Título: DOS
CREYENTES
1 Subió, pues,
Abram de
Egipto hacia
el Neguev, él
y su mujer,
con todo lo
que tenía, y
con él Lot.
2
Y Abram era
riquísimo en
ganado, en
plata y en
oro.
3 Y
volvió por sus
jornadas desde
el Neguev
hacia Bet-el,
hasta el lugar
donde había
estado antes
su tienda
entre Bet-el y
Hai,
4 al
lugar del
altar que
había hecho
allí antes; e
invocó allí
Abram el
nombre de
Jehová.
5
También Lot,
que andaba con
Abram, tenía
ovejas, vacas
y tiendas.
6 Y
la tierra no
era suficiente
para que
habitasen
juntos, pues
sus posesiones
eran muchas, y
no podían
morar en un
mismo lugar.
7
Y hubo
contienda
entre los
pastores del
ganado de
Abram y los
pastores del
ganado de Lot;
y el cananeo y
el ferezeo
habitaban
entonces en la
tierra.
8
Entonces Abram
dijo a Lot: No
haya ahora
altercado
entre nosotros
dos, entre mis
pastores y los
tuyos, porque
somos
hermanos.
9
¿No está toda
la tierra
delante de ti?
Yo te ruego
que te apartes
de mí. Si
fueres a la
mano
izquierda, yo
iré a la
derecha; y si
tú a la
derecha, yo
iré a la
izquierda.
10
Y alzó Lot sus
ojos, y vio
toda la
llanura del
Jordán, que
toda ella era
de riego, como
el huerto de
Jehová, como
la tierra de
Egipto en la
dirección de
Zoar, antes
que destruyese
Jehová a
Sodoma y a
Gomorra.
11
Entonces Lot
escogió para
sí toda la
llanura del
Jordán; y se
fue Lot hacia
el oriente, y
se apartaron
el uno del
otro.
12 Abram
acampó en la
tierra de
Canaán, en
tanto que Lot
habitó en las
ciudades de la
llanura, y fue
poniendo sus
tiendas hasta
Sodoma.
13 Mas
los hombres de
Sodoma eran
malos y
pecadores
contra Jehová
en gran
manera.
14 Y
Jehová dijo a
Abram, después
que Lot se
apartó de él:
Alza ahora tus
ojos, y mira
desde el lugar
donde estás
hacia el norte
y el sur, y al
oriente y al
occidente.
15
Porque toda la
tierra que
ves, la daré a
ti y a tu
descendencia
para siempre.
16 Y haré tu
descendencia
como el polvo
de la tierra;
que si alguno
puede contar
el polvo de la
tierra,
también tu
descendencia
será contada.
17 Levántate,
ve por la
tierra a lo
largo de ella
y a su ancho;
porque a ti la
daré.
18
Abram, pues,
removiendo su
tienda, vino y
moró en el
encinar de
Mamre, que
está en
Hebrón, y
edificó allí
altar a
Jehová.
INTRODUCCIÓN:
La Biblia es
una fuente
increíble de
vida y de una
riqueza
infinita.
Para todas las
cosas y en
especial en lo
que se refiere
a los hombres,
todos los
inicios y
principios
están escritos
en la Biblia.
Como saben
ustedes, el
libro de
Génesis habla
del comienzo,
como dice el
versículo 1:1
“En el
principio creó
Dios…”, sólo
que, no es
simplemente el
principio del
mundo, sino el
principio del
hombre, de su
relación con
Dios en la
tierra, el
principio del
pecado, el
principio de
la maldad, de
la sociedad,
de la
convivencia,
del matrimonio
y también el
principio del
creyente. Y lo
que nos atañe
hoy, el
principio de
la vida de los
creyentes, de
dos
específicamente
y que luego
aparecerán
todos los
modos y
variaciones
posibles. Pero
siempre se
encuadrarán en
estos dos como
base.
