Sermón
en
el
día
de
Jesús
6 de
agosto
de
2006.
Título: ¿POR
QUÉ NO ME
RESPONDE
DIOS?
Biblia: 2
Corintios
3:1-18
Predicador:
Pastor Dong
Han David
Lee
Iglesia
Esperanza
Presbiteriana
Reformada
1 ¿Comenzamos
otra vez a
recomendarnos
a nosotros
mismos? ¿O
tenemos
necesidad,
como algunos,
de cartas de
recomendación
para vosotros,
o de
recomendación
de
vosotros?
2 Nuestras
cartas sois
vosotros,
escritas en
nuestros
corazones,
conocidas y
leídas por
todos los
hombres;
3 siendo
manifiesto que
sois carta de
Cristo
expedida por
nosotros,
escrita no con
tinta, sino
con el
Espíritu del
Dios vivo; no
en tablas de
piedra, sino
en tablas de
carne del
corazón.
4 Y tal
confianza
tenemos
mediante
Cristo para
con
Dios;
5 no que
seamos
competentes
por nosotros
mismos para
pensar algo
como de
nosotros
mismos, sino
que nuestra
competencia
proviene de
Dios,
6 el cual
asimismo nos
hizo ministros
competentes de
un nuevo
pacto, no de
la letra, sino
del espíritu;
porque la
letra mata,
mas el
espíritu
vivifica.
7 Y si el
ministerio de
muerte grabado
con letras en
piedras fue
con gloria,
tanto que los
hijos de
Israel no
pudieron fijar
la vista en el
rostro de
Moisés a causa
de la gloria
de su rostro,
la cual había
de
perecer,
8 ¿cómo no
será más bien
con gloria el
ministerio del
espíritu?
9 Porque si el
ministerio de
condenación
fue con
gloria, mucho
más abundará
en gloria el
ministerio de
justificación.
10 Porque aun
lo que fue
glorioso, no
es glorioso en
este respecto,
en comparación
con la gloria
más
eminente.
11 Porque si
lo que perece
tuvo gloria,
mucho más
glorioso será
lo que
permanece.
12 Así que,
teniendo tal
esperanza,
usamos de
mucha
franqueza;
13 y no como
Moisés, que
ponía un velo
sobre su
rostro, para
que los hijos
de Israel no
fijaran la
vista en el
fin de aquello
que había de
ser
abolido.
14 Pero el
entendimiento
de ellos se
embotó; porque
hasta el día
de hoy, cuando
leen el
antiguo pacto,
les queda el
mismo velo no
descubierto,
el cual por
Cristo es
quitado.
15 Y aun hasta
el día de hoy,
cuando se lee
a Moisés, el
velo está
puesto sobre
el corazón de
ellos.
16 Pero cuando
se conviertan
al Señor, el
velo se
quitará.
17 Porque el
Señor es el
Espíritu; y
donde está el
Espíritu del
Señor, allí
hay
libertad.
18 Por tanto,
nosotros
todos, mirando
a cara
descubierta
como en un
espejo la
gloria del
Señor, somos
transformados
de gloria en
gloria en la
misma imagen,
como por el
Espíritu del
Señor.
INTRODUCCIÓN:
En la Biblia
está escrito:
acerca de
esto tenemos
muchos que
decir, y
difícil de
explicar, por
cuanto os
habéis hecho
tardos para
oír. Porque
debiendo ser
ya maestros,
después de
tanto tiempo,
tenéis
necesidad de
que os vuelva
a enseñar
cuáles son los
primeros
rudimentos de
las palabras
de Dios; y
habéis llegado
a ser tales
que tenéis
necesidad de
leche, y no de
alimento
sólido. Y todo
aquel que
participa de
la leche es
inexperto en
la palabra de
justicia,
porque es
niño; pero el
alimento
sólido es para
los que han
alcanzado
madurez, para
los que por el
uso tienen los
sentidos
ejercitados en
el
discernimiento
del bien y del
mal.
Diariamente
nos
encontramos
con muchas
personas, que
tratan de
vivir
intensamente
en sus
trabajos, en
sus tareas. Y
a menudo las
personas
cuando se
enteran que
soy pastor, me
piden: ¡Pastor
ore por mí! Y
otros muchos
que envían
mensajes
pidiendo que
se ore por
ellos, y las
causas son muy
variadas.
