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Palabras de Vida

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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

          Palabras de Vida 403

 

 Sermón en el día de Jesús 15 de noviembre de 2009.

Título: LOS OJOS DE LA FE

Biblia: San Lucas 7:1-35

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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1.   Después que hubo terminado todas sus palabras al pueblo que le oía, entró en Capernaum.

2.   Y el siervo de un centurión, a quien éste quería mucho, estaba enfermo y a punto de morir.

3.   Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que viniese y sanase a su siervo.

4.   Y ellos vinieron a Jesús y le rogaron con solicitud, diciéndole: Es digno de que le concedas esto;

5.   Porque ama a nuestra nación, y nos edificó una sinagoga.

6.   Y Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaba lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo;

7.   Por lo que ni aun me tuve por digno de venir a ti; pero dí la palabra, y mi siervo será sano.

8.   Porque también yo soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

9.   Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe.

10.               Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

11.               Aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naín, e iban con él muchos de sus discípulos, y una gran multitud.

12.               Cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que llevaban a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, la cual era viuda; y había con ella mucha gente de la ciudad.

13.               Y cuando el Señor la vio, se compadeció de ella, y le dijo: No llores.

14.               Y acercándose, tocó el féretro; y los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo, levántate.

15.               Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó a hablar. Y lo dio a su madre.

16.               Y todos tuvieron miedo, y glorificaban a Dios, diciendo: Un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y: Dios ha visitado a su pueblo.

17.               Y se extendió la fama de él por toda Judea, y por toda la región de alrededor.

18.               Los discípulos de Juan le dieron las nuevas de todas estas cosas. Y llamó Juan a dos de sus discípulos,

19.               Y los envió a Jesús, para preguntarle: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?

20.               Cuando, pues, los hombres vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, para preguntarte: ¿Eres tú el que había de venir, o esperaremos a otro?

21.               En esa misma hora sanó a muchos de enfermedades y plagas, y de espíritus malos, y a muchos ciegos les dio la vista.

22.               Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio.

23.               Y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

24.               Cuando se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?

25.               Mas ¿qué salisteis a ver? ¿a un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están.

26.               Mas ¿qué salisteis a ver?  ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

27.               Este es de quien está escrito: He aquí, envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti.

28.               Os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él.

29.               Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.

30.               Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.

31.               Y dijo el Señor: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?

32.               Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis.

33.               Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene.

34.               Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

35.               Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.

INTRODUCCIÓN

Seguro que todos habrán jugado al “teléfono cortado”, el juego básicamente consiste en transmitir una oración de persona a persona sin que escuchen las demás. Y finalmente se trata de transmitir lo más fielmente posible desde la primera hasta la última persona.

Y todos habrán aprendido y llegado a la conclusión que es casi imposible que el mensaje llegue hasta el destino íntegramente, porque tantas personas transmitieron y tantas personas distorsionaron el mensaje.

¿Se preguntaron por qué sucede esto? Falta de atención, no escuchar correctamente, no hablar claramente.

Mas también existen otros factores como: el interés sobre el tema que se está transmitiendo, el conocimiento previo del tema influyen gravitantemente.

Si respecto a temas corrientes el hombre distorsiona entre lo que escucha y lo que transmite, imagínense cuando tratamos sobre temas bíblicos, donde influyen el conocimiento, la fe, la doctrina, la voluntad de Dios, la voluntad del hombre, el pensamiento personal, y la situación particular que vive una persona.

Por eso, quiero tratar el tema que dijo Jesús: BIENAVENTURADO ES AQUEL QUE NO HALLE TROPIEZO EN MÍ (v. 23).

Y este es un tema fundamental en los creyentes, porque las enseñanzas bíblicas, las prédicas, los principios, la vida dentro de la iglesia: todas se transmiten de boca en boca, y según cuánto y cómo haya aprendido el maestro así lo transmitirá a las ovejas, el más antiguo enseñará a más nuevo. Y puede convertirse en errores que se van propagando como el juego del teléfono cortado.

Por eso, es tan importante “los ojos de la fe” que tiene cada persona, cada miembro, cada creyente en particular. Como dijo Jesús: La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas? (San Mateo 6:22-23). Y según la fe que tenga cada persona, la manera de percepción que tiene sobre los diferentes sucesos es variado. Realmente es la tarea del pastor de la iglesia enseñar para que cada miembro tenga una visión “correcta” y se aprecie la situación bíblicamente y se sepa cómo resolver o lidiar los hechos con principios doctrinarios.

