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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

 

Sermón en el día de Jesús 17 de enero de 2010.

Título: SÓLO DOS

Biblia: Números 13:26-14:38

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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Capítulo 13:

26. Y anduvieron y vinieron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación de los hijos de Israel, en el desierto de Parán, en Cades, y dieron la información a ellos y a toda la congregación, y les mostraron el fruto de la tierra.

27. Y les contaron, diciendo: Nosotros llegamos a la tierra a la cual nos enviaste, la que ciertamente fluye leche y miel; y este es el fruto de ella.

28. Mas el pueblo que habita aquella tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas; y también vimos allí a los hijos de Anac.

29. Amalec habita el Neguev, y el heteo, el jebuseo y el amorreo habitan en el monte, y el cananeo habita junto al mar, y a la ribera del Jordán.

30. Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moisés, y dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos.

31. Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros.

32. Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura.

33. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así parecíamos a ellos.

Capítulo 14:

  1. Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche.
  2. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos!
  3. ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto?
  4. Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.
  5. Entonces Moisés y Aarón se postraron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel.
  6. Y Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos,
  7. Y hablaron a toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.
  8. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.
  9. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis.
  10. Entonces toda la multitud habló de apedrearlos. Pero la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo de reunión a todos los hijos de Israel.
  11. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿Hasta cuándo no me creerán, con todas las señales que he hecho en medio de ellos?
  12. Yo los heriré de mortandad y los destruiré, y a ti te pondré sobre gente más grande y más fuerte que ellos.
  13. Pero Moisés respondió a Jehová: Lo oirán luego los egipcios, porque de en medio de ellos sacaste a este pueblo con tu poder;
  14. Y lo dirán a los habitantes de esta tierra, los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que cara a cara aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego;
  15. Y que has hecho morir a este pueblo como a un solo hombre; y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo:
  16. Por cuanto no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.
  17. Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo:
  18. Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos.
  19. Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí.
  20. Entonces Jehová dijo: Yo lo he perdonado conforme a tu dicho.
  21. Mas tan ciertamente como vivo yo, y mi gloria llena toda la tierra,
  22. Todos los que vieron mi gloria y mis señales que he hecho en Egipto y en el desierto, y me han tentado ya diez veces, y no han oído mi voz,
  23. No verán la tierra de la cual juré a sus padres; no, ninguno de los que me han irritado la verá.
  24. Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión.
  25. Ahora bien, el amalecita y el cananeo habitan en el valle; volveos mañana y salid al desierto, camino del Mar Rojo.
  26. Y Jehová habló a Moisés y a Aarón, diciendo:
  27. ¿Hasta cuándo oiré esta depravada multitud que murmura contra mí, las querellas de los hijos de Israel, que de mí se quejan?
  28. Diles: Vivo yo, dice Jehová, que según habéis hablado a mis oídos, así haré yo con vosotros.
  29. En este desierto caerán vuestros cuerpos; todo el número de los que fueron contados de entre vosotros, de veinte años arriba, los cuales han murmurado contra mí.
  30. Vosotros a la verdad no entraréis en la tierra, por la cual alcé mi mano y juré que os haría habitar en ella; exceptuando a Caleb hijo de Jefone, y a Josué hijo de Nun.
  31. Pero a vuestros niños, de los cuales dijisteis que serían por presa, yo los introduciré, y ellos conocerán la tierra que vosotros despreciasteis.
  32. En cuanto a vosotros, vuestros cuerpos caerán en este desierto.
  33. Y vuestros hijos andarán pastoreando en el desierto cuarenta años, y ellos llevarán vuestras rebeldías, hasta que vuestros cuerpos sean consumidos en el desierto.
  34. Conforme al número de los días, de los cuarenta días en que reconocisteis la tierra, llevaréis vuestras iniquidades cuarenta años, un año por cada día, y conoceréis mi castigo.
  35. Yo Jehová he hablado; así haré a toda esta multitud perversa que se ha juntado contra mí; en este desierto serán consumidos, y ahí morirán.
  36. Y los varones que Moisés envió a reconocer la tierra, y que al volver habían hecho murmurar contra él a toda la congregación, desacreditando aquel país,
  37. Aquellos varones que habían hablado mal de la tierra, murieron de plaga delante de Jehová.
  38. Pero Josué hijo de Nun y Caleb hijo de Jefone quedaron con vida, de entre aquellos hombres que habían ido a reconocer la tierra.

