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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

 Sermón en el día miércoles 7 de abril de 2004

Título: Contra toda incredulidad

Biblia: Génesis 17:15-27

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

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15 Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre.

16. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella.

17. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

18. Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti.

19. Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.

20. Y en cuanto a Ismael, también te he oído; he aquí que le bendeciré, y le haré fructificar y multiplicar mucho en gran manera; doce príncipes engendrará, y haré de él una gran nación.

21. Mas yo estableceré mi pacto con Isaac, el que Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.

22. Y acabó de hablar con él, y subió Dios de estar con Abraham.

23. Entonces tomó Abraham a Ismael su hijo, y a todos los siervos nacidos en su casa, y a todos los comprados por su dinero, a todo varón entre los domésticos de la casa de Abraham, y circuncidó la carne del prepucio de ellos en aquel mismo día, como Dios le había dicho.

24. Era Abraham de edad de noventa y nueve años cuando circundió la carne de su prepucio.

25. E Ismael su hijo era de trece años, cuando fue circuncidada la carne de su prepucio.

26. En el mismo día fueron circuncidados Abraham e Ismael su hijo.

27. Y todos los varones de su casa, el siervo nacido en casa, y el comprado del extranjero por dinero, fueron circuncidados con él.

 

Siempre estamos clamando al Señor Jesús por nuestras necesidades, por los problemas que tenemos. Porque todos tenemos memoria y nos acordamos de versículos que dicen: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (San Mateo 7:7)

Todos sabemos pedir por cosas, por personas, nuestro deseo es infinito e inacabable. Pero nuestro problema comienza desde este punto, hemos clamado al Señor Jesús, hemos pedido en el nombre de Jesús, tenemos fe de que él nos dará. Pero un aspecto que muchos no pueden calcular es el tiempo de la respuesta.

Al otro lado está Dios, nuestro Padre Celestial. Sea porque nosotros lo hemos pedido o sea como el caso de Abraham, él mismo puede aparecer a una persona y le promete.

¿Qué necesitamos para recibir? ¿Qué se tiene que hacer para que se cumpla la promesa?

No importa de dónde haya comenzado todo, que Dios un día te revele un pacto y una promesa o que tú hayas pedido y que él responda consecuentemente con una promesa; en ambos casos la respuesta es igual.

¿De qué depende la respuesta?

Como dije al comienzo, cuando pedimos algo al Señor o cuando él nos revela y nos hace una promesa, desde ese momento comienza en nosotros una verdadera lucha de fe, de convencimiento, de convicción. Porque muchas veces la palabra de Dios nos dice: Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe? (San Mateo 6:30) También tenemos versículo como Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. (Santiago 1:6-7)

Entonces estamos tratando y haciendo nuestro mayor esfuerzo para mantener nuestra fe, estamos orando constantemente para que nuestra fe no sea quebrantado, que no tenga decaimiento. Muchas veces, cuando nuestra fe falla, pensamos que hemos cometido inclusive un pecado, así de culpable nos sentimos.

Pero, ¿cuánto tiempo podemos nosotros sostenernos constantes, cuanto tiempo podemos decir que somos fieles a nuestra fe, cuánto tiempo podemos decir que nuestra fe es suficiente para mover la montaña?

También tenemos preguntas como ¿es correcta la forma en que estoy pidiendo? ¿Y si me estoy equivocando de camino?

Es cierto, que muchos, a esta altura, ya abandonó toda espera, ya no lucha más, ni ora, se cansó, se olvidó del asunto.

Nos cabe preguntar también: ¿por qué algunos consiguen muchas cosas con la fe, con la oración? ¿Qué hay de especial en su fe? ¿Qué me falta a mí?

La Promesa de Dios: Su Palabra

El Señor nos dio palabras como: Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; commbatís y lucháis, pero no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. (Santiago 4:2-3)

Al final, no sabemos qué es lo que pasa, muchos pierden ganas de orar. Muchos dejan de orar, ya no piden más, porque dicen que Dios nunca le escucha, nunca le responde.

