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Sermón en el día de Jesús 8 de enero de 2012.
Título: ATANDO
CABOS SUELTOS
Biblia: Romanos 7:14-8:21
Predicador: Pastor Dong Han David Lee
Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,
Asunción, Paraguay
www.evangelio123.org
pastordavid@evangelio123.org
(595) 021-301-706 / (595) 0981-815-179
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Romanos 7:
14.
Porque
sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
15.
Porque
lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco,
eso hago.
16.
Y si
lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17.
De
manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.
18.
Y yo
sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien
está en mí, pero no el hacerlo.
19.
Porque
no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20.
Y si
hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21.
Así
que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22.
Porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;
23.
Pero
veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
24.
¡Miserable
de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte?
25.
Gracias
doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo
a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
Romanos 8:
1.
Ahora,
pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no
andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.
2.
Porque
la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado
y de la muerte.
3.
Porque
lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios,
enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado a causa del pecado, condenó
al pecado en la carne;
4.
Para
que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a
la carne, sino conforme al Espíritu.
5.
Porque
los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del
Espíritu, en las cosas del Espíritu.
6.
Porque
el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.
7.
Por
cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se
sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;
8.
Y los
que viven según la carne no pueden agradar a Dios.
9.
Mas
vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu
de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de
él.
10.
Pero
si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado,
mas el espíritu vive a causa de la justicia.
11.
Y si
el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el
que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros.
12.
Así
que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la
carne;
13.
Porque
si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las
obras de la carne, viviréis.
14.
Porque
todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.
15.
Pues
no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino
que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba,
Padre!
16.
El
Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.
17.
Y si
hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que
padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.
18.
Pues
tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con
la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.
19.
Porque
el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos
de Dios.
20.Porque la creación fue sujetada a vanidad,
no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza,
21.
Porque
también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la
libertad gloriosa de los hijos de Dios.
INTRODUCCIÓN:
Conforme avanza y
se enriquece nuestro conocimiento de Dios, se deben tener respuestas a nuestros
cuestionamientos, soluciones a nuestros problemas e incógnitas.
Y sabemos que uno
de los mayores problemas y asuntos sin resolver que tienen los creyentes en
sigilo es justamente la falta de solución a los capítulos 7 y 8 de Romanos.
Porque muchos
creyentes desean vivir en el espíritu, mas ve que su carne no cambia
suficientemente, ni responde a los requerimientos de nuestra fe a la medida del
conocimiento de Dios; y por lo general, siempre siente culpabilidad y vergüenza
ante estas palabras: “Pero si Cristo
está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el
espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de
los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo
Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en
vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos
conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por
el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”
Y se han intentado
muchas respuestas, se han planteado muchas fórmulas pero ninguna ha funcionado;
se ha dicho que se debe alcanzar la comunión plena o íntima con Dios, o cuando
sea lleno del Espíritu Santo, o cuando el hombre haya aprendido a despojar
completamente el mundo, o cuando muere.
Pero tanto más se
intente, cuanto más el creyente se mortifique, o discipline su cuerpo, esta
realidad que nos dice Romanos 7:18-24 siempre vuelve una y otra vez, nos ataca
y nos acusa: “Y yo sé que en mí, esto
es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no
el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso
hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en
mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra
ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva
cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién
me liberará de este cuerpo de muerte?”
Una primera
consecuencia de este doble carácter que tiene el creyente es la inseguridad
respecto a su salvación, y si realmente se ha efectuado el perdón de sus
pecados en la cruz de Cristo.
También se ha
tratado de combatir la miseria que siente el creyente quien no puede controlar
su carne según la ley de Dios que tiene en la mente por medio de la fe, y
repitiendo de que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Y
se trata de olvidar lo más posible a la voz de la carne. ¿Podrá? Es imposible.
Mas ¿por qué?
Y esto es algo que
debemos tener en firme: si una enseñanza no soluciona la vida, si el creyente
no puede vivir en paz con el Espíritu Santo, cuando constantemente vive en
inseguridad e incluso hace decaer en la fe; significa que tal enseñanza es
errónea. Tiene que ser desechada y no tratar de encontrar una solución evocando
“esfuerzo”, “fe”, “comunión íntima”, “disciplina”, “muerte”.
La conclusión es
bien sencilla por más que muchos teólogos y pastores no lo quieran aceptar: “no
funciona, es una doctrina errada”. Sencillamente se debe desechar y buscar un
camino diferente.
Por eso, hoy les
enseñaré cómo atar este cabo suelto que tiene en vilo y en condenación a
tantos.
