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Sermón en el día de Jesús 21 de junio de 2009.

Título: ¿CÓMO TE JUZGAS?

Biblia: Romanos 2:1-11

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

www.evangelio123.org

1.     Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.

2.     Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad.

3.     ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?

4.     ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?

5.     Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,

6.     El cual pagará a cada uno conforme a sus obras.

7.     Vida eterna a los que perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad,

8.     Pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia;

9.     Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego,

10.           Pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego;

11.           Porque no hay acepción de personas para con Dios.

INTRODUCCIÓN

Hoy vamos a tratar el tema más difícil de todos. ¿Y por qué es difícil? No porque no lo sepamos, difícil porque nos molesta juzgarnos a nosotros mismos y sobre todo el juicio quiere salir torcido. Incluso hay personas quienes fueron enseñados y dicen que no deben juzgar el uno al otro, simplemente porque la palabra dice: no juzguéis.

Pero saben ustedes que esto es imposible, que esto no es lógico, y aquellos que así hablan lo dicen para seguir pecando. Sino ¿cómo podría Dios juzgar a nosotros?, sino ¿cómo un padre podría juzgar a su hijo para corregir?, sino ¿cómo un pastor puede juzgar a sus ovejas? Y vemos cómo Moisés juzgaba al pueblo, luego estableció a setenta ancianos para que juzgue.

Mas bien, lo que la palabra de Dios nos quiere mostrar y enseñar es respecto a cuán justo debe ser la justicia que debe impartirse cuando se juzga. Y porque normalmente las personas juzgan sin tener en cuenta las cosas que ello implica, que siempre existe una consecuencia del juicio emitido.

Y respecto a cualquier juicio, ustedes por experiencia siempre verán que yo trato de callarme, de orar y ver las cosas antes de emitir un juicio salvo que sean cosas que ya conozco porque vengo orando desde un tiempo atrás por ese asunto o problema.

Todas estas cosas les quiero tratar de enseñar hoy.

¿NO TE JUZGAS A TI MISMO?

Por lo general, como les dije al comienzo, los creyentes no se juzgan a sí mismos, uno porque no conocen correctamente la palabra, y también dejan de juzgar por ignorancia no sabiendo a cuántos males se ven expuestos, pero otros exageran en sus juicios.

Si supieran la Palabra de Dios, temerían, harían lo correcto y juzgarían justamente, sin excesos y con mucho temor de Jehová.

Y ¿por qué deben juzgarse a sí mismo correctamente? Porque así se librarían de muchos males, pues muchos de los males que tienen es porque no se juzgaron a sí mismos y en el momento oportuno.

Y escuchen con cuidado: JUZGARON A OTROS, PERO NO SE JUZGARON A SÍ MISMOS Y A LOS SUYOS. Mas cuando viene el tiempo del juicio de Dios, el día de retribución, el Señor juzga justamente y si en ese momento algún creyente no está corregido, también caerá.

El modelo de creyente quien piensa respecto al justo juicio de Dios es el caso de Job, y así dice la Biblia: e iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días. (Job 1:4-5)

Tan importante como saber pedir las bendiciones, tan importante como vivir y hacer lo agradable delante de Dios para alcanzar las promesas; es saberse juzgar a sí mismo correctamente, con el justo juicio y sobre todo CON LA VARA Y BALANZA DE DIOS.

Y si no juzgas correctamente y con la misma rudeza con que se juzga al prójimo, es como carcomer silenciosamente tu interior y cuando venga el día del juicio de Dios, caerás igual que los demás pues tu casa tampoco resistió a la prueba del fuego.

Tenemos un ejemplo de cómo la casa de un rey como Saúl se desmorona porque no fue justo en su juicio, y no actuó correctamente y se dejó llevar por la euforia del pueblo vencedor de una batalla. Jehová dijo ese día a Samuel: me pesa haber puesto por rey a Saúl, porque se ha vuelto de en pos de mí, y no ha cumplido mis palabras. Y se apesadumbró Samuel, y clamó a Jehová toda aquella noche. (1 Samuel 15:11)

