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Sermon en el día de Jesús 11 de junio de 2006

Título: Economía personal: Las enfermedades

Biblia: Deuteronomio 7:1-26

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

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1 Cuando Jehová tu Dios te haya introducido en la tierra en la cual entrarás para tomarla, y haya echado de delante de ti a muchas naciones, al heteo, al gergeseo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, siete naciones mayores y más poderosas que tú,

2 y Jehová tu Dios las haya entregado delante de ti, y las hayas derrotado, las destruirás del todo; no harás con ellas alianza, ni tendrás de ellas misericordia.

3 Y no emparentarás con ellas; no darás tu hija a su hijo, ni tomarás a su hija para tu hijo.

4 Porque desviará a tu hijo de en pos de mí, y servirán a dioses ajenos; y el furor de Jehová se encenderá sobre vosotros, y te destruirá pronto.

5 Mas así habéis de hacer con ellos: sus altares destruiréis, y quebraréis sus estatuas, y destruiréis sus imágenes de Asera, y quemaréis sus esculturas en el fuego.

6 Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.

7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;

8 sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto.

9 Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones;

10 y que da el pago en persona al que le aborrece, destruyéndolo; y no se demora con el que le odia, en persona le dará el pago.

11 Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.

12 Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres.

13 Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría.

14 Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados.

15 Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.

16 Y consumirás a todos los pueblos que te da Jehová tu Dios; no los perdonará tu ojo, ni servirás a sus dioses, porque te será tropiezo.

17 Si dijeres en tu corazón: Estas naciones son mucho más numerosas que yo; ¿cómo las podré exterminar?

18 no tengas temor de ellas; acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto;

19 de las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano poderosa y el brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó; así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.

20 También enviará Jehová tu Dios avispas sobre ellos, hasta que perezcan los que quedaren y los que se hubieren escondido de delante de ti.

21 No desmayes delante de ellos, porque Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y temible.

22 Y Jehová tu Dios echará a estas naciones de delante de ti poco a poco; no podrás acabar con ellas en seguida, para que las fieras del campo no se aumenten contra ti.

23 Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruidas.

24 El entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo; nadie te hará frente hasta que los destruyas.

25 Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego; no codiciarás plata ni oro de ellas para tomarlo para ti, para que no tropieces en ello, pues es abominación a Jehová tu Dios;

26 y no traerás cosa abominable a tu casa, para que no seas anatema; del todo la aborrecerás y la abominarás, porque es anatema.

INTRODUCCIÓN

En diversos lugares de la biblia y en especial en el nuevo testamento, podemos ver cómo Jesús sanaba a los enfermos. También los discípulos quienes luego siguieron el mandamiento de Dios, sanaron a los hombres de todas sus enfermedades.

Por eso leemos versículos como y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. (San Mateo 4:23~24). Este trabajo de Jesús era como el pan de cada día. Porque por todos los lados existía enfermos.

Es una realidad que hoy también nos atañe.

Está escrito respecto a una mujer y sus dificultades hoy nos interesa: y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando, ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá. Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban. Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. (San Marcos 5:22~29)

Uno de los peores embates que sobreviene a los hombres es la enfermedad, hoy es   difícil encontrar a una persona quien no tenga una enfermedad, quien no tenga temor a la enfermedad y quien no tiene elevados gastos económicos por cuestiones de enfermedad. Nuestra convivencia con la enfermedad nos es tan cercana y real, desde los pequeños resfriados hasta las grandes enfermedades, aquellas que requieren de grandes tratamientos, aquellos con que el hombre tiene que lidiar como el pan de cada día, otros que son incurables hasta el día de hoy.

También cada día estamos encontrando nuevas enfermedades, aparecen nuevas amenazas. Y con el aumento del comercio internacional, con el viaje de pasajeros por los distintos países del mundo, cuando un hombre puede dar una vuelta al mundo en 3 días, cuando los transportes llevan no solamente la mercadería sino las enfermedades. Cuando las aves migratorias llevan las plagas y los peligros a otros países.

Y hablando de economía, porque sobre esto hablaremos hoy, el gasto que hace cada persona por cuestiones de salud, por enfermedad, por su tratamiento, por los remedios que tiene que comprar, por el seguro médico que paga mensualmente; en síntesis, es un impuesto que los hombres han aceptado pagar voluntaria o involuntariamente, mas siempre es omnipresente.

Un altísimo porcentaje de los ingresos se diluyen en gastos por la salud, en su prevención o en su cura. Y por supuesto influye directamente en la economía personal y también en la economía de un país.