Por lo
general, la
vida de estos
dos hombres
son bien
conocidos por
los creyentes,
Abraham el
padre de todos
los creyentes
en fe y Lot,
sobrino de
Abraham y que
también la
Biblia dice de
él:
y libró al
justo Lot,
abrumado por
la nefanda
conducta de
los malvados
(porque este
justo, que
moraba entre
ellos, afligía
cada día su
alma justa,
viendo y
oyendo los
hechos inicuos
de ellos),
sabe el Señor
librar de
tentación a
los piadosos,
y reservar a
los injustos
para ser
castigados en
el día del
juicio. (2
Pedro
2:7-9).
Pero la Biblia
dedica varios
capítulos del
Génesis para
mostrarnos los
principios de
la vida
espiritual de
estas dos
personas en
Dios, la
evolución, las
decisiones que
toman y el fin
al que
conduce, para
que nos sirva
de modelo,
pues aquí está
la sabiduría y
la elección de
cada creyente,
en su libertad
de expresar su
fe a
Dios.
DOS CREYENTES,
UN
LLAMADO
Ambas personas
salieron de su
tierra, de su
parentela y de
la casa de sus
padres,
creyendo en
Jehová, porque
había un
llamado. Pues
el llamado de
Jehová fue más
fuerte y
convincente,
la promesa que
obtuvieron de
Dios era
cierto y
claro, y
porque no
podían negar
esta fuerza y
convencimiento
del Altísimo.
Es sabido
nadie puede
negar ni huir
del llamado de
salvación.
Pero salieron
también con
una promesa,
llegaron
después de
muchos días a
la tierra que
Dios le
indicaba, a
Canaán. Y para
confirmar que
allí era
justamente la
tierra de Dios
destinada a
ellos, Jehová
les apareció y
dijo:
a tu
descendencia
daré esta
tierra. Y
edificó allí
un altar a
Jehová, quien
le había
aparecido.
(Génesis
12:7)
A los dos
creyentes, se
les dio
promesas y
bendiciones. Y
aquí comienza
el camino de
los creyentes
y por lo
general el
camino
diferente que
siguen. Pues
algunos se
sujetan y se
fortalecen en
Jehová hasta
el
cumplimiento;
otros piensan
que porque
tienen las
promesas puede
utilizar
cualquier
método para
conquistar las
promesas, sin
importar los
tiempos, y sin
preguntar a
Dios,
simplemente le
pide que le
bendiga, el
resto lo hará
el
creyente.
Abraham
aprendió el
primer
principio de
la Biblia para
un creyente:
no sólo de
pan vivirá el
hombre, sino
de toda
palabra que
sale de la
boca de Dios.
(San Mateo
4:4).
Porque tuvo
una primera
gran prueba,
entre seguir
la promesa y
quedarse en la
tierra donde
había hambre,
teniendo fe y
esperando o
irse a Egipto
donde había
abundancia, y
como
generalmente
hacen los
creyentes, no
pueden vencer
en los
comienzos y se
deja llevar
por la
necesidad
primaria, la
comida.
Allí pasa por
el miedo, la
vergüenza, el
peligro, el
matrimonio que
se
desintegraba,
la
desaparición
de la unidad
familiar y el
futuro de la
promesa que se
quebraría.
Había fallado
en la primera
gran prueba de
fe, no pudo
creer que Dios
le alimentaría
aun estando en
medio de la
tierra llena
de una gran
hambre pero
tierra
prometida de
Jehová, o
guiarse por
las
necesidades
humanas y de
los brillos de
mundo en
detrimento a
la promesa y
presencia de
Dios.
Pero Dios no
se contenta
con este
primer
fracaso, pues
era necesario
que el
creyente tenga
fe y
convicción de
que el hombre
no vive
solamente del
pan sino de
todo lo que
Dios le
provee, que
incluso puede
vivir de las
promesas de
Jehová.
Así Dios crea
las
condiciones
ideales para
que exista una
encrucijada, y
una nueva
prueba como
nos dice hoy
la palabra de
Dios:
también
Lot, que
andaba con
Abram, tenía
ovejas, vacas
y tiendas. Y
la tierra no
era suficiente
para que
habitasen
juntos, pues
sus posesiones
eran muchas, y
no podían
morar en un
mismo lugar. Y
hubo contienda
entre los
pastores del
ganado de
Abram y los
pastores del
ganado de Lot;
(v.