INTRODUCCIÓN:

Hay muchas personas quienes corren y saben correr, algunos más rápidos que otros. Si se escuchan las hazañas de cada individuo, todos tienen historias y registros del cual hacer mención. Pero solamente cuando se los colocan juntos en una pista de carrera y compiten unos contra otros son cuando se ven los verdaderos resultados.

Pero también existen muchos atletas que se entrenan durante cuatro años para participar de una olimpíada, no importa cuántos días, ni cuántas horas haya entrenado, si en la competición quiebra una regla que impone ese deporte, de nada sirve que seas rápido porque serás descalificado.

Salvo unas pequeñas excepciones, hoy parece que ningún creyente ni iglesia hace caso de los reglamentos de Dios. Todos saben correr, dicen tener fe; mas no saben las reglamentaciones de Dios. Y si la fe y la vida del creyente no se ajusta a esa reglamentación, de nada sirve; como les sucedió a los hijos de Israel que salieron de Egipto.

Y justamente eso es lo que veremos hoy. De cómo las personas no escucharon, fueron displicentes en “prestar atención” y en “entender” la Palabra de Dios, pues no practicaron como debía ser practicado y fueron aplazados. Porque salieron bajo la promesa de entrar en la tierra prometida, pero por su incredulidad fallaron.

Por eso el apóstol Pablo habla respecto a esto: Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente. El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero. (2 Timoteo 2:5-6)

En este punto hay que aclarar algo, pues existen muchas personas quienes se confunden, si este hecho de no entrar en la tierra prometida es “la pérdida de la salvación del hombre”. Las personas piensan así porque manejan una doctrina equivocada (que está basada en la fe que pueda tener el individuo); todo lo que está sucediendo está dentro del ámbito de los hijos de Israel, de aquellos a quienes ya les fueron traspasados los pecados en la pascua. Pero fueron descalificados por su incredulidad a recibir las promesas que todo creyente ha de buscar: las tres bendiciones que corresponde a todo creyente: la tierra, la multitud de descendencia, y que seas bendito y por ti todas las naciones reciban bendición.

También no faltan aquellos quienes consideran que este pasaje se refiere únicamente al antiguo testamento, pero Jesús: al que tiene, tendrá más; habla de los labradores a quienes se les confía una tierra y Dios espera frutos; habla de talentos y de minas que le son asignados para finalmente recibir diez ciudades, habla de la semilla que cae en la buena tierra y que produce 30, 60 100 veces más. El apóstol Pablo habla que todos aquellos que son de la fe de Jesús son hijos de Abraham.

Por eso, muchos dicen que tienen fe en Jesús pero no saben a qué hay que utilizarlo, ni saben a dónde encaminar su vida ni cuál es el viaje que están realizando; y equivocadamente buscan alcanzar la salvación del alma con la fe, cuando en realidad deben buscar el ingreso de la tierra prometida. Porque la salvación ya está realizada y cumplida en Jesucristo. Por eso Jesús dice: Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (San Mateo 5:5)

SÓLO DOS

Es un hecho de la Biblia donde se llega a un punto en la vida del cristiano donde Dios hace un examen de su fe: para ver si entrará y conquistará la tierra prometida con la fe en Jehová Dios o como estos israelitas que se lamentan y vivirán vagando para morir finalmente en el desierto. Tanto es la incredulidad que dicen que la tierra y las promesas de Dios son malas, y deciden volver a Egipto eligiendo a un capitán. Es como decir: ¡Cuánto lamento de ser cristiano y vivir sin libertad! ¡Los hombres del mundo viven mejores!

