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Sermón
en el día de Jesús 22 de enero de 2012
Título:
LA MANIFESTACIÓN DE LOS HIJOS
Biblia:
Romanos 8:1-39
Predicador:
Pastor Dong Han David Lee
Iglesia
Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte.
1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,
Asunción,
Paraguay
www.evangelio123.org
pastordavid@evangelio123.org
(595)
021-301-706 / (595) 0981-815-179
*******************
1.
Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu.
2.
Porque la ley del Espíritu de
vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.
3.
Porque lo que era imposible
para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en
semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la
carne;
4.
Para que la justicia de la
ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme
al Espíritu.
5.
Porque los que son de la
carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las
cosas del Espíritu.
6.
Porque el ocuparse de la
carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
7.
Por cuanto los designios de
la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni
tampoco pueden;
8.
Y los que viven según la
carne no pueden agradar a Dios.
9.
Mas vosotros no vivís según
la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en
vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
10.
Pero si Cristo está en
vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu
vive a causa de la justicia.
11.
Y si el Espíritu de aquel que
levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos
a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que
mora en vosotros.
12.
Así que, hermanos, deudores
somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;
13.
Porque si vivís conforme a la
carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,
viviréis.
14.
Porque todos los que son
guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
15.
Pues no habéis recibido el
espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido
el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
16.
El Espíritu mismo da
testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
17.
Y si hijos, también
herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos
juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
18.
Pues tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse.
19.
Porque el anhelo ardiente de
la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.
20.
Porque la creación fue
sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó
en esperanza;
21.
Porque también la creación
misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de
los hijos de Dios.
22.
Porque sabemos que toda la
creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora;
23.
Y sólo ella, sino que también
nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también
gemimos dentro de nosotros mismos, esperando al adopción, la redención de
nuestro cuerpo.
24.
Porque en esperanza fuimos
salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve,
¿a qué esperarlo?
25.
Pero si esperamos lo que no
vemos, con paciencia lo aguardamos.
26.
Y de igual manera el Espíritu
nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo
sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.
27.
Mas el que escudriña los
corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad
de Dios intercede por los santos.
28.
Y sabemos que a los que aman
a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su
propósito son llamados.
29.
Porque a los que antes
conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de
su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
30.
Y a los que predestinó, a
éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que
justificó, a éstos también glorificó.
31.
¿Qué, pues, diremos a esto?
Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
32.
El que no escatimó ni a su
propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también
con él todas las cosas?
33.
¿Quién acusará a los
escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
34.
¿Quién es el que condenará?
Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a
la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.
35.
¿Quién nos separará del amor
de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o
peligro, o espada?
36.
Como está escrito: Por causa
de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.
37.
Antes, en todas estas cosas
somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.
38.
Por lo cual estoy seguro de
que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo
presente, ni lo por venir,
39.
Ni lo alto, ni lo profundo,
ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en
Cristo Jesús Señor nuestro.
INTRODUCCIÓN
Generalmente los creyentes se acomodan con
lo que tienen, con lo que reciben de enseñanzas bíblicas, y reciben las
doctrinas bíblicas sin mayores pensamientos, incluso al comienzo ni se dan
cuenta qué es y menos de su importancia.
Realmente son pocas las personas quienes
se preguntan, se cuestionan los por qué de las diferentes enseñanzas con un
mismo texto bíblico; por qué una iglesia enseña de una forma y la otra de una
manera diferente; por qué un pastor enseña acerca del pacto y otros no.
Incluso muchos son inculcados que
solamente Jesucristo importa y es verdadero, el resto son pensamientos de
hombres. Sí, ciertamente que existen las doctrinas que están formuladas para la
destrucción, para la dominación, y por la carne del hombre.
Por eso, existen algunas cuestiones
básicas que todos los elegidos de Dios desde antes de la fundación del mundo
tienen; y por que son predestinados fueron salvados y serán llamados en algún
momento de su vida. Mas a partir de ahí, realmente es el esfuerzo, el deseo, la
convicción, la sana y la verdadera doctrina la que prevalecerá y se distinguirá
de las otras.
