Es un Ministerio más de la Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Palabras de Vida

www.evangelio 1 2 3 .org

Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

          Palabras de Vida 409

 

Sermón en el día de Jesús 27 de diciembre de 2009.

Título: VIVA EN ESPERANZA

Biblia: San Juan 14:1-30

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

www.evangelio123.org

1.     No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

2.     En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.

3.     Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

4.     Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino.

5.     Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?

6.     Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

7.     Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

8.     Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.

9.     Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?

10.                       ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

11.                       Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.

12.                        De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

13.                       Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.

14.                       Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

15.                       Si me amáis, guardad mis mandamientos.

16.                       Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

17.                       El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

18.                       No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros.

19.                       Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis.

20.                       En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

21.                       El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

22.                       Le dijo Judas (no el Iscariote): Señor, ¿cómo es que te manifestarás a nosotros, y no al mundo?

23.                       Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.

24.                       El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió.

25.                       Os he dicho estas cosas estando con vosotros.

26.                       Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.

27.                       La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

28.                       Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais , os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.

29.                       Y ahora os lo he dicho antes que suceda, para que cuando suceda, creáis.

30.                       No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.

INTRODUCCIÓN

Sé que para algunas personas, todas las cosas que vengo diciendo estos últimos días les resultan un poco confusas, complicadas y nuevas. Es porque estamos avanzando, creciendo en nuestros conocimientos respecto a toda la Palabra de Dios. Pues no nos detenemos simplemente en las palabras y hechos clásicos, y ya conocidos, sino que siempre el Señor porque se agrada de nosotros, nos revela nuevos conocimientos y sobretodo complementos para asentar toda nuestra fe. Ampliando así la base de nuestro conocimiento para edificar más alto.

Durante mucho tiempo hemos leído pasajes como estos:

·        Porque los que en nosotros son más decorosos, no tienen necesidad; pero Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba, para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros. De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan. Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular. (1 Corintios 12:24-27)

·        En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. (Efesios 4:22-25)

·        Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. (Romanos 12:3-5)

Estas son palabras que ustedes han estado leyendo, y están habituados a escuchar, y así hemos entendido que somos miembros unos de los otros, lo hemos utilizado para decir que somos hermanos en Cristo Jesús en la iglesia.

Lo que les quiero enseñar hoy no es algo fuera de lugar, sino algo que complementa todo nuestro conocimiento y amplía la visión, por eso hay que entender las cosas en su dimensión más global.

MENOS COMPROMISO Y MÁS GOZO

Saben ustedes que este es el slogan que más abanderan los creyentes de hoy: “más gozo y menos compromiso”, solamente que les he cambiado el orden para que se enfatice “menos compromiso”. Entiéndase bien acerca del término compromiso, pues todos dicen que están 100% comprometidos con Jesucristo y por eso tienen gozo; pero yo me refiero a otros compromisos como “vivir estrictamente según las Palabras de la Biblia”, “vivir guardando los mandamientos”, “el discipulado”, “la evangelización y otros ministerios”, hablo de asumir y llevar la cruz… pues estos son los compromisos que no desean, pero de boca floja y para las fiestas y conciertos cristianos siempre están 100% comprometidos.

Y justamente esta es la razón por la cual muchísimas personas alguna vez leyeron o escucharon Palabras de Vida de nuestra iglesia, pero decidieron no venir o asistir; porque la disciplina es grande, porque el pastor David es muy estricto. Y porque en otros lugares igual puede encontrar “el gozo en Jesús sin mucho compromiso”.

Es por esa razón que siempre hemos de ser pacientes, porque el tiempo y los frutos darán la razón de cuál es el principio verdadero: “menos compromiso y más gozo” o “a mayor discipulado mayor el gozo”.

Seguro que a muchos les asustó cuando en el sermón del domingo pasado sobre ¡AUMÉNTANOS LA FE! Les dije que era necesario llevar a los creyentes “a experimentar la muerte controlada”, que así han de llevar los padres a sus hijos y el pastor de la iglesia a sus ovejas para que conozcan y experimenten a Jehová Dios y crezcan en la fe.

