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Sermón en el
día de Jesús 15 de noviembre de 2009.
Título: LOS OJOS DE LA FE
Biblia: San Lucas 7:1-35
Predicador: Pastor Dong Han David Lee
Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada
Teniente Primero Leónidas Escobar 3913,
Asunción, Paraguay
1.
Después que hubo terminado
todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.
2.
Y el siervo de un centurión,
a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.
3.
Cuando el centurión oyó
hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y
sanase a su siervo.
4.
Y ellos vinieron a Jesús y le
rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;
5.
Porque ama a nuestra nación,
y nos edificó una sinagoga.
6.
Y Jesús fue con ellos. Pero
cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos,
diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi
techo;
7.
Por lo que ni aun me tuve por
digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.
8.
Porque también yo soy hombre
puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y
va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
9.
Al oír esto, Jesús se
maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni
aun en Israel he hallado tanta fe.
10.
Y al regresar a casa los que
habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
11.
Aconteció después, que él iba
a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una
gran multitud.
12.
Cuando llegó cerca de la
puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único
de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.
13.
Y cuando el Señor la vio, se
compadeció de ella, y le dijo: No llores.
14.
Y acercándose, tocó el
féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo,
levántate.
15.
Entonces se incorporó el que
había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.
16.
Y todos tuvieron miedo, y
glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros;
y: Dios ha visitado a su pueblo.
17.
Y se extendió la fama de él
por toda Judea, y por toda la región de alrededor.
18.
Los discípulos de Juan le
dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,
19.
Y los envió a Jesús, para
preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?
20.
Cuando, pues, los hombres
vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte:
¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?
21.
En esa misma hora sanó a
muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les
dio la vista.
22.
Y respondiendo Jesús, les
dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los
cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son
resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.
23.
Y bienaventurado es aquel que
no halle tropiezo en mí.
24.
Cuando se fueron los
mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al
desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?
25.
Mas ¿qué salisteis a ver? ¿a
un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura
preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.
26.
Mas ¿qué salisteis a
ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más
que profeta.
27.
Este es de quien está
escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu
camino delante de ti.
28.
Os digo que entre los nacidos
de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en
el reino de Dios es mayor que él.
29.
Y todo el pueblo y los
publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo
de Juan.
30.
Mas los fariseos y los
intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no
siendo bautizados por Juan.
31.
Y dijo el Señor: ¿A qué,
pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?
32.
Semejantes son a los
muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos
flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.
33.
Porque vino Juan el Bautista,
que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.
34.
Vino el Hijo del Hombre, que
come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de
publicanos y de pecadores.
35.
Mas la sabiduría es
justificada por todos sus hijos.
INTRODUCCIÓN
Seguro que todos habrán jugado al
“teléfono cortado”, el juego básicamente consiste en transmitir una oración de
persona a persona sin que escuchen las demás. Y finalmente se trata de
transmitir lo más fielmente posible desde la primera hasta la última persona.
Y todos habrán aprendido y llegado a la
conclusión que es casi imposible que el mensaje llegue hasta el destino
íntegramente, porque tantas personas transmitieron y tantas personas
distorsionaron el mensaje.
¿Se preguntaron por qué sucede esto? Falta
de atención, no escuchar correctamente, no hablar claramente.
Mas también existen otros factores como:
el interés sobre el tema que se está transmitiendo, el conocimiento previo del
tema influyen gravitantemente.
Si respecto a temas corrientes el hombre
distorsiona entre lo que escucha y lo que transmite, imagínense cuando tratamos
sobre temas bíblicos, donde influyen el conocimiento, la fe, la doctrina, la
voluntad de Dios, la voluntad del hombre, el pensamiento personal, y la
situación particular que vive una persona.
Por eso, quiero tratar el tema que dijo
Jesús: BIENAVENTURADO ES AQUEL QUE NO HALLE TROPIEZO EN MÍ (v. 23).
Y este es un tema fundamental en los
creyentes, porque las enseñanzas bíblicas, las prédicas, los principios, la
vida dentro de la iglesia: todas se transmiten de boca en boca, y según cuánto
y cómo haya aprendido el maestro así lo transmitirá a las ovejas, el más
antiguo enseñará a más nuevo. Y puede convertirse en errores que se van
propagando como el juego del teléfono cortado.
Por eso, es tan importante “los ojos de la
fe” que tiene cada persona, cada miembro, cada creyente en particular. Como
dijo Jesús: La lámpara del cuerpo es
el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero
si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz
que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (San Mateo
6:22-23). Y según la fe que tenga cada persona, la manera de percepción
que tiene sobre los diferentes sucesos es variado. Realmente es la tarea del
pastor de la iglesia enseñar para que cada miembro tenga una visión “correcta”
y se aprecie la situación bíblicamente y se sepa cómo resolver o lidiar los
hechos con principios doctrinarios.