Pero, ¿dónde está el problema? Algunas veces atribuímos a Dios, otras veces a nosotros. Pero tenemos testimonios de personas, de otros hermanos en la iglesia quienes hablan de casos, de respuestas de Dios. Incluso, ustedes escuchan muchas veces al pastor David, que está orando sobre muchas cosas, muchos proyectos, de cosas que sucederán, de cosas que Dios nos dará, de las obras que haremos. Y yo sé que muchos sienten en su interior, está otra vez soñando; está hablando así para alentarnos pero nadie cree porque son imposibles.

¿Por qué piensan así? Porque no han podido probar personalmente el milagro de Dios. Porque no han recibido el milagro de Dios. Porque cuando Dios respondió, ni siquiera se acuerda que fue algo que había pedido, porque se olvidó del asunto, por eso no puede agradecer al Señor.

El punto que la gran mayoría de los creyentes falla es la falta de la Palabra de Dios dando su promesa sobre un asunto. Porque la mayoría de los temas de oración, de nuestro deseo es solamente eso, nuestro deseo. Pedimos al Señor unas cuantas veces, pero se deja de lado. Por falta de fe, por falta de constancia y perseverancia, por falta de clamar, por falta de oración.

Pero principalmente es porque no han orado para tener la confirmación de Dios con su Palabra.

Hoy con Abraham vemos cómo existe la Palabra de Dios prometiendo una descendencia, un hijo, desde el mismo llamamiento de Abraham:

1.      En Génesis 12:2 dice: Y haré de ti una nación grande.

2.      En Génesis 13:14-16 dice: Y Jehová dijo a Abram, después que Lot se apartó de él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia para siempre. Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra; que si alguno puede contar el polvo de la tierra, también tu descendencia será contada.

3.      En Génesis 15:3-6: Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.

4.      En Génesis 15:13-16 entonces Jehová dijo a Abram: ten por cierto que tu descendencia morará en tierra ajena, y será esclava allí, y será oprimida cuatrocientos años. Mas también a la nación a la cual servirán, juzgaré yo; y después de esto saldrán con gran riqueza. Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez. Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí.

5.      Génesis 15:18 En aquel día hizo Jehová un pacto con Abram, diciendo: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el río grande, el río Eufrates.

6.      Y en este capítulo 17, hemos visto las distintas veces que Jehová le habló, también concertó el pacto con Abraham, el de la circuncisión, diciendo que es un pacto perpetuo entre Abraham y con todos sus descendientes.

Este es el punto donde muchos creyentes fallan, porque nuestros pensamientos son suceptibles, son inducibles, principalmente en lo que respecta a nuestras necesidades. Si tienes problema de dinero: todo aquel que te promete dinero para ti es palabra de Dios. Si tienes problema de matrimonio o de pareja: todo aquella palabra o persona que diga respecto a eso, dicen: es voluntad del Señor. Todo aquel que busca un trabajo, busca asirse de cualquier rebusco con promesa de empleo. Si tienes problema de salud, incluso el macumbero te parece enviado por Dios.

No toda promesa es promesa de Dios si no tiene asidero en la Biblia. No todo sueño es revelación de Dios. Si tú escuchas algo, si sientes algo en tu corazón, si has visto una visión, si has soñado sobre un asunto, debes discernir de dónde viene, de quién proviene.

Por eso la palabra de Dios dice: Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. (1 Juan 4:1) Y la única forma que tenemos para discenir los espíritus de dónde proviene es LA PALABRA DE DIOS.

Discernir los espíritu significa, si es por mi deseo, si es por el espíritu del demonio, o si verdaderamente esto proviene de Dios. Por eso se debe orar principalmente para discernir de dónde proviene.

Así como ocurrió a Abraham, si existe Palabra de Dios, quien le habla, quien le promete, quien le muestra, quien le hace fortalecer en la fe, quien hace un pacto, ENTONCES ES VERDADERAMENTE PALABRA DE DIOS.

ENTONCES EL CUMPLIMIENTO DE ESTA PROMESA ES CIENTO POR CIENTO SEGURO.

Y esto es algo que debemos saber, si alguna promesa viene de Dios, si ante un pedido de oración que has hecho, Dios te promete con su Palabra, ten por cierto, que no importa cuánto tiempo pase, como Abraham, puede incluso pasar 25 años; puede que ya ni creas en esas promesas, porque vemos en el versículo 17 que dice: Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir?

Y porque ya perdió toda esperanza dice: Ojalá Ismael viva delante de ti.

