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Sermón en el día de Jesús 13 de septiembre de 2009.

Título: EMBLANQUECIDOS

Biblia: Isaías 1:1-31

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Teniente Primero Leónidas Escobar 3913, Asunción, Paraguay

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1)                Visión de Isaías hijo de Amoz, la cual vio acerca de Judá y Jerusalén en días de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá.

2)                Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.

3)                El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento.

4)                ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás.

5)                ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente.

6)                Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

7)                Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

8)                Y queda la hija de Sion como enramada en viña, y como cabaña en melonar, como ciudad asolada.

9)                Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y semejantes a Gomorra.

10)           Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

11)           ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

12)           ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?

13)           No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes.

14)           Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas.

15)           Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos.

16)           Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;

17)           Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

18)           Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

19)           Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;

20)           Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

21)           ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas.

22)           Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua.

23)           Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.

24)           Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos,

25)           Y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza.

26)           Restauraré tus jueces como al principio, y tus consejeros como eran antes; entonces te llamarán Ciudad de justicia, Ciudad fiel.

27)           Sion será rescatada con juicio, y los convertidos de ella con justicia.

28)           Pero los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y los que dejan a Jehová serán consumidos.

29)           Entonces os avergonzarán las encinas que amasteis, y os afrentarán los huertos que escogisteis.

30)           Porque seréis como encina a la que se le cae la hoja, y como huerto al que le faltan las aguas.

31)           Y el fuerte será como estopa, y lo que hizo como centella; y ambos serán encendidos juntamente, y no habrá quien apague.

INTRODUCCIÓN:

Un gran mal que afecta a muchísimos creyentes hoy es el pensamiento simplista y abreviado acerca de Jesucristo y la obra de redención que hizo. Porque las enseñanzas bíblicas que normalmente son impartidas están enfocadas solamente en grandes rasgos sobre las cosas que le interesan al hombre, por eso hoy sufren mucho, se duelen de muchas situaciones sin entender el por qué.

Ahora bien, se puede llegar a esa situación o aparece el pensamiento simplista luego de nuestro estudio bíblico de ayer. Porque hemos visto cómo todos fueron tocados y se dolieron con la palabra de Dios que acusaba de nuestros pecados  del pasado. Y aquí viene el peligro, el pensamiento simplista: “No importa, es cierto que cometí esos pecados, mas Jesús perdonó todos mis pecados.” ¡Y soluciona todos los problemas sin preguntar si “fue perdonado” por Jehová Dios!

Esta es la razón de por qué los creyentes siempre reciben males, están empantanados en las tinieblas y nunca les aparece la luz. Porque solucionan los problemas de pecado “con el criterio humano de justicia” y no buscan la perfecta justicia de Dios.

Y es un pecado común del cual estuvimos hablando: estando aun bajo el techo de su padre, los novios “creyentes” mantienen relaciones sexuales prematrimoniales. A veces no pasa nada y esta relación continúa o  la novia avisa que está embarazada y se hacen rápidos arreglos para que estos creyentes e hijos de creyentes se casen. Y así consideran que no pasó nada, que el mal fue solucionado “dentro de la casa”, y el bebé nace a unos meses de casado.

Por lo general, nadie considera que esta intimación sea pecado, porque “se enmendó el error”. Mas bíblicamente esto constituye el pecado de fornicación. Que luego se casen no implica que estén libres y perdonados de este pecado. Y yo les pregunto: ¿y qué hubiese pasado si no se embarazaba? Por supuesto que seguirían fornicando a escondidas. Y para cuando fuesen “pillados” finalmente se casarían y “todo en paz”.

Y lo peor es que las personas piensan: ¡No importa! Jesús nos perdonó todos nuestros pecados. Yo tengo fe en él (¡¡!!). U otros te enfrentan diciendo: ¿Y quién no pecó? ¿Y quién es santo? ¿Por qué tú me acusas de mi pecado? ¿Acaso no me hice responsable de la mujer y del niño?

Este es un solo ejemplo del pensamiento simplista que tienen muchísimos creyentes de Jesucristo acerca del “perdón de pecados”. Porque tienen “fe en Jesús”, pueden cometer tantos pecados como quieren, que finalmente serán perdonados otra vez y otra vez en sucesión infinita.

