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Sermón en el día de Jesús 26 de junio de 2005 Título: ¿Huirás nuevamente? Biblia: Hebreos 12:12-14 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada www.evangelio123.org 1 Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar. 4 Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; 5 y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; 6 Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. 9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. 11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. 12 Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. 14 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.
En cualquier grupo de personas en que nos adentremos, encontraremos reglas, reglamentos, códigos de conducta y disciplina. En una empresa, están los reglamentos, el cumplimiento de horarios, el uso de uniformes, la confidencialidad sobre la información, código de conducta, uso de equipamiento de seguridad y manuales operativos. Y también existen personas quienes vigilan el fiel cumplimiento de los reglamentos de la empresa, que son los dueños o empresarios, gerentes, jefes e incluso los propios compañeros. Y todo esto ocurre porque existe un bien de cambio, me someto a las reglas de la empresa para seguir trabajando y obteniendo un bien como recompensa, que es el sueldo, el jornal, la comisión u honorario a percibir. Es decir, siempre me someto voluntariamente o incluso me obligo a sujetarme según los reglamentos porque me ofrecen una retribución a mi trabajo. Y la persona seguirá trabajando en una empresa porque le gusta la labor que realiza, se conforma porque le retribuye según su esfuerzo. Mas un trabajador renunciará cuando la retribución a sus servicios no corresponde, cuando encuentra un trabajo mejor remunerado por sus servicios, pero también sale cuando no le agrada los reglamentos al que está sometido. A nadie le gustan los reglamentos, los códigos de ética, las leyes; pero el hombre se somete y se adecua a ellos porque obtiene a cambio una recompensa que bien vale la pena someterse a las leyes. También son necesarios para una convivencia en un grupo de personas o sociedad. Extrañamente las personas piensan que el único lugar donde no debe existir reglas, ordenanzas y leyes, es en la iglesia. Piensan que el único a quien estamos liberados de toda ley, es la de Dios. Y piensan que en Cristo Jesús están completamente libres. Es así, cuando escuchan de obediencia, cuando comienza a conocer los mandamientos de Dios, muchos salen de la iglesia y huyen delante de Dios. Incluso, cada iglesia tiene sus reglas y la nuestra es una de ellas. La obediencia de Cristo Muchos piensan que Jesús es Dios y Salvador, y porque es Hijo de Dios estuvo siempre por encima de la ley. Mas si conoces la Biblia sabrás que Jesús fue por encima de todos, principalmente un cumplidor fiel de la ley, de toda la Palabra de Dios. Pues solamente así podía ser el Salvador de todos nosotros. ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:14) En el pasaje de hoy nos da un ejemplo de ello: puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Aquí dice que Jesús, sabiendo de la promesa de Dios, que sería el heredero de todo, también sabiendo de todo el bien que nos daría por su sacrificio, fue fiel hasta la muerte. Había dicho al comienzo que una persona que trabaja para ganar una remuneración, inicia una empresa difícil, se somete a un trabajo extremo, porque tiene seguridad y esperanza del premio. Porque el dinero que ganamos, por la satisfacción que obtenemos porque nos permite comprar bienes que deseo tener, por eso bien vale la pena someternos a las reglas. Mas cada profecía que Dios hizo, cada promesa que hace, es una ley que el Señor se imponía a sí mismo por nosotros. De la misma manera, él también quiere ver en nosotros la obediencia a sus Palabras. Así, de Jesús dice: porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras. (1 Corintios 15:3-4) También dice en Filipenses 2:5-11 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. La palabra viva que habla Generalmente cuando los hombres vienen del mundo, quienes escucharon el evangelio y reciben a Cristo Jesús, reciben un tremendo choque, incluso en aquellas personas quienes ya recibieron al Salvador pero que no han sido enseñados en la Palabra en profundidad. En los primeros creyentes o en los novatos, siempre les asusta e impresiona cuando un libro, la Biblia, tenga la capacidad y el poder, el discernimiento para penetrar hasta lo más profundo de su persona, revelando sus secretos más íntimos, desnudado a uno, como una banana que es pelada. Cuando este creyente comienza a ver el poder de Dios por medio de la Palabra de Dios, primero la incredulidad, luego el asombro, mas finalmente el convencimiento. Solo que esta parte de la comprensión puede tardar, por eso Jesús dijo: porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan. (San Mateo 7:14) Y porque la Palabra de Dios está viva, siempre un creyente recibe agradables o sorprendentes revelaciones; incluso algunos se ofenden, porque piensan que alguna persona contó sus secretos al pastor. Pero no se da cuenta que la verdadera palabra de Dios tiene que ser así: porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. (Hebreos 4:12-13) El padre celestial quien disciplina Si para muchos las revelaciones de la palabra de Dios sobre su vida le causa susto y asombro, es por la Biblia que tiene vida. En la siguiente etapa el creyente tiene que comprender quién es que