También aquellos quienes se cuestionan:
¿Para qué tanta doctrina? Sí también son una buena cantidad de personas quienes
piensan de esta forma, son los que asisten a la iglesia mecánicamente y que
nunca crecerán, recibirán y pasarán por todos los males del mundo, no existirá
mucha diferencia con los religiosos del mundo.
LA CLASIFICACIÓN SEGÚN EL ESTADO ESPIRITUAL
Si ustedes se acuerdan, al comienzo del
capítulo 1 de Romanos, el apóstol Pablo se dirige a los creyentes de Roma, a
los llamados a ser de Jesucristo. Y a éstos, dice Pablo que está pronto para
anunciar el evangelio también a ellos que están en Roma y tener algún fruto
como los frutos que obtuvo con los demás gentiles.
Y para los muchos creyentes en Jesucristo
de hoy también es lo mismo: ¿qué otro evangelio es necesario predicar a
aquellos que ya creen en Jesús y están congregados en las iglesias?
Es porque quería predicar el evangelio en
que “la justicia de Dios se revela por
fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. (Romanos 1:17)
Es que existen diferentes manifestaciones
de los creyentes SEGÚN SU ESTADO ESPIRITUAL, o sea, hasta el llamamiento y la
justificación que hace el Señor Jesús por el elegido es igual para los
escogidos; mas a partir de ahí, las diferentes manifestaciones que pueda
alcanzar cada uno depende de la fe y del esfuerzo de cada uno.
Veamos con detenimiento:
En el capítulo 7 de Romanos vemos el
resultado y la manifestación de un quien luego de creer en el Señor Jesús,
siguió viviendo como cualquier otro hombre del mundo, trata de vivir con fe con
todas sus fuerzas, mas también ama el mundo y desea conquistar y triunfar como
un buen creyente. Y el capítulo 7 es la muestra de las diferentes
características que demuestra ese creyente.
“Porque
lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco,
eso hago. Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. De
manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo
sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien
está en mí, pero no el hacerlo. porque no hago el bien que quiero, sino el mal
que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el
pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que
el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de
Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra le ley de mi
mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a
Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la
ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado. (Romanos 7:15-25)
Muchos creyentes viven esta realidad, que
no están contentos con su carne, porque ven su realidad y se avergüenzan, y
siempre viven en culpabilidad, siempre sienten que están fallando. Y también sé
que el siguiente versículo suele ser una consolación: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo
Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”
(Romanos 8:1). Y lo repiten y repiten. Mas nunca es una solución
definitiva, ¿por qué? Porque siguen viviendo en la carne.
Sí, justamente el libro de Romanos está
escrito para que el creyente pueda liberarse de este tipo de manifestación
espiritual al que resulta de vivir según la carne. Todos quienes aman este
mundo como está diseñado, planteado, y regido por los hombres del mundo,
¡siempre, siempre, siempre!, tendrán estos dolores espirituales.
Y justamente es la consecuencia del error
de camino que han elegido, en que han vivido, a la vida que han guiado por
causa de las doctrinas humanas; de hombres que han enseñado mandamientos de
hombres como doctrinas, de aquellos pastores ciegos quienes han guiado
siguiendo las concupiscencias de la carne y de su vientre.
¿Cuán malo o equivocado puede ser este
camino? Que nunca pueden acabar de aplacar la voz que según el hombre interior
se deleita en al ley de Dios, y según la realidad de sus miembros, se rebela y
le lleva cautivo a la ley del pecado.
¿Qué han hecho los pastores y los
intérpretes de hoy? Pues sencillo, han seguido la guía de su carne: han anulado
el antiguo testamento, han eliminado doctrinas y se formularon otras nuevas;
todo para no escuchar que están viviendo en la carne y por tanto, que están
cometiendo pecado.
¿Han mejorado? ¡No! Han empeorado, porque
cayeron en el libertinaje del pecado y siguieron, y aumentaron sus errores. Y
los resultados están a la vista: hambre, enfermedades, plagas, espadas, muertes
y cautiverio. (El que escucha y lee, ¡que entienda!)
