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Llevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar.

         

     

Sermón en el día de Jesús 10 de abril de 2005

Título: ¿Cómo sé que es Dios?

Biblia: 1 Juan 2:27-29

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

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27 Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él.

28 Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.

29 Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él.

 

Siempre esta cuestión aflora en nuestro corazón, y es natural, porque deseamos hacer lo correcto. Nadie quiere el mal para sí mismo, siempre buscamos lo mejor, tratamos de encontrarnos con una persona que nos ayude a solucionar nuestros problemas, para aconsejarnos, para que nos alivie específicamente de nuestros dolores.

Así, también cuando vamos a los hospitales, nos vamos porque estamos enfermos. Deseamos encontrarnos con el médico que nos pueda diagnosticar correctamente, sin errores. Pues es la mejor manera para sanar, un remedio que me cure.

Todos sabemos cuán difícil es encontrar a un buen médico, que sepa en su materia y que nos inspire confianza. Pues, cuando tenemos confianza en el médico, parece que ninguna enfermedad es grave, nos sentimos animados, nos fortalecemos. Y todos sabemos que el ánimo del paciente es muy importante para cualquier tratamiento.

En el otro aspecto del hombre, tambien es esencial para su salud y su vida encontrarse con Jesucristo. Pues Dios nos dice que es nuestro sanador, y él es quien nos da vida eterna.

A partir de aquí surgen los problemas, 2000 años antes, Jesús caminaba por las calles y enseñaba, él personalmente sanaba a los enfermos, se podía saber con precisión, mas hoy… por eso surge la incógnita en los creyentes de hoy:

¿Cómo sé que es Dios?

Es cierto, los discípulos de Jesús tuvieron una preferencia muy especial, por eso, el apóstol Juan cuando escribe el libro de 1 Juan de la Biblia, dice: lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida. (1 Juan 1:1). Pero nosotros no tenemos siempre la posibilidad de ver, de oír, de palpar con las manos, de caminar junto a él. Y muchos creen que por este motivo su fe es más débil. Puede ser cierto hasta algún punto. Mas también muchos no le creyeron, vieron los milagros, escucharon, le preguntaron pero no llegaron a reconocer que era el Mesías.

Mas hoy sin verle, le creemos, sabemos que en Cristo Jesús tenemos vida, que fuimos rescatados y perdonados de nuestros pecados. Por fe sabemos que él mora en nosotros y tenemos el testimonio vivo.

Pero no siempre estamos bien espiritualmente, no siempre estamos despiertos, nuestros sentidos no son tan sensibles o no están ejercitados para comprender toda la Palabra de Dios. Incluso tenemos dudas respecto a lo que leemos o escuchamos; vamos a la iglesia pero existe momentos en que pensamos en nuestro interior: ¿Cómo sé que es Dios quien me habla? Porque el que predica es un hombre… Y seguro que en muchas personas su poder de discernimiento no está al 100%. Esta situación de incertidumbre empeora cuando escuchamos palabras que toca algún punto débil, algún pecado, alguna llaga, nos exige cosas que no deseo hacer, cuando me exige algún sacrificio, cuando tengo que cambiar mi ritmo de vida, mis hábitos y costumbres.

Es por eso que muchos cristianos dicen: si hoy Jesús me dijera o me exigiera, seguro que lo haría. Mas si me está hablando un hombre, sea un pastor, sea un líder o incluso un hermano en Cristo, ¿cómo puedo estar seguro que son las Palabras de Dios? Y para acrecentar mi duda, existen iglesias que enseñan de una manera y otras que interpretan de otra forma, mas cada una reclama la verdad para sí. ¿Cómo sé que es Dios?

Ciertamente Jesús dijo: el que a vosotros oye, a mí me oye; y el que a vosotros desecha, a mí me desecha; y el que me desecha a mí, desecha al que me envió. (San Lucas 10:16).

Mas también Jesús dijo: ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no la oís vosotros, porque no sois de Dios. (San Juan 8:46-47).

Nadie quiere desobedecer a Jesús, pero la incógnita está, la pregunta siempre sigue latente y vuelve cada vez que escuchamos la Palabra de Dios, predicados o enseñados por un hombre.

Y esto tiene que ser así, porque la Palabra de Dios en sí mismo tiene poder: porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. (Hebreos 4:12-13).

Mas otra vez aflora la misma disputa que los judíos hicieron con un ciego que fue sanado por Jesús: nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. (San Juan 9:29-31).

Sí, siempre pensamos que las palabras que Jesús nos diría serían más cariñosas, más amables, más respetuosas, que me darían vida y refrescaría como fuente de agua viva; mas las palabras que me predican son diferentes, y muchas incógnitas vienen a nuestra mente: ¿no será simplemente las palabras de un hombre? ¿No será porque amaneció mal? ¿No será que está descargando su rabia contra nosotros? ¿No dice eso porque desea conseguir o recibir algo de nosotros? Y Jesús mismo aumentó la polémica con sus palabras: y cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos. No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa. (San Mateo 10:33-36).

