Es un Ministerio más de la Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

Sermón en el día de Jesús 21 de febrero de 2010.

Título: LA INTENSIDAD DEL AMOR

Biblia: Hechos 9:1-31

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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  1. Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote,
  2. Y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén.
  3. Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;
  4. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?
  5. El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues, dura cosa te es dar coces contra el aguijón.
  6. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.
  7. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie.
  8. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco,
  9. Donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.
  10. Había entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: Heme aquí, Señor.
  11. Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama Derecha, y busca en casa de Judas a uno llamado Saulo, de Tarso; porque he aquí, él ora,
  12. Y ha visto en visión a un varón llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima para que recobre la vista.
  13. Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén;
  14. Y aun aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre.
  15. El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel;
  16. Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.
  17. Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo.
  18. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado.
  19. Y habiendo tomado alimento, recobró fuerzas. Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco.
  20. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios.
  21. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para levarlos presos ante los principales sacerdotes?
  22. Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo.
  23. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle;
  24. Pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle.
  25. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
  26. Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo.
  27. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús.
  28. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía,
  29. Y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero éstos procuraban matarle.
  30. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso.
  31. Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidos por el Espíritu Santo.

INTRODUCCIÓN

El domingo pasado les estuve hablando acerca de “Tu Formación en Dios.” Por lo general, cuando se habla de formación, uno piensa que es el conocimiento que se debe adquirir de la Palabra de Dios, conocer algunas doctrinas bíblicas, saber orar, buscar la Biblia, memorizar muchos versículos y hablar locuazmente.

No faltan aquellos que en nuestro ambiente siguieron un curso de uno o dos años y se sienten pastores listos para predicar, enseñar y conducir una iglesia. Y esta ha sido la problemática de todas las iglesias evangélicas a la hora de buscarse un pastor que continúe la obra del iniciador.

Pues hay que saber que esa es la parte fácil, es cierto que aprender la Palabra de Dios, saber dónde están las cosas, luego unir las ideas en base a una doctrina y expresarlas en palabras, saber explicar y convencer, saber aplicarlas adecuadamente en la práctica en forma uniforme y metódica, comprobar que todas la enseñanzas y prédicas están uniformes en función a una doctrina, reconocer las faltas o las necesidades de la Palabra de Dios en los creyentes y los problemas de doctrina que posee la persona quien habla o piensa de una u otra forma, ya se requiere de un conocimiento más profundo y sobretodo experiencia viva. Esto sí que lleva tiempo y ningún seminario local o por correo les puede enseñar.

Sé que aun existen personas (¡y no faltan!) quienes piensan que pueden subirse a un púlpito, orar en el nombre del Señor para que les dé la Palabra, abrir en forma aleatoria la Biblia y cuando abre los ojos el Espíritu Santo le dice qué debe predicar (esa persona es un mago y no siervo de Dios). Pues si esta persona cree que Dios es tan aleatorio y que no conoce la situación y necesidades de sus ovejas, que ¡siga en su oscuridad!

Si por una parte, la cuestión difícil es saber interpretar y traducir la realidad de la vida del hombre y ponerlas en principios bíblicos, y luego preparar una base de enseñanza necesaria ya es algo complicado. Más aún, las manifestaciones de los hombres son muy confusos, les puede comentar como una telenovela su problema diario pero la solución bíblica está en otra parte. Y el pastor debe tener suficiente autoridad para explicar, para guiar, para enseñar y mostrar por encima de la incredulidad de sus ovejas.

Por eso, el pastor necesita de conocimiento, de firmeza en sus conocimientos; necesita de convencimiento, y ser un convencido en lo que enseña y predica, pero también ser un terco para insistir.

Por consiguiente, la mayor dificultad en la enseñanza de la palabra de Jesús no consiste en leer o enseñar la Palabra, sino es ayudarles a formar en ustedes “un carácter de Dios”.

