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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

 

Sermón en el día miércoles 25 de agosto de 2004

Título: No tuerzas el plan de Dios.

Biblia: Génesis 27:1-41

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

 1 Aconteció que cuando Isaac envejeció, y sus ojos se oscurecieron quedando sin vista, llamó a Esaú su hijo mayor, y le dijo: Hijo mío. Y él respondió: Heme aquí.

2 Y él dijo: He aquí ya soy viejo, no sé el día de mi muerte.

3 Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, y sal al campo y tráeme caza;

4 y hazme un guisado como a mí me gusta, y tráemelo, y comeré, para que yo te bendiga antes que muera.

5 Y Rebeca estaba oyendo, cuando hablaba Isaac a Esaú su hijo; y se fue Esaú al campo para buscar la caza que había de traer.

6 Entonces Rebeca habló a Jacob su hijo, diciendo: He aquí yo he oído a tu padre que hablaba con Esaú tu hermano, diciendo:

7 Tráeme caza y hazme un guisado, para que coma, y te bendiga en presencia de Jehová antes que yo muera.

8 Ahora, pues, hijo mío, obedece a mi voz en lo que te mando.

9 Ve ahora al ganado, y tráeme de allí dos buenos cabritos de las cabras, y haré de ellos viandas para tu padre, como a él le gusta;

10 y tú las llevarás a tu padre, y comerá, para que él te bendiga antes de su muerte.

11 Y Jacob dijo a Rebeca su madre: He aquí, Esaú mi hermano es hombre velloso, y yo lampiño.

12 Quizá me palpará mi padre, y me tendrá por burlador, y traeré sobre mí maldición y no bendición.

13 Y su madre respondió: Hijo mío, sea sobre mí tu maldición; solamente obedece a mi voz y ve y tráemelos.

14 Entonces él fue y los tomó, y los trajo a su madre; y su madre hizo guisados, como a su padre le gustaba.

15 Y tomó Rebeca los vestidos de Esaú su hijo mayor, los preciosos, que ella tenía en casa, y vistió a Jacob su hijo menor;

16 y cubrió sus manos y la parte de su cuello donde no tenía vello, con las pieles de los cabritos;

17 y entregó los guisados y el pan que había preparado, en manos de Jacob su hijo.

18 Entonces éste fue a su padre y dijo: Padre mío. E Isaac respondió: Heme aquí; ¿quién eres, hijo mío?

19 Y Jacob dijo a su padre: Yo soy Esaú tu primogénito; he hecho como me dijiste: levántate ahora, y siéntate, y come de mi caza, para que me bendigas.

20 Entonces Isaac dijo a su hijo: ¿Cómo es que la hallaste tan pronto, hijo mío? Y él respondió: Porque Jehová tu Dios hizo que la encontrase delante de mí.

21 E Isaac dijo a Jacob: Acércate ahora, y te palparé, hijo mío, por si eres mi hijo Esaú o no.

22 Y se acercó Jacob a su padre Isaac, quien le palpó, y dijo: La voz es la voz de Jacob, pero las manos, las manos de Esaú.

23 Y no le conoció, porque sus manos eran vellosas como las manos de Esaú; y le bendijo.

24 Y dijo: ¿Eres tú mi hijo Esaú? Y Jacob respondió: Yo soy.

25 Dijo también: Acércamela, y comeré de la caza de mi hijo, para que yo te bendiga; y Jacob se la acercó, e Isaac comió; le trajo también vino, y bebió.

26 Y le dijo Isaac su padre: Acércate ahora, y bésame, hijo mío.

27 Y Jacob se acercó, y le besó; y olió Isaac el olor de sus vestidos, y le bendijo, diciendo: Mira, el olor de mi hijo, Como el olor del campo que Jehová ha bendecido;

28 Dios, pues, te dé del rocío del cielo, Y de las grosuras de la tierra, Y abundancia de trigo y de mosto.

29 Sírvante pueblos, Y naciones se inclinen a ti; Sé señor de tus hermanos, Y se inclinen ante ti los hijos de tu madre. Malditos los que te maldijeren, Y benditos los que te bendijeren.

30 Y aconteció, luego que Isaac acabó de bendecir a Jacob, y apenas había salido Jacob de delante de Isaac su padre, que Esaú su hermano volvió de cazar.

31 E hizo él también guisados, y trajo a su padre, y le dijo: Levántese mi padre, y coma de la caza de su hijo, para que me bendiga.

32 Entonces Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito, Esaú.

33 Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito.

34 Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío.

35 Y él dijo: Vino tu hermano con engaño, y tomó tu bendición.

36 Y Esaú respondió: Bien llamaron su nombre Jacob, pues ya me ha suplantado dos veces: se apoderó de mi primogenitura, y he aquí ahora ha tomado mi bendición. Y dijo: ¿No has guardado bendición para mí?

37 Isaac respondió y dijo a Esaú: He aquí yo le he puesto por señor tuyo, y le he dado por siervos a todos sus hermanos; de trigo y de vino le he provisto; ¿qué, pues, te haré a ti ahora, hijo mío?

