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Sermón en el día de Jesús 17 de julio de 2005 Título: Mi Fe vs el mundo Biblia: Salmo 4:1-8 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada www.evangelio123.org 1 Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración. 2 Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah 3 Sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. 4 Temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Selah 5 Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en Jehová. 6 Muchos son los que dicen: ¿quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. 7 Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. 8 En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.
¿Hay tiempo suficiente? Cuando era pequeño, me acuerdo que deseaba ser una persona mayor de edad para muchas cosas. Cuando era adolescente, ya quería tener edad para manejar autos, para realizar negocios. Siempre nuestro deseo está un paso adelantado, siempre nuestros sueños están pronto para recibir, mas siempre impaciente para esperar. Como predicadores del evangelio, siempre deseamos que Jesucristo sea predicado lo más pronto posible, esperamos que las personas respondan afirmativamente cuando les hablamos de Jesús. Cuando visitamos a los enfermos en los hospitales, queremos que ni bien terminemos de orar, que los enfermos se sanen, que se levanten de sus camas y marchen a sus casas. Cuando estamos orando por un asunto en la iglesia, querríamos tener la respuesta en nuestras manos a la salida de la iglesia. Cuando el Señor nos da sueños y visiones, queremos que se realicen en semanas, en meses, dentro de un año. Incluso nos impacientamos con nosotros mismos, porque nuestro crecimiento espiritual no es como una progresión, o por lo menos, una continua suma. Deseamos estar crecidos 10 hoy, mañana 20, pasado mañana 30. ¿Tenemos tanto tiempo para esperar? ¿Viviremos para ver los bienes que el Señor Jesús nos quiere dar? Es nuestra Fe vs el tiempo, la fe vs la impaciencia. Incluso vemos cómo nuestros compañeros y hermanos en Cristo se burlan porque confiamos y esperamos en Jesús. Porque no utilizamos sus métodos, no usamos el dinero, de influencias, de relaciones; mas cuando oramos día tras día, nuestra impaciencia quiere traicionarnos. Es nuestra Fe vs el mundo. Justamente esta es nuestra lucha y fe, creer en aquello que otros no creen ni esperan. Cuando no hacemos según el método que otros hacen, cuando no seguimos lo tradicional, cuando no nos guiamos por la lógica y esperamos en el Señor Jesús. La tentación es grande, abandonar para hacer según métodos más rápidos, a usanza de los pensamientos de los hombres. Por eso la Biblia nos dice hoy: respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Tienen que saber como dice la Palabra: que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Esta convicción de lo que uno hace, de cómo conducimos en nuestra iglesia, de cómo enseñamos, de cómo predicamos, de cómo realizamos la obra. También es nuestra Fe vs el mundo. Esta es la lucha de mi fe contra el mundo. Mi fe contra la fe de los otros hermanos e iglesias en Cristo. Porque hoy tenemos que plantar con fe y solamente mañana el Señor mostrará los frutos. Es nuestra fe vs el mundo. Los años de espera En el libro de Samuel vemos cómo el rey Saúl fue desechado por Dios, el Señor envía a su profeta para que vaya junto a Isaí en Belén de Judá. Y allí unge con el aceite al menor de los hijos, al octavo. Y dice la Biblia: y Samuel tomó el cuerno del aceite, y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David. Se levantó luego Samuel, y se volvió a Ramá. (1 Samuel 16:13) Luego dice en 2 Samuel 5:4-5: era David de treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta años. En Hebrón reinó sobre Judá siete años y seis meses, y en Jerusalén reinó treinta y tres años sobre todo Israel y Judá. ¿Cuánto tiempo ha esperado David desde el día de su unción como futuro rey hasta su coronación? Fácilmente pasaron más de 15 años. Es difícil de precisarlo, pero presentaron a David como un muchacho primeramente. Tan joven era al principio, que su padre no le tuvo en cuenta cuando presentó a sus otros siete hijos mayores para que fuese ungido. Por eso pudo decir con confianza: sabed, pues, que Jehová ha escogido al piadoso para sí; Jehová oirá cuando yo a él clamare. Y luego dice: temblad, y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Porque siempre nuestro corazón tiembla, porque siempre cuando conversamos con otras personas somos influenciados y finalmente queremos abandonar nuestra fe y nuestro compromiso con Jehová. Mas David dice: meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad. Porque tenemos que reordenar nuestra mente, nuestro corazón, nuestra fe cada día en el silencio de