Y lo que buscamos es “tener los ojos de la fe” según la visión y sabiduría de Jesús.

¿QUÉ SON LOS TROPIEZOS EN JESÚS?

Es extraño que Jesús diga: bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí, ¿no es cierto?

Explicar y detallar todos los casos posibles de tropiezo que los hombres encuentran en Jesús tardaríamos meses, además las fuentes por donde vienen los tropiezos son muchos, luego están los aspectos que coinciden, que influyen, que resultan. Sería imposible tratarlos todos en este sermón, y verán que en cada sermón estamos tratando de un tema de tropiezo que intentamos vencer.

Mas hoy quiero enfocar los tropiezos que tenemos en la vida de cristianos por causa de “los ojos de la fe”, o sea, aquellos tropiezos que tenemos porque “nuestros” ojos de la fe no están plenamente abiertos, o estamos enceguecidos, o aun no fuimos iluminados.

¿Por qué vemos este tema? Porque la Biblia dice: y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. (1 Corintios 2:12-15)

Aquí nos dice que las cosas espirituales, o sea, de Dios hay que verlas con los ojos espirituales, porque el hombre natural no las puede ver, ni entender, porque se requieren de discernimiento espiritual.

Entonces, ¿por qué el Señor Jesús dice hoy: bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí? Pues justamente por nuestra actitud respecto a la Palabra de Dios. ¿Por qué?

·        Nos consideramos muy espirituales.

·        Nos consideramos entendidos de la Palabra.

·        Nos consideramos llenos del Espíritu Santo.

·        Nos consideramos oidores de la voz del Espíritu.

·        Nos consideramos plenos de fe.

·        Pensamos tener un buen juicio sobre Dios y sus obras.

·        Consideramos que tenemos siempre la verdad.

·        Consideramos que tenemos la actitud correcta ante Dios y sus Palabras.

Cuando tenemos esta clase de actitud y presencia, les puedo asegurar que ni Jesús si estuviera aquí personalmente y en forma física enseñando a nosotros le escucharíamos. ¿Por qué? Porque somos demasiado perfectos, somos o pretendemos conocer todo.

Yo sé qué están pensando ustedes: ¡Ah, pero pastor David, usted es el primero con esta actitud!

Claro que se podría pensar de esa manera, y tal vez les muestre y hable con esa actitud. Y justamente aquí viene la dificultad para ustedes, porque yo sé lo que estoy hablando y sé cuán convencido y personalmente he comprobado de las cosas que afirmo; mas ustedes porque sus ojos de fe pueden estar bien, regular o mal, pueden creer, pueden escuchar cordialmente o hacer caso omiso. ¿Mas están preparados para sus frutos de su actitud de fe?

Es como el caso del teléfono cortado, ¿cierto? ¿Cómo yo sé que lo que escucho es cierto? ¿Desde cuándo se inició la distorsión? Por eso somos tan prontos a toda clase de tropiezos, mas Jesús nos dice que bienaventurados aquellos que no hallan tropiezos en él.

Los tropiezos en Jesús son todos los “pero”, los “por qué”, los “para qué”, los “por qué yo”, los “siempre a mí”, los “cuándo”, los “cómo”, los “quiero”, los “deseo”, “yo también soy y tengo”, “quiero más rápido”; cuando se entra en contacto con la Palabra de Dios.

Los tropiezos existen porque la Palabra de Dios es muy grande, comprometedora, que exige decisión, que exige renuncia, que implica pérdida, también nos es dada bajo una doctrina y principios; y no lo puedo hacer ahora y mi actitud siguiente de escuchar la Palabra.

Es normal que Dios sea más grande que yo, es natural que su conocimiento no quepa en mi cerebro o corazón, es comprensible que muchas cosas me son extrañas, es novedoso, implica riesgos, implica seguir ciegamente. Que hoy no tengamos todo lo necesario para ver con fe, es normal. Pero nuestra siguiente actitud luego de recibir la Palabra es la que nos encamina a abrir los ojos, o a ser tropiezo. ¿Lo puedo recibir con fe y mi fe me puede sostener? ¿O vencerá mi carne con sus deseos?

Siempre que no pueda comprender, ni tenga respuestas, ni fe para ver a Dios y soy pronto a tropezarme. No lo he hecho aún, pero la siguiente actitud puede que sí.

LA SIGUIENTE ACTITUD: “HEME AQUÍ”

Hoy hemos leído el capítulo de 1 Samuel 3:1-21, en ella vemos cómo el joven Samuel ministraba a Jehová en presencia del sacerdote Elí, y no había palabra de Jehová con frecuencia en esos tiempos.

