: CONSUMADO ES. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (San
Juan 19:30).
Les aseguro, si hoy mismo, si todos los
hijos obedientes y fieles del Señor Jesús dejaran de predicar, de obrar a su
servicio, si dejaran de enseñar; igualmente toda la salvación de la obra de
Jesús se cumpliría, se encaminaría, se terminaría; y no faltaría ninguno de los
predestinados.
El problema con los ladrones y salteadores
es que han inventado unas doctrinas de permisividad y de principios que halagan
a los hombres, y quieren “crear”, “formar”, “convertir” lo inconvertible en
semilla santa.
Además piensan que sus obras de
grandilocuencia, y de auto alabanza son recibidas por Dios, creen que ellos son
necesarios para Dios, creen que hacen un gran aporte al reino de Dios.
A más de cómo Dios ve el estado de las
personas quienes pretender hacer las obras en el nombre de Jesús como ladrones
y salteadores, pero Dios los califica como higueras estériles, así como fue
maldecida por Jesús y luego entrando en el templo destruye la obra y la miseria
que hay en el templo; así también hoy el Señor destruye, no deja que se quede
en pie.
Toda la obra que hacen, todo lo que crean,
todo lo que engendran, todo lo que construyen es destruido en un momento como
lo hizo Jesús en el templo echando a los vendedores de animales y echando las
mesas de los cambistas.
Pero como son personas tan enceguecidas en
sus intenciones y desde mucho tiempo atrás han perdido la noción de la verdad;
y además no escuchan la Palabra de Dios porque el Señor les ha cortado todo
contacto; siguen en sus obras.
Seguro que los hombres del templo, al día
siguiente de la limpieza que hizo Jesús, seguro que los cambistas volvieron a
negociar y los vendedores de animales a ofrecer sus animales.
Así también es hoy, existen claras señales
de la destrucción de las obras que hicieron, que crearon por parte de Dios;
pero están tan enceguecidos que siguen y siguen. Si al comienzo era un error, o
una equivocación, o el resultado de malas enseñanzas; seguro que existen señales
que muestran que Dios no les está aceptando sus obras. Mas se empecinan,
incluso las consideran “una cruz que deben llevar o soportar cuando es
destruido algo, o dicen que es una jugarreta del diablo”.
Mas ciertamente existen claras señales de
destrucción de las obras de los ladrones y salteadores que el Señor Jesús
muestra hoy. Por eso, si existen siervos quienes reciben los talentos que
negociaron y les son duplicados; existen otros a quienes aun lo que tienen les
son quitados, y todo lo que hicieron se quedan en nada.
Por eso, es importantísimo no solamente a
trabajar según las reglas de Jesucristo, mas también a medir constantemente las
obras que estamos haciendo, si es del agrado del Señor o no. Porque así se
puede hacer las correcciones o simplemente abandonar una obra cuando no está
bien encaminado. Tenemos que saber que cuando viene este tiempo de destrucción
de la obra que construyeron, también es el tiempo en que su higuera fue visitada
por Jesús y fue maldecida.
Y cuando esto sucede, generalmente atacan
y cuestionan la autoridad de Jesús para realizar ese tipo de obras.
Lo increíble es que Dios nos muestra
cuándo las obras de los hombres ladrones y salteadores, quienes en algunos
momentos se te han burlado, se han envanecido contigo; tú ves sus resultados de
la visita de juicio del Señor. Así funciona la gracia de Dios y recompensa con
los fieles.
JESÚS EXPLICA QUE MUCHAS VECES SE LES RECLAMÓ POR FRUTOS
Por eso, no es trabajar a mansalva. No se
deben guiar por las alabanzas de los hombres o de las iglesias. Incluso hay que
tener mucho cuidado con aquellas obras que dicen es para el Señor Jesús y
vienen con grandes anuncios, con bombos y platillos; pues hay mucho olor a
humano y carnal.
Mas un siervo fiel, un siervo quien
entiende los tiempos de Dios y está en las obras que el Señor desea no se
confunde, además está siempre atento a las palabras que el Espíritu Santo les
enseña. Porque todo tiene que coincidir, tiene que ser consecutivo y
progresivo.
Vemos en el pasaje de hoy cómo los
labradores reaccionan negativamente contra todos los siervos que el Señor les
envía, les afrentan, les golpean, les maltratan, les hieren, los matan. Incluso
y finalmente matan a Jesús en persona.