Es como el pensamiento que tenían los israelitas y judíos según este pasaje de Isaías: ¡No importa! Llevo una oveja por el pecado que cometí ante el sacerdote y se le sacrificará y seré limpio de mis pecados. Por esto mismo Jehová Dios dice: Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. (v. 10-13)

LOS HECHOS DICEN LO CONTRARIO

Hoy los creyentes neo testamentarios dicen: esto sucede porque los antiguos no tuvieron a Jesús. En cambio, nosotros creemos en Jesús y tenemos el perdón y efectivo. ¡Basta que tú acudas y pidas en nombre de Jesús y él tiene misericordia y te perdona! ¿Lo que se ha quebrado volverá a restaurarse igual? ¿El vaso de cristal luego del perdón será sin cicatriz y mancha?

Este es el mal, que ellos mismos se consideran merecedores y detentan la misericordia de Dios a ultranza. Por eso, ni se sonrojan cuando mienten, cuando engañan, cuando pecan. Porque una y otra vez podrán utilizar la sangre de Jesús para limpiarse. Escuchen lo que hizo Jehová respecto al pecado de Aarón y de María contra Moisés: Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! Señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora. Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días, y después volverá a la congregación. Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos. (Números 12:10-15)

Mas como les dije en el sermón del miércoles, si ellos hubieran recibido el verdadero perdón y la misericordia bíblica de Dios, ellos conocerían su pecado, hubieran aprendido de la gravedad del pecado, conocerían cuánto están apartados de Dios por sus pecados y mucho tiempo atrás hubieran abandonado el pecado. Mas porque persisten, significa que no están entendiendo la misericordia de Dios, no conocen el perdón en Jesucristo. Como dice la Biblia hoy, si hubiesen sido alcanzados por la misericordia de Dios, conocerían a su dueño: Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. (v. 2-3)

Si hubieran entendido la gracia del perdón de Jesucristo, entenderían la gravedad del pecado y los alcances del pecado y nunca más se adentrarían en ella. No es como el pensamiento simplista del hombre quien piensa que Jehová Dios todo lo perdona con simplicidad, o acaso no dice hoy: ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. Vuestra tierra está destruida, vuestras ciudades puestas a fuego, vuestra tierra delante de vosotros comida por extranjeros, y asolada como asolamiento de extraños.

Y Dios nos comunica los pecados de diferentes formas y muchas veces ocultas a los ojos simplistas de los creyentes incrédulos hablan de que no es así, que no es tan simple como piensan, porque hasta que no entiendan “el real valor de muerte del pecado cometido”, y el arrepentimiento que debe aparecer para aborrecer completamente el pecado: el hombre no está “perdonado”. Entendamos bien esta parte: legalmente Jesús llevó todos tus pecados porque eres un elegido, y fueron redimidos todos tus pecados y por eso no eres condenado al infierno eterno. Jesús pagó tus cuentas, mas Dios desea ver que tú reconoces tus pecados, que los aceptas, conoces cuán pecaminoso eras y estás redimido y luchas denodadamente para no pecar nunca más. Dios no busca compensación por el perdón concedido por Jesús, mas sí agradecimiento y temor de Jehová.

Por eso Jesús nos habló de un principio del reconocimiento de tu perdón: Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que  se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuvo misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. (San Mateo 18:23-35)

¿Por qué creen que este siervo que fue perdonado en devolver diez mil talentos fue y quiso matar a su consiervo que le debía cien denarios? Porque nunca conoció la gracia de ese perdón, tampoco pudo perdonar a su consiervo. Cuando el señor se enteró, la deuda que fue perdonado fue “recordado nuevamente como deuda”, y le puso con los verdugos hasta que pagase toda la deuda. Por eso dice hoy la Biblia: ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y día de reposo, el convocar asambleas, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes. Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multipliquéis la oración, yo no oiré; llenas están de sangre vuestras manos. Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda. (v. 12-17)

Se dan cuenta que si uno no hace bien la palabra, si uno no guarda correctamente y hace como Dios ordena, incluso las cuentas que fueron condonados pueden volver a ser cobrados y tú entregado a los verdugos. Entonces alguien puede preguntar: ¿Para qué sirve entonces el perdón de Jesús? ¿Por qué dice la Biblia: no se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido? También hoy la Biblia dice: Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.