Una noche, mientras Samuel estaba durmiendo en el templo, Jehová le llamó, mas este joven Samuel creyendo que el sacerdote Elí le llamaba fue a buscarlo. Y esto sucedió varias veces hasta que Elí entendió que Jehová estaba buscando al joven Samuel.

Finalmente, Jehová se paró ante Samuel y le llamo como las otras veces: ¡Samuel! ¡Samuel! Entonces Samuel dijo: habla, porque tu siervo oye. Entonces comenzó la relación entre Jehová y Samuel que duró muchos años.

Y dijo Jehová: He aquí haré yo una cosa en Israel, que a quien la oyere, le retiñirán ambos oídos. ¿Qué significa? Que será de tropiezo para muchos, porque: uno no entenderán, otro que les dolerá y se rebelará para su perdición y luego: que verán el enojo de Dios.

Aquí está el inicio de los tropiezos, Samuel nunca escuchó la voz de Dios, por esa causa no sabía cómo responderle. Mas la actitud con que recibió la Palabra de Dios: Habla porque tu siervo oye. Es la única forma para no TROPEZAR. Así debe ser nuestra primera actitud ante la Palabra de Dios y la Voz del Espíritu. Y luego cuando nos cuesta seguir o hacer esa palabra, tenemos que orar mucho para finalmente alcanzar a la estatura de Dios; porque si no, tropezaremos y caeremos. Es la forma de prepararte para abrir tus ojos y que tus ojos sean abiertos por el Espíritu Santo y ayudarte en tu fe.

Esto significa cuando Jesús dice: Bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

Es que tenemos que tener toda la fe para entender la palabra de Dios, tenemos que tener los ojos bien abiertos de la fe para comprender toda la obra que Dios está haciendo hoy y lo que hará mañana, hay que tener toda la fe para comprender la voluntad de Dios y hay que tener toda la fe para estar allí donde el Señor nos exige estemos.

La siguiente actitud debe ser: ¡Heme aquí Señor! Y debo estar dispuesto a todo lo que sea necesario para aprender, para acompañar, para realizar, para escudriñar, para callarme, para observar, para escuchar.

Se debe mirar el pasado, de cómo y cuántas veces Dios obró en tu vida, cuántas veces acertó en sus palabras y así afianzarte en tu fe. Y hay que mirar cerca, no lejos porque entonces te desfallecerás. Cada día hay que leer la Palabra pidiendo que él te muestre y haga crecer tu fe.

Generalmente el tiempo de ausencia delante de Dios y la comunión con él impiden acercarnos pronto y rápido, porque debe pasar el tiempo para regularizar tu relación con el Señor primero. Mas los que velan constantemente, les son más fáciles.

Hoy el Señor Jesús nos muestra cómo deben ser los ojos de la fe y hasta qué límites pueden llegar las situaciones en nuestra vida y aun así permanecer fiel y firme con la siguiente actitud:

EL CENTURIÓN Y LA VIUDA

En un momento anterior, la Biblia hace referencia a dos casos de cómo deben ser nuestros ojos de la fe:

·        EL CASO DEL CENTURIÓN: como es un caso bien conocido, no me explayaré en las situaciones, sino en cómo estaba los ojos de la fe del centurión. Él podía ver más allá que cualquier otro hombre, podía ver la capacidad y el poder de Jesús. Por eso se tiene la reacción de Jesús: Al oír esto, Jesús se maravilló de él, y volviéndose, dijo a la gente que le seguía: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe (v. 9).

¿Cuán capaz eres con tu fe? ¿Hasta dónde eres capaz de “ver” a Jesús? Eres como Tomás quien dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. (San Juan 20:25)

·        EL CASO DE LA VIUDA DE NAÍN: talvez no exista una situación más extrema que la muerte inesperada y en el caso más “injusto” posible a los ojos de los hombres: que el hijo único de una viuda muera inexplicablemente.

¿Cómo debemos reaccionar como creyentes en estos casos? ¿Qué debemos responder o qué actitud debemos tener en casos similares? ¿Cómo deben ser los ojos de nuestra fe?

Jesús nos está enseñando que aun en casos tan extremos e inexplicables, nuestra fe en Jesucristo no debe alterarse, ni decaer y menos cuestionar a Dios.

Aquí vemos claramente que no son ojos comunes, tampoco pueden alcanzar estos niveles de fe simplemente con el deseo o la voluntad del hombre.