5-7)
Nuevamente los
dos creyentes
están ante una
encrucijada y
tienen que
decidir,
deciden
separarse
porque no
pueden vivir
juntos, porque
la tierra no
generaba lo
suficiente
ante las
bendiciones de
ganado que
habían
recibido.
DOS CREYENTES,
DOS
CAMINOS
Aquí aparecen
dos personas
quienes están
en un mismo
lugar y tienen
que confrontar
una situación,
pero sería lo
mismo que
exista
solamente un
creyente,
teniendo en
mente la
promesa de
Dios, te
quedarías en
Canaán donde
la tierra no
da abasto o
mirarías la
llanura de la
abundancia,
pues para los
ojos del
creyente Lot,
Sodoma era la
tierra de la
abundancia y
la concreción
de sus
promesas.
Seguro que lo
más difícil
que afrontan
los hombres es
la toma de
decisión y
aquí
aprenderemos
de qué manera
debería tomar
la decisión un
hijo de
Dios.
Puede verse la
fe de un
hombre y la
certeza que
tiene de
Jehová acerca
de las
promesas que
recibe por sus
palabras:
¿no está
toda la tierra
delante de ti?
Yo te ruego
que te apartes
de mí. Si
fueres a la
mano
izquierda, yo
iré a la
derecha; y si
tú a la
derecha, yo
iré a la
izquierda.
Este Abraham
pone en las
manos de Dios
para que él le
guíe su vida
por el camino
hasta alcanzar
las
promesas.
En cambio, Lot
teniendo la
promesa como
creyente ve la
llanura de
Zoar y los
bienes del
mundo como el
método de
alcanzar las
promesas de
Dios, piensa
que está en
saber cómo
acomodar todo
para cumplir
las promesas y
seguir siendo
un buen
creyente. Es
decir, el
hombre, él
mismo busca el
camino
pensando que
llegará al fin
conquistar la
promesa.
Este es
normalmente el
camino de los
creyentes hoy
también:
quienes tienen
fe en Dios,
pero toman dos
caminos
diferentes, el
uno: Lot quien
tiene fe pero
le predomina
sus ojos
materiales,
buscando con
sus manos
alcanzar las
promesas de
Dios, prefiere
lo inmediato,
el bienestar,
piensa en sus
bienes, en el
lucro, en la
abundancia, en
el confort de
la vida, no
quiere perder
ni sufrir y
menos padecer,
y dice la
Biblia:
y alzó Lot
sus ojos, y
vio toda la
llanura del
Jordán, que
toda ella era
de riego, como
el huerto de
Jehová, como
la tierra de
Egipto en la
dirección de
Zoar, antes
que destruyese
Jehová a
Sodoma y
Gomorra.
Entonces Lot
escogió para
sí toda la
llanura del
Jordán; y se
fue Lot hacia
el oriente, y
se apartaron
el uno del
otro.
El otro
creyente:
Abraham se
quedó en el
lugar donde le
apareció
Jehová,
creyendo en la
promesa, mas
no teniendo
nada en sus
manos
inmediatamente.
Por las
palabras
escritas aquí,
podemos notar
que a primera
vista, Lot
escogió lo
mejor de la
tierra, lugar
donde hay
abundancia de
frutos,
bienes, lugar
donde se vive
bien, sin
falta de nada,
o sea, fue
mucho más
inteligente y
astuto.
Por lo
general,
muchos
creyentes como
Lot piensan
que tienen fe
y pueden vivir
en medio de
los hombres
malvados,
piensan que
pueden cuidar
su fe; y es
cierto, Dios
cuida, muchos
creyentes
aceptan
convivir con
la maldad pues
piensan que es
un precio que
pagar por la
abundancia;
pero existe un
hecho que
nadie se
pregunta:
mas los
hombres de
Sodoma eran
malos y
pecadores
contra Jehová
en gran
manera.
¿Qué
significa? Que
este creyente
mira los
bienes del
mundo, pero
nunca preguntó
si Dios está
contento que
él y su
decisión y que
se dirija a
ese
lugar.