Confirmemos nuevamente con lo que dice hoy
en Romanos 8:5-8 “Porque los que son
de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en
las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el
ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son
enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco
pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios”.
¿Y cómo piensan se manifestará Dios cuando
está enemistado incluso con un creyente porque vive según los principios de la
carne? Dice claramente que el ocuparse de la carne es muerte, todos los designios
o los deseos y resultados de seguir la carne es una sola: “la enemistad contra
Dios”.
Toda esta manifestación es para mostrar
que el creyente está viviendo mal, que está siguiendo un camino equivocado, que
no está viviendo según la justicia de Dios que es por fe.
VIVIFICARÁ VUESTROS CUERPOS
Mas cuando el creyente vive en el camino
del pacto de Abraham, de Isaac y de Jacob, también realiza la justicia de Dios
que es por fe como lo fue justificado Abraham.
Por tanto, todos quienes hoy también viven
según el camino y los términos del pacto, aquellos quienes NO ANDAN CONFORME A
LA CARNE del mundo de hoy, de los bienes, riquezas, esperanzas, sueños,
codicias de los hombres de hoy que es la carne; sino aquellos que siguen el
camino del pacto como lo hicieron Abraham, Isaac y Jacob quienes guiados por el
Espíritu Santo, vivieron según la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús y
son librados de la ley del pecado y de la muerte.
Por eso, siempre les digo que hay que
salirse del “gallinero” que es este mundo, y hay que salirse al desierto de
Dios, para encaminarse a la tierra de nuestra promesa, como un pueblo grande
que está asentado en la iglesia cuya cabeza es Jesucristo, y que seamos los
benditos de Jehová.
Ahora, ¿cómo sabemos que estamos en el
camino correcto? ¿Cómo podemos nosotros condenar con tanta vehemencia las
doctrinas predominantes de las iglesias que creen en Jesucristo? ¿Cómo podemos
aseverar que estamos en lo cierto?
Pues justamente existe una manifestación
espiritual que aparece para aquellos que viven según el Espíritu que es el
versículo 11 de nuestro texto: “Y si
el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el
que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros”.
Si para aquellos que viven según los
designios de la carne es muerte y además recibe los castigos del juicio
resultante por estar enemistados contra Dios; aquellos quienes viven según el
camino del pacto, que es justamente lo que la Biblia dice como andar en la guía
del Espíritu Santo, reciben la vivificación de los cuerpos mortales, porque el
Espíritu ahora sí se manifiesta para beneficio del creyente. Porque dice: “el ocuparse del Espíritu es vida y paz”.
Les diré de qué manera el creyente es
vivificado de su cuerpo mortal:
1. LA VIVIFICACIÓN
ESPIRITUAL: TIENE EL ESPÍRITU DE CRISTO: fíjense
en los versículos 9-10: “Mas vosotros
no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios
mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero
si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado,
mas el espíritu vive a causa de la justicia.” La primera manera de
vivificación de nuestro cuerpo mortal es por medio del Espíritu de Cristo que
se manifiesta, de que estamos justificados de nuestros pecados, darnos vida y
paz respecto a la salvación de nuestra alma. Es por eso, que los que han sido
vivificados no tienen temor respecto a la salvación, porque es el Espíritu de
Cristo que se manifiesta para darnos esa seguridad.
2. LA VIVIFICACIÓN
ESPIRITUAL: EL AVIVAMIENTO DE LA PERSONA: vean el
versículo 13 “porque si vivís conforme
a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne,
viviréis”. Cuanto más el creyente se adentra en el camino del pacto,
cuanto más cree y vive arreglando su vida de carne (hacéis morir), y adoptas la
vida del pacto, de la esperanza, de creer y esperar en las promesas, cuanto más
confiado evangelizas tu tierra para recibirla en heredad; porque haces morir
las obras de la carne, vivirás. O sea, lo que los ojos carnales, lo que la fe
de uno que vive carnalmente no puede ver, logras verlo, creerlo, y cada día
Dios te da mayores señales de esa promesa y que el pacto se cumple y cumplirá
en toda la extensión de la biblia.
