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Sermón en el día de Jesús 28 de diciembre de 2008.

Título: LA CRISIS EN LA CASA (Parte 4)

Biblia: 1 Pedro 4:1-19

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

www.evangelio123.org

1.     Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado,

2.     Para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios.

3.     Baste ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.

4.     A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan;

5.     Pero ellos darán cuenta al que está preparado para juzgar a los vivos y a los muertos.

6.     Porque por esto también ha sido predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.

7.     Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

8.     Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

9.     Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones.

10.           Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

11.           Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

12.           Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese,

13.           Sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

14.           Si sois vituperados por el nombre de Cristo, sois bienaventurados, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre vosotros. Ciertamente, de parte de ellos, él es blasfemado, pero por vosotros es glorificado.

15.           Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno;

16.           Pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.

17.           Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

18.           Y: si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?

19.           De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

INTRODUCCIÓN:

Hemos llegado al último domingo de este año 2008. Ha sido un año de mayores convicciones, de pequeños crecimientos para algunos y para otros de muchos cambios. Se han afirmado en la fe, algunos han experimentado con mayor vivacidad la Palabra de Dios. Hemos hecho dos viajes de evangelización, la fe y el entusiasmo no ha cesado.

Mas lo más importante es que cada uno de ustedes han comprobado cuán viva está la Palabra de Dios y de cómo las palabras de la Biblia tiene vigencia con plenitud en sus vidas. Pues a muchos la palabra de Dios les tocó profundamente y fueron como barro en manos del Gran Alfarero.

Y les aseguro que el año 2009 será un año muy diferente, un año como ningún otro, pues podremos ver muchos de los frutos de nuestra siembra. Como siempre les digo, ustedes son muy favorecidos, pues están conmigo desde los primeros momentos y pueden ver el camino que hemos recorrido, los cambios que están sucediendo y la firmeza de la mano de Dios quien se manifiesta en sus vidas y en la iglesia.

Eso no significa que hemos cumplido con todo, sino que aún hacemos ciertos ajustes, porque necesitamos aprovechar la paciencia, la misericordia y la buena voluntad de Dios hacia nosotros.

Ahora bien, para poder seguir creciendo y hacer mayores obras, si ustedes desean que la obra de Dios en sus vidas se haga más abundante y desean ver frutos mayores, es necesario que hagan pequeños ajustes.

Un ejemplo de ello es cuando pasamos de tiempo en tiempo, incluso una vez por semana junto a la gomería con nuestro automóvil y pedimos que nos calibre la presión del aire de las ruedas. Como los caminos que transitamos tiene muchos accidentes, asfalto, empedrado, baches, irregularidades del terreno, frenadas y arranques. Todo eso hace que las ruedas sean tratadas con rudeza, y también por el propio peso que soporta, hace que pierda pequeñas cantidades de aire haciendo necesario las calibraciones periódicas para un andar cómodo y perfecto.

Así también somos nosotros, necesitamos calibrarnos continuamente con la Palabra de Dios, y eso es por dos motivos:

1.     Porque podemos cometer pecados con o sin conocimiento, y necesitan ser resueltos rápidamente.

2.     Porque viejos pecados salen a luz y necesitan ser atendidos delante de Dios y de los hombres, para que muchas ataduras sean desenrollados.

¿POR QUÉ NECESITAMOS CALIBRARNOS?

Hoy nos dice en la palabra: puesto que Cristo ha padecido en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado. (v. 1)

Es que muchas veces, o porque eran niños espirituales aún, o porque amaban al mundo, o simplemente porque no se daban cuenta que eso era pecado; no vencieron el mal, se olvidaron del mandamiento de Dios o no lo sabían, o no lucharon contra las concupiscencias de la carne.

Hay que saber que no se puede pasar a la siguiente etapa del crecimiento y de mayor grado de bendición en Dios, sin que ustedes tengan la victoria sobre aquellas cosas que dejaron pasar, o se olvidaron porque justamente no quisieron padecer en la carne. Y el olvido no significa que hayas terminado con el pecado. El pecado continúa.