Si bien
existen
incrédulos
entre ellos,
ciertamente
existen
creyentes en
Jesucristo
quienes hoy te
están pidiendo
que se les
acompañe en la
oración.
Es cierto que
es una gran
bendición
poder
compartir y
seguir
pidiendo
constantemente
a Dios para
que sea el
Señor quien
abra las
puertas.
Yo también
estoy orando
todos los
días, pidiendo
cosas al Señor
Jesús para que
me
conceda.
Pero en la voz
y en el pedido
que hacen las
personas sobre
sus asuntos,
existe algo
más grave,
algo más
profundo. Y de
esto
hablaremos
hoy.
Es sabido que
todos queremos
hacer lo menos
posible las
cosas de Dios,
leer la
Biblia,
dedicarnos
nuestro tiempo
a orar,
perseverar en
la oración,
apartar un
horario para
estudiar la
Biblia,
asistir a los
cultos de la
iglesia,
participar en
los distintos
ministerios,
las
ofrendas.
Hoy, como es
bien sabido,
todos quieren
hacer el
mínimo
esfuerzo pero
desean
cosechar la
máxima
cantidad de
frutos
posibles.
No estoy
hablando con
incrédulos, no
estoy hablando
con personas
que desconocen
el camino,
sino
ciertamente
con creyentes,
con personas
quienes
confiesan que
Jesucristo es
su Señor y
Cristo. Pero
están inmersos
en tantos
problemas,
están tan
cargados de
tareas y de
las cuestiones
de la vida,
que se ven
saturados y no
los puede
resolver.
Es más, ellos
están
aplicando bien
la fórmula,
están orando
al Señor
Jesús,
clamándole de
día y de
noche, como
algunos me
dicen: ¡Pero
si yo oro todo
el día!
Pero
necesitamos
hacer una
pausa
aquí.
Si estás
haciendo según
la fórmula que
han dicho tus
pastores, ¿por
qué entonces
no son
respondidas
tus oraciones?
¿por qué
siguen tus
problemas?
¿Por qué Dios
no responde
como lo venía
haciendo en
los primeros
tiempos de
creyente?
Y ciertamente
esto notarán
ustedes, que
en los
primeros
tiempos, ni
bien salía de
sus bocas,
Dios
escuchaba;
pero hoy están
como
huérfanos. Y
por esta causa
están en
confusión.
De esto
hablaremos
hoy, ¿por qué
siendo yo
creyente,
asisto a la
iglesia y no
falto, hago
mis ofrendas,
de tanto en
tanto leo la
Biblia, me
gusta escuchar
la radio
cristiana,
PERO LAS
ORACIONES SON
RESPONDIDAS
MENOS QUE
ANTES? Incluso
por la falta
de respuesta
de Dios, pones
en entredicho
tu fe.
PRIMERO, LO
PRIMERO
Tienes que
recordar que
si
verdaderamente
tienes la fe
en Jesucristo
como tu Cristo
y Salvador de
todos tus
pecados, y que
es el único
camino que te
lleva a Dios,
dice la
Palabra de
Dios:
mas a todos
los que le
recibieron, a
los que creen
en su nombre,
les dio
potestad de
ser hechos
hijos de Dios;
los cuales no
son
engendrados de
sangre, ni de
voluntad de
carne, ni de
voluntad de
varón, sino de
Dios. (San
Juan
1:12-13)
Siempre
tenemos que
partir de esta
premisa, que
eres hijo de
Dios por medio
de Jesucristo.
Y que esta
condición es
inamovible,
que nadie te
puede sacar.
Una vez que
has creído en
Jesús, esto es
definitivo y
nadie puede
revocar esta
tu condición
de salvado, de
ciudadano del
cielo, de hijo
de Dios.
Porque dice la
Biblia:
¿Quién
acusará a los
escogidos de
Dios? Dios es
el que
justifica.
¿Quién es el
que condenará?
Cristo es el
que murió, más
aun, el que
también
resucitó, el
que además
está a la
diestra de
Dios, el que
también
intercede por
nosotros.
¿Quién nos
separará del
amor de
Cristo?