38 Y Esaú respondió a su padre: ¿No tienes más que una sola bendición, padre mío? Bendíceme también a mí, padre mío. Y alzó Esaú su voz, y lloró.

39 Entonces Isaac su padre habló y le dijo: He aquí, será tu habitación en grosuras de la tierra, Y del rocío de los cielos de arriba;

40 Y por tu espada vivirás, y a tu hermano servirás; Y sucederá cuando te fortalezcas, Que descargarás su yugo de tu cerviz.

41 Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.

 

En el número 129 de Palabras de Vida, habíamos escuchado de cómo Dios prometía dar poder a su pueblo. Y habíamos escuchado que había un poder que se conoce como el poder del conocimiento. Este es un poder del cual Dios muestra a aquellas personas quienes buscan a él por medio de la oración. Pero este poder del conocimiento puede ser el entendimiento y comprensión del tiempo, poder relacionar los tiempos con la biblia, entender el momento. También este poder del conocimiento se manifiesta como una visión, que generalmente es del futuro, a esto en algunos casos cuando existe una promesa, puede constituir en un pacto.

Pero también sin una visión puede existir el pacto como el de Abraham. Ocurrió también lo mismo con Jacob, cuando los hijos de Isaac fueron concebidos y ellos se peleaban en el vientre de Rebeca, ésta en su congoja, preguntó a Jehová, de por qué esa lucha que había en su interior.

Jehová le había dicho: dos naciones hay en tu seno, y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; el un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, y el mayor servirá al menor. (Génesis 25:23)

Seguro que desde ese momento, por un lado entendió por qué los pequeños se estaban peleando. Por este lado se solucionó el problema. Mas se inició un nuevo problema, y es que el corazón comenzaba a inclinarse hacia el menor. Cuando nació Esaú y Jacob, esa tendencia se hizo más marcado, porque Esaú era rubio y velludo. En cambio Jacob agarrando los pies de su hermano, también dice la biblia que era lampiño. Esaú era hombre diestro en la caza y Jacob era un hombre quieto.

La promesa de Dios

Conocer la promesa de Dios para su vida es algo sumamente importante, porque esto permite que la vida de la persona sea mucho más moderada, sepa hacia dónde debe ir, cuál es el destino de su vida.

Mas el problema está en el método para alcanzar y el tiempo. Y he aquí en donde muchas personas fallan, ¿por qué? Porque el método y el tiempo de Dios es diferente al nuestro.

Con Jacob estamos viendo el común de los hombres, el común denominador de todos los creyentes que tienen alguna visión. Porque no pueden esperar el tiempo de Dios, quieren apurar los tiempos de cumplimiento, piensan que hay que echar una mano de ayuda a Dios.

Incluso hay veces en que buscamos ser lo más fiel posible y agradar al Señor para ver si no podemos adelantar la hora de Jehová.

Ya lo habíamos visto en el miércoles antepasado, cómo él utilizando de tretas consiguió comprar la primogenitura. Mas hoy vemos cómo con engaño gana la bendición de padre.

Por un lado arrebata la bendición de su hermano, mas gana el enojo de su hermano Esaú, quien con su rabia decide matarlo ni bien su padre muera.

¿Es este la manera de Dios? ¿Así lo tenía planeado Dios? Cuando existe una palabra de Dios, se puede utilizar cualquier método para alcanzar el objetivo e ¿igual Jehová estará dando su visto bueno?

Yo digo que esto es más por el apuro humano ante la promesa firme de Dios, es porque no podemos esperar. Este hecho del capítulo 27 de Génesis con seguridad ocurre en la vejez de Isaac, cuando Esaú y Jacob eran avanzados en años, ciertamente más de cuarenta.

En cierto modo podemos entender la impaciencia de Jacob, ¿no es cierto? Más de 40 años pasaron sin que vea realidad la promesa de Dios, si él era el primogénito era con Esaú. Pero esa autoridad era relativa, no tenía una verdadera autoridad porque todavía su padre daba prioridad al hermano mayor como ocurre con el suceso de las bendiciones.

¿Puedes tú esperar más de cuarenta años por la promesa de Dios?

Pensamos que nuestro reloj biológico se acaba, pensamos que necesitamos disfrutar lo antes posible, vemos muchos obstáculos que vencer, ¿no somos iguales a Jacob? ¿No decimos con la boca que tenemos mucha fe mas en nuestro interior somos tan infieles como Jacob?

No es el camino de paz

En este caso, Jacob arrebató la bendición que correspondía a su hermano, las buenas palabras las recibió él. Mas ¿quién es el que verdaderamente bendice a un hombre?

Jesús también dijo una parábola respecto a esto: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? (San Lucas 12:16-20)

Mas además del desagrado de Dios, de que no es el método que el Señor tenía planeado, esto se sabe porque tiene que huir de la casa, vive refugiado en la casa de su tío, tiene que trabajar como un peón más, trabajar para ganar a sus esposas, trabajar para ganar por cada oveja. En cambio, para quién fue toda la riqueza que tenía Isaac. Por eso, seguro que no fue el camino planeado por Dios.

¿Por qué no es el camino de Dios? Porque no es un camino de paz, porque palabras de Proverbios 16:7 dice: cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él.