Pero saben ¿qué dijo Saúl de sí mismo? Vino, pues, Samuel a Saúl, y Saúl le dijo: Bendito seas tú de Jehová; yo he cumplido la palabra de Jehová. Samuel entonces dijo: ¿Pues qué balido de ovejas y bramido de vacas es éste que yo oigo con mis oídos? Y Saúl respondió: de Amalec los han traído; porque el pueblo perdonó lo mejor de las ovejas y de las vacas, para sacrificarlas a Jehová tu Dios, pero lo demás lo destruimos. Entonces dijo Samuel a Saúl: Déjame declararte lo que Jehová me ha dicho esta noche. Y él le respondió: Di. Y dijo Samuel: Aunque eras pequeño en tus propios ojos, ¿no has sido hecho jefe de las tribus de Israel, y Jehová te ha ungido por rey sobre Israel? Y Jehová te envió en misión y dijo: Ve, destruye a los pecadores de Amalec, y hazles guerra hasta que los acabes. ¿Por qué, pues, no has oído la voz de Jehová, sino que vuelto al botín has hecho lo malo ante los ojos de Jehová? Y Saúl respondió a Samuel: Antes bien he obedecido la voz de Jehová, y fui a la misión que Jehová me envió, y he traído a Agag  rey de Amalec, y he destruido a los amalecitas. Mas el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, las primicias del anatema, para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal. (1 Samuel 15:13-21)

A esto hace referencia el profeta Samuel al rey Saúl: Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey. Entonces Saúl dijo a Samuel: Yo he pecado; pues he quebrantado el mandamiento de Jehová y tus palabras, porque temí al pueblo y consentí a la voz de ellos. Perdona, pues, ahora mi pecado, y vuelve conmigo para que adore a Jehová. (1 Samuel 15:22-25)

En este pasaje ven cómo Saúl no se juzgó a sí mismo, ni juzgó correctamente al pueblo con los ojos de Dios, porque juzgó como hombre, porque él mismo aplicó misericordia donde no debía, ni había recibido potestad de Dios para hacerlo. Y eso hizo que él mismo sea quitado del trono y sea entregado a un prójimo mejor que él.

No es simplemente no alcanzar las bendiciones, sino que si tú no te juzgas correctamente, ni juzgas a tiempo con los ojos y severidad de Dios, incluso las bendiciones que tienes Te serán quitados. Jesús mismo dijo: Respondiendo su señor, le dijo: Siervo malo y negligente, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Por tanto, debías haber dado mi dinero a los banqueros, y al venir yo, hubiera recibido lo que es mío con los intereses. Quitadle, pues, el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. (San Mateo 25:26-30)

Así también asevera Dios en Apocalipsis 3:18-19 Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete.

Porque tú estás expuesto al juicio de Dios, tienes que saber juzgarte a ti mismo. Es más, antes que sobrevenga el juicio a los incrédulos, tú debes juzgarte y corregir tus caminos a tiempo para que la misericordia de Dios se aplique en ese entretiempo, porque luego si no eres justo, caerás con el pecador.

Por eso, vamos a entender mejor lo que dice las palabras de Jesús y que tan mal interpretado es: No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. (San Mateo 7:1-2). ¿Cómo entienden ustedes estas palabras? ¿Quién será el que os volverá a juzgar? Generalmente se piensa que otros hombres le juzgarán también de la misma medida.

Mas en realidad no es así, porque cuando juzgas, te haces juez y estás emitiendo un juicio, una sentencia. Pero lo que la mayoría de las personas no sabe, es que el primero que te juzga a ti es Dios. Y si tú mides al hombre, también eres medido de la misma manera y juzgado; y mejor que tú estés limpio para librarte del justo juicio de Dios. Porque así es el juicio del Señor: Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe. (Éxodo 21:23-25)

Por ejemplo, si dices: ¡uy!  Este mal le vino por malo, porque robó, porque estafó, porque mató, porque mintió, porque dio falso testimonio, porque su codicia mala… le vino estas cosas. Pero si tú no juzgas antes a ti mismo, si no oras profundamente ante Dios para que te revele si tú igualmente no te has caído en esa clase de pecado y si no te corriges, Dios mirará tus obras y te juzgará primero y luego al que cometió tal infracción. Por eso dice la Biblia: ¿Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? (Romanos 2:21-23)

Esta es una de las muchas razones de por qué muchos creyentes caen, pues a otros les quiere aplicar toda la mano dura de Dios, pero se olvida de juzgarse a sí mismo.

LA VIGA DE TU PROPIO OJO

Juzgar a los otros es lo más fácil que hay en el mundo, porque fácil es abrir la boca y dejar que la lengua comience a jugar libremente respecto de los males de todos los hombres.

Mas siempre tenemos la vista ciega, la regla más corta y pocas palabras para juzgarnos a nosotros mismos y a los nuestros. Y además siempre nos anticipamos para que otros dejen de opinar, pues decimos: “yo no soy mejor, pero…”, “yo sé que es mi mal también, pero…”, “no hay justo ni aun uno dice la Biblia, pero…” Y uno se considera ya juzgado para comenzar a opinar sobre otros.