¿Tribulación,
o angustia, o
persecución, o
hambre, o
desnudez, o
peligro, o
espada?
(Romanos
8:33-35)
Esta condición
hay que
mantenerlo
firme, tu
condición de
hijo de Dios
no ha sido
cambiado, ni
ha sido
revocado,
porque eres
participante
del pacto
perpetuo de
Dios, por
medio de
Jesucristo,
Señor
nuestro.
¿Pero por qué
hoy él no me
responde? ¿Por
qué hoy siento
que él está
alejado de mí?
¿Por qué no es
me está
respondiendo
tan
prontamente
como lo hacía
antes?
Incluso, vivo
días y meses
sin ver
respuesta de
Dios.
NO ES QUE TU
CONDICIÓN DE
HIJO HAYA
CAMBIADO.
Mucha gente
atribuye esto
como un
problema de
fe. En parte
tiene razón,
porque es
problema de
fe. Mas existe
otro problema
más
grave.
Imagínate:
Eres padre de
un hermoso
niño. Es
natural que tu
hijo recién
nacido esté
amamantando de
la leche
materna. Es
natural que tu
hijo de un año
esté tomando
la leche, pero
también es
natural que
comience a
comer
alimentos más
sólidos. NO ES
NATURAL QUE TU
HIJO DE 10
AÑOS QUIERA
TOMAR
SOLAMENTE LA
LECHE COMO
ALIMENTO TODOS
LOS DÍAS Y EN
TODAS LAS
COMIDAS.
No es natural
que tu hijo de
15 años siga
queriendo la
leche
materna.
Ya es
indecente que
un hijo de 20
años quiera
amamantarse de
la leche
materna. Ya es
un perverso si
a los 30 años
busca la leche
materna.
EL CREYENTE NO
QUIERE SALIR
DE LA
NIÑEZ
Hoy me
encuentro con
cientos de
personas
quienes dicen
ser creyentes
en Jesucristo,
pero no
quieren leer
la Biblia
todos los
días, me
encuentro con
personas que
no desea orar
todos los
días, Y MENOS
DESEA ESTUDIAR
LA
BIBLIA.
Y peor, desean
que las cosas
mejore, que
Dios aumente
las
bendiciones,
que Dios
responda a su
primera
necesidad y en
la primera
oración. ¿No
son
niños?
Es por esto
que Dios ya no
responde tan
rápidamente a
tu pedido,
incluso pasan
días y meses,
y te quedas
vacío. Y
tienes que
recurrir a
otras personas
pidiendo
oraciones.
¡Por si
alguien
acierta por
ti!
Mas les puedo
asegurar que
ni esa
persona, por
más llena del
Espíritu Santo
que sea,
cuando ore por
ti, Dios no le
escuchará.
¿Por qué?
Porque tu
sigues siendo
niño.
Como estos
días pasa con
mis hijos, es
tan difícil de
hacerles
sentar en una
silla delante
de la mesa,
que se
concentren por
lo menos 5
minutos por
vez para que
estudien y
hagan sus
tareas. ¿Por
qué? Porque no
desean crecer,
porque desean
seguir en esa
vida de niño,
de jugar, de
comer, de
dormir, de
hacer todo y
ser tolerado
por los
padres. ¡Claro
que esta
transición y
cambio es
difícil!
Y el hombre, a
cada etapa de
su vida, tiene
que seguir
creciendo,
tiene que
seguir
cambiando. Así
su vida de
estudiante de
secundaria es
diferente de
la
universitaria.
Es diferente
la vida de
casado. Es
diferente la
responsabilidad
de ser padre y
madre.
Como
consideramos
normal que el
hombre
evolucione y
progrese en
los distintos
medios y
etapas, ESTO
MISMO SUCEDE
EN EL
ESPÍRITU.
No puedes
quedarse en la
niñez
espiritual,
tienes que
crecer
espiritualmente,
y una de las
formas en que
Dios tiene es
justamente la
oración.
Porque no
existe hombre
que no tenga
necesidad, no
existe hombre
que no tenga
problemas. Y
si por acaso,
no lo tienes,
¡Dios te
creará
uno!
Como dice en
el texto
bíblico de
hoy, la
palabra de
Dios está
velada para
muchos y
cuando ese
velo se les
quite,
entonces podrá
ver a Cristo.
