Sermón en el
día miércoles 11 de noviembre de 2009.
Título: EL DELEITE EN LA LEY DE DIOS
Biblia: Romanos 7:1-25
Predicador: Pastor Dong Han David Lee
Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada
Teniente Primero Leónidas Escobar 3913,
Asunción, Paraguay
1.
¿Acaso ignoráis, hermanos
(pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre
entre tanto que éste vive?
2.
Porque la mujer casada está
sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella
queda libre de la ley del marido.
3.
Así que, si en vida del
marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido
muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no
será adúltera.
4.
Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que
seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto
para Dios.
5.
Porque mientras estábamos en
la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros
llevando fruto para muerte.
6.
Pero ahora estamos libres de
la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que
sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la
letra.
7.
¿Qué diremos, pues? ¿La ley
es pecado? En ninguna manera. Pero yo no conocí el pecado sino por la ley;
porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
8.
Mas el pecado, tomando
ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el
pecado está muerto.
9.
Y yo sin la ley vivía en un
tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
10.
Y hallé que el mismo
mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;
11.
Porque el pecado, tomando
ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.
12.
De manera que la ley a la
verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13.
¿Luego lo que es bueno, vino
a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse
pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por
el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.
14.
Porque sabemos que la ley es
espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
15.
Porque lo que hago, no lo
entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.
16.
Y si lo que no quiero, esto
hago, apruebo que la ley es buena.
17.
De manera que ya no soy yo
quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18.
Y yo sé que en mí, esto es,
en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el
hacerlo.
19.
Porque no hago el bien que
quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20.
Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21.
Así que, queriendo yo hacer
el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22.
Porque según el hombre interior,
me deleito en la ley de Dios;
23.
Pero veo otra ley en mis
miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la
ley del pecado que está en mis miembros.
24.
¡Miserable de mí! ¿Quién me
librará de este cuerpo de muerte?
25.
Gracias doy a Dios, por
Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de
Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
INTRODUCCIÓN
Con un ejemplo que introduje en el estudio
bíblico del Penal de Tacumbú, les explicaré el problema que está sucediendo
respecto a este pasaje.
Habitualmente los creyentes queremos
pensar que “no” somos fariseos, ni escribas; porque el Señor Jesús criticó
mucho a esas personas. También queremos estar muy alejado de los sacerdotes
porque en la Biblia éstos aparecen como quienes juzgaron a Jesús y le
entregaron a la muerte. Esta es la forma habitual de pensamiento porque nos
consideramos diferentes. Igualmente no recibimos con agrado que nos compare con
los publicanos y pecadores, ¡mas mejor éstos que aquellos!
Mas el martes, les enseñé que en realidad,
dentro de cada creyente coexiste tanto el publicano y pecador como el fariseo y
el escriba. Y justamente este era el pasaje tratado: se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y
los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Éste a los pecadores recibe,
y con ellos come. (San Lucas 15:1)
En realidad dentro de una misma persona
generalmente existen estas dos facetas del hombre interior, el hombre que
conoce la ley de Dios y la parte del hombre que se rebela contra la ley de
Dios. Y la gravedad consiste en que los creyentes usualmente nunca se
consideran fariseos o escribas.
Mas cuando no quiere escuchar la Palabra
de Dios, cuando cierra sus oídos, cuando “no obedece” al mandamiento de Dios
porque tiene otra opinión, en realidad está aflorando el hombre dominado por
sus leyes de la carne. Por eso dice, que los publicanos y los pecadores oyen a
Jesús, mas los fariseos y los escribas murmuran contra el Señor.
¿CUÁNTO ESCUCHAS?
Una de las cosas más difíciles de
determinar es cuán receptivo soy de la Palabra de Dios: ¿Cuánto escucho y me
deleito de la Palabra de Dios? ¿Cuánto me aburre escuchar la Palabra de Dios?
¿Cuál es mi reacción cuando escucho la ley de Dios?
Y esta reacción está en proporción directa
a cuán pecador me siento y cuán sanado me considero.
Veamos qué nos dice el pasaje de hoy: Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne,
no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.
Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si
hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así
que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Significa que toda rebeldía respecto a la
Escritura, toda vez que deseo negar, cuando quiero ignorar, o me molesta la
Palabra de Dios; significa que el bien
está en mí, pero no el hacerlo. Puesto que somos creación de Dios y
restablecidos a imagen y semejanza de Dios, lo natural es como dice este
versículo: Tus manos me hicieron y me
formaron; hazme entender, y aprenderé tus mandamientos. (Salmo 119:73)
Incluso hay veces en que no nos damos
cuenta que tengo esa actitud, entonces debemos saber que no estamos siquiera
llegando al conocimiento de lo que es bueno. Pues me pregunto: ¿cómo puedo
gloriarme al decir que soy hijo de Dios y no gustar de sus Palabras? Ahí no
existe concordancia.
