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Sermón en el día de Jesús 12 de julio de 2009.

Título: ¿Y CUÁNDO LA FE?

Biblia: San Lucas 12:1-56

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

www.evangelio123.org

1)                En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía.

2)                Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse.

3)                Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.

4)                Mas os digo, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después nada más pueden hacer.

5)                Pero os enseñaré a quién debéis temer: Temed a aquel que después de haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno; sí, os digo, a éste temed.

6)                ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

7)                Pues aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; más valéis vosotros que muchos pajarillos.

8)                Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios;

9)                Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.

10)           A todo aquel que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado.

11)           Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir;

12)           Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.

13)           Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia.

14)           Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?

15)           Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.

16)           También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho.

17)           Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos?

18)           Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes;

19)           Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate.

20)           Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?

21)           Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

22)           Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis.

23)           La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido.

24)           Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros muchos más que las aves?

25)           ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo?

26)           Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás?

27)           Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.

28)           Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe?

29)           Vosotros, pues, no os preocupéis por lo que habéis de comer, ni por lo que habéis de beber, ni estéis en ansiosa inquietud.

30)           Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo; pero vuestro Padre sabe que tenéis necesidad de estas cosas.

31)           Mas buscad el reino de Dios, y todas las cosas os serán añadidas.

32)           No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

33)           Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.

34)           Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

35)           Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas;

36)           Y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida.

37)           Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles.

38)           Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.

39)           Pero sabed esto, que si supiese el padre de familia a qué hora el ladrón había de venir, velaría ciertamente, y no dejaría minar su casa.

40)           Vosotros, pues, también, estad preparados, porque a la hora que no penséis, el Hijo del Hombre vendrá.

41)           Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

42)           Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración?

43)           Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.

44)           En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

45)           Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse,

46)           Vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.

47)           Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes.

48)           Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

49)           Fuego vine a echar en la tierra; ¿y qué quiero, si ya se ha encendido?

50)           De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!

51)           ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión.

52)           Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres.

53)           Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.

54)           Decía también a la multitud: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y así sucede.

55)           Y cuando sopla el viento sur, decís: Hará calor; y lo hace.

56)           ¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo?

INTRODUCCIÓN:

¿Se acuerdan que la semana pasada estuve predicando acerca de “SANOS EN LA FE”, y les estuve hablando de qué significa y quiénes son los verdaderos adoradores de Dios?

Y uno de los fenómenos que sucede a continuación es que las personas comienzan a “acomodarse” para estar conforme a la palabra, mas generalmente no en hechos sin en pensamientos. Se dice a sí mismo: yo estoy en la Iglesia Esperanza, hace años que vengo aprendiendo la Palabra de Dios con el pastor David. Por tanto, se dice y se convence a sí mismo: ¡estoy en el mismo barco! Otros dicen: no tengo tiempo pero yo doy mis ofrendas… y yo: ¡oro firmemente todos los días por los obreros de Dios!

Es el mismo argumento que estaba diciendo Pedro a Jesús en el versículo 41: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

Una cosa es saber las Palabras de la Biblia, saber las doctrinas que sustentan el Evangelio de Jesucristo. Mas cuando hablamos de fe en la Palabra no implica “conocerlas” o como comúnmente las personas malinterpretan diciendo “tengo fe en Dios”; esta forma de creer que fue puesta de moda por los hombres religiosos, no es más que la hipocresía de los fariseos.

En cambio, cuando hablamos de “SANOS EN LA FE”, estamos hablando de una “FE VIVA, UNA FE SANA”, como la Biblia dice: Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? (Santiago 2:18-20)

Toda “FE” para que sea sana tiene que estar basamentado en una doctrina “VERDADERA”. Mas no por estar enseñado en la doctrina correcta y que es comprobable por medio de las Escrituras signifique que el creyente tenga una “Fe Sana”. Porque una fe sana tiene que producir frutos, acciones y obras como todo buen árbol.

Y normalmente aquí comienzan de nuevo las discusiones entre los creyentes y en las iglesias acerca de: “¿qué son las obras para Dios?”, dicen: “su iglesia ya lo está realizando”, “que están ofrendando para que otros: pastores y misioneros estén predicando el evangelio”, cada uno en su oficio correspondiente, “que aún no es tiempo”, “que no tiene tiempo”, “que no le gusta las obras que hace su iglesia”, “que no le gusta los encargados, los líderes”; “que no le gustan la forma como se maneja y como se administra”, “que debería hacerse según su criterio”. Sí, son miles de formas de discusiones para NO HACER NADA. Por estas y otras causas, Jesús también dice: ¿Pensáis que he venido para dar paz en la tierra? Os digo: No, sino disensión. Porque de aquí en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos, y dos contra tres. Estará dividido el padre contra el hijo, y el hijo contra el padre; la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. (v. 51-53)

Hoy existen tantos creyentes que son excelentes para ver el mundo y opinar sobre ellos, pero no conocen los tiempos de Dios, ni saben dónde está Dios obrando o qué desea hacer el Señor. ¿Y cuándo la fe?

