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Sermón en el día miércoles, 23 de junio de 2004 Título: Larga vida para ver el bien Biblia: Génesis 23:1-20 Predicador: Rev. Dong Han David Lee Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza
Ayer en la reunión de oración habíamos leído unos versículos muy especiales, que hablaba de una promesa que Jehová hace con todos sus hijos quienes temen y tienen una comunión íntima. El pasaje era de Salmo 25:12-14 que dice: ¿Quién es el hombre que teme a Jehová? El le enseñará el camino que ha de escoger. Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra. La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto. A través de varias semanas hemos visto la vida de Abraham, desde que salió de su tierra, donde vivía con sus padres y siguió al mandato de Dios. Tan largo fue el viaje y duró tantos años, que Abraham y su mujer Sara habían perdido toda esperanza de ver las promesas de Dios cumplir en su vida. Pero hemos visto cómo la promesa de Dios no puede fallar, y aunque tarde, hoy también vemos que Dios quien es el dueño de todos los espíritus que hay en los hombres, da larga vida. La palabra de Salmo 25:12 dice que al hombre que teme a Jehová, el Señor va a enseñar el camino que tiene que escoger. Y así hemos visto cómo él ha cuidado de cada paso, cuando se encontró con grandes enemigos le dio grandes victorias. Siendo él un solo hombre, pudo combatir contra naciones, contra ciudades, incluso con inmensos ejércitos. Y aún así prevaleció. Al final vino la gran promesa de Dios, nació su hijo Isaac. Vino la alegría a su familia. Su mujer Sara también dejó de ser una persona sin sonrisa, sin alegría porque era una mujer estéril, quien no podía dar hijo a su marido, se le había quitado también la vergüenza entre los hombres. Era una mujer completa. Hemos visto cómo Abraham vivía en paz con Abimelec y su pueblo, también en el pasaje de hoy vemos cómo por las buenas relaciones que tenía con los hijos de Het, compraba un pedazo de tierra para sepultar a su mujer Sara. Como dice el versículo12 de Salmo: Gozará él de bienestar, y su descendencia heredará la tierra. A partir de aquí, Abraham vive una vida sosegada, cuidando de su hijo y de sus bienes. En el pasaje que hemos visto, vemos cómo su mujer Sara muere primero, y eso es un hecho natural de la vida. Porque toda persona que nace tiene que morir, nadie puede condicionar ni puede influir para que su vida se prolongue más. Porque no es el deseo del hombre, sino el deseo de Dios. Hoy dice la biblia que Sara tenía ciento veintisiete años cuando murió, si calculamos que tuvo a Isaac a los 90 años, significa que estuvo viendo a Isaac durante 37 años. ¿Puede pedir una persona más años de vida? Recordemos otra vez las palabras de Salmo 25:14 La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto. Esa gran promesa que Dios le había dicho, los pactos que hizo diciendo que daría descendencia, que haría de Abraham una gran nación. Abraham y Sara lo veían con sus ojos, a Isaac lo estaban criando como si fuera un matrimonio joven, quienes tienen la dicha del primer hijo. Dios había anunciado su pacto con Abraham, como luego también dice el salmista. Y hasta que se cumpla ese pacto, aunque pase 25 años, aunque la mujer tenga 90 años, aunque el hombre tenga 100 años, si es el deseo de Dios, él cumple con lo pactado. Además alarga la vida del hombre para que pueda disfrutar de ese bien que tanto había esperado en su vida. ¿Cómo es todo esto posible? Porque está de por medio el pacto que hizo Dios con Abraham. El Señor Jehová hizo que Abraham tuviera una comunión íntima con él, hizo que confiara solamente en él, le reveló que tendría un hijo, que tendría la tierra y que sería bendición. Y todo esto se cumplió. Y vuelvo a decir, el Señor también le agregó días para ver y gozar del bien. Así, todo aquel que desea realizar o ver algo en su vida, convendría como dice la palabra, tener una íntima comunión con Dios, y ¿quién puede tener una íntima comunión con Dios? Aquel que teme a Jehová. Íntima relación implica que para todos los asuntos, es necesario