DIOS CONDENÓ AL PECADO EN LA
CARNE
Existe una
realidad que hay, que Dios ha establecido y es imposible obviarlo: “Porque lo que era imposible para la ley,
por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de
carne de pecado a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos
8:3). Así que, no existe nada que el mundo del hombre vive y ha creado
que no esté bajo la condena del pecado.
Por eso, hay que
entender qué nos dice los versículos 7:4-6:
“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a
la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó
de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras
estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en
nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la
ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que
sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la
letra.”
Y esto tiene dos
implicancias:
1. Que
estamos muertos en la carne, por eso somos libres de la ley del marido que era
el mundo,
2. y
ahora estamos casados con Cristo según la ley del Espíritu, bajo el régimen del
Espíritu.
¿Por qué se debe
morir plenamente respecto a la carne, al mundo, la vida que usualmente vive los
hombres del mundo, sus ideologías, sus sistemas políticos, económicos,
comerciales, sociales, sus formas educativas, formativas, sus sistemas de
riquezas, de confort, de bienestar, de sueños, de ambiciones, de codicias, de
amor, de amistad?
Todo lo que se
refiera a la carne, o sea, lo que vemos y entendemos de este mundo y lo que de
ella se desprende como hombres carnales, hemos de aprender a morir respecto a
este sistema. ¿Por qué?
Porque la Biblia
dice claramente que Dios “condenó al
pecado en la carne”, y cuando dice que condenó a la carne, no se refiere
solamente a mi cuerpo, sino se refiere a todo este mundo: todos los hombres,
todas las sociedades, todas las relaciones, todos los criterios de bien, de
salud, de bienestar, de gobierno, de vida, de muerte, de diversión, de
negocios, de trabajo, de amores, de salud, de seguridad, de miedo, de ansiedad,
inclusive esta naturaleza que estamos viendo y la que nos rodea: el calor de
estos días, la sequía, el frío, la tierra, el aire, el agua, la alta o baja temperatura,
las preocupaciones que se tienen por el cambio climático. TODO ESTÁ CONDENADO
AL PECADO, PORQUE ES LA CARNE Y ESTÁ SUJETA POR CAUSA DEL PECADO.
Estos versículos
nos aclarará aún más: 1 Juan 2:15-17 “No améis al mundo, ni las cosas que
están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los
ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del padre, sino del mundo. Y el
mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para
siempre.”
De esto nos dice
la Biblia en Apocalipsis 18:1-8 “Después
de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue
alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído
la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo
espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas
las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la
tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido
de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no
seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus
pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.
Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz
en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha
glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque
dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré
llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre,
y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga.”
Por eso, si
ustedes lo quieren saber, todo lo que hoy es carne, todo lo conocido por los
hombres y sus formas de vida, de negocios, de amores, de odios, de rencores, de
guerras, de alianzas, todo es lo que la Biblia dice: Babilonia. (Leer
Apocalipsis 18 para un mayor entendimiento).
Así que, se debe
no solamente vivir con “FE” en Jesús, pues si siguen solamente con la fe,
siempre su carne, seguirá viviendo en Babilonia. Y cada vez que Jehová juzga a
Babilonia, se sufre las consecuencias de ella. Y el Espíritu Santo les acusará
de los pecados de la carne de sus miembros y le reprenderá la ley de Dios que está
en la mente. Por tanto, estando en este mundo de carne, y viviendo como hacen
generalmente los hombres, es imposible salir de la carne, siempre verá el
pecado en sus miembros; tendrán el querer pero no el hacerlo.
Por eso dice Dios:
“Salid de ella, pueblo mío, para que
no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus
pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.”
De estas palabras se desprende que existe “otro camino” que evidentemente no es
el actual en que los creyentes viven acusados de los pecados que hay en sus
miembros.
Y para esto mismo,
Jesús dijo: “yo soy el camino, y la
verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (San Juan 14:6)
Esto no es
solamente para que uno viva en “la fe de la mente” y en su corazón “desee vivir
en espíritu”. ¡No! Porque así se sigue viviendo en Babilonia, porque toda
Babilonia está condenada al pecado, porque Dios condenó el pecado a la carne.
La única solución es salir de Babilonia, es desprenderse de su modo de vida y
aprender una nueva.
Entonces, ¿cuál es
el camino? Porque si aun pensando en Jesús y teniendo fe en él, igual vemos que
en nuestra carne está el pecado y en la mente: la ley de Dios. ¿Cuál es la
solución que nos muestra la Biblia?
Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA
En Génesis 15:1-7
tenemos la respuesta: “Después de
estas cosas vino la palabra a Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas,
Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió
Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el
mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no
me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa.
Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo
tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los
cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu
descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Y le dijo: Yo soy
Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.”