Y esta es la realidad más dolorosa, porque
generalmente pensamos que somos muy entendidos, que somos muy sabios en la
Palabra, que tenemos un discernimiento bastante acabado de todas las cosas;
incluso somos jueces de la Palabra y de los hombres.
Pero si no prevalece la Palabra de Dios
por encima de mi persona, mi deseo y sentimiento; y en cambio estoy criticando
con el “¿por qué?”, “¿para qué sirve?”, “que no nos gusta la forma en que la
Palabra me lo dice”, significa que la ley de mis miembros “mi mente, mi razón, mi inteligencia, mi
hombría, mi familia” está dominando y estoy murmurando. Entonces: ¿No soy un
fariseo y escriba? ¡Pues claro que sí!
Y siempre que dejamos que la ley de mis
miembros tome dominio de mi persona y así deje de lado la Palabra de Dios,
entonces soy “una oveja descarriada”. Ni siquiera necesito ir lejos o alejarme
de la iglesia, porque mi mente ya está lejos y contrario a la voluntad de Dios.
Por eso digo que el pecador y el fariseo
conviven en mí.
Justamente este es el punto que desea
atacar y corregir el discipulado, a “ver la viga que hay en mis ojos y
QUITARLA” para luego ver claramente.
NO NECESITAS DE MÉDICO
¿Cuándo una persona se va al médico? ¿No
es cuando se siente mal? ¿No es cuando le duele en alguna parte de su cuerpo?
Y… mientras no tengas molestias, no sientes la necesidad de médico.
También así somos, tenemos muchas
enfermedades, males, problemas, vicios, miedos, vacíos, heridas, orfandad,
debilidad, hambre; pero mientras no me sienta mal, mientras no sienta una
amenaza, o una falta, o un problema, o alguna necesidad, enfermedad extrema;
jamás el hombre siente la necesidad de Jesús.
El otro mal que existe, que igualmente es
un pensamiento muy carnal es vivir creyendo que “siempre tienes a Jesús” en
caso de necesidades o problemas. No importa cuál es tu realidad, si surge algún
problema se suele aconsejar: “vete rápidamente junto a Jesús” y él te
solucionará todo, te escuchará siempre, se salvará de cualquier situación. Este
modo de creer en Jesús también es carnal, es seguir los consejos de tus
miembros.
Pero nos consideramos muy espirituales,
¡jamás nos consideramos fariseos! Por esto, no se puede solucionar los
problemas, pues siempre pensamos que nuestra identidad es espiritual. Esto es
lo más usual, vivir un tiempo sin la ley de Dios o sin mucha presión con todos
sus mandamientos: no mentirás, no robarás, no cometerás adulterio, no
fornicarás, no dirás falso testimonio, no tendrás otros dioses delante de ti,
no tendrás otros dioses ni te harás imágenes para honrarlas, entre otras. Mas
siempre pensar que está en comunión continúa con Dios.
También consideran que es una buena
comunión con Jesucristo porque cuando tienen problemas y necesidades, acuden a
Jesús. En realidad, esto no es ser espiritual; porque durante todo el tiempo
viviste siguiendo los deseos de tu mente, de tus deseos y sentimientos. No
creas porque nada malo sucede en tu vida, eso sea que estás viviendo en el
Espíritu.
Por eso Jesús dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de
vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y
no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron; y vosotros, viendo
esto, no os arrepentisteis después para creerle. (San Mateo 21:31-32)
No es que el “silencio de Dios” sea una
buena señal como creyente, en realidad no lo es, si uno no recibe la “alabanza”
del Señor, tienes que saber que estás como un fariseo insensible, que murmura
en contra de la Palabra de Dios. Luego de un tiempo, cuando se avecina y
explota un mal, nos damos cuenta del mal y nos lamentamos. Por eso dice hoy: y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero
venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
¿QUÉ ES LA COMUNIÓN EN CRISTO JESÚS?
Contrariamente a lo que usualmente
piensan, cuando yo estoy bien, cuando me siento en paz, se consideran que están
en comunión con Jesús.
Mas en realidad la comunión en Cristo
Jesús sucede cuando “yo me deleito de la ley de Dios”. Cuando por causa de la
ley de Dios, el querer está en mí y yo sigo a ese llamado de Dios por encima de
mis voluntades de la carne. A eso dice la Biblia que es vivir en Espíritu. Y
cuando estamos en comunión constantemente el Señor me enseña sus Palabras,
nuevas palabras, cuando yo descubro cosas nuevas, cuando veo sus obras y se
tiene entendimiento de los tiempos.
