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 Sermón del día Miércoles 26 de noviembre de 2003

Título: El regreso al reposo de Dios

Biblia: Génesis 3:21-24

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

22.     Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre.

23.     Y sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.

24.     Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

El hombre debe decidir muchas cosas. Algunas son correctas otras equivocadas. Y esto solamente el tiempo lo puede decir. Los jovenes están en una etapa parecida. Hay muchas cosas que decidir, por qué estudio, para qué estudio, qué debo estudiar, qué voy a conseguir. Todo es decisión, pero decisiones que muchas veces marcan la vida y no puede retrocederse en el tiempo.

Un tiempo después dice si lo que hizo está bien o si está mal. A cuántas personas encontramos todos los martes en la cárcel de Tacumbú que se arrepienten por las acciones que tomaron. Y estoy seguro que si ellos pudieran retroceder en el tiempo, una gran mayoría no habría actuado así como hicieron.

Decisión y más decisión.

Pero para poder hacer la decisión, se necesita una condición esencial. La libertad. Hoy por hoy, ya no existe la verdadera libertad. Pongamos el ejemplo del voto. ¿Un funcionario público está votando verdaderamente a conciencia? No piensa en el trabajo que tiene, si vota por un color diferente puede perder el trabajo, o tiene miedo de las persecusiones políticas, etc. Y esta historia se alarga.

La primera decisión.

Cuando Adán y Eva fueron creados, fueron puestos en el Jardín del Edén para que lo cuide. Y ellos recibieron un mandamiento: No comerán del fruto de la ciencia del bien y del mal. Pero también Dios les dio el fruto de la Vida.

Hemos visto en esta serie de sermones, de las cosas que ocurrieron, de cómo el hombre tenía la libertad de escoger el fruto del Arbol de Vida para que el hombre coma y tenga vida eterna. Pero como hemos escuchado antes, el hombre comió el fruto prohibido. Así vino la muerte.

Desde este momento, todo decisión que el hombre tome, todo está bajo el juicio de la muerte. También vimos cómo el hombre y la mujer fueron castigados.

Hoy vemos que luego del juicio, Dios cierra el camino del hombre para que no tome más del Arbol de la Vida. Para que no pueda vivir para siempre.

Es la consecuencia de la mala decisión.

Pero también vemos cómo Dios con mucho cuidado cierra el camino y pone una espada de fuego que cuida. Así se cerró el único camino que el hombre podía salvarse por sí mismo.

También vemos cómo el Señor dice que reposó luego de la creación. Hizo al hombre, le dio la libertad para que el hombre pueda decidir, comer el fruto del árbol de la Vida y así también hacerle partícipe del reposo. ¿Pero qué hizo el hombre? Antes de buscar el reposo de Dios, buscó su propio camino y finalmente Dios cerró el camino con el querrubín. La Espada de Fuego que cuida del camino.

En busca del Reposo

Desde ese momento, la preocupación del hombre es poder entrar en el reposo de Dios.

Pero existe algo que impide. Es que el hombre prefirió el mal y desde ese momento, como dice la biblia y muestra la biblia, todos los hombres buscaron su camino, su vida. Nadie por la maldad que había y por la maldad con que nacía buscaba a Dios.

Cuando el hombre podía buscar verdaderamente al Creador, no lo hizo. Luego todos nacieron bajo pecado. La biblia comienza a relatar las maldades de los hombres, de los pecados que cometían, cada uno buscaba ser poderoso, a gobernar y dominar unos sobre otros, pero no existe ningún escrito que diga que buscaron a Dios.

Solamente ciertas personas que fueron llamados por Dios, que recibieron revelaciones especiales buscaron.

Es el caso de Abraham, que dice la biblia, Dios le apareció a Abram para que vaye a la tierra que él le mostraría.

¿Quién busca a Dios? Ya nadie lo hace, sino que Dios mismo sale a buscar a los hombres, los hombres de Dios que son enviados para predicar el evangelio en su nombre.

Ahora, porque se cerró el camino en que el hombre por sí solo podía salvarse, el único camino que queda es el camino de Jesucristo. El nuevo camino abierto por Dios para que el hombre pueda entrar en el reposo de Dios.

Un único camino

Vemos cómo al comienzo era un solo camino, el camino del árbol de la Vida. Ahora también es lo mismo.

De repente el hombre puede crear como nuevos caminos, que parecen ciertos, que parecen religiosos, que dan el toque de sobriedad, otros agregan rituales.