Pongan atención a
estas palabras: “y creyó a Jehová, y
le fue contado por justicia”. ¿Cómo puede ser esto? Si también Abram
estaba viviendo también en la tierra, incluso cerca de Sodoma y Gomorra;
naciones a las cuales acababa de salvar de sus captores de guerra. ¿Cómo Jehová
puede contar por justicia la fe de Abram? ¿Sobre qué asunto le fue contado como
justicia?
Sí, Abram vivía en
la tierra como nosotros, pero era diferente, porque había salido con fe de la
tierra de su carne que era Ur de los caldeos, y con fe y creyendo en la promesa
de Jehová se había dirigido a la tierra de Canaán, la que heredaría, y tenía la
promesa de que la descendencia de Abram sería como las estrellas del cielo que
desde esa tierra estaba viendo.
Esto significa que
el creyente debe morir con respecto a su carne, a su Babilonia, a todo lo que
anteriormente aspiraba como hombre ambicioso y codicioso, porque todo eso está
condenado en el pecado. Y tiene que irse a la tierra que le indica Jehová,
tiene que vivir según los términos de su pacto; porque y hacer todas las cosas
según ese principio. Pues únicamente así Jehová considera que estás viviendo
bajo el nuevo régimen del Espíritu.
Por esto mismo,
cuando Jehová envió a Moisés, los “sacó” de Egipto, los hizo cruzar el Mar Rojo
(los bautizó), y los condujo por el desierto donde aprendió a conocer a Jehová
y sus leyes, y a vivir dependiendo plena y solamente de las manos de Dios, con
el Maná y el agua que salía de las rocas. Y finalmente entrar en la tierra
prometida, siendo una nación grande, y recibiendo las bendiciones. Que es el
cumplimiento del pacto de Abraham, de Isaac, de Jacob. Y además debían entrar
en el reposo de Dios, según Hebreos capítulo 4.
Así que nada se
hace por fe estando en el mismo lugar y viviendo bajo los mismos principios
anteriores a Jesucristo, o de cualquier hombre del mundo. Se debe vivir bajo
una nueva norma estrictamente dentro de las Palabras de Dios, buscando su pacto
personal y esforzándose para entrar en ella, se debe cambiar totalmente la
forma de vida, de sueños y deseos, de ambiciones y vida. Pues todo creyente que
comienza su vida en Jesucristo está posicionado en el desierto espiritual de
Dios. Y no es suficiente que un individuo sea perfecto, pues la congregación
toda como iglesia debe entrar en la tierra, conquistar la tierra y recibir la
heredad de Dios.
En medio de este
proceso, verá que Dios justifica poco a poco tu vida, también te conducirá, te
entrenará, te discipulará, aprenderás a vivir en la disciplina del pacto y sus
promesas. Buscarás tu pacto personal, y siempre que vivas tras ella, serás
justificado y verás que vives bajo la guía del Espíritu Santo. Y toda
condenación que veías en tu carne porque seguía el pecado, se irá cambiando
gradualmente y verás que sí tu carne, toda tu vida se es íntegro, que la ley de
Dios que está en tu mente también tiene su accionar en tu carne.
¿Cuándo uno sabe
que está viviendo en la guía del Espíritu Santo? Ciertamente que nunca más
volvemos a decir: “¡Miserable de mí!”, ¿existen otras señales que me atestigüen
que vivo según la ley de Dios que está en mi mente y ahora también en la carne?
Sí existen una serie de manifestaciones que siguen al creyente quien vive según
la ley de Dios y es guiado ahora en el Espíritu Santo:
VIVIFICACIÓN DE VUESTROS CUERPOS
MORTALES
Porque ahora los
creyentes se ocupan de seguir al Espíritu, comienzan a pensar según las cosas
del Espíritu y en ellas encuentra vida y paz (8:5-6)
Ahora sí sabe que
está agradando a Dios, comienza a sentir al Espíritu Santo quien se manifiesta
cada día más, y siente el Espíritu de Cristo, y siente cómo su cuerpo es
vivificado.
Una consecuencia
inmediata de la manifestación del Espíritu de Cristo y la vivificación es “La Convicción
y La Seguridad de la Salvación”. Es por eso, que ninguno de ustedes están
preocupados por si son salvados o no, ni caen en la duda de “la pérdida de la
salvación” como muchos creyentes en Jesucristo tienen, ni sienten la necesidad
de “perdón” porque está en juego su “salvación”, ni sienten necesidad de
“bautizarse” o de “purificarse”; porque están viviendo en espíritu porque han
seguido el camino del pacto y esperan fielmente en sus promesas. Así va
aumentando el reposo en Dios.
