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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

 Sermón en el día miércoles 12 de mayo de 2004

Título: La obra de Dios que no conocemos

Biblia: Génesis 20:1-18

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

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 Génesis 20:1 De allí partió Abraham a la tierra del Neguev, y acampó entre Cades y Shur, y habitó como forastero en Gerar.  2 Y dijo Abraham de Sara su mujer: Es mi hermana. Y Abimelec rey de Gerar envió y tomó a Sara.  3 Pero Dios vino a Abimelec en sueños de noche, y le dijo: He aquí, muerto eres, a causa de la mujer que has tomado, la cual es casada con marido.  4 Mas Abimelec no se había llegado a ella, y dijo: Señor, ¿matarás también al inocente?  5 ¿No me dijo él: Mi hermana es; y ella también dijo: Es mi hermano? con sencillez de mi corazón y con limpieza de mis manos he hecho esto.  6 Y le dijo Dios en sueños: Yo también sé que con integridad de tu corazón has hecho esto; y yo también te detuve de pecar contra mí, y así no te permití que la tocases.  7 Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.  8 Entonces Abimelec se levantó de mañana y llamó a todos sus siervos, y dijo todas estas palabras en los oídos de ellos; y temieron los hombres en gran manera.  9 Después llamó Abimelec a Abraham, y le dijo: ¿Qué nos has hecho? ¿En qué pequé yo contra ti, que has atraído sobre mí y sobre mi reino tan grande pecado? Lo que no debiste hacer has hecho conmigo.  10 Dijo también Abimelec a Abraham: ¿Qué pensabas, para que hicieses esto?  11 Y Abraham respondió: Porque dije para mí: Ciertamente no hay temor de Dios en este lugar, y me matarán por causa de mi mujer.  12 Y a la verdad también es mi hermana, hija de mi padre, mas no hija de mi madre, y la tomé por mujer.  13 Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dije: Ésta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.  14 Entonces Abimelec tomó ovejas y vacas, y siervos y siervas, y se los dio a Abraham, y le devolvió a Sara su mujer.  15 Y dijo Abimelec: He aquí mi tierra está delante de ti; habita donde bien te parezca.  16 Y a Sara dijo: He aquí he dado mil monedas de plata a tu hermano; mira que él te es como un velo para los ojos de todos los que están contigo, y para con todos; así fue vindicada.  17 Entonces Abraham oró a Dios; y Dios sanó a Abimelec y a su mujer, y a sus siervas, y tuvieron hijos.  18 Porque Jehová había cerrado completamente toda matriz de la casa de Abimelec, a causa de Sara mujer de Abraham.

 

La lucha del creyente para mantenerse en la fe parece nunca acabar, siempre que pensamos que hemos conseguido alcanzar un nivel de estabilidad espiritual, nuevos retos, nuevas oposiciones parece que se abalanzan sobre los cristianos.

A esta altura de la vida de Abraham, cuando Dios había aparecido una vez más, dando un tiempo específico de un año, Sara tendría un hijo. Ya había pasado mucho tiempo en su trajinar, uno podría pensar que es tiempo que Dios le otorgue un descanso, una paz, para que pueda gozar de su vejez, de los buenos años de una vida de fe y caminar con el Señor.

No sabemos por qué Abraham se mudó nuevamente, tal vez sea porque su ganado era mucho y las pasturas poco, y como él vivía más bien en lugares secos y montañosos, la tierra no aguantaba que tanta cantidad de animales que comían.

Tampoco tenemos mencionado en la Biblia de que Dios le ordenó que Abraham se mudase para otro lugar, ni tenemos registros que Abraham haya consultado si debía irse al Neguev, al sur o no. Pero él hizo lo que muchas veces las situaciones de la vida impone, irse a un nuevo lugar, mudarse, conocer a nuevas personas.

Veinticuatro años pasaron y vemos aún debilidades del hombre, utilizar mentiras como hemos visto en Egipto, para decir que su mujer era su hermana.

