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Sermón en el día de Jesús 21 de setiembre de 2008.

Título: LA UNIDAD EN LA IGLESIA (PARTE 2)

Edición Especial: Ciudad de Caaguazú

Biblia: Efesios 1:1-23

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

 

1.     Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, a los santos y fieles en Cristo Jesús que están en Éfeso:

2.     Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro padre y del Señor Jesucristo.

3.     Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,

4.     Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,

5.     En amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,

6.     Para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,

7.     En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,

8.     Que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia,

9.     Dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo,

10.           De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

11.           En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

12.           A fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

13.           En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

14.           Que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

15.           Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos,

16.           No ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones,

17.           Para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé Espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él,

18.           Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

19.           Y cuál la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza,

20.           La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales,

21.           Sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero;

22.           Y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza  sobre todas las cosas a la iglesia,

23.           La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

INTRODUCCIÓN:

Recuerdo que algunas personas en la iglesia me reclamaban diciendo, por qué no les enseñaba y predicaba acerca de la unidad en la iglesia, o por qué ahora lo hago.

La razón es sencilla, primeramente hay que afianzar el conocimiento, la convicción de la salvación personal y consecuentemente la fe, y luego se habla de la iglesia. Y porque Dios ha dispuesto que es el tiempo para enseñarles sobre este tema.

Por lo general, las iglesias y la unidad en la iglesia es considerada hoy como una necesidad entre los cristianos que se reúnen en un lugar determinado y para la buena convivencia, porque en ella comparten, aprenden, confiesan la misma fe en Jesús.

Ahora, el problema que surge normalmente en las iglesias es que invitan a todas las personas, y sin confirmar quién es la persona, simplemente catalogan que son “cristianos” porque “dicen que creen en Jesús” y los consideran “evangélicos” porque están en una iglesia evangélica, y les llaman “hermanos en Cristo” porque están bautizados, y de esta manera unieron o “hacen unir” con la premisa de “si eres hermano en Cristo tienes que amar”, “tienes que perdonar”, “tienes que tener fe”.

Y a todos los indecisos, a los que creen supuestamente en Jesús como un YO-YO: un día sí otro día no, a todos les consideran “hermanos” por el sólo hecho de asistir una iglesia, y “bautizados”; “cristianos” porque están en una iglesia que “cree” en Jesús, mas desconocen completamente la Biblia, en los conceptos de fe no son más que ciertos versículos y cuando se hacen preguntas incisivas no saben responder.

Lógicamente cuando una iglesia no tiene noción ni dirección respecto a qué y cómo enseñar y guiar al individuo, menos sabrá cómo guiar o qué debe hacer la iglesia. Por eso, se enfocan en mantener contenta a sus miembros, que las ofrendas sigan fluyendo y reunir a la mayor cantidad de personas dentro de la iglesia son los objetivos primordiales de muchísimas iglesias. Por eso verán que la gran mayoría de las iglesias, fuera del nombre son una copia el uno del otro.

Y todo esto tiene una base del error, porque partieron con una doctrina humanizada de la biblia, es como una camisa que se viste en el apuro y medio dormido aún, cuando te equivocas el primer botón con su agujero correspondiente, todos los siguientes estarán mal abotonados. Así es cuando una iglesia se construye con un cimiento equivocado, con una mezcla equivocada, ciertamente que podrá edificarse hasta cierto punto, pero luego las puertas comienzan a descuadrarse, los marcos de las ventanas también, aparecen las rajaduras, los pisos que se levantan, las filtraciones del techo; bueno son como las iglesias de Jesucristo hoy: llenas de problemas y conflictos porque les ha venido el entenebrecimiento por causa de la dureza del corazón de los hombres.

Pero yo pregunto, si hoy la palabra de Dios dice: y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Pregunto yo: ¿cómo la iglesia que es el cuerpo de Cristo puede ser tan deforme? ¿Cómo puede ser que un miembro de la iglesia que es como un miembro del cuerpo de Cristo y si es un miembro del cuerpo de Cristo hoy es cristiano y mañana deja de serlo porque pierde la salvación y dejando de ser miembro de Cristo? ¿Será que cada uno de nosotros no somos más que un bloquecito de “Lego” como miembros del cuerpo de Cristo y si mañana dejamos de creer o si pecamos o si nos alejamos al mundo, se nos quitan y somos reemplazados por otros bloquecitos idénticos? ¿Es así como el cuerpo de Cristo o sus partes son desechables? Entonces, ¿de qué sirvió que Jesús nos comprara o nos redimiera con el precio de su sangre si finalmente somos perdidos ó reemplazados? ¿Cómo no pueden tener seguridad de su salvación si son miembros del cuerpo de Cristo? ¿Cómo necesitan de buenas obras para “llegar a ser” del cuerpo de Cristo?