Es necesario que ustedes lo traten con todo el rigor necesario: COMO PECADO, porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. (Romanos 8:13)

Como le dije a una persona, generalmente cuando ustedes no quisieron padecer en la carne, ni quisieron tener un disgusto con una persona, ni quisieron vivir guardando el mandamiento asumiendo las consecuencias como pérdidas, peligros o temor. Y simplemente agacharon su cabeza para seguir los dictados de las cosas o de los hombres y pecaron. Mas hasta que no guarden el mandamiento de Dios y tengan victoria sobre ese tema, siempre tendrán temor, vergüenza, esclavitud.

Y tienen que saber que luego que se den cuenta, seguro que el Espíritu Santo les obliga a que confiesen y se arrepientan. Como les dije en sermones anteriores, el arrepentimiento no es decir: “perdóname Dios”. Sino que si entiendes tu error y estás arrepentido ante Dios, la próxima vez que suceda un hecho similar, uno tiene que cumplir la Palabra de Dios, padecer en la carne, pues solamente entonces se termina con el pecado, como lo dice el versículo 1: puesto que Cristo ha padecido en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado.

Otro punto que generalmente las personas se olvidan, es respecto a cómo Dios trata de disciplinar nuestro carácter, nuestra persona interior, nuestras actitudes, nuestros pensamientos. Que también deben ser ajustados a la Palabra de Dios, a la imagen de Jesucristo.

En el versículo 3 cita algunos de los pecados donde el hombre moraba anteriormente y tal vez ustedes lo hacían: andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías.

Mas pueden existir cosas más pequeñas pero que igualmente constituyen males delante de Dios: el carácter que tiene, el enojo, la impaciencia, la crítica, el menosprecio, la rebeldía, las habladurías, la facilidad para enfurecerse, la ira, la pereza, la dureza, el orgullo, la soberbia.

Incluso pueden existir cosas que ustedes simplemente consideran que es parte de su vida, de su persona como si fuera algo intrínseco a su naturaleza misma o que es una característica de su apellido u origen étnico, pero que examinado y comparado a los frutos del Espíritu Santo vemos que tú no concuerdas con Dios, ni eres capaz de producir esos frutos. Si la Biblia dice: Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Tal vez muchos de ustedes no tengan grandes problemas, pero si los pequeños, e incluso estos de carácter personal lo tienen que calibrar y estar en plenitud delante de Dios.

Y hay que entender que si estas cosas pequeñas, de carácter personal, si ustedes no lo ponen en sus oraciones, y se dedican muy conscientemente a resolverlos.

Generalmente los problemas del carácter, son los más difíciles de tratar y que requiere mayor tiempo de disciplina. Por ejemplo, una persona muy impulsiva y violenta era Moisés, quien viendo cómo un egipcio maltrataba a un hermano israelita, lo defendió y le mató. Terminando abruptamente toda su vida como hijo de la hija de Faraón y su vida en el palacio, y así huye al desierto. En el desierto, durante cuarenta años es disciplinado por Dios para que la Biblia diga que era un hombre muy manso: Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. (Números 12:3)

¿Por qué estoy hablando de estas cosas? Porque Dios tiene un propósito de cómo tiene que ser todo creyente: Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. (Romanos 8:29)

Y estas son los problemas que cuando no son atendidas y corregidas constituyen LA CRISIS EN TU CASA PERSONAL, y porque hoy la palabra de Dios dice:

EL JUICIO COMIENZA POR LA CASA DE DIOS

Leamos juntos el versículo 17-19: porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? De modo que los que padecen según la voluntad de Dios, encomienden sus almas al fiel Creador, y hagan el bien.

Les repito constantemente que el juicio de Dios sucede de tiempo en tiempo, y cuando esas cosas suceden y si tú estás en medio del camino, no te has preparado ni te has cuidado de resguardarte. Generalmente cuando Dios juzga a los impíos, también caen los creyentes.

Es la causa de por qué Dios retarda sus juicios: El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.

También es el motivo de por qué Dios no puede dar rápidamente las bendiciones que estamos pidiendo por medio de la oración o son cosas que necesitamos urgentemente para nuestra vida.