Se requiere que la fe tenga un gran sustento bíblico e igualmente mucha experiencia en diferentes situaciones de la vida. Y justamente con el estudio del libro de Proverbios que estamos realizando estos días, comprendemos el camino, los pasos a seguir, cuán importante es cada etapa. La fe no es algo mágico que aparece cuando se le requiere, hay que cultivarlo, regarlo y se tienen los frutos en los momentos precisos cuando se ha trabajado bien.

EL CASO ESPECIAL DE JUAN

Justamente estos dos casos que sucedieron abre las puertas para enseñarnos la importancia de velar cada día, de comprender la obra que Dios hace en estos momentos; pues pueden estar desfasados como el profeta Juan.

Realmente la Biblia no relata cuánto tiempo permaneció en la cárcel, mas de las manifestaciones que daba a los hombres cuando vio a Jesús durante su ministerio, a las palabras con que envió a sus discípulos para preguntarle a Jesús si era “el mesías” que debía venir al mundo.

Por lo visto que Juan tenía un preconcepto de cómo iba a ser el mesías, cómo iba a trabajar; mas cuando escuchaba las obras que hacía Jesús, le entró la duda. Se imaginó que su trabajo no estaba cumplido, que se había engañado de persona.

Y Jesús le quiso aclarar a Juan: Y respondiendo Jesús, les dijo: Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio. Y bienaventurado es aquel que no halle tropiezo en mí.

¿Se da cuenta cuán fácilmente una persona puede encontrar un tropiezo porque no conoce correctamente la voluntad de Dios? Y peor cuando tenemos un pensamiento de cómo es Dios, o qué o cómo deben ser las obras de Dios.

Y Jesús no habla de cuán fácilmente los hombres son manipulables, se dejan guiar por las apariencias y no se cuestionan la autenticidad de las obras que hace.

Todas estas causas y ejemplos son motivos de tropiezos, mas Jesús dice: Bienaventurado es aquel que no halle tropiezos en mí.

LOS DICTADOS DE ESTA GENERACIÓN

Y Jesús habló con un ejemplo, de cómo las personas desean que bailen, lloren según su criterio y pedido. Los hombres en lugar de tener discernimiento espiritual, en lugar de guarecerse en la Biblia para entender las cosas, simplemente confían en los líderes y les siguen.

Nadie escudriña su Biblia, simplemente relegaron esta obra a los pastores y ellos quieren escuchar cómodamente.

Por eso Jesús dijo: ¿A qué, pues, compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes? Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, que dan voces unos a otros y dicen: Os tocamos flauta, y no bailasteis; os endechamos, y no llorasteis. Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y decís: Demonio tiene. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y decís: Este es un hombre comilón y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por todos sus hijos.

Hoy muchos consideran que cuando existe mucha aceptación, cuando aparece en un programa de televisión o radio, simple y llanamente es confiable: “es de Dios”. Y media ningún otro análisis de la veracidad en la Biblia.

Estar “en moda” y acorde a los dictados de las demás iglesias “está bien”, “es bien visto”; y por supuesto “es evangélico.”

Y justamente aquí está el mayor error y confusión de los creyentes, pues considera que “sus ojos de la fe están perfectos”, que no tiene distorsión, ni error. Tiene respuestas para todo, por eso considera que su fe está bien.

CONCLUSIÓN:

Los ojos de la fe no se refieren a “cuánto tú crees y consideras está bien tu fe”, sino que no encuentres ningún tropiezo en la Palabra de Dios.

Que puedas ser librado de todos los juicios, de los días de retribución, de las diferentes calamidades, y que tengas el justo entendimiento de la voluntad de Dios para el día de hoy.

De nada servirá tu fe si tus ojos de fe hacen ganar a todos los hombres del mundo, pero pierdes tu alma. También el hombre quiere culpar a diferentes razones y a no reconocer que sus ojos de la fe están mal enfocados o enfermos.

Por eso, hoy Jesús dice que eres bienaventurado si no hallas tropiezo en él. Que tú debes ser librado, debes tener todo gozo, no cansarte ni fatigarte, que encuentres en Jesús el castillo fuerte, la roca de salvación, que estés por encima de toda tormenta de turbulencia. Que tengas paz y te alimentes del árbol de la vida.

Y seas librado de todo juicio de Dios y recibas además la alabanza de Jesús: Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y al regresar a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

¿Permiten tus ojos de fe ver a Jesús todos los días? Busca lo verdadero.

Que Dios te bendiga.

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: 08 de febrero de 2010