Y lo que buscamos es “tener los ojos de la
fe” según la visión y sabiduría de Jesús.
¿QUÉ SON LOS TROPIEZOS EN JESÚS?
Es extraño que Jesús diga: bienaventurado es aquel que no halle
tropiezo en mí, ¿no es cierto?
Explicar y detallar todos los casos
posibles de tropiezo que los hombres encuentran en Jesús tardaríamos meses,
además las fuentes por donde vienen los tropiezos son muchos, luego están los
aspectos que coinciden, que influyen, que resultan. Sería imposible tratarlos
todos en este sermón, y verán que en cada sermón estamos tratando de un tema de
tropiezo que intentamos vencer.
Mas hoy quiero enfocar los tropiezos que
tenemos en la vida de cristianos por causa de “los ojos de la fe”, o sea,
aquellos tropiezos que tenemos porque “nuestros” ojos de la fe no están
plenamente abiertos, o estamos enceguecidos, o aun no fuimos iluminados.
¿Por qué vemos este tema? Porque la Biblia
dice: y nosotros no hemos recibido el
espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo
que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas
por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo
espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son
del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender,
porque han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas
las cosas; pero él no es juzgado de nadie. (1 Corintios 2:12-15)
Aquí nos dice que las cosas espirituales,
o sea, de Dios hay que verlas con los ojos espirituales, porque el hombre
natural no las puede ver, ni entender, porque se requieren de discernimiento
espiritual.
Entonces, ¿por qué el Señor Jesús dice
hoy: bienaventurado es aquel que no
halle tropiezo en mí? Pues justamente por nuestra actitud respecto a la
Palabra de Dios. ¿Por qué?
·
Nos consideramos muy
espirituales.
·
Nos consideramos entendidos
de la Palabra.
·
Nos consideramos llenos del
Espíritu Santo.
·
Nos consideramos oidores de
la voz del Espíritu.
·
Nos consideramos plenos de
fe.
·
Pensamos tener un buen juicio
sobre Dios y sus obras.
·
Consideramos que tenemos
siempre la verdad.
·
Consideramos que tenemos la
actitud correcta ante Dios y sus Palabras.
Cuando tenemos esta clase de actitud y
presencia, les puedo asegurar que ni Jesús si estuviera aquí personalmente y en
forma física enseñando a nosotros le escucharíamos. ¿Por qué? Porque somos
demasiado perfectos, somos o pretendemos conocer todo.
Yo sé qué están pensando ustedes: ¡Ah,
pero pastor David, usted es el primero con esta actitud!
Claro que se podría pensar de esa manera,
y tal vez les muestre y hable con esa actitud. Y justamente aquí viene la
dificultad para ustedes, porque yo sé lo que estoy hablando y sé cuán
convencido y personalmente he comprobado de las cosas que afirmo; mas ustedes
porque sus ojos de fe pueden estar bien, regular o mal, pueden creer, pueden
escuchar cordialmente o hacer caso omiso. ¿Mas están preparados para sus frutos
de su actitud de fe?
Es como el caso del teléfono cortado,
¿cierto? ¿Cómo yo sé que lo que escucho es cierto? ¿Desde cuándo se inició la
distorsión? Por eso somos tan prontos a toda clase de tropiezos, mas Jesús nos
dice que bienaventurados aquellos que no hallan tropiezos en él.
Los tropiezos en Jesús son todos los
“pero”, los “por qué”, los “para qué”, los “por qué yo”, los “siempre a mí”,
los “cuándo”, los “cómo”, los “quiero”, los “deseo”, “yo también soy y tengo”,
“quiero más rápido”; cuando se entra en contacto con la Palabra de Dios.
Los tropiezos existen porque la Palabra de
Dios es muy grande, comprometedora, que exige decisión, que exige renuncia, que
implica pérdida, también nos es dada bajo una doctrina y principios; y no lo
puedo hacer ahora y mi actitud siguiente
de escuchar la Palabra.
Es normal que Dios sea más grande que yo,
es natural que su conocimiento no quepa en mi cerebro o corazón, es
comprensible que muchas cosas me son extrañas, es novedoso, implica riesgos,
implica seguir ciegamente. Que hoy no tengamos todo lo necesario para ver con
fe, es normal. Pero nuestra siguiente actitud luego de recibir la Palabra es la
que nos encamina a abrir los ojos, o a ser tropiezo. ¿Lo puedo recibir con fe y
mi fe me puede sostener? ¿O vencerá mi carne con sus deseos?
Siempre que no pueda comprender, ni tenga
respuestas, ni fe para ver a Dios y soy pronto a tropezarme. No lo he hecho
aún, pero la siguiente actitud puede que sí.