Pero si tú, ya
eres creyente
de Jesús pero
no te adentras
para aprender
la Palabra de
Dios, es como
si tú mismo te
pusieras un
velo para no
ver a
Dios.
Dios te ha
dado el
Espíritu
Santo, pues no
te dio tablas,
sino como dice
la palabra
hoy:
siendo
manifiesto que
sois carta de
Cristo
expedida por
nosotros,
escrita no con
tinta, sino
con el
Espíritu del
Dios vivo; no
en tablas de
piedra, sino
en tablas de
carne del
corazón (v.
3).
Entonces, ¿no
crees que
tienes que
conocer qué
dice la carta
que está
escrita en ti
y para
ti?
Y si por medio
de Jesucristo
el velo que
había en ti
para no darte
entendimiento
de las
palabras del
pacto, hoy fue
quitado; fue
quitado para
que tú puedas
adentrarte en
toda la
palabra de
Dios.
Lo que desea
Dios que es
esto:
por tanto,
nosotros
todos, mirando
a cara
descubierta
como en un
espejo la
gloria del
Señor, somos
transformados
de gloria en
gloria en la
misma imagen,
como por el
Espíritu del
Señor.
Por tanto, si
tú eres
creyente,
tienes que
crecer
espiritualmente,
en el
conocimiento
de la palabra
de Dios. Pues
si no lo
haces, Dios
tampoco te
responderá.
PARA QUE VEAS
LA GLORIA DE
DIOS
Así como
esperamos que
nuestros hijos
a medida que
crezca,
responda a las
nuevas
exigencias y
que se
desenvuelva en
un mundo cada
día más
complejo.
También es el
deseo de Dios
que cada día
nosotros nos
adentremos más
en su
conocimiento
para que
conozcamos la
gloria de
Dios, para que
la deseemos,
para que
busquemos a
Dios, porque
todas nuestras
riquezas se
depositen en
él.
Por eso,
muchos
creyentes
están
confundidos
hoy, porque
aplican la
vieja fórmula,
pues siguen
actuando como
niños, como
cuando eran
recién
convertidos. Y
como en el
transcurso del
tiempo no
crecieron, hoy
teniendo la
edad
espiritual
para ser un
jóven fuerte,
vigoroso,
valiente y
perseverante,
todavía
aplicas la
fórmula del
niño recién
nacido.
¿Ahora sabes
por qué Dios
no te responde
a la manera
que hacías
antes?
Si antes,
orando dos
veces, Dios
resolvía tus
problemas;
hoy, porque ya
eres crecido:
te exigirá que
lo hagas 10
veces. Las
respuestas
también son
diferentes,
antes el Señor
te lo servía
en bandeja (es
como el
alimento que
te daban en
cucharas en tu
boca, tú lo
único que
debías hacer
era abrir,
cerrar y
masticar), mas
hoy tú tienes
que salir a
buscar la
palabra y su
respuesta
dentro de la
Biblia, tienes
que tener
discernimiento
espiritual
para ver dónde
está la
respuesta.
Y lógicamente,
si tu te
mantienes
quieto como
antes y abres
la boca,
esperando tu
alimento; mas
Dios te
comenzó a
escuchar, pero
ni siquiera
terminó de
escuchar. Pues
él tiene un
plan, desea
ver que
crezcas, en
fe, en
paciencia, en
perseverancia,
en
conocimiento
de la Palabra,
que aprendas a
buscar la
respuesta en
la Biblia, a
encender tus
sentidos
espirituales
para escuchar
la voz del
Espíritu
Santo.
Vea cómo nos
dice la
Palabra hoy:
porque el
Señor es el
Espíritu; y
donde está el
Espíritu del
Señor, allí
hay
libertad.
Hoy tienes que
aprender a
conversar con
el Señor Jesús
en espíritu,
hay que
aprender a ver
el mundo
espiritual, y
esto no se
consigue si no
estás orando
mucho más
profundamente,
por más tiempo
y si no te
adentras en el
mundo de Dios
que es la
Biblia.
Y te digo más:
NO BASTA CON
SABER ALGUNOS
VERSÍCULOS DE
MEMORIA. Es
cierto que
funciona, que
sirve, pues es
la Biblia.