Miren por ejemplo la vida de un hombre, un joven que solamente se dedica a estudiar, tiene un carácter. Otro que estudia y trabaja tiene otro carácter. Y otro muy diferente son aquellos que comenzaron desde muy pequeños a subsistir por sí solos. Un tipo de personalidad tiene aquellas personas quienes crecen bajo padre y madre, donde la familia es unida y bien constituida. Otro carácter tiene aquellos hijos quienes crecen con un solo padre. También difieren aquellos que crecen de padres divorciados, cuando es huérfano, o aquel quien no conoce quiénes son sus padres.

Todo esto influye en la formación del carácter del hombre. Y con el sólo leer la Biblia en forma solitaria no forma “el carácter de Dios”, aun no sabe qué es “la mente de Cristo”, ni sabe mostrar “el celo por Jehová.”

Pues justamente esa es la limitación de escuchar la Palabra de Dios a distancia, por eso Dios ha dado autoridad a sus discípulos y que enseñe de “persona a persona”.

Incluso así, la formación del carácter de Dios en el creyente no es fácil, porque a más de los conocimientos de Dios que necesita aprender, existen muchas variables como la fe, las experiencias vividas, la gracia de Dios que ha comprobado, la obediencia, la desobediencia, los pecados, el ambiente, la iglesia, los padres, los pastores, la oración, la lectura de la Biblia, su carácter personal. Además las disciplinas, los castigos, las respuestas de Dios, los contactos que tuvo en persona con Dios, los accidentes, los consejos.

Por eso, es tan difícil que existan dos personas con la misma fe, y menos con el mismo carácter espiritual.

Y todo esto conduce a una manifestación muy particular de cada persona: LA INTENSIDAD DE TU AMOR que muestras al Padre Celestial y al Señor Jesús, de cómo vives y escuchas al Espíritu Santo.

LA FORMACIÓN DE TU CARÁCTER

Creo que todos escucharon o alguna vez leyeron acerca de nuestra imagen y semejanza con Jesucristo hoy.

Por eso a modo de ejemplo, les voy a citar este pasaje: toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17)

Muchos conocen este pasaje de 2 Timoteo, pero no todos son aptos ni preparados para toda buena obra. No es que no lo deseen, sino que “algo” falta, un eslabón que les permita seguir y sentirse “seguros” de que es “capaz” de toda buena obra. Y esto no se consigue con repetir, ni con la insistencia del pastor en sus prédicas, ni forzando y menos gritando.

¿Cómo se puede ver el carácter de un creyente? Es sencillo, basta hacer que dos personas lean un mismo pasaje bíblico y que luego hable de ella. Luego pedirle que dé un consejo con ella, que dé una predicación con ella, que dé un estudio bíblico con ella, que muestre una obra basado en ese versículo; y verán cómo está formado la persona y verán su carácter espiritual.

Así también sucede con el pasaje de 2 Timoteo que les leí, ¿de qué forma enseñarían, redargüirían, corregirían e instruirían para que el hombre sea preparado para toda buena obra? Les puedo asegurar que repitiendo infinitas veces este versículo, no conseguirá que mueva un dedo.

Por eso, la enseñanza de la Biblia y la formación de un discípulo no consiste simplemente en transmitir unas palabras escritas. Esa es una de las grandes razones de por qué el estudio por correo es muy incompleto. Porque no se puede enseñar el carácter. Esa es la razón de por qué Dios nos puso la Biblia en nuestras manos para que leamos sus palabras y conozcamos, pero él personalmente por medio del Espíritu Santo interviene para enseñarnos el carácter de Dios en nosotros.

Por esta causa, es la necesidad de una bella comunión con Dios. Porque todo hijo de Dios recibirá señales y prodigios, recibirá disciplinas y castigos según cómo obre respecto a los mandamientos de Dios. También tendrá las respuestas de Dios según su fe en Cristo Jesús y cómo se aplique en el discipulado.