En el sermón del miércoles les hablé de “Cristo, el Señor”: sobre qué significa “Cristo”, y cómo fuimos nosotros crucificados juntamente con él. Y ahora que vivimos como una nueva criatura, libres de la ley de los mandamientos que condenaba a una nueva ley en el Espíritu, por eso vivimos en esperanza de nuestra redención completa y vislumbrando nuestra morada eterna.

Nuestra fe trabaja así, siempre tenemos fe a la par que vemos y experimentamos. Pero cosas nuevas, cosas que ojos no vieron, por más que sean ciertas, las dudamos. Y hasta que la experimentemos o comprobemos la veracidad de alguna manera seremos incrédulos.

EXISTE UNA SOLA REALIDAD Y COMPROMISO

Los creyentes en el Señor Jesucristo, en promedio piensan que están salvados porque tienen “fe” en él. Y que la fe es la única forma y único requisito para que Dios perdone los pecados y alcanzar vida eterna. También están acostumbrados a ser enseñados de que “todos quienes desean pueden salvarse con tal de tomar una decisión personal y creer a Jesús con todo su corazón”. Pero también enseñan que si pierden la fe o si pecan y se pierden en el mundo, si no vuelven más pierden igualmente la salvación. Por eso, siempre es necesario la fe, siempre necesitan preocuparse por su fe; razón más que suficiente para nunca “dormirse”.

En cambio, yo les dije que “Cristo, el Señor” significa que él nos hizo miembros de su cuerpo y nos llevó “en su cuerpo como un miembro suyo a la hora de la muerte” para que juntamente con él fuéramos crucificados, sepultados, resucitados y ascendidos al cielo como dice en Efesios 2:4-7 Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Y uniendo con los versículos que les leí al comienzo, claramente nos dicen que somos miembros los unos de los otros de un mismo cuerpo: la de Cristo Jesús.

Y más allá de los significados que desean dar los creyentes de que somos uno en Cristo, que somos hermanos en Cristo para que haya comunión y amor en la iglesia; en realidad Dios nos hizo uno en Cristo “primeramente” para que podamos cumplir “nosotros” en el cuerpo de Jesús la ley que dice: “la paga del pecado es muerte” y que nos condenaba y nos sujetaba. Como dice en Romanos 7:4-6 Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

Toda persona quien no ha comprobado “el conocimiento y la experiencia” de esta verdad, siempre tiene un poco de duda, un poco de miedo, pues aún le parece que por la fe se salva en Jesús; y siendo que no tiene ni la fe del tamaño de una semilla de mostaza que es capaz de mover una montaña, tiene un temor silencioso de si llegará hasta el último día con suficiente fe…

Por eso Jesús les dijo a sus discípulos hoy: no se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí.

Hoy quiero centrar un poco más en el tema de cómo nosotros somos un cuerpo en Cristo. ¿Qué significa eso? ¿Qué implica eso? ¿Desde cuándo o en qué momento nosotros somos “parte y un cuerpo” en Cristo? Y también el tema de las inseguridades respecto a la salvación.

Cuando una persona simplemente se salvara con la fe, significa que está separado de Jesús (es decir, no está unido ni es parte de su cuerpo), así quieren vivir: es por eso que quieren más gozo y menos compromiso.

Mas si entendieran correctamente la doctrina de Cristo, sabrán que hay solamente un compromiso posible.

Los sucesos y las palabras de Jesús eran cada vez más graves, serias respecto al fin para los ojos de los discípulos. Y Jesús notando esto en sus discípulos les dijo: no se turbe vuestro corazón. Si hoy entienden ustedes este sermón y si leen el capítulo 15 entenderán más.

Cuando los discípulos expresaron miedo y temor, Jesús les aseguró y les mostró la verdad, el camino y la vida. Solamente que tuvieron pleno entendimiento luego de la ascensión de Jesús y cuando les vino el Consolador en el día de Pentecostés.

Sabéis a donde voy, y sabéis el camino. Si esto les dijera Jesús hoy, ¿cómo se sentirían? ¿Saben ustedes el camino? ¿Saben a dónde van? ¿Están confiados? ¿Con la fe que tienen hoy en Jesús saben el camino, la verdad y la vida?

“Nadie viene al Padre sino por mí.”

En estas palabras están depositadas otra verdad: que Jesús tiene que quitarnos el velo para que nuestro conocimiento acerca de la Verdad, del Camino y de la Vida tenga plenitud.