nuestro lecho. Recordar todas las maravillas y las promesas que el Señor nos hizo, por todos los días anteriores que hemos pasado y que él fue fiel sujetándonos. Pues sino mi fe nunca vencerá al mundo. Muchas veces hay que evitar conversar con los hijos de los hombres, incluso con tu mujer o hijos, acerca de ciertos proyectos, visiones y sueños que te ha dado Jehová de los ejércitos. Pues, a cuanta más personas comentes, más personas darán su comentario, emitirán su parecer y harán que tu honra, tu fe, se vuelva en infamia. Mayor será la lucha de tu fe contra el mundo. Simplemente, durante los años de espera, es bueno mantener un silencio, pararse en tu fe. Pero incluso el silencio y la soledad es doloroso, ¿cierto? Pero tienes que alimentar tu fe con la lectura de la Biblia y la oración. David tuvo dos oportunidades únicas para matar con sus manos a Saúl, pero no lo hizo, porque sabía que no era el tiempo, ni la manera de obrar del Señor Jehová. Cuando fuere tiempo que él sea rey, vendría por sí solo. Y efectivamente, vemos en 2 Samuel 5:1 dice: vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel. Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel al rey en Hebrón, y el rey David hizo pacto con ellos en Hebrón delante de Jehová; y ungieron a David por rey sobre Israel. Diste alegría a mi corazón Un punto muy importante en nuestra paciente espera hasta recibir el bien de Jehová es que RECIBAS LA ALEGRIA DE DIOS EN TU CORAZON. Hoy nos dice hasta dónde tiene que estar contento nuestro corazón en Dios para que podamos seguir esperando en las promesas de Dios: Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. Porque siempre nos comparamos con otros hombres, con otros hermanos en Cristo. Y el saldo de tu comparación tiene que inclinar a tu favor, para que sigas persistiendo en tu fe en Jesucristo. Pues sino, abandonarás, claudicarás. Y en esta comparación de tu vida con respecto a otros hombres, no estamos hablando de las épocas malas, de las vacas flacas, del tiempo de la sequía, del tiempo donde faltan los frutos del campo, de la época donde falta trabajo, donde los hombres se preocupan por sus deudas. No, tu gozo y alegría que tienes en tu corazón tiene que provenir de Dios y tiene que ser de un grado mucho mayor que la alegría que tienen los demás hombres en la plenitud de la abundancia y de la despreocupación. Hoy en día, muchos levantan su copa, se emborrachan, se drogan, para olvidar de su dolor y su desgracia. En cambio, estamos comparándonos con aquellos que están alegres de corazón por su abundancia, cuando todos sus negocios van bien, cuando a su familia no les pasa nada, cuando no tienen ninguna enfermedad. Tienes que tener tal comunión de gracia con el señor Jesús por medio del Espíritu Santo, que la alegría que él te da en tu corazón tiene que ser mayor que el hombre incrédulo más feliz, pues todo cuanto ellos tienen y se gozan ahora es la vanidad y la mentira. Si no tienes esta relación, si no recibes de Jesús este gozo, si no disfrutas hasta este punto de la comunión y alegría con el Espíritu Santo, nunca te acercarás a Dios, nunca confiarás definitivamente a Dios. Siempre dudarás, siempre tu fe estará luchando para vencer al mundo y sus tentaciones. Estarás pensando en los bienes del mundo. Y te lamentarás por tantas cosas que estás perdiendo y renunciando por culpa de Jesús. Por eso Jesús dijo en la parábola del sembrador que en los pedregales había poca tierra y le quemó, que en los espinos, éstas crecieron y la ahogaron. Cuando las piedras y los espinos tienen mayor cantidad o mayor estatura que tú, perderás. Por eso, tu gozo en Cristo Jesús tiene que ser mayor que el gozo que sientes o ves en el mejor de los hombres del mundo. Cuando no recibes la alegría de Jehová en tu corazón, jamás te pasará esto: cuando estaba en angustia, tú me hiciste ensanchar. Por consiguiente, jamás orarás a Jehová para que tenga misericordia por ti. Tus oraciones solamente se abocarán para llenar tu vientre, verás qué bien le va a los hombres del mundo, verás su abundancia de grano y de mosto, y pensarás que a ti te falta eso, aun teniendo a Jesucristo en tu corazón. El perdón de pecados por la sangre de Jesucristo no tiene ningún atractivo para ti. Entonces, en la lucha de tu fe vs el mundo, perderás, claudicarás, abandonarás la iglesia y a Dios. Nos hacemos una pregunta: ¿cómo hago para poder vencer con mi fe, tener confianza en Jesús, tener el gozo en mi corazón y vencer el mundo? Jehová oirá cuando yo a él clamare Es realmente difícil la comparación, ¿no? Tú tienes la fe, tú asistes a la iglesia, tú tienes promesas, confiesas que tienes a Jesucristo en tu corazón. Mas ellos tienen el grano, tienen el mosto, tienen los bienes, tienen las riquezas, se gozan. ¿Cómo comparar tu necesidad actual con aquellos