En cambio,
Abraham quien
se había
quedado en la
tierra de
Canaán, no era
abundante,
tenía que
viajar de aquí
para allá,
para buscar
los alimentos,
pero esta vez,
sí se quedó
por la promesa
de Dios, con
fe en las
palabras de
Jehová. No se
equivocó como
en Egipto. ¿La
promesa te da
de
comer?
Al momento,
siempre parece
que la
decisión de
Lot fue mejor,
la más
acertada,
incluso para
su familia.
Sus ansias de
abundancia, de
bienestar, de
seguridad, y
de su
contentamiento
presente e
inmediato, le
hacen olvidar
de las
promesas de
Dios. También
piensa que
puede tener y
retener todos
los bienes del
mundo y ser
inmune de los
malvados como
Sodoma y
Gomorra, y aun
así ser un
buen
creyente.
Hoy, muchos
creyentes
rehúsan vivir
según la
promesa de
Dios,
prefieren lo
inmediato, los
bienes y el
bienestar, no
desea pasar
por
privaciones.
Si esto sucede
con los
creyentes y
también ocurre
con las
iglesias que
escoge para
asistir. Antes
de meditar si
en la iglesia
a la cual
desea asistir
cuenta con la
aprobación y
las promesas
de Dios,
simplemente
mira la
construcción,
la
funcionalidad,
el confort,
los programas,
los
equipamientos,
los amigos, si
aparece en la
radio o
televisión, si
hace
propaganda.
Pues es cierto
que algunas
iglesias
parecen la
tierra de
Canaán, donde
solamente se
predica y se
vive teniendo
una promesa y
en otros que
tienen la
abundancia de
la llanura de
Zoar, como el
huerto de
Jehová, como
la tierra de
Egipto.
Asimismo es el
creyente
cuando toma
decisiones
para su vida,
sus estudios,
su trabajo, su
matrimonio, su
futuro, el
lugar donde
vivir, la
iglesia que
desea asistir.
Primero decide
como Lot y
luego pide que
Dios le
bendiga y
además que le
dé las
promesas. Muy
pocos
creyentes
desean ser
como Abraham.
Y todo esto
también sucede
dentro de una
misma
iglesia.
DOS CREYENTES,
LAS SEÑALES
PARA CADA
UNO
La realidad
del creyente
Abraham es
esta, quedarse
en una tierra
que apenas le
puede
sustentar,
donde tiene
que cuidar de
cada detalle,
vive al filo;
pero tiene las
señales de la
promesa de
Dios:
y Jehová
dijo a Abram,
después que
Lot se apartó
de él: alza
ahora tus
ojos, y mira
desde el lugar
donde estás
hacia el norte
y el sur, y al
oriente y al
occidente.
Porque toda la
tierra que
ves, la daré a
ti y a tu
descendencia
para siempre.
Y haré tu
descendencia
como el polvo
de la tierra;
que si alguno
puede contar
el polvo de la
tierra,
también tu
descendencia
será contada.
Levántate, ve
por la tierra
a lo largo de
ella y a su
ancho; porque
a ti la
daré.
¿Se puede
vivir con
promesas de
Dios? ¿Se
puede
alimentarse
con las
promesas de
Dios? ¿Cuántos
años puede el
hombre vivir
esperando las
promesas de
Dios? ¿Puede
pagar tus
cuentas? ¿Las
promesas
compran tus
necesidades?
O se vivirá
como el
creyente Lot,
con los bienes
y la
abundancia
entre las
manos, el
bienestar y la
tranquilidad
por lo que
come y viste.
Que puede
codearse con
los hombre del
mundo en la
abundancia, y
pensar que es
la bendición
de Dios, fruto
de las
promesas del
Señor
conquistadas.
Pues este
hombre es
práctico, no
desea sufrir
ni privarse de
los bienes del
mundo mientras
vive, rehúsa
vivir
esperando las
promesas. Como
un dicho que
lo invento yo:
mejor diez
pájaros entre
mis manos
ahora que
miles de ellos
prometidos
pero volando
por el
cielo.