LA SIGUIENTE ACTITUD: “HEME AQUÍ”
Hoy hemos leído el capítulo de 1 Samuel
3:1-21, en ella vemos cómo el joven Samuel ministraba a Jehová en presencia del
sacerdote Elí, y no había palabra de Jehová con frecuencia en esos tiempos.
Una noche, mientras Samuel estaba
durmiendo en el templo, Jehová le llamó, mas este joven Samuel creyendo que el
sacerdote Elí le llamaba fue a buscarlo. Y esto sucedió varias veces hasta que
Elí entendió que Jehová estaba buscando al joven Samuel.
Finalmente, Jehová se paró ante Samuel y
le llamo como las otras veces: ¡Samuel!
¡Samuel! Entonces Samuel dijo: habla, porque tu siervo oye. Entonces comenzó
la relación entre Jehová y Samuel que duró muchos años.
Y dijo Jehová: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le
retiñirán ambos oídos. ¿Qué significa? Que será de tropiezo para
muchos, porque: uno no entenderán, otro que les dolerá y se rebelará para su
perdición y luego: que verán el enojo de Dios.
Aquí está el inicio de los tropiezos,
Samuel nunca escuchó la voz de Dios, por esa causa no sabía cómo responderle.
Mas la actitud con que recibió la Palabra de Dios: Habla porque tu siervo oye. Es la única forma para no
TROPEZAR. Así debe ser nuestra primera actitud ante la Palabra de Dios y la Voz
del Espíritu. Y luego cuando nos cuesta seguir o hacer esa palabra, tenemos que
orar mucho para finalmente alcanzar a la estatura de Dios; porque si no,
tropezaremos y caeremos. Es la forma de prepararte para abrir tus ojos y que
tus ojos sean abiertos por el Espíritu Santo y ayudarte en tu fe.
Esto significa cuando Jesús dice: Bienaventurado es aquel que no halle
tropiezo en mí.
Es que tenemos que tener toda la fe para
entender la palabra de Dios, tenemos que tener los ojos bien abiertos de la fe
para comprender toda la obra que Dios está haciendo hoy y lo que hará mañana,
hay que tener toda la fe para comprender la voluntad de Dios y hay que tener
toda la fe para estar allí donde el Señor nos exige estemos.
La siguiente actitud debe ser: ¡Heme aquí
Señor! Y debo estar dispuesto a todo lo que sea necesario para aprender, para
acompañar, para realizar, para escudriñar, para callarme, para observar, para
escuchar.
Se debe mirar el pasado, de cómo y cuántas
veces Dios obró en tu vida, cuántas veces acertó en sus palabras y así
afianzarte en tu fe. Y hay que mirar cerca, no lejos porque entonces te
desfallecerás. Cada día hay que leer la Palabra pidiendo que él te muestre y
haga crecer tu fe.
Generalmente el tiempo de ausencia delante
de Dios y la comunión con él impiden acercarnos pronto y rápido, porque debe
pasar el tiempo para regularizar tu relación con el Señor primero. Mas los que
velan constantemente, les son más fáciles.
Hoy el Señor Jesús nos muestra cómo deben
ser los ojos de la fe y hasta qué límites pueden llegar las situaciones en
nuestra vida y aun así permanecer fiel y firme con la siguiente actitud:
EL CENTURIÓN Y LA VIUDA
En un momento anterior, la Biblia hace
referencia a dos casos de cómo deben ser nuestros ojos de la fe:
·
EL CASO DEL CENTURIÓN: como es un
caso bien conocido, no me explayaré en las situaciones, sino en cómo estaba los
ojos de la fe del centurión. Él podía ver más allá que cualquier otro hombre,
podía ver la capacidad y el poder de Jesús. Por eso se tiene la reacción de
Jesús: Al oír esto, Jesús se maravilló
de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en
Israel he hallado tanta fe (v. 9).
¿Cuán capaz eres con tu fe? ¿Hasta dónde eres capaz de “ver” a
Jesús? Eres como Tomás quien dijo: Si
no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de
los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. (San Juan 20:25)
·
EL CASO DE LA VIUDA DE NAÍN: talvez
no exista una situación más extrema que la muerte inesperada y en el caso más
“injusto” posible a los ojos de los hombres: que el hijo único de una viuda
muera inexplicablemente.
¿Cómo debemos reaccionar como creyentes en estos casos? ¿Qué
debemos responder o qué actitud debemos tener en casos similares? ¿Cómo deben
ser los ojos de nuestra fe?
Jesús nos está enseñando que aun en casos tan extremos e
inexplicables, nuestra fe en Jesucristo no debe alterarse, ni decaer y menos
cuestionar a Dios.
Aquí vemos claramente que no son ojos
comunes, tampoco pueden alcanzar estos niveles de fe simplemente con el deseo o
la voluntad del hombre.