TODOS SON SEÑORES

Esto sucede en la iglesia: si existe un bote de competición de diez remeros más el timonel, por lo general existen diez jefes, señores que gritan, que discuten unos a otros cómo se ha de gobernar y remar el bote; y el pastor que trata de apaciguar los ánimos. Son diez SEÑORES remeros que esperan que el pastor reme el barco mientras están ellos sentados con ojos críticos. Este es el mayor mal de la iglesia actual: “Todos son señores”, “todos son expertos en todos los temas.”

Los creyentes son como los señores que se preocupan de los negocios de la vida, se pelean por el partimiento de las ganancias y de las herencias; son creyentes “regordetes” que solamente piensan en acumular riquezas porque el Señor les ha bendecido.

Son señores porque piensan que han ofrendado lo suficiente, que el pastor es su lacayo porque le paga el sueldo al igual que uno de sus  empleados. Y cada uno son señores que se preocupan y se afanan por sus vidas, y porque siempre son señores: “no tienen tiempo para Dios”, siempre tienen compromisos, fiestas, relaciones, acontecimientos, reuniones, trabajos.

Todos intentan acumular grandes riquezas para alcanzar a ser señores más grandes, fuertes, respetados. Y así vienen a la iglesia, siguen siendo señores…

Por eso la iglesia está categorizada según el escalafón que habla el diezmo de cada creyente (…perdón: el diezmo de cada señor), porque así funciona en el mundo de los señores, así creen y hacen funcionar en la iglesia. Todos los señores esperan para que otros “menos” señores sean los primeros en mojar el dedo… o sudar la camisa.

Es la causa de por qué pueden “creer” en la sana doctrina, pero quedan cortos y no pueden tener una “fe sana”. Porque para tener una fe sana, hay que producir y para producir en el reino de Dios no puedes ser SEÑOR. Porque muchas veces tienes que decidir entre ¿quién es el Señor? Tú o Dios. Y si siempre que “tus asuntos, tus prioridades, tus necesidades, tus temores, tus deseos, tu agenda, tu tiempo, tus negocios” te controlan, resulta que tú eres MÁS SEÑOR que Jesús.

Por esta causa generalmente las iglesias están llenas de señores, porque nadie quiere trabajar. Pero resulta interesante el dilema: ¿cómo logra que la iglesia se mueva? ¿Qué se hace? LOS SEÑORES contratan a los empleados, que son los pastores, los evangelistas, los seminaristas ligados por alguna beca. Y digo lo cierto, porque verán que no existe ningún pastor o evangelista que ordene, que dirija, que acuse según la Palabra de Dios. ¿Cómo ministrar a los señores que le dan de comer?

¿En qué resulta todo esto? Que no hay SANOS EN LA FE o si los hay son poquísimos. Porque existe vicio en la relación pastor-ovejas: uno puede enseñar la Palabra de Dios y el otro espera que no lo haga muy duro. Y ¿cómo un pastor-empleado puede contra su señor-pagador del pan de cada día? Y estos vicios no son nuevos, antiguamente ya existía: sus atalayas son ciegos, todos ellos ignorantes; todos ellos perros mudos, no pueden ladrar; soñolientos, echados, aman el dormir. Y esos perros comilones son insaciables; y los pastores mismos no saben entender; todos ellos siguen sus propios caminos, cada uno busca su propio provecho, cada uno por su lado. Venid, dicen, tomemos vino, embriaguémonos de sidra; y será el día de mañana como éste, o mucho más excelente. (Isaías 56:10-12)

Y cada pastor respecto a los otros son Señores. Por eso, las iglesias están hoy tan atareadas en los banquetes de los señores dentro de sus edificios, pero en el mundo existe tinieblas y hambre del evangelio. Por esta causa Pedro se asustó y le dijo al Señor Jesús: Señor, ¿dices esta parábola a nosotros, o también a todos?

¿Cómo hace la iglesia para hacer trabajar a estos señores? Categorizarlos por medio de cargos, títulos, reconocimientos, premios, agradecimientos: por eso aparecen los presbíteros, los diáconos ungidos, los diáconos temporales, las diaconisas, los maestros de escuela dominical, etc.

TODOS SON SIERVOS

Todos ustedes quieren ser sanos en la fe, pero no piensen que por estar en la iglesia que cree y obra tratando de caminar en el pacto de Dios significa que estés dentro del pacto y seas sano en la fe.

Para ser sanos en la fe, hay que obrar. Y para obrar, el Señor Jesús nos enseña cómo: HAY QUE TRABAJAR COMO SIERVO. Como él mismo dijo: Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. (San Marcos 10:42-45)

Y es aquí en donde tiene que obrar tu fe, aunque tú seas señor en el mundo, seas profesional, famoso, una celebridad, una persona muy atareada, que en el mundo nunca toque o junte una bolsa de basura; en la iglesia y en el reino de Dios tienes que ser siervo de Cristo y siervo de los demás hermanos, especialmente de los niños espirituales.