Sí, la señal
que recibe el
creyente quien
vive con las
promesas y
esperando su
cumplimiento
como Abraham,
tiene las
visiones de
Jehová quien
le habla, le
muestra
visiones, le
mantiene en fe
y convicción
hasta el
momento del
cumplimiento.
Es como ver a
miles de
pájaros que
están volando
por el cielo,
Dios te
promete
dártelos, pero
ahora
solamente
tienes uno en
mano: el pan
de cada día.
Para los ojos
de otros
creyentes como
Lot, es un
creyente tonto
y soñador,
quien vive de
principios
pero que pasa
hambre.
Y esta
realidad de
los dos
creyentes en
las iglesias,
confunde a los
otros
creyentes
quienes tienen
estos dilemas,
¿por cuál de
los dos
creyentes te
inclinas?
Ahora, la
señal de
advertencia
para Lot es
justamente la
guerra que se
desata y cómo
es llevado
cautivo por el
conquistador.
En ese
momento, por
causa de una
guerra, pierde
todo, es
llevado
cautivo y sus
bienes
embargados
como botín de
guerra para
extraños. Todo
el trabajo de
Lot se esfuma.
Pero, Abraham
lo liberta, le
recupera su
mujer e hijas,
sus bienes;
mas pronto se
olvida, ni
sabe que era
una señal de
Dios, una
advertencia de
lo que
sucederá más
adelante, en
unos cuantos
años.
Porque este
Lot, a pesar
de ser
creyente, ha
ido perdiendo
toda
sensibilidad y
discernimiento
espiritual, no
sabe los
tiempos ni los
sucesos que se
avecinan. No
sabe de las
implicancias
cuando la
Biblia dice:
mas los
hombres de
Sodoma eran
malos y
pecadores
contra Jehová
en gran
manera.
Hoy también
muchos
creyentes
asisten a las
iglesias, sin
pensar ni
preguntar
demasiado si
es Jehová Dios
favorable con
la iglesia a
donde asiste o
si es una
sinagoga de
Satanás. Ni
siquiera
pregunta si
Dios está
hablando y es
favorable por
su iglesia.
Por eso dice
la Biblia:
nadie os
engañe en
ninguna
manera; porque
no vendrá sin
que antes
venga la
apostasía, y
se manifieste
el hombre de
pecado, el
hijo de
perdición, el
cual se opone
y se levanta
contra todo lo
que se llama
Dios o es
objeto de
culto; tanto
que se sienta
en el templo
de Dios como
Dios,
haciéndose
pasar por
Dios. (2
Tesalonicenses
2:3-4).
Existen
creyentes
quienes hoy
viven de las
promesas y hay
creyentes que
viven de las
realidades
sensibles al
tacto, mas
ambos dicen
que tienen a
Dios. Pero las
señales son
diferentes,
los que viven
según la
promesa, son
renovados y
revitalizados
todos los
días, Dios de
tiempo en
tiempo le
aparece para
animarlos y le
revela y
amplía la
promesa
inicial. Pero
aquellos que
se olvidan,
pasarán el día
cansado,
fatigado,
hambriento,
mirarán la
tierra y sólo
verán
tribulación y
tinieblas,
oscuridad y
angustia,
sumidos en las
tinieblas.
DOS CREYENTES,
UN PACTO Y EL
VACÍO
Para el hombre
creyente que
vive esperando
la promesa y
según la fe de
Dios, en el
camino que
desea Dios,
algo le
distingue: EL
PACTO QUE DIOS
HACE CON ÉL SI
SE MANTIENE
FIEL EN LA
PROMESA. Por
eso, Jehová
aparece
delante de
Abraham y le
dice:
yo soy el
Dios
Todopoderoso;
anda delante
de mí y sé
perfecto. Y
pondré mi
pacto entre mí
y ti, y te
multiplicaré
en gran
manera.
(Génesis
17:1-2).
Y como señal
de este pacto,
Dios le da a
Abraham la
señal de la
circuncisión.
Aquí cabe
resaltar la
diferencia
entre la
promesa que
recibió al
comienzo y el
pacto que
recibió
después.