Y esto es algo que ni yo, como pastor, me atrevo a inmiscuir… yo les enseño las cosas básicas, las formas básicas que cualquier creyente hijo de Dios debe tener, les enseño los conocimientos básicos, las doctrinas básicas; mas no puedo inmiscuir en los caracteres más avanzados y únicos de cada creyente. ¿Por qué? Porque Dios discipula a cada hijo, como si fuera “UN HIJO ÚNICO”, precioso y específicamente para un PROPÓSITO que él tiene determinado, por eso como les dije en el sermón del domingo pasado, desde el vientre de su madre les conoce, les forma como dice Salmo 139:15-17: No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. ¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán grande es la suma de ellos! Por eso, mi función como pastor es justamente enseñar y preparar las partes básicas, los inicios del conocimiento y convivencia con Dios, saber reconocer la voz de Dios, guiar en todo sentido; pero también es mi deber conocer cuál es el propósito que Dios tiene para ti, pues entonces yo también les puedo ayudar, les puedo guiar mejor, les puedo explicar las diferentes circunstancias que pasan.

Mas aquella persona quien no tiene una comunión íntima, quien no está habituado a escuchar la voz de Dios, quien no recibe una enseñanza personalizada, pasó por una prueba, un accidente, una enfermedad, una dificultad; pero no tiene el complemento de la enseñanza que es la instrucción personal de Dios, y si el pastor simplemente le consuela diciendo: “es una prueba de fe” realmente es decepcionante…, realmente es un pobre y su fin miserable porque tiene a un ciego como guía de su vida; y peor, está perdiendo muchas oportunidades y señales de Dios, y si sigue así el candelabro será dado a otro.

Pero las personas quienes están entrenadas, discipuladas y tienen el carácter de Dios solamente requieren de algunas palabras, señales para que se les abra el entendimiento. Y eso, justamente lo vemos en Saulo. Porque ese hombre conocía la Palabra de Dios, tenía celo y mucho amor por Jehová y sobre todo mucho carácter para defender su fe contra la nueva corriente. Es la razón de por qué perseguía a los seguidores de Jesús, y en su ímpetu llegó hasta Damasco, pero una aparición y palabras de Jesús hizo que se le abriera toda la Biblia. ¿Cómo sabemos esto? Que enseguida salió a predicar que Jesús era el Mesías. Y era tal el fervor que tenía este hombre que a poco tiempo, los judíos quisieron matarle.

Este carácter de Pablo no apareció simplemente porque Jesús le apareció en el camino y escuchó su voz; sino fue de un largo tiempo de formación, de estudio, y de entrenamiento que Jehová ha hecho por él, incluso sin que Saulo lo sepa.

Y lo que digo es cierto, porque existe otra persona a la manera de Saulo llamado Apolos, este también era muy poderoso en las Escrituras, y dice la Biblia de él: llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Éste había sido instruido en el camino del Señor; y siendo de espíritu fervoroso, hablaba y enseñaba diligentemente lo concerniente al Señor, aunque solamente conocía el bautismo de Juan. Y comenzó a hablar con denuedo en la sinagoga; pero cuando le oyeron Priscila y Aquila, le tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios. Y queriendo él pasar a Acaya, los hermanos le animaron, y escribieron a los discípulos que le recibiesen; y llegado él allá, fue de gran provecho a los que por la gracia habían creído; porque con gran vehemencia refutaba públicamente a los judíos, demostrando por las Escrituras que Jesús era el Cristo. (Hechos 18:24-28).

¿De dónde tuvieron estos hombres esta formación? ¿Cómo tienen este carácter? ¿Cómo se puede hacer para que nosotros también tengamos este carácter?

LA INTENSIDAD DEL AMOR

Todas estas cosas se van acumulando como un sedimento que se superpone uno tras otro, y se traduce en el hombre por la manifestación de “La intensidad del amor” hacia Jesucristo.