Pero dos hombres quienes creyeron en Jehová Dios para conquistar la tierra, vencer los gigantes, luchar contra ciudades fortificadas hasta el cielo, y contra un pueblo tan numeroso como la arena de la playa; Jehová los cuidó para que entren en la tierra prometida. ¡SÓLO DOS!

Todos saben que Caleb y Josué hicieron brillar frente a todo el pueblo incrédulo y rebelde con la fe que tenían en Jehová:

Caleb dijo: Subamos luego, y tomemos posesión de ella; porque más podremos nosotros que ellos. (13:30).

Josué dijo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena. Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis. (14:7-9)

Hoy muchos creyentes desean recibir la bendición de Dios pero no saben que deben ingresar en SU tierra prometida para que eso suceda, mas lo malo es que ni siquiera creen que existe “LA TIERRA PROMETIDA” y lo peor es que nadie les contó que existe; pues en “todos” cuando les hablo de esto hacen referencia al “Israel Geográfico e Histórico”. Y si las personas no creen que exista, menos podrán encontrarla y vivir buscándola. Y la sorpresa: sin que sepan deberán rendir el examen de ingreso como este pasaje, y de seguro reprobarán pues es necesario conocer a Dios y que tu fe crezca con sus palabras y poderes. Y todos los incrédulos vivirán en el desierto donde solamente la bendición de Dios consiste en darle “el pan de cada día”, hasta que pasen los años de la desobediencia y mueran, y una nueva generación entre en ella. Por esta causa muchos creyentes están convencidos que “ser cristiano es sinónimo de pobreza, de austeridad hasta la muerte y aspira solamente al consuelo de la vida eterna”.

Para que ustedes sepan de lo exigente que es este examen de la fe, verán que “SÓLO DOS” entre 600 mil hombres de guerra (mayores de 20 años) entraron en la tierra prometida, todo el resto con sus mujeres se aplazaron.

Si esto ya es una dificultad, y vieron cómo con tantos milagros realizados por Jehová y las personas no comprendieron ni lo vieron y menos su fe dio frutos que son necesarios para rendir el examen que finalmente “SÓLO DOS” fueron aprobados.

Y esto sucedió en un caso muy especial, cuando cercano a 2 millones de personas (padres más hijos), salen de una sola vez de Egipto. Es por eso que el relato de Éxodo, Levítico y Números o incluso todo el antiguo testamento transcurre como un conjunto.

Pero hoy es mucho más difícil ver todo esto, porque cada iglesia como un cuerpo tiene un camino y sus tiempos; y cada individuo tiene también su camino y tiempo en que serán probados por Dios en su fe para saber si entrarán o no en la tierra prometida, si recibirá y comprobará la Biblia desde la tierra prometida. Porque solamente en esta tierra prometida es donde toda la Biblia tiene pleno cumplimiento acerca de las bendiciones; en cambio, mientras estén en el desierto antes o después de la prueba que tuvieron como en el relato de hoy de la Biblia, siempre Dios obrará en forma parcial y en especial en todo lo relacionado a las bendiciones.

Sé que muchos dirán que Dios es muy riguroso, o existirán otros quienes no me creerán en estas palabras. Justamente por eso, solamente dos personas de los 600 mil ingresaron en la tierra prometida. ¡Y aún hoy sucede esto! Si ustedes siguen leyendo la Biblia, verán que Jehová perdonó la vida pero no perdonó el hecho de la rebeldía, todos los rebeldes e incrédulos no tuvieron otra oportunidad de ingresar a la tierra prometida. Sólo a dos Jehová los preservó para ver el fruto de su fe.

Ahora veamos por qué estas dos personas pudieron y el resto, no.

ACOMPAÑADO DE FE

El apóstol Pablo da la explicación respecto a esto: porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar; y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios, por lo cual quedaron postrados en el desierto.

Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron. Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar. Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil. Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor.

Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. (1 Corintios 10:1-12)

El siguiente pasaje que les citaré y que después les explicaré es el de Hebreos 4:1-2 Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

Les voy a resumir estos dos pasajes para que entiendan:

Todos pasaron, vivieron y comprobaron igualmente la salvación y los milagros que se hicieron, todos bebieron de la misma roca espiritual y comieron del mismo pan espiritual. Y dice la Biblia que ese pan y esa agua de la roca es Jesús.