Claro, queremos hacer el bien, lo correcto; mas las palabras que escuchamos nos duele, parece dura, a veces nos consuela, mas nos exije… ¿cómo sé que es Dios quien me habla?

Las señales para saber

1.      La unción que recibisteis de él permanece en vosotros:

Jesús dijo: el viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. (San Juan 3:8). El Espíritu Santo viene a una persona para quedarse, nadie puede rechazarlo ni puede echarlo. Se viene y se queda, y permanece para siempre. Por eso, podemos clamar: PADRE MIO, por eso podemos confesar que Jesucristo es mi salvador.

Aun cuando estás débil espiritualmente, nunca el Espíritu Santo se aparta de ti, aun cuando pecas.

Y porque la unción, el Espíritu Santo mora en ti, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Aun cuando una persona quiera rechazar alguna palabra porque alega que es duro e injusto, siempre esa palabra te sonará en tu interior, hasta que finalmente obedezcas a la palabra, no importa cuanto tardes.

2.      Según como te enseñó, Permaneced en él.

Jesús nos dijo: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Aun al más grande de los ignorantes, el Espíritu Santo te dirá y te dará el discernimiento, si lo que escuchas es verdad, si proviene de Dios o no.

Porque ni el Espíritu Santo habla por sí mismo, sino habla y nos enseña las cosas de Dios. Y nos hace saber la verdad, nos guiará a toda verdad.

Incluso te repetirá hasta que permanezcas en la palabra. Cuando desechas en algún momento pensando que no es la voz de Dios, verás que el mismo tema, el mismo versículo será tratado por distintas personas, por distintos medios. Tampoco podrás avanzar en otros aspectos de tu vida espiritual porque no solucionaste el anterior. Por eso Jesús dijo: ¿Qué, pues, es lo que está escrito: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo? Todo el que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre quien ella cayere, le desmenuzará. (San Lucas 20:17-18).

3.      Te dará confianza

En aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. (San Juan 16:23-24)

Nos dará tal confianza, talvez pueda ser pequeño al principio, pero esas palabras que escuchaste te resonará una y otra vez en tu interior. Comenzarás a tener fe y querrás obedecer.

Luego pedirás al Señor Jesús en oración. Sea obediencia en fe, sea vencer un pecado, sea para vencer una situación difícil de la vida, tendremos confianza y tal certeza en el Espíritu Santo para que pidamos a Dios, para que oremos y sabremos que lo tendremos, porque existe una confianza irrenunciable en nosotros.

Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (San Juan 16:33)

4.      Sabrás todas las cosas

El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber. (San Juan 16:14-15)

Puede que hoy desconozcas algunas cosas, puede que no entiendas alguna palabra de Dios, puede que hoy incluso dudes de su palabra. Pero te dará entendimiento.

Te mostrará la ciencia de todas las cosas, el discernimiento espiritual para juzgar según la Verdad. Y entenderás que es la Verdad de Dios.

5.      Hace justicia

He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. (San Juan 17:6).

Aquellas palabras que realmente proceden de Dios, finalmente serán escuchados, serán obedecidos. Finalmente el hombre de Dios, puede que falle al comienzo, pero luego se afirmará en la Verdad.

Y hará la justicia de Dios, o sea, obedecerá finalmente la Palabra de Dios, porque lo que escuchó proviene de Dios.

Por eso Jesús dijo: porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. (San Mateo 5:18).

Esto es lo que caracteriza la Palabra de Dios, cuando proviene de Dios, sabremos que es verdad, principalmente porque el Espíritu Santo nos da el entendimiento.

Conclusión:

¿Cómo sé que es Dios?

Los hijos de Dios, en quienes mora el Espíritu de Dios, sabe que es de Dios, y permenecerá; discernirá la verdad, obedecerá, conocerá todas las cosas de Dios y hará la justicia de Dios.

¿Cómo sé que es Dios?

Cuando pidas según la Biblia en nombre de Jesucristo, lo recibirás; recibirás una respuesta a tu duda, tendrás convicción y certeza, porque dijo el Señor: hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. (San Juan 16:24)

¿Cómo sé que es Dios?

Serás guardados según la palabra de Dios, tu vida será guiado y juzgado según las leyes de Dios. Porque Jesús dijo: cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió. (San Juan 17:12).

Y Jesús finalmente dijo: yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz. (San Juan 18:37).

Pues, con el oír la voz de Dios, comienza todas las cosas. ¿Puedes oír la Palabra de Dios? Entonces sabrás que es de Dios.

Que Dios te bendiga.

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: 1 de enero de 2011