Contra toda incredulidad

Por eso es tan importante la confirmación por la Palabra de Dios de toda promesa. Cuando tienes una promesa, cuando Dios te da una Palabra de la Biblia, significa que puedes anotar en el lugar más seguro, en el lugar que no se borrará nunca, que no se perderá nunca, para que sirva de testimonio de que la Palabra y la Promesa de Dios nunca cambia, una vez pronunciado.

Aquí vemos cómo Dios le cambió el nombre de Abraham, el nombre de Sara, vemos cómo le dice que hará con él un pacto eterno, pero en realidad Abraham ni cree. Porque se ríe cuando Dios le está hablando.

Y ustedes saben lo desagradable que es cuando ustedes están hablando de algo muy serio y la otra persona quien te escucha lo toma en broma, lo hace burlonamente.

Aun CONTRA TODA INCREDULIDAD, porque Jehová cuando llamó a Abraham en su tierra, le prometió un hijo, porque Dios tenía planeado que de la descendencia de Abraham habría de nacer Jesucristo, no importa cuánto tiempo haya pasado, no importa que el hombre le tome en burla y con incredulidad, LA PALABRA DE DIOS SE CUMPLE FIELMENTE.

Porque cuando él ha prometido algo, cuando te ha dado un testimonio con su palabra, con la Biblia, está en juego no la promesa que hizo contigo solamente, sino está en juego el mismísimo nombre SANTO DE JEHOVA DIOS TODOPODEROSO.

Esto es lo que necesitan saber. Así que cuando esté orando por algo, hay que hacerlo hasta que tengan una Palabra de Dios que te respalde, tener en tu mano la Palabra de Dios. Entonces cada vez que oras al Señor, puedes llevar delante de él y repetirle para que se acuerde de su promesa. Puede decirle, Señor yo creo en ti, yo sé que tú no eres mentiroso.

Cuando Dios te promete algo, pide una prueba con su Palabra, reconfirma con otro pasaje de la Biblia, dos, tres, cuatro, tantos pasajes que puedan respaldar esa promesa; que el Espíritu Santo te muestre verdaderamente que es la voluntad de Dios. Solamente así podrás descartar de que no es un juego de Satanás.

Conclusión

Mucha gente sale lastimada porque no lee la Biblia, y si no lee no encontrará estos mecanismos, esta forma de pedir, de esperar en el Señor.

Cuando Dios te hace una promesa, aun cuando tú olvidaste de ese asunto, él lo hará cumplir. Aun si tú pierdes tu fe, eres inconstante, no puedes cumplir un día, no puedes orar un día, aún si te olvidas momentáneamente, Dios está trabajando para hacerte cumplir la promesa.

Si tú crees que Dios le dio a Abraham un hijo en su vejez, a los 100 años de edad, cuando su mujer tenía 90 años, cuando Dios le concedió después de 25 años de espera, es porque Dios sabe cumplir sus promesas.

Así que, reafirma tu fe. Yo sé que tú también tienes muchos deseos, ora al Señor hasta conseguir su aprobación con una Palabra de Dios. Confirma esas palabras, reconfírmalo, entonces tendrás seguridad.

Esto es lo delicioso de ser creyente, que tú puedes entrar en conversación con el Padre Celestial, puedes orar, puedes pedir, puedes confirmar, puedes insistir, y aún si te decaes en tu fe. Verás cómo Dios vuelve a levantarte para que sigas teniendo fe.

¿Dónde está la gloria de Dios? No será también cuando vea que sus hijos se ponen contentos, no querrá Dios escuchar las alabanzas de sus hijos porque ven sus deseos cumplidos?

Hay personas quienes dicen: NO, yo por respeto que tengo a Dios, no le pido nada, ni le exijo nada. Cómo se dolerá Dios con este hijo, porque no sabe pedir cuando tiene hambre, ni grita cuando tiene dolor, es un hijo que da verdadero dolor de cabeza.

Pide, ora, exige, pero si tú te caes, igual Dios es quien se mantiene fiel.

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. Siempre que desees utilizar como una cita bibliográfica debe hacer referencia a: www.evangelio123.org, Pastor Dong Han David Lee, título del sermón o estudio bíblico.

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