Por eso, el concepto de salvación del alma o la doctrina de salvación que manejan muchas iglesias está mal, y así los pobres miembros están con una inseguridad e incertidumbre hasta el día de su muerte. Mas la Biblia dice hoy que nosotros somos más:

UN ORIGEN MÁS ALLÁ DE LO IMAGINABLE

Ustedes con frecuencia escuchan expresiones como “ganar almas para Cristo”, ó suelen escuchar en campañas de fe “recibieron a Cristo” ó de un evangelizador: “acepta a Cristo en tu corazón y serás salvo”. Bueno hoy muchas iglesias cristianas es una reunión de “todos quienes se decidieron (ellos mismos) creer en Jesús”, como si Jesús fuera una persona o una Roca que ellos encontraron en el camino.

Es la razón de por qué hoy las iglesias están tan preocupadas en “entretener a los cristianos con fe hasta que venga el tren” que los lleve al cielo, porque tienen que “guardar” la fe.

Mas esas palabras “ganar almas para Cristo” que parecen tan inocentes, en realidad está basado en una doctrina muy errada de la Biblia, muy humanizada y teniendo al hombre como protagonista principal de su propia salvación. Talvez muchas expresiones que utiliza la Biblia o la traducción de la versión correspondiente que uno lee de la Biblia le “refleja” como cierta; por eso, hay que leer toda la Biblia y entender la obra global de Dios para la salvación, en una doctrina única en Jesucristo que sea cierto tanto para Adán, continuando con todos los hombres elegidos de la Biblia, pasando por ti y llegando hasta el último hombre. Pues no puede existir “un camino” para el antiguo testamento y “otro camino nuevo” para los hombres del nuevo testamento como enseñan muchas iglesias.

Pero veamos qué dijo Jesús: porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. (San Mateo 18:11-14)

También dijo Jesús: Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. (San Juan 10:25-29)

Cuando se dice “ganar almas para Cristo” significa que se está consiguiendo uno nuevo, en cambio cuando Jesús habla de buscar la descarriada, significa que con anterioridad “ya le pertenecía”, que se perdió y es vuelto a recuperar; la mujer que pierde su dracma, ésta dracma era contado entre los diez que le pertenecía a la mujer y que es vuelto a encontrar. El hijo menor, antes que nada era hijo, luego se descarrió, pero que vuelve a su casa, mas siempre fue hijo del padre aún cuando estaba descarriado. ¿No es cierto? Pocas palabras, incluso que parecen inocentes en el uso, pero que implican grandes diferencias básicas en la doctrina bíblica.

Si fuera cierto que uno se decide o comienza a creer en Jesús porque el interesado se decide, ¡todo debe comenzar hoy! No es un regreso sino un ingreso, no es un perdido sino uno nuevo, es como un “cero kilómetro en Jesús”.

Y aquí la pregunta que surge si el hecho de creer en Jesucristo y recibir la salvación es un regreso a nuestra casa ó al redil: ¿Desde cuándo ya éramos hijos de Dios? ¿Desde cuándo estábamos salvados?

Hoy la palabra de Dios dice: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (v. 4-5).

¡Se requiere de mucha fe en Dios para creer y entender estas palabras!

Esta es la verdad: que desde antes de la fundación del mundo, Dios ya había escogido para sus hijos y los había predestinado para que sean salvados por medio de Jesucristo según su voluntad. Por eso, todos aquellos que hoy verdaderamente tienen fe han regresado al Padre, no que hayan encontrado al Padre.

Y esta es la oración de Jesús es según estos términos: yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. (San Juan 17:9-17)

Este es el origen que tienen todos los hijos de Dios por la fe en Jesucristo, por eso, la iglesia tiene que estar basado y se tiene que componer, sustentar y mover de acuerdo a esta verdad.