Pero siempre hubo un solo camino. Hoy también es lo mismo, solamente existe un solo camino.

En el tiempo de Noé también fue lo mismo, hubo una arca, y solamente aquellos que entraron fueron salvados del diluvio.

Porque hay que saber que todo hombre que nace es pecador, todo hombre que vive es pecador. Por eso, vemos cómo Dios les hace al hombre y a la mujer dos ropas de pieles. Para hacer dos ropas por lo menos se necesita matar a un animal. Es necesario sacrificar a un animal para que el hombre pueda cubrir su vergüenza, para hacer significar que se necesita del derramamiento de sangre para el perdón de pecados.

Este camino al árbol de la vida que fue cerrado, es mostrado nuevamente en Jesucristo. Y aquél que come y bebe de Jesucristo, cuando llegue al cielo, al paraíso de Dios, al verdadero reposo de Dios, allí nos muestra el libro de Apocalipsis que el hombre volverá a encontrar el árbol de la vida, en medio de la calle, dando doce frutos, un fruto a cada mes. Y las hojas son para la sanidad de las naciones.

Veamos el libro de Apocalipsis 22:2, aquí vemos que ya no es UN árbol, sino varios que están plantados a lo largo de la calle de la ciudad. La vida eterna ya se gana con creer en Jesús, por eso en la ciudad de Dios ya no es un requisito el comer para tener vida eterna. Uno puede comer para confirmar, y dice que sus hojas son para sanidad de las naciones.

La seguridad del reposo

Así como Adán y Eva estuvieron, vivieron en el Jardín del Edén. Estuvieron lo suficiente tiempo para poder gozar, pero no llegaron a comer del fruto del Árbol de la Vida. Hoy también muchos entran y salen de la iglesia, pero eso no es suficiente. Es necesario comer del fruto, es necesario creer en Jesús para tener la verdadera seguridad de la vida eterna.

Y esta seguridad nos da el Espíritu Santo. La Biblia.

Y de tiempo en tiempo, necesitamos comer y comer de nuestro fruto de la vida, que es Jesucristo, para confirmarnos a nosotros mismos. Para saber que estamos dentro del reposo de Dios.

Cada culto que participamos, cada lectura de la biblia que hacemos, cada vez que oramos en nombre de Jesús, es una confirmación de que verdaderamente yo estoy comiendo del fruto que es Jesús, que soy parte definitiva de la vida eterna.

Que estoy dentro del reposo de Dios.

Siempre la paz, el gozo que encuentro en esta tierra es parcial. El gozo que sentimos en el Espíritu Santo no lo podemos prolongar por mucho tiempo, por eso necesitamos renovar día tras día, y momento tras momento.

Pero gracias a Dios, el Espíritu Santo nos sostienen firmemente para que nunca podamos perder al Señor.

Y con esa actitud debemos esperar, con esperanza, con fe. Con paciencia. Muchas cosas, muchos bienes no lo tendremos en esta tierra. Por eso, vivimos en la esperanza del reposo definitivo, el reposo en el paraíso de Dios.

Conclusión

Las palabras que hoy leímos, son concluyentes. Dios nos avisa claramente que no existe camino que el hombre pueda buscar libremente para el camino de salvación, de la vida eterna.

Ahora, al igual que ayer, existe solamente un camino, el camino de Jesucristo.

Estas palabras son ciertas, estas palabras son concluyentes. Y ustedes están de parabienes, porque están en el camino correcto. Son los bendecidos de Dios, porque están detrás de Jesucristo, el verdadero camino puesto por Dios hoy para la salvación. Para alcanzar el reposo de Dios.

Por eso debemos agradecer todos los días. Y es lo mejor que el hombre puede hacer. Glorificar a Dios. Pero también siempre es bueno comprobar que estamos dentro. La verdad de Dios no cambia, nuestra salvación ya obtenida no puede perderse, pero es por nosotros mismos, porque somos inconstantes.

Mas también les digo que existen muchas personas que no saben esto. No saben que existe solamente un camino. Por eso debemos convencerlos, debemos avisarles. Debemos enseñarles. Y sabemos que Dios es quien llama, es el Espíritu Santo quien debe obrar. Así que, oremos, así que clamemos para que el Señor toque los corazones de los hombres de esta tierra como lo hizo con nosotros. ¿Amén?

Que Dios les bendiga.

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