Porque toda persona que no padece en la carne para vencer sus pecados, sus temores: siempre huye, siempre es débil y principalmente respecto a ese pecado. Esta persona jamás puede crecer en plenitud, ni puede tener la abundancia de la gracia de Dios en las revelaciones. Y aquel que no tiene el carácter de Jesucristo como Dios necesita ver por medio de los frutos del Espíritu Santo, no puede realizar la obra de Dios. No puede recibir aquellas cosas que verdaderamente están preparados para él, ni recibe los talentos. ¿Y qué es esto sino tu casa que está en crisis?

Y un motivo más, aquella persona que nunca padece para vencer a la carne, siempre tiene un escollo, siempre tiene una debilidad. Y no puede cumplir acabadamente su objetivo o propósito de Dios para su vida. Es como ese tercer siervo que recibió un talento del Señor quien fue lejos, y ese talento lo tiene bien guardado, además sabe que su Señor es hombre severo, mas nunca se atreve a negociar su talento por el temor “de perder” lo que recibió.

Así que Dios es justo, y no hace acepción de personas cuando lanza el juicio, incluso en su casa. Y dice la Biblia: Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. (1 Corintios 3:12-14)

Es casi imposible que el creyente crea en estas palabras en una primera vez, porque siempre es mayor su incredulidad, siempre el amor por el mundo es mayor, siempre piensa que él no se verá afectado y sabrá cómo librarse cuando fuere necesario, siempre piensa que aún le queda tiempo.

Por eso, siempre todo creyente necesita pasar por dificultades, hasta que se instala el TEMOR DE JEHOVÁ en su vida. Y cuando lee la Biblia, lo toma con mucha seriedad, cumple fiel y rápidamente.

Y es aquí donde está la crisis de tu casa. Porque has descuidado tu vida, no has dado la debida importancia de tu casa espiritual como la casa carnal. E incluso hoy existen personas quienes piensa que ambos no tienen relación alguna.

Estos aspectos, el padecer en la carne para vencer el pecado y la transformación del carácter para dar los frutos del Espíritu Santo, son cambios que requieren de largos días e incluso muchos años de disciplina. Además es Dios quien juzga, nadie sabe el tiempo del examen, simplemente que cuando él viene (muchas veces imprevistamente como ladrón en la noche) para verificar tus frutos, tienes que poder darle. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Y a vosotros estás limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. (San Juan 15:2-6)

Y mientras que esto esté pendiente, es difícil que Dios les encargue todos sus talentos.

A esta altura, tengo que decir dos cosas: Primero, existe un grupo de creyentes incrédulos a todo esto, quienes no creen que exista algún juicio de Dios porque haga o deje de perfeccionarse. Segundo, existe un grupo de creyentes que escuchan pero se mantienen quietos, sin mover un ápice porque Dios es amor y misericordioso. Bueno para estas personas queda solamente esperar en el tiempo, pero yo seguiré orando para que Dios despierte a esas personas. ¡Dios les levantará si realmente son sus hijos según la promesa!

UN MODO DE ACELERAR EL CAMBIO

Leamos juntos los versículos 7-8 mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración. Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.

Estas son las dos formas de acelerar el proceso para encontrar los pecados que existen y que necesitan ser vencidos, y especialmente es por medio de la oración donde se fortalece, se envalentona la persona, es por medio de la oración cuando la persona recibe el poder del Espíritu Santo para vencer el temor.

Hoy es necesario que todos pensemos que tenemos muchos pecados que no hemos vencido en su tiempo, que el temor, la inseguridad que uno tiene es debido a un conjunto de pecados que no hemos podido vencer en su momento.

Mas también la oración tiene una función más, cuando uno está orando, su espíritu se despierta, se vuelve más sensible a la Palabra de Dios, y en especial puede saber el momento que ha vuelto para que luches contra el pecado y tengas definitivamente la victoria.

El siguiente punto es por medio de este versículo: Tener ferviente amor entre vosotros; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Y no existe mayor amor que dar la vida por los hermanos y por el prójimo.

