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Palabras de Vida

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          Palabras de Vida 411

 

Sermón en el día de Jesús 10 de enero de 2010.

Título: YO SOY LA RESURRECCIÓN

Biblia: San Juan 11:17-45

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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17.           Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro.

18.           Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios;

19.           Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano.

20.           Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa.

21.           Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

22.           Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará.

23.           Jesús le dijo: Tu hermano resucitará.

24.           Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.

25.           Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

26.           Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

27.           Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

28.           Habiendo dicho esto, fue y llamó a María su hermana, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama.

29.           Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.

30.           Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado.

31.           Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí.

32.           María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano.

33.           Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió,

34.           Y dijo: ¿Dónde le pusiste? Le dijeron: Señor, ven y ve.

35.           Jesús lloró.

36.           Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba.

37.           Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera?

38.           Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima.

39.           Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.

40.           Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?

41.           Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído.

42.           Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado.

43.           Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera!

44.           Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir.

45.           Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y viendo lo que hizo Jesús, creyeron en él.

INTRODUCCIÓN:

Hoy vamos a escuchar una verdad muy sencilla, que para las personas quienes tienen oídos para oír la Palabra de Dios le será muy aclarador y simplificará nuestra forma de creer en Jesús. Pero para aquellas personas que no tienen oídos para oír y les resultará muy difícil, contradictorio porque todo basamento de su religión estará vacío.

Muchas religiones, creencias, prácticas están basados en la “fe” en algún principio o en una persona. Y eso da lugar a muchas interpretaciones y concepciones según las personas que siguen esas creencias, según las culturas y a medida que transcurre el tiempo “evoluciona” en sus principios por medio de la adaptación.

Y toda religión, creencia y conjunto de prácticas de los diferentes grupos de hombres del mundo encuentran un gran escollo en su camino que es insuperable, infranqueable a pesar de  las muchas ideas o doctrinas: “y es la muerte”.

En las actuales condiciones: “nadie quiere morir”, es cierto que la religión ayuda a muchas personas por medio de la fe y la esperanza; las personas sobrellevan mejor mas la duda, la decepción, el cuestionamiento que hace a dios del “¿por qué?” no tienen respuestas fáciles ni suficientes.

Como siempre digo, con la muerte se ve la verdadera fe y la verdad de las cosas que creen.

LA FE DE LOS CRISTIANOS

Y los cristianos no son diferentes, pues en todos los velorios se repiten: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” ¿Cuántos no querrían ver a sus seres queridos resucitados como Lázaro? Otro que cuestiona más podría pensar: ¿Por qué Dios no me responde como lo hizo con Lázaro? Por eso, muchos cristianos luego de una pérdida de un familiar, siempre tiene cierta “duda y aprehensión” respecto a Jesús y su fe en el Señor.

En el pasaje de hoy vemos 3 tipos de personas quienes encaran la muerte de Lázaro.

Todas estas actitudes de los hombres surgen porque tienen un conocimiento específico acerca de la muerte, pero principalmente a cómo conoce a Cristo. Y ustedes saben que el conocimiento de los hombres acerca de la muerte siempre tiene una limitación, porque el vivo no puede comprobar lo que sucede después al muerto.

·        LA FE Y ACTITUD DE LOS CREYENTES:

Veamos el versículo 3: Enviaron, pues, las hermanas para decir a Jesús: Señor, he aquí el que amas está enfermo.

Todos los hombres que hoy creen en Jesús obran de esta manera, cuando una persona está enferma y cuando ve signos de que está mal y muy mal, las personas comienzan a buscar a Dios, orando, ayunando, haciendo vigilia, pidiendo a otros para que ellos también oren e intercedan para evitar la muerte. Pues esperan que Dios sane al enfermo.

Este es el tiempo donde la fe de los hombres en Dios toma diversos colores: de fe y confianza; de fe y de esperanza; de fe y de ansiedad; de fe y desesperación; de fe y resignación; de fe y de consolación; de fe y renuncia. También aquellos que se decepcionan porque él oró pero Dios no le respondió favorablemente.

Mas finalmente todos quedan con un dolor de la partida, que es acrecentado en más o en menos dependiendo de las personas quienes vienen a consolarles.

Pero veamos cuál es la actitud de Jesús respecto al caso de Lázaro y otros como él; el Señor dice: oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y se quedó en el lugar dos días más.

Para el Señor Jesús, son dos días, pero para Marta y María son días muy angustiosos, de mucha confusión, porque su fe no es respondido por Dios como su deseo.

·        LA FE Y LA ACTITUD DE MARTA:

Entre las personas quienes tienen un poco más de fe, se puede encontrar estas actitudes de Marta:

a)     Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Aquí muestra la fe de que Jesús podría haber sanado a Lázaro. Pero también es un poco de reproche porque Dios no escuchó su pedido a tiempo.

b)    Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Es la fe de un creyente quien hasta el fin tiene una pequeña fe de que puede suceder algo, pues tiene en cuenta la cantidad de milagros y prodigios que Jesús ya hizo, escuchó también que Jesús había sanado y levantado muertos.

c)     Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Este es la fe en la esperanza, si finalmente no sucede nada, si Lázaro queda en el lugar donde sigue, bueno Dios le resucitará en el día postrero. Esta es la consolación con que todo creyente hoy reciben a sus muertos.