Si ustedes tienen discernimiento, verán
que normalmente los ladrones y salteadores, los malos labradores quieren
imponer ellos las palabras, los tiempos, son ellos quienes crean un ambiente
oportuno; mas no hay señales y marcas de Cristo en sus obras.
Y siempre serán destruidos, y se entregará
a otros labradores.
Este es un principio fundamental: ANTES
QUE LA OBRA DEL SEÑOR, ES LA OBEDIENCIA A SUS PALABRAS.
El aumento de la obra, de la cantidad, o
del volumen de ministerios no es tan importante como la obediencia a que
llegamos en Cristo Jesús. Recuerden lo que les dije acerca de “CONSUMADO ES”.
Sin la obra de ninguno de nosotros, la obra de Jesús ya de por sí es completo.
Incluso, varias veces en la Biblia vemos que Jehová se dispuso a matar a todos
los incrédulos y rebeldes, y volver a comenzar nuevamente desde un hombre. Así
lo hizo con Noé, y así quiso hacer con Moisés. Así lo hizo con una tribu Judá.
Para ser un buen obrero del Señor, para
ser un buen pastor, para ser un buen maestro, hay que comprender la mente de
Cristo, su carácter y su forma de obrar.
El apóstol Pedro nos dice enseña respecto
a esto: “Ruego a los ancianos que
están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los
padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será
revelada; apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella,
no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo
pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino
siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores,
vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. Igualmente, jóvenes,
estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de
humildad; porque: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.
Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando
fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado
de vosotros.”
Realmente hay que tener mucha fe, sí mucha
fe para creer que Dios requiere de nosotros más la obediencia que los sacrificios
y el prestar atención a sus palabras que la grosura de los carneros. Sí, la
obediencia a Dios y a sus palabras es el primer fruto que se nos requiere.
También es necesario entender cuándo el
Señor nos requiere de frutos intermedios, y si le estamos dando; pues siempre
existen frutos intermedios, frutos anuales y frutos que perduran toda la vida;
y más adelante aquellos frutos que fructifican por generaciones como bendición
del Padre Celestial.
Por eso, como regla general, hay que
cuidarse cuando los hombres y muchos hombres están alabando tus obras, lo
glorifican o lo ensalzan. Siempre la alabanza debe provenir de Dios.
Realmente es difícil encontrarse con
personas quienes ven y miden de esta forma, incluso aquellos quienes fueron
pacientes y bien encaminados al comienzo se perdieron en el camino; o el apuro
les hizo fallar. O el sueño y la visión que tuvieron fueron traicionados de
alguna manera por los deseos mezclados de los hombres que hicieron perder el
camino y el tiempo.
CONCLUSIÓN:
Hay que preguntar y medir constantemente
el tiempo de Dios.
Porque una obra que en algún tiempo de la
historia de la iglesia de Jesucristo fue bueno o necesario, puede que no lo sea
hoy. Tampoco una obra u obras que en otros lugares se hicieron significan que
es necesario o valedero hoy y en este lugar.
Uno de los grandes engaños que afrontan
los hombres y las iglesias en las obras y en los ministerios son las
“estrategias” que plantean y planifican los hombres, grupos, misiones, e
iglesias. Porque toda estrategia como su nombre lo indica es “acortar”, es
“mejorar”, es “perfeccionar”, es “efectivizar”, es “economizar”, es “maximizar”,
es “menor esfuerzo”, es “evitar”, que con pocos hombres, con poco dinero, en
poco tiempo, se tenga la mayor obra, que se crezca en grandes proporciones, con
pocos hombres y esfuerzos se logren grandes objetivos. Y en el afán de lograr
estos objetivos, se obvian muchos pasos, se pierden la relación el hombre con
su Dios. Pues ya no es importante el individuo, ni la relación, crecimiento y acercamiento
hijo-Dios.
Aun veremos muchos ladrones y sus obras
destruidas, muchas higueras que serán maldecidas y sus frutos nulos. Talvez por
un tiempo seguirán vigorosos como hombres, y se harán muchas obras; mas son
estériles en los frutos que busca Jesús.
Construyen y serán destruidos; y muchos
ladrones desechan la piedra que es el fundamental hoy también: la piedra del
ángulo, Cristo de su vida y de la vida de los discípulos.
Hay que ser discípulo de Cristo Jesús
siempre.
Que Dios te bendiga.
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