Así también la intensidad del amor a Dios es diferente según cómo la persona conoce el perdón recibido. Jesús dijo: Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: rectamente has juzgado. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama. Y a ella le dijo: Tus pecados te son perdonados. (San Lucas 7:42-48)

La Biblia que tenemos en la mano son iguales en su contenido para todos los cristianos, mínimamente todos los creyentes leen y creen, saben y reconocen que es la Palabra de Dios. Pero ven que no todos quienes vienen leyendo la Biblia durante largos años tienen la misma intensidad del amor, ni todos tienen el mismo celo, ni la sabiduría es equivalente entre los hombres. ¿Por qué? Pues justamente esa es la labor del Espíritu Santo que hace en cada persona individualmente, cómo le estimula, cómo le influye, cómo le consuela, cómo le disciplina. Y justamente ese énfasis es la que Dios la da según el propósito de cada uno que el Señor ha planeado.

Pero también está en la iniciativa de los hijos de Dios de permanecer, de insistir, de creer y perseverar. Todos escuchan la misma palabra, pero hay quienes escuchan con fe y otros con incredulidad. Algunos han resuelto mejor su amor al mundo que otros, algunos tienen mejores experiencias y gratitud respecto al perdón que otros. Algunos perseveran más que otros, tienen más paciencia que otros; también influye los padres que tuvo o tiene, los pastores que le enseñaron y con qué celo y convicción, e insistencia le enseñaron.

Mas la intensidad del amor es mostrado por la formación que tuvo el creyente, cómo experimentó la presencia de Jehová y eso influyó en sus pruebas de fe y de obstáculo.

Jesús también dice que a un siervo entregó cinco talentos, a otro dos, y al tercero un talento. Y seguro que La intensidad del amor con que el creyente ama a Dios ciertamente influye y es gravitante a la hora en que Dios debe entregar algo o encargar de algún ministerio. Pues también es cierto que Jesús dijo: Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. (San Mateo 13:12)

Por eso, es tan importante que cada uno se prepare con mucha fe, paciencia y perseverancia en todo el carácter de Dios; no descuidar su discipulado, ni negar ningún ministerio, siempre pedir a Dios por el Poder y los Dones del Espíritu Santo. Que contra viento y marea, contra lluvia y obstáculos sepas guardar tu ministerio y el trabajo que el Padre te haya encargado.

Incluso Dios te probará dándote más, encargándote más, discipulándote por más tiempo. Seguro que Dios querrá asegurarse que tú no perderás tu cabeza, ni tu corazón por el aumento de trabajo, de bienes, de riquezas, de sabiduría.

Y es común en Dios exigirte repitiendo durante días y días, meses, años; pero tampoco te cuenta para qué es, simplemente de da unas pocas palabras de referencia y guía. Y en ellas tiene que prevalecer, e ir acumulando las diferentes revelaciones que te hace para ir construyendo tu vida en Dios.

La Intensidad del Amor es el aspecto distintivo entre creyente y creyente, es la seguridad que tiene Dios de que su pensamiento y plan se cumplirá en la tierra. Jamás dejaría en manos de personas incrédulas, en pusilánimes, en personas quienes no han podido vencer el amor al mundo. Y justamente este es el carácter que Dios tiene pensado formar, e influye en nuestro carácter único. Solamente él puede saber dónde hay que insistir, en qué aspecto del carácter el creyente debe ser fuerte, en dónde tener mucho conocimiento y qué tipo de conocimiento. Se acuerdan de ¿cómo Jehová formaba a Jeremías? Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes. (Jeremías 15:19-21)

¿Puedes reconocer tu carácter único que Dios se ha esmerado en formarte? ¿Sabes para qué estás destinado? ¿Para qué tiempo él desea que tú resplandezcas en la tierra?

LA RESPUESTA DE DIOS

Realmente existen muchas formas de realizar algún ministerio u obra al Señor.

Pero en la medida en que avanza tu crecimiento y discipulado, verán que Dios responde positivamente, muestra sus señales y prodigios cuando lo haces con un nivel de intensidad de amor que él desea ver en ti; pues solamente él sabe las cosas que afrontarás.

Es la principal causa de por qué tantos creyentes quienes se aventuraron a servir a Jesús pero han fracasado, se quedaron postrados en el camino, se quemaron, se cansaron y luego no pueden levantarse. Pensaron que con sólo predisponerse ante Dios, y luego todo saldría bien si invocaban a tiempo y en todo tiempo el “nombre de Jesús”.