Es que cuando uno sale a evangelizar, uno entra voluntariamente está entrando en la boca del lobo. Pues no se queda a esperar la siguiente vez que se produzca un hecho donde has sido derrotado y que tienes temor para luchar; en cambio, cuando evangelizas tú mismo te adelantas para vencer, de cumplir el mandamiento de Dios y así tener la ocasión para pelear contra el o los pecados y vencerlos.

Mas la ventaja de la evangelización es que tú recibes un poder especial del Espíritu Santo, como dice en San Marcos 16:15-18 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creen: en mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.

Estos son los dos métodos específicos para vencer tus temores, de combatir tus pecados y vencerlos. Y te sentirás muy bien, habrás probado el poder del Espíritu Santo, y te afirmarás más en tu identidad como hijo de Dios.

BUENOS ADMINISTRADORES DE LA GRACIA DE DIOS

No hay manera de ser un buen administrador cuando se tiene miedo, se tiene debilidad, es difícil que pueda tener frutos del Espíritu Santo en su persona. Y si no tiene frutos del Espíritu Santo, nunca se sentirá confiado como hijo de Dios.

No sentirá la confianza que tuvieron los dos siervos que recibieron cinco y dos talentos. Pues pudieron irse para negociar los talentos de su Señor y así recibir la felicitación, la gracia de Dios.

En cambio, cuando uno tiene temor porque no pudo vencer los pecados cuando éstos se presentaron, siempre será inseguro, como el tercer siervo que recibió un talento, pero lo guardó; pues veía al Señor como un hombre muy severo. Pero esto es porque él no estaba firme delante de Dios por los temores e inseguridades que tenía.

Por eso dice Dios en este pasaje: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.

Muchos podrán alentarlos, podrán convencerlos de que son hijos, que pueden predicar; mas mientras tenga temor porque no pudo vencer los pecados, siempre sentirás disminuido, no sentirás fuertemente la presencia de Dios, ni estarás seguro si el Espíritu Santo te responderá en los momentos precisos y necesarios.

Porque cuando siempre que hables, que ministres no solamente tienes que “suponer que tienes el poder de Dios”, sino que verdaderamente tiene que manifestarse para que otros lo vean y tú que sientas fluir el poder del Espíritu Santo por tu cuerpo, en tus palabras y en la toma de tus decisiones.

FUEGO DE PRUEBA

Mientras tú estés enfermo de temor, el diablo siempre hará las cosas para que tu sigas en esa situación, pues sabe que así estás siempre esclavizado al temor del pecado no vencido.

Mas cuando eres vencedor, cuando estás venciendo; igual te vendrán muchos quienes te harán la guerra. Y esta vez porque un hijo de Dios que está sano es muy peligroso, es muy poderoso, pues sabe utilizar y confiar plenamente en el Espíritu Santo.

Y justamente este es el poder del Espíritu Santo que te sana y te restablece y el fuego de prueba que sobreviene. Tienes que alegrarte, porque el glorioso Espíritu Santo reposa sobre ti.

CONCLUSIÓN:

Porque el pecado y el temor consecuencia del pecado es algo que permanece en ti, jamás puedes huir de ella y su consecuencia.

Hoy es necesario que estudies la palabra de Dios para fortalecerte, y en especial tienes que orar constantemente. Finalmente atreverse a probar hasta qué punto Dios está contigo como él ha prometido, salir y predicar. Y si te es difícil hacerlo solo, pedir a un hermano que te acompañe.

No solamente vencerás el pecado y dominarás tus temores, sino que descubrirás nuevos dones, sentirás el poder de Dios, la presencia de Dios que te acompaña.

Seguro que con esta confianza y prueba de la presencia de Dios, en el futuro, cuando estés delante de un dilema entre la Palabra de Dios y el amor al mundo, te será más fácil vencer y tomar una decisión correcta. Verás que tu casa está asentada sobre una Roca muy sólida que se llama Jesucristo.

Que Dios te bendiga.

Nota: Eres libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús "de gracia recibisteis, dad de gracia". Pero estás comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En cuyo caso, necesitará una autorización por escrito.

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Fecha de modicación: 04 de enero de 2010