Estos razonamientos simplistas de hombres que buscan justificarse a sí mismos suceden porque buscan y memorizan versículos o porciones que les interesan, el pasaje completo de Ezequiel 33:16 dice: No se le recordará ninguno de sus pecados que había cometido; hizo según el derecho y la justicia; vivirá ciertamente. Y ¿qué es hacer el derecho y la justicia? Hoy la Biblia en Isaías dice: Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda (v. 16-17)

O sea, para que realmente tus pecados sean perdonados y que Dios no se olvide más de ellas, para que seas emblanquecidos y seas como la blanca lana, es imprescindible que tú “dejes de hacer lo malo”, que “aprendas a hacer el bien” y “buscar hacer la justicia” DE JEHOVÁ DIOS. Y ¿cómo se hace esto? Pues únicamente cuando conoces la ley de Dios perfectamente y te esfuerzas de cumplir con toda tu alma, con todas tus fuerzas, con todo tu pensamiento y con todo tu corazón. Como saben, la balanza se inclina hacia el hacedor: Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. (Romanos 8:10-14). Por tanto, hasta que no muestres que haces la justicia de Dios dejando los pensamientos simplistas de pecadores, jamás tendrás el testimonio del Espíritu Santo de que eres “hijo de Dios”.

Pero generalmente el hombre es muy liviano consigo mismo. Así como el ejemplo que les hablé al comienzo, porque se casó con su novia con quien había tenido relaciones prematrimoniales, “jamás” considera el pecado de la fornicación y que ambos deben ser “muertos”. En cambio, dicen que se arrepintieron y se casaron, tapando así sus pecados. Y porque “solucionan” los pecados tan superficialmente y “perdonador” según los pensamientos del hombre, no existe cosa sana desde la plata del pie hasta la cabeza, sino herida, hinchazón y podrida llaga, en algún momento siempre llega el juicio correspondiente. Y hasta que no haga lo correcto, jamás tendrá esto en su vida: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16)

Por eso la Biblia dice sabiamente: Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra (Salmo 119:67). Por esta causa es lento el discipulado, es lento el tiempo hasta que ustedes alcancen a “ver” que la Biblia funciona y se “cumple” como las Escrituras están escritas. Motivos por los cuales es lento ver el amor de Dios, su misericordia, o las promesas del pacto.

EMBLANQUECIDOS

No es sencillamente pedir perdón en nombre de Jesús, y pasado la tormenta sigue sin cambio, ni mejoría, ¡eso no es arrepentimiento! Entonces significa que no hay verdadero entendimiento del pecado, ni ha experimentado la dicha del perdón y el temor de Jehová que resultante. Por esta causa el hombre vuelve a pecar en los mismos mandamientos.

Por eso, cuando Dios habla de: estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana. No es como hoy muchos creyentes hablan o piensan acerca del perdón.

Cuando uno conoce el verdadero significado del pecado, es dolerse por haber cometido el pecado, es hacer el bien, es devolver lo defraudado. Y luego hacer las cuentas con Dios porque sabe cómo su espíritu está muerto por la ausencia de la manifestación del Espíritu Santo.

¿Qué significa entonces este emblanquecimiento? ¿Por qué es tan importante tratar el pecado de esta forma?

Volvamos a nuestro ejemplo de la fornicación. Si ustedes no resuelven el pecado en forma completa y satisfactorio para Dios y son emblanquecidos, verán que sus hijos nacerán con algunos problemas consecuentes, luego sus hijos cuando cometan el mismo pecado de la fornicación con sus novios, tampoco podrás juzgarlos. ¿Por qué? Porque no estás emblanquecido para que puedas tratar ese pecado con autoridad de Dios. Simplemente lo taparás y tratarás de enmendar como lo hiciste tú, e incluso ayudarás a tus hijos a encubrirlo.