Generalmente el estado posterior es peor, y el recuerdo del fracaso es tan grande que ya no piensa en la siguiente aventura. Consecuentemente hoy existen tantos creyentes quienes son sabihondos, envalentonados dentro de la iglesia; pero afuera nadie les tiene miedo. Y aquí debe mostrarse la marca del pastor, debía cuidar las ovejas y guiarlos poco a poco, enseñarles profusamente en el conocimiento de Jesucristo y entrenarlos para ser aptos en toda buena obra. Sinceramente lo más difícil es decir “no” a la oveja entusiasmada, canalizar ese entusiasmo inicial y saber utilizarlo en aprender a “Amar a Dios con Intensidad”.

En los primeros tiempos, Dios responde con mucha prontitud a los creyentes, porque son niños; pero ya en la etapa del discipulado el Señor incentiva para que crezcas, pero da revelaciones y enseñanzas recién cuando el creyente alcanza un grado específico de perfeccionamiento. Y esta es la razón de por qué Dios siempre da promesas en forma “grande” pero “sin especificaciones”. Algunos toman esto como una señal de Dios y a su manera busca alcanzarlo; en cambio, el método de Dios es que tú te discipules, y en la medida en que alcanzas un nivel de intensidad de amor, el Señor te habla más y luego ya te habla en forma directa. Como lo hizo con Moisés: Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. (Números 12:2-10)

Entonces, solamente cuando has alcanzado un nivel deseado de tu Intensidad del Amor hacia Dios, entonces viene lo fundamental: TE CONFIRMA EN TU MINISTERIO y generalmente otra vez te prueba, hasta que TE DA “SU AUTORIDAD”. Es porque estás sirviendo con el entusiasmo, la pasión, la dedicación y responsabilidad necesaria como Dios en persona lo haría; y te concede SU AUTORIDAD. Como Jesús dijo a sus discípulos: Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificará mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y Tololo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. (San Mateo 16:18-19). Y un vivo ejemplo de esta AUTORIDAD DE DIOS que se manifiesta en Pedro lo tenemos en el caso de Ananías y Safira en Hechos 5.

Nadie puede auto imponerse esta autoridad de Dios, no puede ni debe utilizarlo a su criterio personal y según su ánimo; solamente “sabe” que tiene esta autoridad, que le está “permitido hacer un juicio” porque el Espíritu Santo le muestra.

Por estos motivos, el Señor siempre nos disciplina por medio de la santificación en toda la Escritura y nos hace pasar por innumerables padecimientos y aflicciones por causa del nombre de Jesús y su Evangelio. Sin estos requisitos, es inalcanzable esta Intensidad del Amor y menos es correspondido por Dios depositando en ti su Poder y Autoridad.

CONCLUSIÓN

En los versículos 15-16: El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; Porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre. En estos versículos, verán que no existe ninguna indicación por parte de Dios a Pablo respecto a cuánto debe dedicarse al Señor Jesús. Ni le dice con qué intensidad desea que le sirva. Y menos le dice desde dónde debe comenzar.

¿Por qué? Porque todo ese entrenamiento Saulo ya había sido entrenado con anterioridad. Por eso, dice la Biblia que comió, recobró las fuerzas y “en seguida predicaba a Cristo en las sinagogas”.

Esta intensidad del amor el Señor te enseña ya desde tiempos primeros, incluso cuando eras incrédulo, pero cuando llega el tiempo toda pieza de tu vida se encaja perfectamente en su lugar y tienes entendimiento y agradecimiento.

Por eso, hoy, no huyas de ninguna disciplina del Señor, sino que “todo lo puedes en Cristo que te fortalece”. Y ten este principio: que si te llega una obra, un ministerio, una prueba, es porque ya tienes la fe suficiente para vencerlo y ser más que vencedor.

Que Dios te bendiga en su infinita sabiduría.

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: 26 de febrero de 2010