3. LA VIVIFICACIÓN POR
MEDIO DEL ESPÍRITU DE ADOPCIÓN: leamos los
versículos 14-15 “Porque todos los que
son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis
recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que
habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
No es simplemente un conocimiento, ni un enunciado, te liberas de la esclavitud
del pecado, ves que puedes dominar el pecado por medio de la obediencia de toda
la Palabra de Dios. Ves que eres librado también de todos los temores que
afectan la vida de los creyentes que viven según la carne: el temor a
enfermarse, el sufrimiento por la enfermedad porque le ha sobrevenido, las
debilidades y todos los resguardos que se hacen para no enfermarse; también es
tocante a la seguridad, respecto al futuro, respecto a lo imprevisible de la
vida de los hombres, los temores de la vida en general, el matrimonio, los
hijos, los vicios, los hombres malos, las debacles de las economías, los
inciertos de la política, los temores de la tercera edad. Mas el que recibe el
Espíritu de Adopción, llama a Dios: Padre.
4. LA VIVIFICACIÓN COMO
HIJOS DE DIOS: El versículo 16 dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro
espíritu, de que somos hijos de Dios”. Es que el cambio es tan grande
que de hombres pecadores tenemos un nuevo despertar: que el Espíritu Santo nos
testimonia de que somos hijos de Dios. No es fácil comprender esa nueva
identidad, ni es fácil asumir la nueva figura de hijo de Dios, pues hemos de
llegar a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón
perfecto, a la estatura de la plenitud de Cristo. Tener la mente de Cristo, su
vida y sus obras también en nosotros, que es justamente: “LA MANIFESTACIÓN DEL
HIJO”. Por tanto, tus pensamientos, tus gustos, tus hábitos, tus palabras, tus
conversaciones, tus deseos, que uno tenía sobre cada aspecto del mundo debe ser
renovado, cambiado, abandonado, desechado, cortado y adquirir nuevos hábitos
como hijos de Dios amados.
LA MANIFESTACIÓN DE LOS HIJOS DE DIOS
Veamos juntos los versículos 17-19: “Y si hijos, también herederos; herederos
de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para
que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el
aguardar la manifestación de los hijos de Dios.”
Si la etapa anterior es la vivificación de
nuestro cuerpo carnal para que constatemos y vivamos en una vida nueva en que
ninguna condenación hay porque vivimos según el Espíritu Santo, porque somos
hijos de Dios. La manifestación de los hijos de Dios sucede cuando nos
GLORIFICAMOS EN CRISTO JESÚS COMO HIJOS DE DIOS.
Ahora, la condición fundamental para que
eso suceda es que primero nos hagamos “herederos”. No como el heredero
ejemplificado en el hijo mejor que reúne su herencia para ir a vivir perdidamente
en el mundo, ni el heredero como el hijo mayor quien siendo hijo trabajaba como
un siervo más del padre, sin saber de su autoridad, sin hacer uso de sus
derechos y beneficios. Sino como dice la biblia: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas”.
Entonces, ¿por qué este hijo mayor que
siempre estaba con el padre no sabía sus derechos? Porque no se sentía
heredero, y para ser heredero solamente existe una forma que en Romanos 8 nos
dice: “herederos de Dios y coherederos
con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él
seamos glorificados”.
Jesús nos dijo también respecto a esto: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos
a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su
vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya
no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os
he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a
conocer. No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os
he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que
todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.” (San Juan 1512-16)
Así es que, el padecimiento esto: “el que
ama los unos a los otros como Cristo Jesús nos amó, y nosotros también como
hijos de Dios ponemos nuestra vida por los amigos, o sea, los otros hijos de
Dios que aún están perdidos de diferentes formas, sea porque viven en la carne
como el hijo menor o de los que aun están perdidos en el mundo y falta ser
buscado predicando a Cristo, y también despertando a los hijos mayores que no
se manifiestan como herederos”.