Muchas personas quienes leen Palabras de Vida y nos conoce, y muchos que personalmente vinieron a nuestra iglesia, la encuentran muy diferente a las otras. Nuestra iglesia difícilmente sea del agrado para las personas quienes “se auto ganaron a Cristo”, porque no tenemos como fin ni entretenerlos ni divertirlos. No hablamos ni enseñamos como muchas iglesias lo hacen, porque decimos que la salvación es por pura gracia de Dios, sin ninguna intervención del hombre, o sea, que la salvación en Jesucristo nos fue “impuesta” porque estábamos elegidos y consecuentemente predestinados para ser santos y sin mancha.

Por eso, como les dije el domingo pasado y está escrito en Efesios 4:12-13 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

Entonces, nuestro esfuerzo para que todos los hijos de Dios por medio de Cristo son para llegar a la unidad de la fe y del conocimiento de Jesús. ¿Para qué sirve esto? Es para que recuperemos la imagen de Dios, para que recibamos todos los beneficios, derechos como hijos de Dios. No nos preocupamos en “esforzarnos para mantener viva la fe salvadora.” Pues ésta fe nunca puede acabarse, porque justamente para eso nos fue dado el Espíritu Santo como testimonio de nuestra herencia en Dios: En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.

Muchas veces, todas estas cosas están encubiertas, están olvidadas, son desconocidos por causa del pecado y de la pecaminosidad del hombre; pero también sucede cuando los hombres no quieren creer de esta manera y plantea su doctrina y sigue adelante en ella.

Y para conocer toda la voluntad de Dios, es necesario que el hombre aprenda toda la obra de redención de nuestros pecados para conocer la gracia y amor de Jesucristo.

Sobre esta base mucho más profunda su basa la unidad de la iglesia, y Jesús mismo lo hizo posible haciéndonos miembros de su propio cuerpo, y dando todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Jesús que todo lo llena.

Es decir, la unidad de la iglesia no se basamenta en deseos humanos, de la buena voluntad de los hombres de hacer uno a la iglesia y sus miembros; más bien está en la esencia misma de la salvación, y que nosotros juntamente con Cristo nos hemos resucitado y sentado en los lugares celestiales. Teniendo esto como cimiento, sabrán que es mucho más fácil, real la unidad de la iglesia y de sus miembros.

EL CUMPLIMIENTO DE LOS TIEMPOS

Hoy la Biblia nos dice: que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

Porque existe un tiempo de cumplimento -llamado- para cada persona, es necesario que se evangelice, pues por medio de la predicación del Evangelio el hombre perdido es rescatado de su condición, pues la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios (Romanos 10:17). Por eso es necesario que nuestra predicación llegue a cada persona, y hay que ser diligente en ello, por eso no escatimamos los folletos. Muchos nos critican diciendo que hay que predicar el evangelio uno a uno, convertirlos, convencerlos, ganarlos. Mas si Dios nos dio este ministerio y nos ordena entregar y si hacemos, es el Espíritu Santo quien actúa para que se acuerde del Padre y de la casa de Dios.

Por eso dice la Biblia: porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. (Romanos 8:28-30)

Es la causa de por qué en el cumplimiento de los tiempos, cuando Jesús vino al mundo y llevó la cruz, Dios cargó en Él el pecado de todos sus elegidos para que nadie se perdiese. Y es la razón de por qué Dios bloquea o entenebrece el entendimiento de los no elegidos para que viendo no vean y oyendo no entiendan, que haya comprensión, que clamen y sean sanados.

Que estén elegidos y que estén predestinados por Dios desde antes de la fundación del mundo significa que aquellos que están predestinados sí o sí creerán en Jesús y sus pecados ya fueron perdonados el día que Jesús los redimió desde la cruz, pero aquellos que no fueron predestinados nunca llegarán al conocimiento de la verdad, y incluso aquellos que hoy dicen Señor, Señor, nunca pueden cumplir con la ley de la fe. Mas de aquellos que fueron elegidos, la gracia es irrevocable, y todos llegan al conocimiento de Jesucristo, ninguno se perderá, sin importar la edad que tenga. Y para mostrar esto, dice la Biblia: Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia de Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. (Romanos 9:10-16)

Y esto no lo establezco yo, simplemente estoy diciendo lo que dice la Biblia y a lo largo de toda la Escritura. Por eso repito, existen muchos versículos que parecen significar otra posibilidad de salvación; es cierto, el evangelio es predicado a la luz del día, pero como dice la Biblia: por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. (1 Corintios 12:3). Porque claramente Dios dice Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa (Gálatas 3:29).