Hoy consideramos normal y la enfermedad se ha hecho parte natural de nuestra vida, irse al hospital, la visita al médico, irse a la farmacia a comprar remedios, es una parte integral de la vida. Igualmente exigimos que el Estado ofrezca cobertura y mejores servicios de salud a la población.

También están los gastos que se hacen en materias afines a la salud, tanto en la investigación para descubrir y fabricar medicamentos, en la construcción y mantenimiento de hospitales, en las personas quienes están ligados a todo el tema relacionado a la enfermedad, a su tratamiento y a su prevención.

Es más, existen los gastos ocultos que no vemos, porque generalmente el hombre es un ser tan complejo y las enfermedades tan variadas y complicadas, que se necesitan de los mejores hombres, los más inteligentes en los distintos ramos, para dedicarlos a la salud. Médicos, enfermeras, los asistentes, los investigadores en los laboratorios, los administradores, recursos y energía. Seguro que faltaría espacio para citar las distintas profesiones que están involucrados.

La otra parte oculta de todo este asunto, es el precio que hay que pagar por los desechos, la contaminación y el peligro que está generando toda la basura que provienen de los hospitales y las empresas afines. Materiales radioactivos, los desechos que producen los hospitales, los enfermos.

El dinero que se desperdicia o el lucro cesante por enfermedad del paciente y de las personas que le cuidan, el tiempo desperdiciado e improductivo. Verdaderamente es un impuesto personal, que se invierte sin rédito.

LO NORMAL ES UNA ANORMALIDAD

En este punto cabe señalar con palabras claras, que dentro de la búsqueda del bienestar de la población, el Estado es responsable de velar por la salud de sus habitantes y ofrecer los mejores beneficios posibles y equitativo para todos. Mas nosotros como iglesia, debemos proclamar en alto que esto que es normal para el Estado es anormal según las palabras de Dios.

Ustedes saben que el mundo es muchas veces injusto, porque están los pobres y los ricos, los débiles y los poderosos, el simple y el que tiene poder, aquellos que reciben y aquellos que controlan. Por eso, existen leyes justas e injustas, y pareciera que siempre el pobre, el menesteroso, el huérfano sale perdiendo; pero existe un impuesto que es igual para todos los hombres: la enfermedad y la muerte. Es un impuesto del que nadie se escapa, desde el presidente de un país hasta el recién nacido del más humilde de los habitantes.

Los hombres pueden dictar leyes a su antojo, pero nadie puede librarse de las enfermedades. Por eso, hay un temor generalizado, todos son conscientes por las enfermedades y cada uno se resguarda de la mejor forma posible.

O sea, la enfermedad o el tema de salud es un tema normal para el hombre. Por eso, muchos se expresan de esta manera: ¡Buena suerte! Para las personas quienes no tienen enfermedad, se libraron o que se sanaron. ¡Mala suerte! Si contrae una enfermedad.

He aquí el problema: Hoy el hombre considera la enfermedad como algo normal a lo anormal. Porque es algo tan natural y acontece a todos los hombres que nos hemos olvidado de preguntar a Dios: ¿Qué es la enfermedad según Dios? ¿Por qué existe la enfermedad según Dios? ¿Por qué nos sobreviene la enfermedad según Dios? ¿Cómo podemos evitar la enfermedad según Dios? Pues simplemente hemos reclamado: ¿Por qué a mí? Y hemos pedido insistentemente: Sáname, Señor.

Pero también hemos relegado a Dios en segundo plano por el avance en la investigación, en el tratamiento y en cura de las enfermedades. Están construyendo mejores hospitales, modernos y automatizados.

Lo cierto es que cuando una persona está enferma, el dolor, los sufrimientos tanto del enfermo como de las personas cercanas es indecible, el temor de la muerte, y la misma muerte, se avecina sobre todos los hombres. Por ello, gastan todo el dinero posible, incluso venden casas, obtienen préstamos, venden animales, piden colaboraciones, trabajan en turnos dobles, se consiguen otro trabajo. Toda pereza desaparece, el hombre generalmente se transforma, todo para sanarse o para ayudar a sus enfermos.

Vuelvo a repetir, aquí está el problema, que la enfermedad se ha hecho normal. Que el hombre considere que es normal. También la iglesia lo considera como normal, como un mal con el cual hay que convivir de la mejor manera posible, y si no contraes ninguna enfermedad: gracias a dios (como una buena suerte).