Al contrario,
Lot no sabe de
esto, no
recibe la
visita de Dios
ni
recibió
pacto de Dios,
nada que
Jehová prometa
respecto a él,
ni sus hijas,
ni los
siguientes
descendientes.
Nunca supo de
la
circuncisión
que el
creyente
Abraham sí lo
recibió como
señal del
pacto.
Luego vienen
poco a poco
los
cumplimientos
de la promesa,
el hijo que es
prometido:
De cierto
volveré a ti;
y según el
tiempo de la
vida, he aquí
que Sara tu
mujer tendrá
un hijo.
(Génesis
18:10);
y es
concedido, por
medio de un
gran milagro,
Abraham a los
100 años y
Sara a los
noventa años,
recibe el hijo
de la promesa
Isaac.
Recibió un
hijo, pero es
como recibir y
ver a toda la
multitud de
hijos como las
estrellas del
cielo y como
la arena del
mar, es el
cumplimiento
de la promesa.
Y con esto,
Dios también
le da la
gracia para
que pueda
afirmarse y
tener la
convicción
acerca del
resto de las
promesas;
ahora sabe
firmemente que
el pacto será
cumplido por
Jehová.
Un creyente,
Abraham que
vivía según la
promesa,
siendo avisado
por Jehová de
lo que
sucedería con
Sodoma y
Gomorra,
intercede ante
Dios:
¿Destruirás
también al
justo con el
impío? Quizá
haya cincuenta
justos dentro
de la ciudad:
¿destruirás
también y no
perdonarás al
lugar por amor
a los
cincuenta
justos que
estén dentro
de él? Lejos
de ti el hacer
tal, que hagas
morir al justo
con el impío,
y que sea el
justo tratado
como el impío;
nunca tal
hagas. El Juez
de toda la
tierra, ¿no ha
de hacer lo
que es justo?
(Génesis
18:23-25)
En cambio, el
otro creyente,
Lot; ese mismo
día recibe a
dos mensajeros
de Dios
quienes
vinieron
exclusivamente
porque Jehová
tuvo
misericordia
de Abraham su
tío, para
salvarles. La
ciudad que
vivían ellos
se destruía,
era convertido
en cenizas:
Sodoma y
también
Gomorra y las
ciudades de
alrededor.
Salieron con
las manos
vacías,
incluso en el
camino, el
amor por el
mundo del cual
nunca pudo
abandonar para
vivir según la
promesa de
Dios, se tragó
la última
gota: la mujer
de Lot quien
se convierte
en estatua de
sal porque
miró atrás, a
la ciudad que
se destruía.
Es el vacío
total.
Por eso, lo
que tú tienes
hoy no tiene
ningún
asidero, si no
lo haces según
la promesa de
Dios, según
sus reglas,
tiempos y
métodos.
¡Cuánto los
creyentes
ovejas se
beneficiarían
si hoy los
creyentes
pastores
entendieran
esto y
retrajeran sus
manos para
hacer lo
correcto!
DOS CREYENTES,
DOS
FINALES
UN CREYENTE,
Abraham, dice
la Biblia:
y subió
Abraham por la
mañana al
lugar donde
había estado
delante de
Jehová. Y miró
hacia Sodoma y
Gomorra, y
hacia toda la
tierra de
aquella
llanura miró;
y he aquí que
el humo subía
de la tierra
como el humo
de un horno.
Así, cuando
destruyó Dios
las ciudades
de la llanura,
Dios se acordó
de Abraham, y
envió fuera a
Lot de en
medio de la
destrucción,
al asolar las
ciudades donde
Lot estaba.
(Génesis
19:26-29)
EL OTRO
CREYENTE, Lot
se refugió en
Zoar, luego
tuvo miedo y
se refugió en
una cueva con
sus dos hijas.
Este hombre,
creyente, pero
arruinado, no
tenía nada, ni
discernimiento,
ni promesa y
su seguro de
vida que eran
sus bienes,
todo quemado.
Finalmente su
descendencia
desaparece,
por pecados y
errores que
cometen sus
hijas que no
conocen a
Jehová, ni
tienen
temor.