·        LA FE Y LA ACTITUD DE MARÍA:

En el versículo 20 vemos que tanto Marta como María fueron avisadas de que Jesús está viniendo. Marta salió al encuentro del Señor, pero María se quedó en casa. Esta es la otra cariz de la fe que muestran los creyentes.

a)     Pero María se quedó en casa. Habla de la decepción y cuán desconsolada está porque Dios no la respondió a tiempo. Y eso vemos en la siguientes palabras, porque nuevamente Marta se fue para hablar con María: El Maestro está aquí y te llama. Ella, cuando lo oyó, se levantó de prisa y vino a él.

b)    Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Esta es la confusión que comúnmente tienen todo cristiano, por un lado una decepción o enfado contra Dios porque murió un ser querido y el Señor no le sanó, pero también no puede enojarse definitivamente porque algo en su corazón le detiene.

En definitiva, los cristianos afrontan mejor la muerte, porque tiene fe en la resurrección, pero siempre piensa que la resurrección será en el día postrero. Mientras tanto, se requiere de mucha fe para sostenerse. No faltan aquellos que han dejado la vida espiritual, han dejado de asistir a la iglesia por la decepción; pues no sabe para cuándo funcionará su fe y las cosas que le enseñaron de la Palabra de Dios.

ACTITUDES QUE CONTRADICEN A JESÚS

Volvamos al versículo 4: oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

A primera vista, estas palabras de Jesús acerca de la gloria que recibirá por ella, a ¿qué se refiere? ¿Por la resurrección de Lázaro u otra cosa?

Si Jesús dice: esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios. Y si Jesús resucitó a Lázaro y con eso es glorificado. ¿Qué sucede con todos los otros creyentes que hoy mueren y no son resucitados? ¿Dónde está la gloria del hijo de Dios? ¿Qué sucede con la oración de todos los creyentes que a manera de Marta y María claman a Jesús por sanidad y vida por su ser querido pero que finalmente muere? ¿Nunca podemos glorifica a Jesús hoy porque no vemos revividos como Lázaro hoy en día?

Evidentemente que “la gloria a Dios” que habla Jesús no se refiere específicamente a Lázaro, sino a todos los hijos de Dios en general que a manera de Lázaro son resucitados en “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”.

Si la gloria que recibe Jesucristo por este suceso es simplemente por la resurrección de Lázaro, significa que muchas glorias deja de recibir hoy. ¿Pero de qué gloria habló Jesús entonces? ¿Cuál sería la gloria que Jesús quiso mostrar primero para Marta y María y luego para todos nosotros respecto a la resurrección?

Claro que revivir a Lázaro de una muerte de cuatro días es algo increíble, es para que nosotros tengamos fe.

Mas la verdadera gloria, y por eso digo que muchas veces la fe hace que el hombre tome actitudes y caminos diferentes, tenga y haga concepciones de religiones es la falta de la verdad y conocimiento.

¿Qué es lo más importante que dijo Jesús?

No es precisamente: ¡Lázaro, ven fuera! Si esa solamente fuera la gracia que nos quería mostrar, hoy ningún creyente debería morir, todos deberían ser levantados de sus sepulcros una y otra vez, siempre que exista el pedido de los familiares que tienen fe. O porque lloran desconsoladamente.

Incluso he escuchado explicaciones de por qué no existen nuevos Lázaro en estos días: “porque Jesús ya no está entre nosotros” para que pueda hablar con poder: “¡Fulano, ven fuera!”. Pero todos sabemos que luego de un tiempo, Lázaro también volvió a morir. Por esto sabemos que no fue lo que verdaderamente Jesús quiso enseñarnos de su gloria.

LA GLORIA DE JESÚS

Cuando Jesús dijo: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA; EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE ESTÉ MUERTO, VIVIRÁ. Y TODO AQUEL QUE VIVE Y CREE EN MÍ, NO MORIRÁ ETERNAMENTE. No está diciendo que “nosotros debemos tener fe en la resurrección”, sino está diciendo que “ÉL MISMO”, “SU PERSONA EN SÍ ES LA RESURRECCIÓN.”

Y todas las personas quienes fueron predestinados desde antes de la fundación del mundo son hechos partícipes como un miembro de su cuerpo en la muerte y porque él es la primicia de la resurrección, con él también hemos resucitado.

Muchos cristianos creen como lo cree Marta: Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Pero Jesús está diciendo: YO SOY LA RESURRECCIÓN, MI PERSONA EN SÍ ES LA RESURRECCIÓN, Y TODOS LO QUE FUERON ELEGIDOS POR EL PADRE SON PARTE DE LA RESURRECCIÓN, no de una resurrección posterior. Y justamente para mostrar que en Jesús estaba la resurrección, lo demostró por medio de Lázaro. Y de todos los muertos en Cristo como Lázaro.