que el hombre se acerque a Dios para consultar y pedir su auxilio. También es esperar en su tiempo y en su respuesta. La muerte llega a todos Aún a personas que fueron tan bendecidas, personas que vieron milagros como Abraham y Sara, también llegan a su fin. Sus días aquí en la tierra terminan algún día. Y esto no nos tiene que sorprender, porque es establecido por Dios. También desde el día que Adán no comió el fruto del Arbol de la Vida, toda carne vuelve a la tierra de donde provino. Conozco a muchas personas quienes tratan de no tener en cuenta este hecho, viven con los ojos cerrados, pensando que su tiempo perdurará para siempre. Pero el tiempo llega, cuando es tiempo hay que partir. Ahora nos interesa, ¿qué hiciste durante tu vida que haya valido la pena? ¿Qué alegría fue tu vida? ¿Qué dejó la vida? Yo pienso y digo, que si nosotros pudiéramos pensar por lo menos en nuestro fin, en la muerte, por lo menos una vez al día, nuestra vida sería sumamente provechoso. Y si a eso le agregamos que mañana no solamente estaremos sepultados, sino que estaremos delante del Supremo Juez; seguro que más de uno corregiría su vida hoy. No pensar en la muerte, ni en el futuro es como volar un avión en el aire y olvidarse por completo del combustible, cuando acaba el combustible, cuando termina la vida, la caída es durísima. Pero no podemos tener en el registro de nuestra vida: David nació, David vivió, David murió. Necesitamos que nuestra permanencia aquí en vida sea lo más significativo posible, con la más grande alegría y los sueños dados por Dios a través del pacto se cumpla. Porque ese es el verdadero motivo de nuestra vida aquí. Tiempo de pensar en la vida que vivimos ¿Qué bien tendremos? ¿Qué gozo perseguimos? ¿Cuál es el fin de tu vida? Muchas personas viven simplemente por vivir. Sin ningún propósito, sin ningún incentivo, muchos no saben por qué o para qué viven. Algunos para trabajar, otros para comer y beber, otros para criar a sus hijos, algunos persiguen una meta, otros quieren hacer algo interesante de su vida. ¿Será que el día que muramos como Sara, habremos gozado en la promesa de Dios que nos ha hecho? ¿O todavía vives sin una promesa y un pacto de Dios? Si nosotros hemos visto que Dios le guió a Abraham específicamente desde los 75 años y a Sara desde los 65, pienso que toda persona quien se encuentra aquí, y quienes leen este mensaje, tienen oportunidad. Seguramente Dios ha llamado a una persona a esa edad para indicarnos de que no existe límite para Dios. Así que es necesario que dejemos de lado nuestra concepción de que es imposible. Más aún con la promesa de Dios, quien nos enviará a los pintados, listados y los manchados de diversos colores. No es cuestión de edad, sino de cómo hoy que conoces a Jesucristo lo buscas para tener una comunión íntima, cómo esto es posible cuando tienes el temor de Jehová en tu corazón. Y el Señor seguro te revelará cosas que nunca habrás imaginado. Conclusión: Aquel quien piensa que todo está terminado, para él lo está. Pero si hoy vemos cómo una mujer de 90 años puede dar a luz un hijo, cómo puede vivir 127 años y tener alegría en su vida, da para pensar y saber que a nosotros, no queda mucho tiempo por vivir haciendo el bien en el nombre de Jesucristo. Porque si hoy tienes un pacto, debes saber que el Señor sí o sí lo hará cumplir. Y la edad, la condición en donde vive, en dónde vive, si es viejo o joven, no tiene ninguna importancia. Porque Dios dijo: ¿Habrá algo imposible para Dios? Hoy preguntemos esto, no a Dios como si preguntando: ¿por qué no me has dado nada? Sino es tiempo de preguntar: ¿Qué haré Señor? ¿Qué deseas que haga? ¿Es tiempo de dormir? Pienso que no, aquel creyente que descansa, está perdiendo de una gracia increíble. Aquel que hoy no hace nada es como un águila que piensa está demasiado viejo para volar. Mientras que aquel que confía en Jesucristo y en su poder, Dios le renueva sus fuerzas para que tenga más. Y tendrá larga vida para ver todo el bien que Dios hace, a ti y a tu descendencia. Que Dios te bendiga. |
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