PERO JESÚS LO TRATA EN FORMA DIFERENTE

Veamos cómo lo encara Jesús: Entró Jesús otra vez en Capernaúm después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿por qué habla éste así? Blasfemias dice: ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: tus pecados te son perdonados, o decirle: levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepas que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): a ti te digo: levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: nunca hemos visto tal cosa. (San Marcos 2:1~12)

Si bien Jesús sanaba a los enfermos, su principal objetivo en la tierra no era sanar enfermos, pues muchos no fueron sanados. Mas en este caso, ¿por qué Jesús no se dio cuenta que el paralítico quería la sanidad para caminar?, en cambio, le dijo: Hijo, tus pecados te son perdonados. Y la sanidad fue solamente para mostrar que verdaderamente Jesús perdonaba pecados.

Sí, EL PECADO es la verdadera enfermedad de los hombres, y es una enfermedad que mata en este mundo y en el siguiente. Para dar sanidad a esta enfermedad Jesús vino al mundo.

Y LA ENFERMEDAD DE LOS HOMBRES ES SIMPLEMENTE UNA MANIFESTACIÓN EXTERIOR PARA MOSTRAR DE QUE EL HOMBRE ES PECADOR.

Talvez esta sea una diferencia notable que muchas personas que asisten a la Iglesia Esperanza o quienes leen Palabras de Vida sentirá. Hoy muchas personas quienes escuchan nuestros sermones o leen Palabras de Vida, dicen y nos critican de que tratamos mucho el tema de los pecados. Que hacemos muchísimas referencias a los mandamientos de Dios que debemos obedecer. Y muchos dejan de venir a la iglesia precisamente porque no desean escuchar sobre los pecados de sus vidas, ni ser acusados por sus pecados actuales.

Pero no se dan cuenta que es para su bien, porque al ser acusados de sus pecados, y si el Espíritu de Dios mora en la persona, reaccionará para que confiese sus pecados. Mas si deja de hacerlo, sin que sepa cuándo, le sobrevendrá una enfermedad o enfermedades, pequeños y grandes, plagas persistentes y aún aquellas que todavía no se conocen en el mundo moderno, para señalarles en carne propia, de que es pecador.

Lastimosamente, las iglesias y los hombres que lideran muchas iglesias, nos critican, pero se lidian con muchos enfermos entre sus miembros. Por eso, tienen ministerios de sanidad como lo hacía Jesús y sus discípulos. Está bien, pero no están viendo el fondo de la cuestión. En realidad, son las iglesias las primeras en dar enfermedad, porque no les enseñan ni les predican acerca del pecado y la obediencia a toda la Palabra de Dios; mas también ponen la solución: el ministerio de sanidad. ¿Mas quién es el que pierde? ¿Quién es el que sufre? ¡El pastor incrédulo de la Palabra de Dios y sus ovejas enfermas!

Peor si hoy los hombres están detrás de los ídolos, aquellos que veneran imágenes, aquellos que tienen dibujos y fotografías en sus cabeceras de las camas. Aquellos quienes confían que una figura muda, sorda e inmóvil les escuchará en sus oraciones. Por eso, no existe ningún idólatra quien se libre de alguna enfermedad, él, sus familiares directos, o sus descendientes hasta la tercera o cuarta generación.

Y cuando los hombres sigan en esta desobediencia contra Dios y contra todos sus mandamientos, a cada generación que pase, nacerán hijos más propensos a las enfermedades y éstas serán cada vez más graves.

Todo esto no es nuevo, sino antiguo, pues está escrito en la Biblia como dice en Éxodo 20:3~6 No tendrás dioses ajenos delante de mí. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

Así que, el idólatra que no tenga supuestamente enfermedades hoy (lo cual es imposible), con cada generación empeorará.

Existen muchos quienes nos critican porque enseñamos y predicamos en demasía acerca de los mandamientos y de los pecados. Pero es igual que la enfermedad. Díganme: ¿Qué es mejor, prever para no enfermarte o enfermarte, tener el dolor y sufrimiento, irte al médico, seguir el tratamiento, tener gastos y luego sanarte? Talvez aprender y obedecer los mandamientos es duro, es difícil, pero comparado a la enfermedad es infinitamente superior. ¿Cuánto cuesta no tener enfermedad económicamente? ¿Cuánto te ahorras monetariamente, en preocupación, en tiempo?