Como siervo tienes que aguardar la venida del Señor Jesucristo, y así debe vivir cada día. Y por eso el asombro de Pedro, porque pensaban que se estaban constituyendo en maestros, en categorías de hombres superiores, que estaban convirtiéndose en SEÑORES.

Mas el que verdaderamente puede trabajar, que acumula riquezas en el cielo es aquella persona quien puede trabajar como siervo en todas las obras de Dios. Aquel que no discute, ni es reticente respecto al trabajo, a cualquier trabajo. Por eso Jesús le preguntó a Pedro: le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le respondió: señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. (San Juan 21:17)

Verán que todos buscan trabajos o servicios de señores dentro de la iglesia. Siempre existen los trabajos para siervos y en realidad solamente hay trabajos para siervos, nunca para señores porque éstos nunca harán sinceramente sino siempre esperando una compensación.

Hoy muchos quieren recibir bendiciones de Dios, pero tengan en cuenta que si no trabajan como siervos, no hay manera de recibir las bendiciones de Dios.

Pero también existen dos clases de siervos, aquellos que simplemente cumplen con su función. Mas si verdaderamente ustedes quieren recibir cosas más grandes, tienen que ser siervos de otro tipo. Con lo que Jesús dijo hasta aquí, Pedro ya se asustó, y preguntó: ¿yo también tengo que ser siervo?

Verán que Jesús no le contesta sí o no, sino explica de otra clase de siervo:

EL MAYORDOMO

Un ejemplo es justamente José, quien aún cuando fue vendido por la maldad de sus hermanos, fue fiel y firme en las promesas de Dios: Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo. Y dejó todo lo que tenía en mano de José, y con él no se preocupaba de cosa alguna sino del pan que comía. (Génesis 39:3-6)

Este es el tipo de siervo fiel que habla Jesús en el texto de hoy, quien no necesita de un amo o los ojos del líder o pastor para que la misión sea cumplida, sino que uno “cree en Dios” y es fiel en toda su casa.

Es el siervo quien trabaja con interés, con entusiasmo, con iniciativa, con creatividad, quien ofrenda más de lo que es estrictamente necesario. Quien piensa y considera que la casa de Dios es la casa de su Padre.

Mas solamente puede trabajar un creyente como un siervo mayordomo cuando está seguro y confiado en Jesucristo quien le ha dado promesas, le ha derramado su gracia y lo ha entendido. Además siente un amor tan grande por Jesús que no importa de llamarse siervo, aún siendo presidente de una gran compañía multinacional.

Hoy los creyentes son muy calculistas, no quieren servir, ni sacrificarse si no ven una ganancia, si no ve un reconocimiento. Otros trabajan para ser elegidos diáconos o presbíteros.

Mas ahora les quiero contar un gran secreto que muchos creyentes no saben, esto a muchos les puede salvar la vida:

HIJOS PERO SIERVOS

Una realidad que nos dice la Palabra de Dios es que nosotros somos hechos hijos de Dios y tratados como tales, tenemos los privilegios de hijos.

Pero aquí está el secreto: que en las obras nosotros debemos considerarnos siervos y trabajar como tales. Porque a la hora en que somos juzgados por Dios, ustedes encontrarán en la Biblia que siempre juzga a los siervos y como siervos, juzga como labradores y busca frutos producto del arrendamiento.

Y esto lo tienen que considerar muy seriamente, porque el texto que hoy hemos visto verán cómo el rico quien piensa agrandar su granero se considera señor, pero nunca piensa como siervo ante Dios y nunca piensa en trabajar como siervo para las cosas de Dios dentro y fuera de la iglesia.

Veamos los versículos qué dicen:

  • Bienaventurados aquellos siervos a los cuales su señor, cuando venga, halle velando; de cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles. Y aunque venga a la segunda vigilia, y aunque venga a la tercera vigilia, si los hallare así, bienaventurados son aquellos siervos.
  • Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes.

Mas aquí está el segundo secreto: que si no sirves como siervo y si no tienes frutos o ganancias de los talentos que te encargó el Señor, serás juzgado. Por eso dice la Palabra hoy: Vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles. Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá.

Pero otros serán echados fuera para que se duelan y crujan sus dientes de dolor.

CONCLUSIÓN

¿Para cuándo piensas mostrar tu fe? ¿Qué oportunidad piensas que es suficientemente importante y oportuno para que muestres tu fe? Y solamente cuando tu fe y tú comienzas a trabajar y servir en el encargo que Jesús te hace, tú serás cada vez más sano en la fe, y también podrás trabajar como un siervo y serás un mayordomo fiel.

No siempre te es extendido la oportunidad para que puedas servir al Señor Jesús, verás que de tiempo en tiempo el Dios envía a sus siervos para recibir los frutos del arrendamiento, vendrá para juzgar según los talentos ganados, según las minas que tú negociaste.

Y esto es cierto: pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí. (San Lucas 19:26-27).

No seas de aquellos que se pierden sino de los que creen para salvación. Así salvarás a ti y a tu casa, y recibirás las bendiciones. No dejes que tu fe se duerma.

¡Sé un fiel siervo de Jesucristo!

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

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