La Biblia en Romanos nos dice cómo y
cuándo sabemos que estamos bien en Cristo Jesús: Pues no es judíos el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión
la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo
interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la
alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios. (Romanos 2:28-29)
Cuando una persona es constantemente
medida y pesada por Dios con sus Palabras, cuando recibes sus palabras,
entonces sabes cuán aprobado eres, porque el Espíritu Santo mismo da testimonio
de ello.
También como dice en Romanos, recibes la
Alabanza de Dios. Y cuando recibes esta alabanza, el Señor realiza cosas por
encima de lo pedido, como la sabiduría sobresaliente que entregó a Salomón,
cuando por amor al rey David siempre Jehová se acordó de dejar un rey que se
siente en el trono de Judá. Y como Jesús lo dice: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de
creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh
Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el
mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que
sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean
perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviste, y que los has
amado a ellos como también a mí me has amado. (San Juan 17:20-23)
Las señales de la Alabanza de Dios a un
hijo se demuestra en forma muy evidente, y todo esto tiene un principio: Mi
deleite al guardar la ley de Dios.
ERROR EN EL ENTENDIMIENTO DE LA GRACIA
Cuando yo les hablo de estas cosas, existe
una actitud otra vez de murmuración.
Dicen: “otra vez el pastor quiere que
seamos perfectos”.
Dicen: “¿Por qué el pastor habla tanto en
guardar los mandamientos de Dios?
Dicen: ¿Para qué quiere que seamos
perfectos? Total tenemos a Jesús, simplemente tenemos que pedirle a él por
nuestros pecados y nos perdonará.
Mas justamente aquí está el problema. Es
la concepción de cómo es Dios y de qué modo trabaja el Señor. Generalmente los
creyentes viven alejados de la Palabra de Dios y según su conveniencia creen en
Dios, hasta que surja un problema.
Es cierto que hoy buscan a Dios en los
momentos difíciles, mas se busca a Jesús cuando ya es tarde, cuando la
enfermedad se ha agravado tanto que aflora y duele, cuando la pierna está
quebrada, cuando el vaso está roto.
Pero cuando uno conoce y hace la palabra
de Dios a tiempo y recibe la alabanza de Dios verá que se librará de todos los
males. Es por eso que la Palabra de Dios es “preventivo”, por eso Dios utilizó
las “profecías”, porque dice a los hombres qué deben hacer, o qué están
haciendo mal; y qué les vendrá por causa de ese mal. El que obedece librará de
sus consecuencias, como Jesús mismo dijo: Cualquiera,
pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente,
que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y
soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba
fundada sobre la roca. (San Mateo 7:24-25)
Para evitarlo, simplemente hay que fiar de
Jehová con todo tu corazón y se librará. Como el hecho que Jehová habló a todos
los israelitas que debían prepararse para la pascua, que debían matar al
cordero, que había que derramar la sangre y con esa sangre pintar las columnas
y el dintel de sus casas. Y el animal muerto servía como la expiación para aquella
noche. Todos los que escucharon la voz del profeta, se salvaron; no así los
egipcios.
Por eso, todos quienes hoy son incrédulos,
y murmuradores siempre reciben los males debido a sus hechos; y luego tratan de
solucionar sus problemas clamando a Dios.
Y aquí existe un entendimiento erróneo de
la gracia, porque si leen la palabra de Dios con atención y como un todo, verán
que la doctrina con que deben vivir hoy los creyentes está enfocado en otro
punto: No desde la posición de que tengo la ley de Dios en mi mente y sigo los
dictados del Espíritu, sino se sigue a la ley de mis miembros que me domina y
me gana; mas tengo un poderoso salvador en Jesucristo.
¿No es lo mismo? ¿No son pequeñas
diferencias?
¡Realmente Jesús no vino para salvarnos de
ese modo! En realidad Jesús ya nos salvó en forma completa, y hoy simplemente
estamos viviendo en la ley del Espíritu, de victoria. Es cierto que aún
aparecen la ley de los miembros, pero está en mí y así me ayuda el Espíritu
Santo para vivir en él.
Por eso utiliza la analogía del
matrimonio, porque el matrimonio es inseparable, porque desde el momento en que
el hombre se junta con la mujer, se hace una sola carne. Mas, dice, cuando el
marido o la mujer muere, el matrimonio ya no es matrimonio, no rige la ley del
marido; y el que sobrevive es libre de casarse de nuevo y no será adúltero.