que hoy tienen los bienes en sus manos y se gozan? ¿Cómo comparar las promesas de Dios que tienes por ciertas, pero son promesas al fin, con los hombres del mundo que tienen casas, bienes, van de vacaciones, envían sus hijos a colegios caros, consultan en sanatorios sofisticados y bien equipados, no se duelen ni piensan dos veces antes de gastar su dinero? ¿Cómo comparar tu fe con las manos vacías con hombres sin fe pero con las manos y bolsillos llenos? ¿Cómo comparar tu fe en Jesús quien te proveerá de todo pero con tu estómago vacío contra hombres que viven sin Dios, quienes se burlan de los mandamientos de Dios, pero están llenos de grasa, cubiertos de oro y plata? Por eso, hermana y hermano en Jesucristo, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. ¿Cómo se puede vivir solamente de lo que se espera y de lo que no se ve? Recibiendo la alegría que solamente Jesucristo sabe dar a nuestro corazón. Solamente sintiendo la presencia y la comunión en el Espíritu Santo. Cuando tienes el gozo porque sientes a Jesucristo vivo en tu interior. El creyente solamente puede sostenerse si lucha y actúa según la Biblia. ¿Tienes tú fe? Pues hay que practicar la fe y avivar el don del Espíritu Santo que hay en ti. Esto significa que cuanto más Dios esté vivo, hablando, conversando, consolando, fortaleciendo en ti, tu fe vs el mundo no será problema, ni difícil. Cuando comienzas a orar y Dios te responde. Cuando estás seguro y confiado porque siempre que oras, él te escucha. ¿Y cómo sabemos que él escucha nuestras oraciones? Pues el Espíritu Santo en persona y el Espíritu Santo por medio de la Biblia nos habla diciendo que nuestro Padre Dios escuchó nuestras oraciones, nos da un acuse de recibo. Es entonces cuando tenemos confianza en él. Y la forma de que sabemos que él escuchó nuestras oraciones, es poniendo en nuestro corazón, su alegría. Cuando esto pasa una y otra vez, cuando sigues y sigues orando, y Dios te llena de su presencia en tu corazón, cuando te da nuevas fuerzas, renovada fortaleza en lo que haces. Experimentarás que ningún alimento, ningún grano ni mosto podrá suplir ni competir con el gozo que él te da. Por eso Jesús dijo: bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. (San Mateo 5:3-9). Verás que todas las retribuciones de las bienaventuranzas tiene que ver con un contacto en tu corazón y en tu vida, con un DIOS VIVO. También dijo Jesús: el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. (San Juan 6:54-56). Cuando nos dice Jesús: …y yo en él. Esta es la manifestación que el Señor hace en nuestro corazón, dando alegría. Y el rey David también dice: en paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado. Conclusión: Este es el piadoso, aquel que retrae su mano y su pie del mal, porque tiene fe, porque tiene paciencia en Jesucristo, porque puede esperar confiadamente en las promesas de Jesús, pues el Señor vive en su corazón dando alegría continua. Para encontrar esta alegría en tu corazón y tener el encuentro con el Espíritu Santo todos los días para ser alimentado, tienes que aplicar tu fe con valentía, para que cruces el umbral de la duda, tienes que cruzar una y otra vez la frontera del temor, probar una y otra vez comprobando que efectivamente Dios responde según la Biblia. Porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios. (2 Corintios 1:20). Dice esta palabra que el cumplimiento de la promesa que Dios hizo contigo está directamente relacionado con su gloria. Así que, si él deja de cumplir, significa que él no tiene gloria. Te pregunto: hermano, ¿tienes fe en Jesucristo? ¿Duermes tranquilo? ¿Tienes paz en tu corazón cuando estás en tu cama y así te acuestas? ¿Te levantas a la mañana y confías tus caminos en Jesús para que sean enderezados? ¿Caminas y vives confiado todos los días? ¿Tu fe no te traiciona viendo el mundo? Pues dice la Biblia que si duermes tranquilo, en paz, porque confías en Jehová Dios Todopoderoso, entonces podemos decir que existe la alegría de Dios en tu corazón. Que vives confiado. Que todos los días vences el mal. Porque puedes ver a Jesús todos los días y lo sientes en tu corazón todos los días. Cada mañana que te levantas es un nuevo día de esperanza, cada día que termina es un día menos de espera hasta el cumplimiento de su promesa. Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en Jehová. Sigue haciendo el bien, obedeciendo la Palabra de Dios, confía en él, búscalo todos los días y llénate con el Poder del Espíritu Santo. Pues es la justicia que él pide y quiere ver en nosotros. Recuerda que Jesús venció al mundo. Tú también con el poder del Espíritu Santo y con la fe que tienes en Jesús vencerás al mundo. Confía en él un día más, espera en él una vez más. Que Dios te bendiga.
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