Pero Dios
quiere que si
has aprendido
el ABC,
también
aprender el
OPQ.
DIOS QUIERE
QUE VIVAMOS EN
SU
GLORIA
Muchos
creyentes
están perdidos
y
desesperanzados
porque miran
la gloria del
mundo, el
dinero, el
oro, la plata,
los bienes
suntuosos,
suspiran y
desean
anhelosamente.
Mas Dios desea
mostrarte su
gloria, pues
dice la
Palabra:
porque si
el ministerio
de condenación
fue con
gloria, mucho
más abundará
en gloria el
ministerio de
justificación.
Porque aun lo
que fue
glorioso, no
es glorioso en
este respecto,
en comparación
con la gloria
más eminente.
Porque si lo
que perece
tuvo gloria,
mucho más
glorioso será
lo que
permanece.
(v.9-11)
Sí, tienes que
adentrarte en
toda Palabra,
ser partícipe
en todo en
Jesucristo,
para que
podamos
participar de
su gloria.
Pues si no
vives como
dice la Biblia
y llevas el
ministerio del
evangelio, no
podrás ver la
gloria de
Dios. No hay
forma de
adentrarte.
Porque si te
has alegrado
por la gloria
de tu perdón
de pecados,
que es la
gloria del
ministerio de
justificación,
existe cosas
mucho más
grandes, una
gloria más
eminente que
nos espera,
cuando nos
adentramos en
el mundo de su
gloria.
Y también nos
dice que
solamente
esto,
permanecerá.
Lo que desea
Dios, como lo
dice el
versículo 18:
por tanto,
nosotros
todos, mirando
a cara
descubierta
como en un
espejo la
gloria del
Señor, somos
transformados
de gloria en
gloria en la
misma imagen,
como por el
Espíritu del
Señor.
¿Entiendes? El
deseo de
Jesucristo es
que nosotros
seamos
transformados
de gloria en
gloria, en su
misma
imagen.
Y aquí está un
secreto: si
hoy recibes la
respuesta de
Dios, tienes
que entender
que la próxima
vez, tardará
más. Dios
tendrá más
exigencias
para que
cumplas y
obedezcas en
su palabra. Si
la última vez
fue necesario
que crezcas 7,
la próxima vez
exigirá que
crezcas
10.
En este
proceso del
crecimiento,
de la
paciencia, del
dominio
propio, verás
la gloria de
Dios y esa
gloria que el
Señor te
quiere dar
también. Y es
tan
gratificante,
una vez que
comienzas a
gozarte en
esta gloria,
nada podrá
suplir este
gozo.
CONCLUSIÓN:
Luego
entenderás que
todos los días
Dios desea que
crezcas en la
Palabra y en
conocimiento,
en el Espíritu
Santo.
Te exigirá que
guardes toda
la Palabra,
porque desea
que seas
crecido en
santidad.
¿Deseas que
Dios responda
a tus
oraciones? Ya
no te
responderá
según tu
esperas si no
creces en la
imagen de
Dios. No es
por gritar más
fuerte, no es
por la
cantidad de
ayunos, sino
en obediencia,
en
crecimiento,
en aprendizaje
de la
Palabra.
Y hasta que no
te adentres,
Dios esperará.
Pues no puedes
esperar que
sólo él te
conceda todo,
si tú no
creces y te
haces
maduro.
Si tienes la
edad de la
madurez en
Dios te portas
como niño, no
esperes nada
de Dios. ¿No
haces tú lo
mismo con tus
hijos? Tienes
que madurarte
espiritualmente.
Tienes que
cambiar tu
modo de vida,
como un
verdadero hijo
de Dios,
conocedor de
toda palabra,
guardando los
mandamientos,
siendo maestro
y guía de
ciegos.
Piensa en
esto, si
tienes una
cierta edad en
la iglesia, si
no te pones a
cumplir
constantemente,
¿cuánto tiempo
tardarás hasta
que alcances
el nivel que
Dios espera de
ti?
No cierres tú
mismo las
puertas de
Dios por tu
pereza.
Tampoco digas
que siempre
eres niño en
Cristo. ¡No
funciona!
¡Olvídalo! Y
cuídate al
decir: ¡Amén!
Si no estás
seguro.
Que Dios te
bendiga.
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