Pero dice que hemos de temer, porque cuando fueron incrédulos a las palabras de la promesa, cuando se quedaron en sus pecados, cuando fornicaron, cuando tentaron a Dios, cuando murmuraron contra Dios; perecieron en el desierto sin poder entrar en el reposo.

Que no les bastó el oír la Palabra de Dios, porque no fue acompañada de fe en los que la oyeron.

Las palabras de Dios, las diferentes situaciones que Dios nos hace vivir hoy, sus milagros, la obra que nos muestra no son para superar un momento difícil y olvidarnos; sino que en medio de este mundo podamos “ver y creer en el Dios Verdadero e Invisible”.

¿Cómo sabemos nosotros que si hoy a la tarde Jehová nos dijera: “entra y conquista la tierra prometida”, nosotros seríamos como Caleb y Josué? Y como les dije, hoy es más difícil, porque Dios lo hace a nivel de iglesia, lo hace a nivel individual. ¿No dice así la Biblia? Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. (1 Corintios 2:14-16)

Por eso les puse el ejemplo del corredor que igualmente sucede en el mundo de Dios: todos dicen que tienen fe, pero ¿cuántos correrán y saben que llegarán a la meta cumpliendo las reglas de Jehová Dios?

Se comprueba con algo muy fácil y sencillo, Jesús dijo: Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. (san Juan 15:10)

Todos vivimos en una sociedad con los hombres del mundo y sus reglas; en medio de las muchas riquezas, glorias y tentaciones del mundo, si tú puedes conservarte guardando cada mandamiento que Jehová Dios te enseña y pide que guardes; entonces ciertamente podrás vencer cualquier prueba, cualquier gigante, cualquier ciudad amurallada, cualquier dificultad porque confiarán en Dios.

Para eso sirven los mandamientos, para que según los mandamientos que Dios nos da, podamos crecer. Y justamente el guardar los mandamientos de Dios hace que a las palabras oídas le acompañe la fe. La Biblia para muchos hombres del mundo es una aberración de reglas, de fanatismo, y hasta dónde un hombre se pierde en sus creencias. Mas he aquí la dificultad, donde otros ven letritas negras, tú consigues VER a Dios; escuchas su voz y le obedeces. ¡Sí, obedeces a leyes que para los otros es locura! Pero tú por la fe en Jesús dices de las Palabras de Dios: justas son todas las razones de mi boca, no hay en ellas cosa perversa ni torcida. Todas ellas son rectas al que entiende, y razonables a los que han hallado sabiduría (Proverbios 8:8-9)

Tienen que saber que cada mandamiento tiene su importancia y para guardar cada mandamiento se requiere de una serie de acciones, actitudes, conocimientos, convencimientos, cambios en la persona y realiza una obra específica de crecimiento y santificación en tu vida. Para el cumplimiento de cada mandamiento se requiere de una cuota definida de fe y el Señor te exigirá hasta que cumplas fielmente. Al principio tu no lo haces, luego lo haces forzado, luego te resulta normal para finalmente amar la ley de Dios y siempre lo escoges delante del mundo. Esta es la obra completa que debe producirse en ti. Entonces verás a Dios.

También cada mandamiento que Dios te da para que guardas, ciertamente no será en el mismo orden para todos, pero sí todos los mandamientos llegarán en algún momento a todos. Pero si por algún motivo, ustedes piensan y deciden no guardar, verán que no crecen y se estancan allí donde no pudieron. Pueden seguir escuchando pero ya no les acompañará la fe. Y Dios que es sabio, cuando te da algún mandamiento es por algún motivo inmediato y futuro.

Y cuando se trata de guardar los mandamientos de Dios, eso implica tomar una carga de Cristo, llevar una cruz por Cristo, significa morir por Cristo, es recibir sus padecimientos. Como les dije el miércoles, cuanto más ustedes viven y muestran a Cristo, sus vidas que están escondidos con Cristo en Dios se manifestará.