¿Cuándo nos hizo uno y parte de su cuerpo como un miembro en Cristo? Hoy el versículo 7 dice: Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.

La Biblia dice: Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (San Mateo 11:27)

A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. (San Juan 1:18)

Dice Jesús que nadie vio a Dios, el Hijo del Hombre que vino “Él” ha visto al Padre, y la palabra nos dice hoy: que “desde ahora le conocéis, y le habéis visto”, no antes mas a partir de ese preciso momento. Y cuando Felipe le pide que le muestre al Padre, Jesús le contesta: El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Y luego dice: ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí?

¿Cómo a los discípulos dice “desde ahora” le conocéis, y le habéis visto”? Pues este es el “punto y momento” en que a todos los elegidos desde antes de la fundación del mundo nos hace uno en Jesús. Por eso, el único que puede ver a Dios es “Jesús” porque vino del cielo, y si nosotros también somos parte de su cuerpo, también vemos al Padre; porque Jesús dice: Yo y el Padre uno somos (San Juan 10:30)

Por eso, Jesús dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Es decir, solamente si estamos unidos a él, en su propio cuerpo, como un miembro suyo, estamos ciertos de que estamos en el camino, en la verdad y en la vida. También jamás podemos fallar, porque ningún miembro de Cristo se puede desmembrar o cercenarse.

Y este concepto se puede entender con el concepto que nos enseña acerca del matrimonio: Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por eso el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. (San Mateo 19:4-6)

Y: Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. (Romanos 7:2).

(A modo de comentario, este es el motivo de por qué no podemos aceptar ni practicamos el divorcio, porque el cuerpo de Cristo no puede separarse y nosotros que estamos unidos a él como miembros no puede desmembrarse).

Y porque Jesús no muere nunca más, porque ha resucitado, y porque es Dios y porque está sentado en los lugares celestiales, porque está sentado a la diestra del Padre. Y también porque dice la Biblia en 1 Corintios 15:51-57 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.

Por eso, Dios utiliza el concepto de “Cristo y nuestra unión con él” como método de salvación. Y aquí nos dice que “desde ahora le conocéis y le habéis visto”, porque fuimos hechos miembros de su cuerpo. Y lo que Dios unió, no puede separarnos nadie. Como dice en Romanos: ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. (Romanos 8: 35-39)

Y porque estamos unidos de esta manera a Cristo, no hay forma de querer “menos compromiso”, no hay forma de querer el “gozo”, de bendición, porque no podemos separarnos del cuerpo de Cristo. Y todo lo que Cristo hace, lo hacemos también, todo lo que sufre Cristo, lo sufrimos también, todo lo que aguarda Cristo, lo aguardamos también. Porque somos parte de su cuerpo. Es por eso que el discipulado en Jesucristo siempre nos lleva a vivir y experimentar “como Cristo fue y es.”

Así que es imposible que exista “menos compromiso y más gozo”. Porque existe uno solo: el compromiso de Cristo con nosotros y el mundo.

LAS MISMA OBRAS HAREMOS

¿Cómo sabemos que nosotros estamos unidos en Cristo Jesús? ¿Cómo sabemos que estamos viendo al Padre?

Fíjense en los versículos 11-14:

·        Creedme por las mismas obras.

·        Las obras que yo hago, él las hará también y mayores.

·        Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré.

·        Si pidiereis en mi nombre, yo lo haré.

Ahora bien, hoy oramos y parece que no conseguimos nada. Por esto, Jesús nos decía: buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás os será añadida.

Entonces, ¿Cuándo funcionan todas nuestras oraciones? Cuando nosotros vivimos, pensamos, y obramos como Cristo. Por eso nos dice en el versículo 10: ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

O sea, siempre que nuestras obras sean las obras que hemos visto del Padre, y las obras que hemos visto al Padre, y si hacemos las obras como las que hizo Jesucristo, esas obras también haremos y mayores.

Mas hoy mismo muchos no lo siente, ni tienen la seguridad para intentar hacerlas. ¿Por qué? Es porque Jesús puso una condición para que el Espíritu Santo quien se manifiesta especialmente para que nosotros también podamos hacer toda la obra que él hizo se presente en nosotros, y es justamente el versículo 15: si me amáis, guardad mis mandamientos.