Seguro que esto levantan muchas polémicas, es cierto que muchos pastores conocen esta verdad, mas dejan de predicar acerca de la predestinación porque entran en conflicto con muchos, ajenos y propios de la iglesia; ¡mas eso es infidelidad contra Dios! Porque le está negando; y el silencio respecto a esto tampoco es correcto porque están ocultando la gloria de Dios.

¿Qué con esto estamos entrecerrando las puertas de la iglesia y estamos abriendo las puertas de salida? Yo no escribí la ley de Dios, y tampoco puedo predicar de otra manera, pues sería negar a mi Jesús y su grandiosa obra de salvación.

Esto es lo que la iglesia debe enseñar, debe enseñar esta gracia de Dios y de cómo ha recibido la salvación de pura gracia.

Esta es la razón de por qué la iglesia tiene que enfatizar en esta identidad del creyente, que no es simplemente creyente por una suerte, o porque te topaste con buenas personas quienes te evangelizaron, sino porque eras predestinado para ser hijo de Dios. Por eso dice la Biblia en San Juan 1:12-13 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

¿Y qué hay de aquellos que no fueron elegidos? Pues no me compete a mí juzgar, ni puedo atribuir a Dios injusticia alguna, pues yo mismo siendo injusto fui justificado por medio de Jesucristo. Y, ¿cómo el barro dirá algo en contra del Alfarero? Esto es fe. Más bien debes agradecer a Dios que tú, sin ningún motivo específico hayas sido elegido para salvación.

Esto debe enseñar y predicar la iglesia, y este es la base de la unidad, que somos familia de Dios no por accidentes, sino familia y uno en el cuerpo de Cristo, porque fuimos predestinados para ser adoptados hijos de Dios.

LA UNIDAD EN LA IGLESIA

Ven que la unidad en la iglesia no es un asunto de comunión de voluntades humanas, más bien es el deseo mismo de Dios de unirnos en un cuerpo, el de Cristo Jesús.

Ahora bien, ¿cómo se hace para que esto sea sensible y comprobable entre los miembros de la iglesia?

Es ahí donde entra lo que les prediqué la semana pasada, la iglesia debe enseñar, debe predicar hasta que se llegue a este objetivo, dice en Efesios 4:11-13 Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.

En el folleto No. 342 aparece la figura de los tres amigos de Daniel en medio del horno de fuego. Ellos delante del rey Nabucodonosor y ante la amenaza de muerte en horno de fuego si no se inclinaban al dios que erigió el rey. Prefirieron el horno y dijeron: Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. (Daniel 3:16-18)

A esta confesión de los tres jóvenes decimos Unidad de la Fe y es un ejemplo de cómo tiene que ser la Unidad en la Iglesia. Es la razón de por qué Dios ha establecido a apóstoles, evangelistas, pastores y maestros; para enseñar a los creyentes, para que todos vivan según la Biblia y respondan de una manera firme y unida en todo requerimiento de “prueba de fe” y “una misma actitud fiel delante de la muerte”.

Y cuanto más cada creyente crece en el conocimiento de Jesucristo y en la fe, santificándose en cada palabra de la Biblia, más se asemejará a Jesús. Y cuando cada creyente haga su parte, se identificará como es “un miembro del cuerpo de Cristo” y esto llega a que cada uno sienta parte del cuerpo de Jesús, para finalmente estar unidos como cuerpo la cual es la iglesia. ¡NO HAY OTRO MODO DE CONSEGUIRLO! ESTE ES EL MÉTODO DE DIOS.

CONCLUSIÓN

Por esta causa, la muerte de Jesucristo y la justificación que nos ha dado en su cuerpo para construir en él la iglesia de Dios es tan importante.

Cada uno de nosotros, individualmente somos muy débiles, pero en Cristo y porque Jesús mora en nosotros por medio del Espíritu Santo nos hace parte de su propio cuerpo.

Y cuando Jesús dice: mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. (San Juan 17:20-24)

Cuando cada uno de ustedes se esfuerza en crecer en Cristo y sus palabras, y cuando la iglesia se empecina en enseñar toda la Palabra de Dios y cuida para que cada miembro cumpla los mandamientos de Dios, crecemos en la imagen de Dios y cada vez más nos unimos en la iglesia.

Y todo esto sucede en Cristo, en su cuerpo. Por eso, la unidad es irremisible, es un hecho, cuando crecemos en el conocimiento, imagen y semejanza de Dios.

Que Dios les bendiga.

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: 4 de enero de 2010