Es decir, que todos los elegidos de Dios, aun nosotros que en ese tiempo no habíamos nacidos aún, pero elegidos según la presciencia de Dios también fuimos partícipes de la resurrección de Jesucristo y hoy somos “resucitados” y “sentados juntamente con Cristo Jesús a la diestra del Padre Celestial”. Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. (Efesios 2:4-7)

De esta forma, porque Jesús mismo, su persona es LA RESURRECCIÓN, y nosotros también porque ya fuimos participantes en su muerte y su resurrección, también somos parte de SU RESURRECCIÓN, y participamos hoy de su gloria.

Porque la Biblia dice: Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir, pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. (Colosenses 2:16-3:4).

HOY PARTICIPAMOS DE SU GLORIA

Si se cree como Marta lo hace: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el hijo de Dios, que has venido al mundo. Y piensa que la resurrección ocurrirá solamente en el día postrero, significa que hasta ahora nada sucedió, no estamos unidos a Cristo, ni él es nuestra cabeza, ni participamos de su resurrección, y no único que tenemos es la fe y la promesa de algo que sucederá posteriormente. Pero si nuestra fe se basa en esto: la fe, si nuestra resurrección se basa solamente en la fe; como hacen muchas religiones lo hacen, siempre buscarán ayudas foráneas, a más de Jesús para que su salvación esté más asegurada.

En cambio, las palabras de hoy dicen: YO SOY LA RESURRECCIÓN. Y NO LA FE EN JESÚS. ES DECIR, QUE JESÚS MISMO, SU PERSONA ES LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA.

No es la fe en Jesús la que da resurrección sino que su persona y al hacernos participar de su persona como miembros de su cuerpo, también fuimos parte de su resurrección.

PORQUE AL HACERNOS PARTE DE SU CUERPO, Y SABEMOS QUE JESÚS MURIÓ LLEVANDO NO SOLAMENTE NUESTROS PECADOS SINO A NOSOTROS QUE MORIMOS JUNTAMENTE CON ÉL Y CON NUESTROS PECADOS, ESTAMOS UNIDOS A JESÚS QUIEN RESUCITÓ.

Así como nosotros, sin haber nacido fuimos participantes en su cuerpo de su muerte y resurrección, también los antiguos nunca vieron a Jesús, incluso Elías y Moisés se reunieron con el Señor Jesús en el monte de la transfiguración; pero todo eso se hizo posible porque CIERTAMENTE Jesús moriría y resucitaría con seguridad, que no fallaría. Por eso, Dios puede perdonar o hacernos participar de su resurrección por anticipado.

Y esta es nuestra participación en su gloria, que aun cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados ya fuimos justificados y glorificados. Por eso, nuestra salvación ocurre por la gracia, o mejor, sucedió por su sola voluntad y gracia.

Todos nosotros quienes fuimos parte de su resurrección, el Espíritu Santo quien mora en nosotros para darnos testimonio y consolación, nos da la fe como don para creer esto. Para que todo aquel que vive y cree en que es parte “ya” de la resurrección: NO MORIRÁ ETERNAMENTE.

Y cuando crees en Jesús, y hoy vives como parte de esta verdad, “YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA”, y así eres arrojado para vivir en sus Palabras en todos los órdenes; si cada día puedes llevar la cruz de Cristo y vivir para el Señor, podrás ver y sentir esta gloria de la que eres participante. La Biblia dice: Y si morimos con Cristo, creemos que también viviremos con él; sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él. Porque en cuanto murió, al pecado murió una vez por todas, mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:8-14)

Cuando el creyente llega a conocer que está unido a Cristo y ha participado de la resurrección de Jesús, quita de sí una duda e incertidumbre que tienen todas las personas acerca de la muerte. No tienes que vivir atemorizado, y menos tener dudas acerca de la salvación de tu alma; pues una vez unido y resucitado con Cristo en Dios, es imposible retroceder ni ser separado.

Por eso dice en Romanos 8:34-39 ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

CONCLUSIÓN

Dios ha hecho las cosas mucho más profundas, firmes de las que nosotros podemos imaginar, y porque sabe que somos hombres débiles que nos resulta difícil aun hoy vencer nuestras concupiscencias y los amores con el mundo; el Señor ha dispuesto una salvación y resurrección no basado en nuestra fe, sino en nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo Jesús.

Este es el completo entendimiento cuando Jesús dice: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos. (San Juan 10.27-30)

O la palabra antigua de la que nos consolaba: Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros. Tus edificadores vendrán deprisa, tus destruidores y tus asoladores saldrán de ti. Alza tus ojos alrededor, y mira: todo éstos se han reunido, han venido a ti. Vivo yo, dice Jehová, que de todos, como de vestidura de honra, serás vestida; y de ellos serás ceñida como novia. (Isaías 49:14-18)

Por eso, cuando Jesús dijo: YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA, lo dijo no solamente a Lázaro, sino a todos nosotros que estamos unidos a él según su pura voluntad: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. (Efesios 4:3-10)

Y seguro que Dios nos irá acrecentando nuestro conocimiento y consecuentemente nuestra fe en esta gracia. Seamos confidentes de las puertas que nos abrirá el Señor Jesús por medio del Espíritu Santo.

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

 

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: 10 de febrero de 2010