Así también, el hombre estaba en
matrimonio, en forma inseparable con la ley de Dios: con la primera ley de
Adán, y con la ley de los mandamientos dados en su tiempo por medio de Moisés.
·
Mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque
el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Génesis 2:17)
·
Y cuando el impíos se apartare de su impiedad, e hiciere según el
derecho y la justicia, vivirá por ello. (Ezequiel 33:19)s
·
La paga del pecado es muerte (Romanos 6:23)
Es por eso que dice el versículo 4: Así también vosotros, hermanos míos,
habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro,
del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
Muchos hoy cuando están orando dicen:
Señor perdona mis pecados con la sangre de Jesús, quien ha derramado por mis
pecados, limpia mis pecados…
Realmente no es la sangre de Jesús la que
limpia el pecado, sino es la muerte de Jesús quien cumple con la ley que está
en matrimonio inseparable con el hombre debe terminar, por eso, es la muerte de
Jesús la que cumple con la ley del pecado, y la ley de la muerte. Por eso Jesús
dijo en la cruz: “Consumado es”.
Con su muerte, ese matrimonio en que estábamos sujetos se terminó y ahora
nosotros somos de otro, de Dios.
Y así como la mujer es libre de la ley del
marido cuando éste muere para casarse con otro hombre, así también porque
morimos con Jesús, estamos libres de la ley que nos condenaba y de la muerte a
modo de Adán.
Por eso dice el versículo 6: Pero ahora estamos libres de la ley, por
haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo
el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.
Esta gracia hace que nosotros vivamos como
nuevas criaturas, que cada día vencemos la ley de la carne y seguimos al
Espíritu. Que nos deleitemos de la ley de Dios.
MÁS QUE VENCEDORES
Solamente las personas quienes creen en
esta gracia de Jesucristo, quien llevó en él el pecado de todos nosotros, y así
cumplió con la ley de condenación por los pecados que había en nosotros,
diciendo la Biblia: sorbida es la
muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu
victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado,
la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de
nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 15:54-7).
Y esta victoria se vive, se siente y se
goza cuando veo que en mí está el Poder de Dios que me ayuda a guardar el
Mandamiento de Dios, que le puedo seguir en Espíritu, venciendo las
concupiscencias de mi carne. Repitiendo así con cada una de las leyes de Dios.
Luego de un tiempo veré todos los beneficios porque guardo los mandamientos de
Dios, cosa que anteriormente no lo podía hacer.
Entonces compruebas que eres más que
vencedor. Uno porque puedes guardar los mandamientos de Dios, segundo porque te
deleitas en la ley de Dios y tercero porque tu vida transcurre según lo
prometido en la Biblia: Hijo mío, no
se aparten estas cosas de tus ojos; guarda la ley y el consejo, y serán vida a
tu alma, y gracia a tu cuello. Entonces andarás por tu camino confiadamente, y
tu pie no tropezará. Cuando te acuestes, no tendrás temor, sino que te
acostarás, y tu sueño será grato. No tendrás temor de pavor repentino, ni de la
ruina de los impíos cuando viniere. Porque Jehová será tu confianza, y él
preservará tu pie de quedar preso. (Proverbios 3:21-26)
CONCLUSIÓN
Cuando escuchas a tu fariseo y sigues los
dictados de los hombres y deleites de la carne; jamás uno puede comprobar que
es más que vencedor. Porque no se puede sentir como tal cuando los males
avanzaron en mi vida, hubo inundación y estoy llorando y clamado a Dios por
salvación.
Sentirás y serás más que vencedor cuando
veas que muchos y miles se caen a tu diestra y siniestra pero a ti no alcanza
el mal; entonces verás que la bendición que has recibido por guardar los
mandamientos de Dios fueron mejores, que sus frutos fueron más abundantes.
Pues una cosa es que contraigas el mal del
dengue, clames a Dios por sanidad y luego de muchos dolores y pesares te cures
traspasando por todas las etapas. Mas te sentirás muy querido, especial, más
que vencedor y verás los beneficios del cuidado de Jehová porque has cuidado de
guardar sus mandamientos, pues a ti no te ha alcanzado el mal. Y así sucede con
todos los otros asuntos de la vida.
Por eso es tan importante que recibas la
Alabanza de Dios, pues así sabrás con certeza que ninguna plaga tocará tu
morada.
Luego sabrás que cuanto más te deleitas de
la Ley de Dios, la respuesta de Dios será más completa y perfecta.
Que Dios te bendiga.
Nota: Eres libre de utilizar el material porque
dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de
gracia". Pero estás comprometido a no modificar el
texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con
fines comerciales de cualquier índole. En cuyo
caso, necesitará una autorización por
escrito.
 
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