Uno se pregunta mirando estas cosas, cuándo será que realmente tendremos la fuerza, la capacidad de vencer definitivamente nuestras debilidades. Pero una cosa es cierto, al igual que ocurrió en Egipto, hoy estamos viendo ciertos detalles de cómo Dios cuida a Abraham.

El cuidado de Dios

No tenemos registros de que Abraham haya orado al Señor porque el rey Abimelec llevó a Sara al palacio del rey. Ni que él haya llorado o se haya opuesto, simplemente dejó que sucediera las cosas.

Mas tenemos con detalle cómo Dios personalmente se encarga de tratar al hombre, al rey; además que es un incrédulo, vemos que Dios está conversando con Abimelec. Cuán poderoso se habrá mostrado Dios y cuánto miedo habrá sentido Abimelec para que habla de esta forma.

Dios está cuidando de Abraham y de Sara, mas también que nadie pueda acercarse a Sara, porque Dios había de darle hijo. También podemos decir cómo el malo y la maldad impera, obra sobre los hombres del mundo.

Es aquí donde vemos la protección de Dios, y de cómo él cuida de los creyentes. También vemos cómo no permite que la obra que él desea realizar sea estorbado por nadie, ni por un rey con el poder que tiene.

Es un ejemplo de lo que nosotros llamamos la doctrina de la perseverancia de los santos, o sea, que un creyente que cree porque Dios le da la fe, nunca puede perder el camino de Jesucristo, porque Dios mismo se encarga de que el fiel pierda la fe de salvación. Si en este momento, Sara era tomado por Abimelec, nadie podría afirmar de que el hijo que tendría Sara era realmente de Abraham. Todo el plan y de cómo Dios venía cuidando podría romperse.

Cómo podemos asegurar, cómo quedaremos confiados si Dios no puede cumplir ni cuidar a sus hijos. Si esto ocurriera, ninguna de las promesas que Dios nos hace tiene validez, ni seguridad de cumplimiento.

Vemos que Dios personalmente aparece al hombre, da la enfermedad a todos, y principalmente a las mujeres para que no tengan hijos; también amenaza a para que Sara sea devuelta.

Los retos que implica un nuevo lugar

Así estamos viendo que en cada nuevo lugar, necesitamos estar seguros de que tendremos nuevas dificultades, nuevos retos para nuestra fe.

Pero Dios quien es fiel, él cuida de que sus hijos nunca se pierdan, ni que su plan se frustre. También vemos cómo Dios sabe acomodar y cumple lo que promete, y para que se llegue al termino que él ha planeado, realiza muchas obras y milagros alrededor nuestro, sin que nosotros lo sepamos.

Nunca podemos prever, nunca veremos con anticipación todos los peligros, tampoco podemos calcular nuestros movimientos para que siempre estén acorde a la dirección que Dios desea que caminemos.

Hoy, aquí estamos viendo cómo Dios hace los ajustes necesarios, cuida para que nadie, ni Abraham mismo pueda cambiar lo que él ha establecido y desea realizar. Cómo Dios puede dar enfermedades a las personas, dar miedo, incluso matar a las personas que se opongan al plan divino o de aquellos que quieran hacer daño a sus hijos.

Comprobemos lo que dice el versículo 7: ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos. Aquí vemos cómo Dios eleva el nombre de Abraham, le da poder sobre Abimelec, le dice que es su profeta y que, de la oración de Abraham depende que tengan la sanidad para que su pueblo no muera.

Aquí vemos cómo con Abimelec, Dios es sumamente severo, pero más adelante leemos que el propio Abraham, en el versículo 13 confiesa que hizo eso por temor a los pueblos de la tierra: Y cuando Dios me hizo salir errante de la casa de mi padre, yo le dijo: Esta es la merced que tú harás conmigo, que en todos los lugares adonde lleguemos, digas de mí: Mi hermano es.

Muchas veces pensamos que nosotros debemos estar bien en todos los aspectos para que Dios comience a trabajar. Mas aquí vemos que él trabaja independientemente, porque actúa en cada detalle que nosotros ni imaginamos, él cuida que nuestra vida siga por un curso que muchos detalles lo perdemos. Y lo peor es que somos mal agradecidos.