Se requiere que la fe tenga un gran
sustento bíblico e igualmente mucha experiencia en diferentes situaciones de la
vida. Y justamente con el estudio del libro de Proverbios que estamos
realizando estos días, comprendemos el camino, los pasos a seguir, cuán
importante es cada etapa. La fe no es algo mágico que aparece cuando se le requiere,
hay que cultivarlo, regarlo y se tienen los frutos en los momentos precisos
cuando se ha trabajado bien.
EL CASO ESPECIAL DE JUAN
Justamente estos dos casos que sucedieron
abre las puertas para enseñarnos la importancia de velar cada día, de
comprender la obra que Dios hace en estos momentos; pues pueden estar
desfasados como el profeta Juan.
Realmente la Biblia no relata cuánto
tiempo permaneció en la cárcel, mas de las manifestaciones que daba a los
hombres cuando vio a Jesús durante su ministerio, a las palabras con que envió
a sus discípulos para preguntarle a Jesús si era “el mesías” que debía venir al
mundo.
Por lo visto que Juan tenía un preconcepto
de cómo iba a ser el mesías, cómo iba a trabajar; mas cuando escuchaba las
obras que hacía Jesús, le entró la duda. Se imaginó que su trabajo no estaba
cumplido, que se había engañado de persona.
Y Jesús le quiso aclarar a Juan: Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced
saber a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los
leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los
pobres es anunciado el evangelio. Y bienaventurado es aquel que no halle
tropiezo en mí.
¿Se da cuenta cuán fácilmente una persona
puede encontrar un tropiezo porque no conoce correctamente la voluntad de Dios?
Y peor cuando tenemos un pensamiento de cómo es Dios, o qué o cómo deben ser
las obras de Dios.
Y Jesús no habla de cuán fácilmente los
hombres son manipulables, se dejan guiar por las apariencias y no se cuestionan
la autenticidad de las obras que hace.
Todas estas causas y ejemplos son motivos
de tropiezos, mas Jesús dice: Bienaventurado
es aquel que no halle tropiezos en mí.
LOS DICTADOS DE ESTA GENERACIÓN
Y Jesús habló con un ejemplo, de cómo las
personas desean que bailen, lloren según su criterio y pedido. Los hombres en
lugar de tener discernimiento espiritual, en lugar de guarecerse en la Biblia
para entender las cosas, simplemente confían en los líderes y les siguen.
Nadie escudriña su Biblia, simplemente
relegaron esta obra a los pastores y ellos quieren escuchar cómodamente.
Por eso Jesús dijo: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son
semejantes? Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces
unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no
llorasteis. Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y
decís: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este
es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas
la sabiduría es justificada por todos sus hijos.
Hoy muchos consideran que cuando existe
mucha aceptación, cuando aparece en un programa de televisión o radio, simple y
llanamente es confiable: “es de Dios”. Y media ningún otro análisis de la
veracidad en la Biblia.
Estar “en moda” y acorde a los dictados de
las demás iglesias “está bien”, “es bien visto”; y por supuesto “es
evangélico.”
Y justamente aquí está el mayor error y
confusión de los creyentes, pues considera que “sus ojos de la fe están
perfectos”, que no tiene distorsión, ni error. Tiene respuestas para todo, por
eso considera que su fe está bien.
CONCLUSIÓN:
Los ojos de la fe no se refieren a “cuánto
tú crees y consideras está bien tu fe”, sino que no encuentres ningún tropiezo
en la Palabra de Dios.
Que puedas ser librado de todos los
juicios, de los días de retribución, de las diferentes calamidades, y que
tengas el justo entendimiento de la voluntad de Dios para el día de hoy.
De nada servirá tu fe si tus ojos de fe hacen
ganar a todos los hombres del mundo, pero pierdes tu alma. También el hombre
quiere culpar a diferentes razones y a no reconocer que sus ojos de la fe están
mal enfocados o enfermos.
Por eso, hoy Jesús dice que eres
bienaventurado si no hallas tropiezo en él. Que tú debes ser librado, debes
tener todo gozo, no cansarte ni fatigarte, que encuentres en Jesús el castillo
fuerte, la roca de salvación, que estés por encima de toda tormenta de
turbulencia. Que tengas paz y te alimentes del árbol de la vida.
Y seas librado de todo juicio de Dios y
recibas además la alabanza de Jesús: Os
digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que
habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.
¿Permiten tus ojos de fe ver a Jesús todos
los días? Busca lo verdadero.
Que Dios te bendiga.
Nota: Eres libre de utilizar el material porque
dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de
gracia". Pero estás comprometido a no modificar el
texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con
fines comerciales de cualquier índole. En cuyo
caso, necesitará una autorización por
escrito.
 
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