Si los que son vivificados de sus cuerpos
mortales tienen como frutos en el Espíritu Santo: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han
crucificado la carne con sus pasiones y deseos”. (Gálatas 5:22-23)
Los hijos de Dios quienes como herederos
se manifiestan son glorificados juntamente con Cristo.
Y la principal manifestación de los hijos
de Dios quienes como herederos padecen juntamente con Cristo es que la creación
que estaba sujetada a vanidad por causa del que la sujetó en esperanza, y
también porque está sujetada por la esclavitud de la corrupción, es liberada
por la gloriosa manifestación de los hijos de Dios.
Miren que no es suficiente que ustedes
oren pidiendo: “Señor Jesús, yo soy hijo de Dios, yo creo en ti; Señor quiero
que la creación sea liberada porque pido en tu nombre”.
Sino que Dios es claro: “porque la creación fue sujetada a
vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en
esperanza”. Por tanto, el único camino en el cual se siembra en
esperanza contra esperanza, y se cree en las promesas de Jehová Dios
Todopoderoso es en el pacto de Abraham, y por el cual fue justificado.
Así que, si un creyente no sigue y vive
según los principios del camino del pacto de Abraham porque está bajo el pacto
de Jesucristo; nunca puede sembrar en esperanza. Si un creyente no se vivifica
de su cuerpo mortal porque mora en él el Espíritu Santo, no puede llegar a
tener el Espíritu de Adopción, y si no tiene este Espíritu no tiene el
testimonio de Hijo de Dios, y si no sabe que es hijo consecuentemente no puede
ser heredero, y si no es heredero no puede padecer como Cristo, y por el cual
se manifiesta como hijo y se glorifica con la gloria que recibió Cristo Jesús
Señor nuestro.
Estos padecimientos nada tienen que ver
con tus pecados, por más que tengas reminiscencias de los tuyos, mas tiene que
ver porque estás manifestándote como hijo, llevando los padecimientos como
Cristo porque te mueres por amar a tu prójimo como a ti mismo.
Poco a poco, la creación se va libertando
de toda corrupción, significa que la tierra y todo lo que está relacionado con
el que vive y siembra en esperanza en su tierra prometida, a ese hijo que se
manifiesta más y más, también la creación se despierta. Y los frutos son como
todas las buenas palabras de Jehová nuestro Dios y Padre que están escritas en
la biblia.
Incluso puede que los hijos de Dios, no
busquen toda la manifestación de los hijos, que se queden por el camino, o son
lentos para moverse, la creación gime y se duele: “Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con
dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos,
que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de
nosotros mismos, esperando la adopción, al redención de nuestro cuerpo. Porque
en esperanza fuimos salvos, pero la esperanza que se ve, no es esperanza;
porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos,
con paciencia lo aguardamos”.
CONCLUSIÓN
FINALMENTE, para los hijos de Dios que hoy
se están manifestando como hijos y glorificándose juntamente con Cristo Jesús,
les queda también la manifestación que se da cuando se cumplen los tiempos de
Dios. Por eso, todo tiene que coincidir efectivamente.
Mas cuando los creyentes están perdidos
persiguiendo el éxito por medio de toda carne, solamente existe muerte,
aflicción y el Espíritu Santo quien gime.
El único camino de los hijos que se
manifiestan y cuando la creación es libertada de la corrupción y por estar
sujetada a esperanza, es hacia arriba. Es hacia la abundancia del Espíritu. Y
esto sucede cuanto más tarda la esperanza en cumplirse, porque el Padre debe
seguir dándonos mayores gracias, conocimientos mayores y ocultos, revelar
misterios, ampliar nuestro conocimiento en todo lo largo, lo ancho, lo alto y
lo profundo, y comprobemos cuánto él nos dará todas las cosas con Jesucristo.
Siempre en esperanza y manifiéstate más y
más como hijo amado de Dios.
Que Dios te bendiga.
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