Por eso la Biblia hoy nos dice: ¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. Tu plata se ha convertido en escorias, tu vino está mezclado con agua. Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no hacen justicia al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda. (v. 21-23). Cuando el pecado es dejado sin obtener el perdón emblanquecedor con la condición de haber entendido la gravedad de su pecado y a aprender a hacer lo bueno, te convertirás en ramera, en un príncipe injusto, tu plata se convertirá en escoria, tu vino mezclado con agua; amarás la corrupción y votarás a interés.

Y fíjense de qué manera Dios es fiel con los hijos del pacto, no deja simplemente que sigas en ese pecado, sino que promete: Por tanto, dice el Señor, Jehová de los ejércitos, el Fuerte de Israel: Ea, tomaré satisfacción de mis enemigos, Y volveré mi mano contra ti, y limpiaré hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza. (v. 23-24)

Dios no quita tu condición de hijo, ni revoca la salvación, pero eres desobediente y sigues en esa senda tiene que tomar satisfacción por los pecados. ¿Por qué? Porque entregó a Jesús para que pagase por tus pecados, pero tú en lugar de comprender y glorificar, pecas y mancillas el buen nombre de Jehová Dios. Entonces, siendo hijo (que es irrevocable el don) eres tratado como enemigo. Y promete que limpiará hasta lo más puro tus escorias, y quitaré toda tu impureza.

Mas siempre Dios deja un remanente santo y apartado, un pequeño grupo de creyentes por quienes tiene mucho cuidado, y los libra de ser como Sodoma y Gomorra. Y restaura por medio de esas personas los jueces como al principio.

Por tanto, emblanquecidos significa que tú conociendo tus pecados, has aprendido los pecados, la gravedad de ellos, has aprendido a hacer lo bueno, que hoy quieres y luchas para hacer lo bueno. Entonces eres emblanquecido para que puedas juzgar como un juez en la tierra. Cuando tú puedes juzgar porque has sido emblanquecido, es porque Jehová no se acuerda más de tus pecados.

BLASFEMIA CONTRA EL ESPIRITU SANTO

Y aquí estamos en las cercanías de otros pecados posibles, cuando menosprecias la gracia de Dios y del perdón, porque si pecas y vuelves, pecas y vuelves; no tiene sentido tu entendimiento acerca del perdón y la obra que hace el Espíritu de Dios. Incluso puede llegar al extremo de ser expulsado definitivamente: El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero. O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. (San Mateo 12:30-37)

¿Cómo se puede tener buen tesoro del corazón para sacar buenas cosas si no fueren emblanquecidos?

¿Y qué son las palabras ociosas? Aquellas que no tienes autoridad para decirlo, y estás juzgando a otras personas, porque te atribuyes autoridad y parte de juez, cuando tú mismo no estás cumpliendo con los mandamientos. Y esta es la blasfemia al Espíritu Santo quien te guía al arrepentimiento, pues tú no haces caso, pero juzgas a otros. Comenzarás hipócrita y terminarás siendo blasfemador.

CONCLUSIÓN:

La palabra de Dios es bien clara: si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra; si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis consumidos a espada; porque la boca de Jehová lo ha dicho.

El emblanquecimiento no es una opción del creyente, porque mientras no llegues a entender completamente jamás lograrás agradar plenamente a Jesucristo por su amor y obra de redención. Y siempre estarás pronto para pecar, haciendo que el buen nombre de Jehová Dios sea blasfemado en la boca de los incrédulos.

La persona que ha empezado a emblanquecerse y reconoce esta gracia, difícilmente su vida vuelve a los pecados del pasado, siempre tiene una sobre edificación en la Palabra de Dios. Y porque conoce el verdadero valor del pecado, lucha denodadamente y se resiste con todo su ser ante el pecado. Pues la Biblia dice: Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. en esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios. Porque éste es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos a otros. (1 Juan 3:6-11)

Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros. (Santiago 4:7)

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

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Fecha de modicación: 04 de enero de 2010