Este hombre se
preocupó en
conseguir
todos los
bienes del
mundo, pero
jamás se
preocupó de
enseñar las
palabras y el
temor de
Jehová a sus
hijas. Tal es
así que
cometieron
incesto con su
padre y dieron
a luz hijos:
Moab y
Ben-Ammi.
¿Quieren saber
qué pasa con
estos dos
hijos del
creyente?
Cuando Israel
vuelve de
Egipto, no les
dejaron pasar
ni le salieron
a ayudarlos.
Por eso Jehová
dice en
Deuteronomio
23:2-3:
no entrará
amonita ni
moabita en la
congregación
de Jehová, ni
hasta la
décima
generación de
ellos; no
entrarán en la
congregación
de Jehová para
siempre, por
cuando no os
salieron a
recibir con
pan y agua al
camino, cuando
salisteis de
Egipto, y
porque
alquilaron
contra ti a
Balaam hijo de
Beor, de Petor
en
Mesopotamia,
para
maldecirte.
Este es el
dibujo grande
de dos
creyentes, uno
que vive
confiado en la
promesa que
Dios le dará
cuando sea
tiempo, y el
otro que
teniendo la
promesa lo
busca a su
manera, se
confunde con
el mundo y
piensa que lo
ha conseguido
por
situaciones
momentáneas.
Esta actitud
de los dos
creyentes es
la libertad
que tienen los
hijos de Dios.
Creer o no en
Jesús no es
una opción que
está en las
manos del
hombre, mas
una vez
estando en
Cristo, debe
creer en las
Palabras de la
Biblia, en las
promesas y
buscarse ganar
el pacto de
Jehová o
seguir el
camino de
Lot.
CONCLUSIÓN:
DOS CREYENTES,
DOS IGLESIAS,
DOS
VIDAS.
Son las
diferentes
maneras de
aplicar esta
palabra. Así
como existen
dos creyentes;
existen dos
iglesias, una
que se basa en
la Palabra y
espera en las
promesas, se
busca un pacto
con Dios y
otra iglesia
que busca y
utilizar todos
los métodos
concebidos e
ideados para
alcanzar
cumplir las
Palabras de la
Biblia, y
piensan que
así están
glorificando a
Jesucristo.
Por eso la
Biblia dice:
todo me es
lícito, pero
no todo
conviene; todo
me es lícito,
pero no todo
edifica (1
Corintios
10:3).
Muchos
creyentes o
iglesias,
construyen sus
vidas
basándose en
modelos
ideados y
utilizados en
otros lugares
del mundo, mas
es necesario
saber dónde
está Dios, qué
está haciendo
Dios, qué
desea hacer el
Señor Jehová y
cuál es su
tiempo actual
en cada
persona, en
cada iglesia,
en cada ciudad
y en cada
país.
Por
consiguiente,
necesitamos
cuidarnos de
las fórmulas y
soluciones que
nos traen,
pues no porque
funcionó en
alguna parte
del mundo,
igualmente
funcionará
aquí. Talvez
sí pero
mayormente
como Lot,
¿pero será lo
que Dios desea
hacer en este
tiempo?
¿No será más
bien que
Jehová desea
que le
preguntemos en
oración y en
silencio y
busquemos la
respuesta en
la Biblia? ¿No
será que es
tiempo de
ayuno y
arrepentimiento?
Pues siempre
le sucede al
creyente Lot
las palabras
de Jesús:
porque como
en los días
antes del
diluvio
estaban
comiendo y
bebiendo,
casándose y
dando en
casamiento,
hasta el día
en que Noé
entró en el
arca, y no
entendieron
hasta que vino
el diluvio y
se los llevó a
todos, así
será también
la venida del
Hijo del
Hombre. (San
Mateo
24:38-39).
Corresponde al
buen creyente
vivir en las
promesas de
Dios, velar y
afirmarse en
el Espíritu
Santo,
fortalecer su
fe mientras
espera todos
los días
recibir el
pacto de Dios,
hasta el
tiempo del
cumplimiento.
Que Dios les
bendiga.
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