Mas así no dice las palabras de Jesús. El Señor dice: ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (San Mateo 7:3-5)

Esta es la increíble capacidad del hombre, realmente increíble: PUEDE FIJARSE EN LA PAJA DEL OJO DEL PRÓJIMO PERO NO PUEDE VER LA VIGA EN SU PROPIO OJO.

Y Jesús dice bien claramente: Hipócrita, saca primero la viga de tu propio ojo y entonces verás bien. Verás claramente para quitar la paja del ojo del prójimo. Entonces, lo correcto y si no quieres ser juzgado con la justicia de Dios quien juzga ojo por ojo, diente por diente, quemadura por quemadura, vida por vida. Es imprescindible que tú quites toda tu viga primero, y luego juzgues. Por eso se comete un error frecuente, porque dicen “yo conozco mi defecto” y a partir de ahí comienza a juzgar. ¡No! Jesús es bien claro: quita la viga que está en tu propio ojo primero, entonces verás bien. No es simplemente “reconocer tu mal”, sino ¡quitarlo de ti!

Esto hay que practicar y les CONTARÉ UN GRAN SECRETO PARA SALVAR TU VIDA: si tú ves ALGUNA paja en el ojo ajeno, “siempre, SIEMPRE” debes saber que tienes una viga en tu ojo. Y siempre es un buen ejercicio espiritual y muy prudente que tú ores por días, por muchos días por ese hermano por esa paja que tú logras ver que tiene y luego que le cuentes o juzgues. Porque en el proceso de orar constantemente, Dios te mostrará tu viga, podrás quitarla de tus ojos, arreglar las cosas ante Dios con suficiencia. Y luego cuando juzgues al prójimo, no serás juzgado por Dios.

Mas igualmente, cuando haces de esta manera, cuando estés en el proceso de quitar la viga de tus ojos, verás cuán grave es tu pecado, verás cuán difícil es quitar esa viga de tus ojos, y en lugar de juzgar simplemente al hermano, le ayudarás a salirse de la paja pues tendrás misericordia. Y el juicio que luego hagas, no sería erróneo sino justo con los ojos de Dios.

NI VIGAS NI PAJAS EN TUS OJOS

Aquella persona quien se juzga correctamente, quien se juzga diariamente delante de Dios presenta ciertas características. Y uno puede ver quién se está juzgando a sí mismo.

Antes que nada, ¿por qué no están viendo la viga de sus propios ojos? Esto también es un problema, es porque el espejo al que te miras está muy sucio (pues tu espíritu está en muchas tinieblas), porque la regla con que mides no está calibrado según la biblia. Es porque no tienes discernimiento espiritual, porque no lees la Biblia suficientemente, ni con suficiente atención. Lees pero no verificas si existe una viga en ti, el Espíritu Santo no te acusa ni te apercibe o te exhorta; ¡y esto es gravísimo! Y también existen personas quienes leen la Biblia solamente para encontrar la paja en el ojo del prójimo.

¿Cómo se sabe que una persona se está juzgando a sí mismo? ¿Cómo se sabe que la persona está se está quitando la viga? ¿Cómo se sabe que la persona está ayudando a quitar la paja del ojo ajeno?

Pues quitar la paja del ojo ajeno es beneficioso, es útil para la persona quien lo tiene incrustado en sus ojos. Es un bien que le estamos haciendo, porque estamos testimoniando de que existe un Dios justo. Pero quitar la paja del ojo ajeno no es juzgar para destruir, sino es juzgar para indicar que existe un mal y que de ese mal se libre. Por tanto, quitar la paja del prójimo: “No es para destruir, sino para edificar

Es como encontrar la causa de un anémico, encontrar dónde y por qué no está creciendo, y quitado esa paja, ese mal, resuelto ese problema tiene que crecer, tiene que producir frutos. Como lo dijo Pablo respecto a la reacción que tuvieron los corintios luego que les amonestó en la primera epístola: Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuiste contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce ARREPENTIMIENTO PARA SALVACIÓN, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto. (2 Corintios 7:9-11)

Hoy, la mayoría de los juicios con que juzgan ustedes es para destruir al otro, es para pisotear al hermano, es para rebajar para elevarse él mismo por encima de otros. ¡Eso es destruir!

Cuando la persona se quita la viga, cuando la persona se quita la paja, esa persona a partir de ese entonces tiene que crecer, tiene que dar frutos según la Palabra, tiene que ser un hombre más crecido espiritualmente, conociendo mejor el amor de Cristo, se debe encontrar una mayor dedicación de ese creyente y un mayor compromiso con Cristo. Si no es así, no ha sido provechoso el juicio. Por eso, cuando uno ora largamente por un hermano por su paja, el Señor te dará la Palabra necesaria, él arreglará la situación necesaria para que todo sea oportuno, provechoso y de abundancia de vida para el hermano que está en el mal.