AUTORIDAD DE DIOS EN EL HIJO
En la medida que
el creyente avanza en escuchar al Espíritu Santo en el camino del pacto y
cumple con cada ley de Dios, verá cómo el Espíritu de Adopción se manifiesta,
que por un lado le confirma que es hijo de Dios y por otro lado le da el derecho
de llamar a Dios: Padre.
Verá que es una
relación muy diferente a la cual el creyente estaba acostumbrado, pues deja de
ser un visitante para ser hijo y con aptitudes y derechos de hijo se dirige al
Padre Celestial.
A partir de ahí,
todo tiene una dimensión diferente; porque la Biblia se lee en forma personal
(porque ahora es hijo), y el celo por las cosas del Padre es superior, pues ya
no es de un “creyente”, ni de un “jornalero”, ni de “siervo”, sino de hijo.
Y dentro de esta
nueva vida como hijo “en ejercicio pleno”, entenderá cómo las cosas están
preparadas y la herencia que ha recibido está cercano y su vida ha sido
direccionado desde mucho tiempo atrás por el Padre. Entenderá con mayor visión
las causas de tanta disciplina en su vida y crecimiento espiritual.
MANIFESTACIÓN DE LOS HIJOS
Poco a poco se va
manifestando la naturaleza de hijo que hay en nosotros por la gracia de
Jesucristo. Repito, el creyente siempre fue hijo de Dios en Jesucristo si es
que fue predestinado; mas mientras no tome el camino del pacto y sus promesas,
y se aleja y renuncia a los métodos carnales del mundo, jamás se manifiesta
como hijo.
Hay que entender
claramente que no todo es inmediato, por eso, hoy Romanos también nos lo dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro
espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos
de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para
que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las
aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que
en nosotros ha de manifestarse” (8:16-18)
Realmente no es
fácil verse a sí mismo más allá de lo que hoy como creyente es, pues las
debilidades de la carne que muestra le empequeñecen como creyente. Mas sí,
existe la manifestación de los hijos de Dios a través del camino del pacto, que
lo anduvo Abraham y sus hijos, y también en nosotros.
MANIFESTACIÓN DE LA CREACIÓN
Ahora bien,
solamente cuando la manifestación de los hijos ocurre porque cree y vive con
fe, como dice la Biblia: “El justo por su fe vivirá”, también la creación misma
que está “encarcelada” juntamente con el hijo por causa de la corrupción de los
pecados; mas cuando el hijo se manifiesta en el camino del pacto y vive según
la guía del Espíritu Santo, en la medida que se manifiesta como hijo de Dios,
también dice que la creación es liberada.
Liberada de las
sequías, de las plagas, de muertes, de hambres, de fuego, de la destrucción
repentina, de los incendios, de los tormentos.
La Biblia es bien
clara: “Porque el anhelo ardiente de
la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la
creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del
que la sujetó en esperanza, Porque también la creación misma será libertada de
la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”
Por eso, la mayor
abundancia, la bonanza que hoy los hombres han conseguido con la tecnología y
conocimiento se realiza dentro de la corrupción del pecado. ¿Y qué será cuando
sea liberada de tal corrupción? Realmente es difícil de imaginarse hoy, mas es
cierto. Lo difícil es encontrar a un hombre de fe que siga el camino del pacto
de Abraham, de Isaac, y de Jacob, hoy.
CONCLUSIÓN
Sé que este es uno
de los grandes cabos sueltos que tienen los creyentes en Jesucristo, porque han
leído muchas veces el libro de Romanos y no han podido resolver estas
incógnitas.
Y permanecen como
incógnitas para ellos porque no creen en el pacto de Abraham, de Isaac, y de
Jacob. Porque para creer en el pacto y seguir este camino, hay que creer en la
predestinación, en la elección incondicional, en la gracia limitada. Cada uno
de ellos es un elemento como una puerta, que cuando el creyente con fe es
posible abrir, encontrará la siguiente puerta; mas por otro camino de doctrina,
jamás verá la verdad ni se le iluminará la luz de Dios.
Lastimosamente
muchos por doctrinas de hombres enseñadas como mandamientos de Dios se han
perdido y han caído en desobediencia, del cual muchos nunca más logran salir
pues han perdido demasiado tiempo y han sido declarados “higueras estériles”
por el Señor.
Pero aquellos que
pueden seguir con fe, como dice Romanos 1:16-17, todo es verdad y fiel: “Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío
primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios
se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.
Nosotros somos
testigos de este camino del pacto, y sabemos que cada día se irá manifestando
más y más. Sí, veremos cumplir todas estas palabras de Romanos, por ello los
esforzamos cada día.
Que Dios te
bendiga en el pacto.
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