Por eso, cada mandamiento que Dios te da hoy y que el Espíritu Santo te habla para que guardes tiene su importancia y tiene su obra específica en tu vida. Así aprendes a ver a Dios porque te santificas, y para que finalmente entres en tu tierra prometida y seas bendición.

No existe algo más equitativo y uniforme para todos los creyentes que los Mandamientos de Jehová Dios. Son las mismas condiciones y es el mismo examinador: el Espíritu Santo de Dios quien aprueba o desaprueba.

Recalco: ¡No estoy diciendo que por cumplir los mandamientos ganarás la salvación! Sino digo: al guardar los mandamientos de Dios te perfeccionas en la fe, en tu santidad, llegas a intimarte con el Padre celestial y cuando llegue el momento: estarás preparado para entrar en la tierra prometida venciendo todas las adversidades, porque conoces a Dios y su Poder que obra en ti, y está a favor de ti.

DIEZ CONTRA DOS

Siempre el mundo estará lleno de gigantes y de ciudades fortificadas, lo importante es cuánto nuestros ojos pueden ver a Dios y su poder para afrontar cada dificultad y dominar cualquier enemigo u obstáculo.

Para los diez jefes de familias, vieron la tierra que daba abundantes frutos pero no tenían fe en Dios para conquistar.

Esta es la responsabilidad del jefe, pero no menos importante es la actitud del pueblo. Porque todo ese pueblo que comenzó a lamentar, que lloró toda la noche; quienes creyeron en las palabras de hombres incrédulos y no se preocuparon en hacer acompañar con fe a las palabras oídas, todos fueron hallados culpables y rebeldes. Cada uno fue juzgado por su actitud y palabras. Y lo más importante es que todas las personas quienes acompañaron en esta incredulidad de los diez espías, fueron declarados rebeldes, juzgados para no entrar nunca en la tierra prometida.

Ven que Dios no espera para siempre, y existen órdenes que no se repiten, ni hay lugar para el arrepentimiento, pues cuando se llega a un nivel de decisión, o se halla la gracia o se desoye y es desechado. Lo mismo sucedió con aquellos que ganaron más talentos encomendados, o aquellos que no tenían el aceite para sus lámparas.

¿Cómo son los gigantes y las ciudades fortificadas de hoy?

Cuando las personas simplemente dicen que es imposible vivir sin la ley de los hombres de hoy, y la única diferenciación es su vida en la iglesia.

Cuando se utilizan los métodos inventados por los hombres para predicar y evangelizar, pues así los hombres escuchan mejor y se concentran.

Cuando se evita en lo posible llevar la cruz de Cristo, y se busca y se utiliza métodos pasivos, que no chocan directamente.

Cuando se desplaza la enseñanza de la Palabra de Dios, cuando se desplaza la evangelización por otros medios, porque se quiere ser más efectivo y masivo.

En lugar de fortalecer a la Palabra de Dios y sus enseñanzas, se dedican más tiempo a otras formas alternativas como música, teatro, testimonios, grandes conciertos u otro tipo de anzuelo.

CONCLUSIÓN

Dos cosas quiero recalcar:

Muchos creyentes hoy viven sin siquiera saber que existe una tierra prometida, en donde les serán quitados todos los oprobios de Egipto, que termine la etapa del “pan de cada día” y reciban las abundancias de la tierra que fluye leche y miel.

Otros no conocen los tiempos que están viviendo, simplemente aceptan su realidad y todo lo aceptan. Pero no sabe que están caminando hacia un lugar que Dios les quiere introducir aquí en la tierra y luego en la tierra prometida. Por eso, se pierden el tiempo en otros aspectos sin ver los tiempos y la etapa que viven.

Que solamente cuando el creyente entra en la tierra prometida encontrará el reposo, verá las grandes promesas de Dios y vivirá bendecido.

Y todos tienen el antiguo testamento para comprobar y creerlo. Recuerda que SÓLO DOS entraron de los adultos que salieron de Egipto. Y todos nosotros hemos de estar preparados para ese día y hora.

Que Dios les bendiga.

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: 08 de febrero de 2010