Existen muchas personas quienes dicen que los mandamientos de Dios ya no deben ser observados ni guardados, bueno… para esas personas, Dios no tiene forma de comprobar que esté plenamente comprometido con Jehová y su vida no tiene nada definido, no vive en nada, es insípido, ni convencido. Pues la obediencia de los mandamientos de Dios hoy en el mundo es justamente eso: mostrar que cree y está convencido de la existencia y presencia de Jehová.

Entonces, cuando se guarda los mandamientos, ENTONCES JESÚS DICE: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. (v. 16)

Saben ustedes que los discípulos ya creían en Jesús, el Espíritu Santo ya moraba en ellos y tenían el don de la fe para creer que Jesús es el Cristo. Ahora, ¿por qué es necesario el Consolador? Pues justamente el Consolador viene como una “nueva” infusión más poderosa del Espíritu Santo y que ahora hace las mismas obras que Jesús hacía.

LA OBRA DEL CONSOLADOR

Y ahora, para nosotros que vivimos tenemos delante nuestro esta realidad: Jesús está en los cielos, ¿cómo pues vemos a Jesús hoy? ¿Cómo podemos ver al Padre hoy? ¿Cómo sabemos las obras de Jesús para aprenderlas?

Por eso Jesús nos prometió diciendo: que rogará para que nos envíe otro consolador, el Espíritu de Verdad que mora en nosotros, y estará en nosotros. Los discípulos pudieron aprender viendo a Jesús en persona, pero nosotros no tenemos esa ventaja; por eso, necesitamos sí o sí recibir al Consolador, es el mismo Espíritu Santo que ya mora en nosotros, pero se manifiesta cuando nosotros amamos a Jesús y guardamos sus mandamientos, y además le pedimos para que venga en nosotros a manifestarse. Por eso dice en el versículo 21: el que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.

Es una puerta abierta a todos los creyentes sin excepción, simplemente que hay que amar a Jesús guardando los mandamientos que aparecen escritos en la Biblia, para que estas palabras de los versículos 19-20 se produzca: el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis. En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.

El que guarda los mandamientos,

·        verá a Dios,

·        Dios se manifestará en él,

·        se hará morada en ti.

·        Te enseñará todas las cosas y las recordarás.

ENTONCES TENDRÁS PAZ, LA PAZ DE Cristo Jesús. NO COMO LA PAZ DEL MUNDO, SINO LA PAZ EN Cristo.

CONCLUSIÓN:

Hoy muchos creyentes sienten el vacío, no se gozan, ni tienen fuerzas, ni saben qué deben hacer; y lo peor “no saben el camino para lograrlo”. Pero todo esto sucede porque lo están haciendo a “medias”, se quieren gozar pero no guardar los mandamientos de Dios.

Al limitar o extirpar una parte importantísima de la Palabra de Dios, no hay forma de conseguir que toda la Biblia sea comprobable, por eso no se manifiesta el Señor Jesús.

Yo sé que en nuestra iglesia hacemos las cosas en forma muy estricta según las Escrituras, pero justamente eso nos ha pedido el Señor Jesús para que él sea glorificado y se glorifica porque se manifiesta en nosotros.

Antes nosotros guardábamos tímidamente, pero ya con la mayor manifestación de Dios y sabiendo de dónde y cómo se produjo, nos hemos adentrado en ese camino más y más.

Ciertamente al comienzo guardarlos mandamientos no es nada fácil, ni agradable porque hemos de ir  en contra de muchas reglas establecidas del mundo y de las iglesias, mas las promesas y las esperanzas nunca acabaron. Es más, hoy se manifiesta más que nunca y sabemos que cuanto más y mejor vivamos según los mandamientos de Dios, el Espíritu Santo se mostrará con más fuerza en nosotros. Y por medio nuestro al mundo.

Por eso vivimos en esperanza, pues sabemos qué tenemos y cómo se hacen las cosas. No se desesperen. Vivan en esperanza.

Que Dios les bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

 

Informes sobre esta página:
Copyright © 2003-2010 Palabras de Vida, www.evangelio123.org
Fecha de creación
: 10 de febrero de 2010