SÓLO PARA LOS QUE TIENEN FE EN JEHOVÁ DIOS

La palabra de Dios nos dice hoy: Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas. Y por haber oído estos decretos y haberlos guardado y puesto por obra, Jehová tu Dios guardará contigo el pacto y la misericordia que juró a tus padres. Y te amará, te bendecirá y te multiplicará, y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto, tu aceite, la cría de tus vacas, y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que juró a tus padres que te daría. Bendito serás más que todos los pueblos; no habrá en ti varón ni hembra estéril, ni en tus ganados. Y quitará Jehová de ti toda enfermedad; y todas las malas plagas de Egipto, que tú conoces, no las pondrá sobre ti, antes las pondrá sobre todos los que te aborrecieren.

Dios promete que quitará de ti toda enfermedad que afectó a los egipcios, es decir, no sobrevendrá ninguna enfermedad que afectan a los hombres del mundo, porque eres hijo de Dios, creyente en Jesucristo. Mas con una condición: guarda los mandamientos, estatutos y decretos que yo te mando hoy que cumplas.

Y esto es cierto, recuerden y hagan memoria, nosotros que hoy estamos visitando a tres hospitales y estos ministerios lo hemos tenido más de cuatro años, y ahora estamos orando para ampliar el ministerio con un hospital más; hagan memoria entre los miles de pacientes que habremos encontrado y visitado, cuántos de ellos eran idólatras y cuántos evangélicos (bien o mal quienes creen que la salvación es por la fe en Jesucristo). Por eso hablo de hechos no de supuestos acerca de las enfermedades, pues la Palabra de Dios se cumple fielmente.

Por tanto, nos promete hoy Dios que seremos benditos más que todos los pueblos, que no habrá varón ni mujer estéril, no habrá estéril entre los animales, y dice: QUITARÁ DE TI TODA ENFERMEDAD Y TODAS LAS MALAS PLAGAS DE EGIPTO, QUE TÚ CONOCES, NO LAS PONDRÁ SOBRE TI, ANTES LAS PONDRÁ SOBRE TODOS LOS QUE TE ABORRECIEREN.

Yo sé, pues, muchos creyentes suelen contarme en los hospitales que Dios les está probando en su fe. Sí, existen enfermedades que sobrevienen como al apóstol Pablo, un aguijón para que no se gloríe. Pero en todos los casos en que Dios te da enfermedad como estos casos, también sabrás que es un aguijón para que no te gloríes, y Dios te lo hace saber. Mas NO puedes aplicar el mismo caso cuando no sabes el por qué. Mas yo te digo: MAYORMENTE ES POR TUS PECADOS Y TU DESOBEDIENCIA A LOS MANDAMIENTOS DE DIOS. La solución de muchas personas sería fácil y rápida si comenzaran por este lado; y no con la tozudez e ignorancia con que obran muchos y enseñan igualmente.

Y aquí va la clase de economía personal respecto a las enfermedades, antes de gastar en remedios, es mejor prevenirte. Sí, conoce a Jesucristo y aprende sus Palabras para cumplirlos.

CONCLUSIÓN

Existe un versículo que es muy expresivo e ilustrativo para el común de los hombres: Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí. El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento. ¡Oh gente pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos depravados! Dejaron a Jehová, provocaron a ira al Santo de Israel, se volvieron atrás. ¿Por qué querréis ser castigados aún? ¿Todavía os rebelaréis? Toda cabeza está enferma, y todo corazón doliente. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite. (Isaías 1:2-6)

Ahora nos queda una pregunta: ¿Por qué Dios habla por medio de la enfermedad? Es porque muchos males que ocurren el hombre pasa desapercibido, pero nunca su enfermedad. Porque tiene que solucionar el dolor y no puede aguantar por mucho tiempo los sufrimientos.

Luego si preguntas: ¿Por qué toca el cuerpo? Para indicarte que existe una enfermedad que es peor, es la enfermedad que se llama pecado. Si la enfermedad te lleva al hospital y en el extremo la muerte. Con los pecados estás condenado a la muerte y necesitas de Jesucristo para recibir el perdón. Por eso Jesús dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos.(San Mateo 9:12)

También la enfermedad es una economía desgastante y sangrante, porque hace perder tus ingresos y te hace pobre; y en alguno casos te impide trabajar normalmente.

¿No te sientes pecador? Entonces verifica y cuenta cuántas enfermedades tienes y cuánto dinero gastas por enfermedades. Mas también cuando crees en Jesucristo y aprendes a obedecer en todos los mandamientos de Dios, verás cómo tu salud mejor día tras día. Y por supuesto, tu economía. Cuando esto ocurra, y sepas esta gracia, no olvides de ofrendar a Dios agradeciendo.

Que Dios te bendiga.

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