Si él no hacía esto, si esperaba el camino de Dios, estaría viviendo en la tierra de su padre, sería el dueño, no tendría que haber huido.

No es a la fuerza que se consiguen las cosas, el método de Dios no es ganándose enemigos, no es forzando una situación, ni mintiendo. Seguro que Jehová tenía infinidad de métodos para hacer cumplir sus promesas, mas es necesario y él siempre lo hace: se cuida de ver en el hombre su fe, de cuánto el hombre es obediente. Y esta obediencia muchas veces alcanza límites que si uno no está en comunión con Dios es imposible aguantar.

Por eso, los hombres pueden decir que tienen fe, que hacen la voluntad de Dios. Mas con tal de ver cómo obra, cómo actúa, cómo espera, se puede saber la fe de la persona.

Se alarga el tiempo de cumplimiento

Siempre les he dicho, para Dios el tiempo es relativo, existen ocasiones en que tiene que ocurrir cierto suceso, mas también puede utilizar el tiempo a su favor, porque él es ETERNO y nosotros MORTALES mientras vivamos en la tierra.

A consecuencia de esta impaciencia, del pecado de la mentira, Jacob tiene que sufrir 20 años, vivir en la soledad, lejos de su familia.

¿La astucia? ¿Tus pensamientos? ¿Tu fuerza? Delante de Dios hay que saber controlarlo, morder tu lengua para no pronunciar una palabra indebida contra Jehová Dios Todopoderoso. Ir lento y cauteloso para no sobrepasar el tiempo de Dios. Hay que ser observador.

La responsabilidad del padre

Hoy vemos una responsabilidad de Isaac, a pesar de que es un hombre manso, conocedor de Dios. Vemos que sus actos no están acorde con el propósito de Dios.

Si era un hombre conocedor de la decisión de Dios sobre sus dos hijos, no puede crear una situación que rompa con el plan de Dios. Podemos decir, si Isaac nunca decía esas palabras a su hijo Esaú, esta situación no habría ocurrido. Si él sabía de la voluntad de Dios, tenía que preguntar al Señor cómo sortear el difícil escollo que se llama Esaú. Aquí también podemos decir que la fe de un padre debe ser mayor que el amor por sus hijos.

Una vez hemos escuchado el sermón sobre Abraham “la fe mayor que un padre”, aquí también ocurre lo mismo. Un padre debe orar para conocer los caminos de sus hijos, también si existe una promesa y un pacto de Dios, tú no puedes forzar o torcer el plan de Dios. Ni porque tu amor paternal te conmueva. En el plan que Dios hace para cada uno, tú no tienes participación ni eres responsable por el resultado.

Si por un lado, Isaac por desconocimiento de la voluntad de Dios (cosa que no lo creo) o por querer forzar una situación que humanamente es entendible pero como creyente ante Dios debe descartar. Por el otro lado está el error de la madre de Jacob, Rebeca. Porque incita a forzar y adelantar al cumplimiento de la promesa. Convence para que engañe, con tal de conseguir la bendición de su marido para su hijo. Esto también está mal.

Ni un padre debe crear una situación para forzar una bendición, ni una madre tiene que engañar para que se cumpla la promesa. Ambos pensaron que actuando de esa manera eran buenos padres. Mas nunca puede ser un buen padre siendo infiel y desobediente a Dios. Y el Señor Jehová de los Ejércitos no tolera eso.

¿Tú eres padre? ¿tú eres madre? Mas antes eres creyente ante Jesucristo. A menudo suelo ver cómo ustedes se ablandan en la fe por cuestiones familiares, por cuestiones personales, por cuestiones de parentescos. Piensan que Dios entenderá porque se trata de tu padre, madre, hijo, hija.

Pero recuerdan que Jesús dijo: el que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. (San Mateo 10:37-38)

También dijo Jesús en San Lucas 12:51-53 ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

Creer en Jesús y en sus palabras, tal como está escrito es fe. Esto es fe. Y no debes desobedecer porque caerás en el pecado de la rebeldía. Si no tienes capacidad para creer así, ora al Señor Jesús y él te dará la fe.

Conclusión:

Recuerda aún cuando tu familia está dividido dos contra tres o tres contra dos, no es tu resposabilidad. Tampoco ocurre esto: muchos piensan que ellos se sacrificarán personalmente ante Dios, ellos serán desobedientes, dejarán un poco a Jesús y se abocará a la familia para que no haya esa división de dos contra tres y de tres contra dos. Muchos renuncian a la iglesia mientras su padre o su madre está viva para no defraudarla, porque ella es de otra religión. Pero te pregunto: ¿qué pasará si tú te mueres primero? ¿Qué responderás ante el Señor?

Medita, ora para que no haya rebeldía en tu corazón. El Espíritu Santo te puede ayudar para tener un corazón puro y entendido ante Jehová de los Ejércitos.

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito. Siempre que desees utilizar como una cita bibliográfica debe hacer referencia a: www.evangelio123.org, Pastor Dong Han David Lee, título del sermón o estudio bíblico.

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: 12 de enero de 2011