La debilidad del hombre

Yo me he preguntado, por qué este suceso aquí, justo antes de recibir a Isaac, y no antes. Pareciera que existe un retroceso en la madurez espiritual de Abraham, o podemos decir, que aún no está listo. Por qué este capítulo aparece aquí. Puede parecer toda una vergüenza para un creyente.

Es una vergüenza, es un retroceso; pero también nos está indicando de que el hombre es siempre débil. Mas no por eso, Dios deja de trabajar y está avanzando en su obra sin cesar. Hoy vemos cómo el hombre no puede acompañar en la altura de la fe, ni lo que exigiría las circunstancias. Aún así, es Dios quien realiza toda la obra.

Y nosotros comprendemos esto, y esto es lo más difícil de aceptar por parte de los hombres soberbios, quienes no aceptan que Dios se inmiscuya en su vida, ni que la domine. Si tu intelecto no desea aceptar, no por eso, la obra de Dios se detiene. Ni su voluntad deja de cumplirse por tu inmadurez espiritual o por tu incredulidad. Ni porque tu dices que Dios no está trabajando así, él se queda con los brazos cruzados.

Vemos que cuando él dice que hará, él en persona se encarga de realizar la obra, sin la ayuda de Abraham, ni de nadie. No lo necesita. Mas recibes los beneficios. Cuán extraña y maravillosa la obra que el Señor hace. Él hace, pero nosotros los hijos aparecemos como fuertes, poderosos, y en nuestras manos pone otra vez dominar la situación. Hace que los hombres del mundo dependa de nosotros. ¿No es un padre amoroso? Porque ejemplo de esto tenemos a lo largo de la Biblia: David cometió adulterio, Pedro negó a Jesús 3 veces, Elías se cansó de luchar y pidió que Dios le quite la vida. Como dice la Biblia: Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2 Corintios 12:9-10)

Nos queda otra pregunta por hacer: ¿Cuánto más se demostrará el poder de Dios si fuéremos un poco más fieles? ¿Con una pizca más de fe? ¿Con un paso más de obediencia? Si hoy estamos aquí, hemos vencido todas las dificultades y las que quedan lo estamos haciendo todos los días, y sinceramente, lo hacemos en mala gana, a medias, forzosamente. ¿Mas cuánto más se demostrará el poder de Dios si fuéremos más obedientes de todos sus mandamientos?

Conclusión:

¿Crees que hoy has alcanzado la plenitud en Dios? Hoy somos lo que somos porque él se encargó que nosotros estemos firmes. Que nuestra fe que es tan frágil, y más pequeña que cualquier partícula que no puede perdurar un día, él ha sido fiel para que hoy estemos aquí.

Hoy pensamos que tenemos un poco de fe, que hemos crecido un poco; mas si olvidamos en algún momento que Dios nos trajo hasta este lugar, pecaremos de ignorantes y soberbios. Y estas son cosas que nunca debe salir de nuestros labios, palabras como “Tengo FE”. Recuerda que cuando decimos eso, lo más seguro es que estemos olvidando de todo lo que Jehová está haciendo detrás nuestro, de cómo hemos despreciado y menospreciado la sangre de Jesucristo, que no hemos escuchado la voz del Espíritu Santo. Porque seguro que si hacíamos la tarea en forma debida, hoy estaríamos mucho más crecido, viendo mayores milagros y teniendo más poderes espirituales.

Por eso las palabras de Jesús son ciertas: ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos. (San Lucas 17:10).

Y yo sé que cuando vivimos con esta actitud, cuando escudriñamos detenidamente al Espíritu Santo, cuando luego de hacer todas las cosas decimos que solamente hicimos lo poco, entonces podremos apreciar grandemente la obra de Dios en nuestras vidas.

Recuerda que nunca somos tan rectos, ni tan prontos para obedecer, ni tan perfectos como pensamos de nosotros mismos. Así agradece al Señor Jesús por todos las cosas que él nos hace. Entonces yo sé que él nos levantará más allá de lo que nos imaginamos.

Que Dios te bendiga.

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