Dios, el Padre de todos los creyentes de Jesucristo, disciplina. Mas alguien dirá: ¿Por qué Dios disciplina? La Biblia nos da una hermosa respuesta hoy: porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Y además: si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos. Y recuerden que toda disciplina tiene que ser bíblico, no debes confundir la disciplina como la retribución que uno recibe por los pecados que comete. Porque la disciplina se da a los hijos de Dios. ¿Para qué lo hace? La Biblia nos dice hoy: pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Y debes saber que Dios jamás dejará hasta conseguir su objetivo, además admite que Él siempre gana. No permitas que lo cojo salga del camino Tienes que tener fe y conciencia que Dios cuando te está disciplinando de esa manera, es porque desea corregirte, perfeccionarte, santificarte porque él es santo. Tú, antes de conocer y creer a Jesucristo, eras como un niño huérfano abandonado por la calle, vivías con leyes propias. Es una lucha de supervivencia, nadie te detenía, podías hacer y probar todo lo que quisieras, todo por un poco de dinero y buscaste el dinero afanosamente. Nunca te diste cuenta que estabas sucio, enfermo, vicioso, la maldad no era maldad, el pecado no era pecado. ¿Por qué? Porque en ese tiempo no existía Jesús ni los mandamientos de Dios en tu vida. Pero todo cambió, cuando escuchaste el Evangelio de Cristo y creíste, el Señor Jesús te recogió de la calle y te llevó a su casa. Te lavó de toda la mugre que tenías pegado a tu cuerpo, te bañó. ¡Mas qué cambio! Antes la calle era tu vida pero ahora la casa de Dios. ¡Incluso más! Dios te recogió, y te eligió de entre los otros niños de la calle y te llama “HIJO”. Pues la Biblia dice: mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. (San Juan 1:12-13). A partir de que has ingresado a la casa de Dios, estás lavado, estás limpio de los pecados por la sangre de Jesucristo; mas una vez adentro te encuentras con las reglas de la casa de Dios, las reglas internas. Y a esto se refiere la Biblia en su pasaje de hoy cuando dice: haced las sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Pues ahora ya no eres un niño de la calle, sino un niño feliz que vive en la casa de Dios, en el reino de Dios. Y como dice su Palabra: hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia. (Romanos 6:19). Y en este proceso de limpiarte (santificarte), te encuentras con tanta maldad en ti, con tanta inmundicia, mas no todo cambio es fácil, sino doloroso pues encuentras que tienes que construir y aprender todo de nuevo, según las reglas de Dios, la Biblia. Y esto te hace desfallecer, te ves afectado en tu orgullo, en tu autoestima, en tu pensamiento, en tu carácter y es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. Por eso Jesús nos dice hoy: por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas. Por eso, no debes desanimarte porque estas cosas no le ocurren a los incrédulos. ¡Claro que no les ocurrirá! Pues no tienen un Padre como nuestro Jehová Dios Todopoderoso. Nosotros no somos de aquellos que huyen, que salen porque no deseamos que sea revelado nuestra vida y actos ante la luz de Dios. Sino que somos aquellos que vencemos por medio de Jesucristo. No te desanimes en el proceso de la disciplina de Dios. Porque siempre cuando estamos en medio de una disciplina, es natural que nos desesperemos, pero sabremos que la disciplina viene de Dios, porque cuando leemos sus palabras, encontramos los motivos de nuestra situación. Tendremos discernimiento de que él nos impuso, porque la disciplino no termina en el dolor, sino en conocer más a Dios, aprender su palabra, que resulta en un cambio efectivo de nuestra vida. No mires los costados, no mires a las otras personas. Porque a cada uno, Dios disciplina personalmente. Así que, algo que ocurre a ti, no tiene por qué ocurrir en otras personas. Mas sí podemos ayudar a llevar la carga de los hermanos quienes están pasando por la disciplina, porque podemos amar a nuestros hermanos y cuando estamos orando para que no se desfallezcan. Así toda persona aun tiene cierta cojera. No permita que tu fe, ni tu desánimo te haga retroceder, ni torcer el camino porque estás cojeando. Sino toda cojera tiene que ser sanado. Porque tienes que ser perfecto ante Dios y como él es santo. Pues solamente aquel que se reforma constantemente, aquel que se preocupa y se santifica todos los días en Jesús y según la Biblia, el que busca la santidad, verá a Dios. Pues es el signo de que es hijo, que recibe disciplina. Conclusión No te sientas extrañado, ni salgas ni huyas. Sino tenemos que enfrentarnos a Dios con estos hechos. Si tenemos cojera, tenemos que someternos a Jesucristo y a su palabra como remedio para sanarnos. ¡Arrepiéntete en nombre de Jesucristo! ¿Quieres huir? ¿Tienes ganas de huir de la iglesia por las palabras que se predican? ¿Quieres alejarte de Dios porque te acusan? Esas son las cojeras que hay en tu vida. Pues aquellos que están conforme a los mandamientos de Dios, tienen otra actitud: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. (Gálatas 5:22). La siguiente oportunidad que tengas deseos de huir, pregúntate si no es una cojera más en tu vida. Mas el verdadero hijo de Dios jamás huye sino que se arrepiente en nombre de Jesús para perdón de pecados. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad. (Colosenses 2:8-10) ¿Huirás nuevamente? Haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Que Dios te bendiga.
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