Así también, ¿por qué tienes que juzgarte a ti mismo? Porque mientras tengas la viga en tu ojo, eso impedirá a que veas correctamente, eso siempre distorsionará tus observaciones, nunca comprenderás el perdón de Cristo, ni podrás perdonar al otro, y si no puedes perdonar al prójimo, no estás amando a Dios ni al prójimo.

Por esta razón uno tiene que leer constantemente la Biblia, orar y preguntar a Dios por sus vigas que aún permanecen en sus ojos. Así estás calibrando siempre tus ojos, tu medida es correcto, estás despierto espiritualmente para sentir los más leves cambios en el ánimo del Espíritu Santo que mora en ti.

LAS OBRAS QUE HAGO DAN TESTIMONIO

Está escrito en la Biblia: Entonces los fariseos le dijeron: Tú das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Respondió Jesús y les dijo: aunque yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de donde he venido y a dónde voy; pero vosotros no sabéis de dónde vengo, ni a dónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy yo solo, sino yo y el que me envió, el Padre. Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy testimonio de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio de mí. (san Juan 8:13-18)

También dijo el Señor: Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. (San Juan 10:25-26)

La manifestación que tiene el Espíritu Santo cuando tú estás quitando metódicamente las vigas de tus ojos, hace que el Padre y Jesucristo se manifieste en ti; y dan testimonio en tu interior y en tu vida de que eres aprobado. Dándote así confianza, entendimiento y todo juicio para juzgar rectamente.

Por eso Jesús decía: así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. (San Mateo 7:17-19).

¡Así también es todo aquel que es nacido de Dios!

Es más, la persona que está aprobado por Dios, el Espíritu Santo se manifiesta firmemente en la persona y tiene una característica INCONFUNDIBLE CON EL SELLO DE JESUCRISTO: DIOS LE OTORGA SU AUTORIDAD A SU AMADO. Y esto no es algo que uno lo reciba simplemente porque lo pide en oración, sino que debe santificarse en toda la Palabra, y ser agradable al Señor en todas sus obras. Por esta causa dice a Tito: porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. esto habla, exhorta y reprende con toda autoridad. Nadie te menosprecie. (Tito 2:11-15)

LOS FRUTOS DEL QUE VIVE EN BUENA CONCIENCIA

Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; hollarás al cachorro del león y al dragón. Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, y le mostraré mi salvación. (Salmo 91:11-16)

Saben ustedes que estas palabras no se aplican a todos los creyentes, ni todos los creyentes están confiados que Dios les cuidará de esta manera. ¿Saben por qué? Porque aquella persona quien no se juzga a sí mismo, quien no quita constantemente la viga de su ojo no tiene confianza, ni confidencia con Dios.

Mas la persona quien vive una vida justa ante Dios, sabe que estas palabras como las de Salmo 91 y la de toda la Biblia tiene que funcionar plenamente en su vida. ¡NO PUEDE EXISTIR ERROR!

Por eso, cuando no resulta según todos los términos de la Biblia, es bueno saber que tienes vigas en tus ojos (sí, es una manera de examinarse y juzgarse). Que necesitas de mayor minuciosidad para juzgarte. No sea que tú estés confiado y se desmorone. De tiempo en tiempo, luego de un temporal vemos grandes árboles caídos, mas cuando buscamos la causa del por qué, veremos que la gran mayoría: ¡están podridos por dentro!

Y un gran maestro habla de esta manera: Entonces Pablo, mirando fijamente al concilio, dijo: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he vivido delante de Dios hasta el día de hoy. (Hechos 23:1)

Todo está coordinado y todo sale a luz.

CONCLUSIÓN:

Más que saber juzgar bien al prójimo, es imprescindible para tu vida, por tu salud y por la vida de los tuyos que tú te juzgues correctamente y con toda honestidad ante Jehová Dios.

Hay que salir de error tan frecuente a pensar que siempre estoy bien con Dios. Es tan fácil hablar de otros, pero guardar tu lengua dentro de la boca y cerrarla REQUIERE DE EXCESIVA FE y temor de Jehová.

Pero es un poco más fácil si tú te planteas de esta manera: ¡SALVA TU VIDA Y LA VIDA DE LOS TUYOS! Júzgate constantemente. Y eso era la recomendación de Jehová a Josué: Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. (Josué 1:7-9)

El juzgarte a ti mismo con exactitud y justeza es el comienzo de tu bendición en Cristo Jesús.

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

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