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Sermón en el día de Jesús 8 de enero de 2012.

Título: ATANDO CABOS SUELTOS

Biblia: Romanos 7:14-8:21

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

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Asunción, Paraguay

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Romanos 7:

14.     Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.

15.      Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

16.     Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

17.      De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

18.     Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

19.     Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

20.     Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21.     Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

22.     Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

23.     Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

24.     ¡Miserable de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte?

25.     Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

Romanos 8:

1.    Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

2.   Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

3.    Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado a causa del pecado, condenó al pecado en la carne;

4.   Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

5.    Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.

6.   Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz.

7.    Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden;

8.   Y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

9.   Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.

10. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia.

11. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.

12. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;

13. Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.

14. Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

15. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!

16. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.

17. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

18. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

19. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios.

20.Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza,

21. Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

INTRODUCCIÓN:

Conforme avanza y se enriquece nuestro conocimiento de Dios, se deben tener respuestas a nuestros cuestionamientos, soluciones a nuestros problemas e incógnitas.

Y sabemos que uno de los mayores problemas y asuntos sin resolver que tienen los creyentes en sigilo es justamente la falta de solución a los capítulos 7 y 8 de Romanos.

Porque muchos creyentes desean vivir en el espíritu, mas ve que su carne no cambia suficientemente, ni responde a los requerimientos de nuestra fe a la medida del conocimiento de Dios; y por lo general, siempre siente culpabilidad y vergüenza ante estas palabras: “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”

Y se han intentado muchas respuestas, se han planteado muchas fórmulas pero ninguna ha funcionado; se ha dicho que se debe alcanzar la comunión plena o íntima con Dios, o cuando sea lleno del Espíritu Santo, o cuando el hombre haya aprendido a despojar completamente el mundo, o cuando muere.

Pero tanto más se intente, cuanto más el creyente se mortifique, o discipline su cuerpo, esta realidad que nos dice Romanos 7:18-24 siempre vuelve una y otra vez, nos ataca y nos acusa: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte?”

Una primera consecuencia de este doble carácter que tiene el creyente es la inseguridad respecto a su salvación, y si realmente se ha efectuado el perdón de sus pecados en la cruz de Cristo.

También se ha tratado de combatir la miseria que siente el creyente quien no puede controlar su carne según la ley de Dios que tiene en la mente por medio de la fe, y repitiendo de que ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús. Y se trata de olvidar lo más posible a la voz de la carne. ¿Podrá? Es imposible.

Mas ¿por qué?

Y esto es algo que debemos tener en firme: si una enseñanza no soluciona la vida, si el creyente no puede vivir en paz con el Espíritu Santo, cuando constantemente vive en inseguridad e incluso hace decaer en la fe; significa que tal enseñanza es errónea. Tiene que ser desechada y no tratar de encontrar una solución evocando “esfuerzo”, “fe”, “comunión íntima”, “disciplina”, “muerte”.

La conclusión es bien sencilla por más que muchos teólogos y pastores no lo quieran aceptar: “no funciona, es una doctrina errada”. Sencillamente se debe desechar y buscar un camino diferente.

Por eso, hoy les enseñaré cómo atar este cabo suelto que tiene en vilo y en condenación a tantos.

DIOS CONDENÓ AL PECADO EN LA CARNE

Existe una realidad que hay, que Dios ha establecido y es imposible obviarlo: “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado a causa del pecado, condenó al pecado en la carne” (Romanos 8:3). Así que, no existe nada que el mundo del hombre vive y ha creado que no esté bajo la condena del pecado.

Por eso, hay que entender qué nos dice los versículos 7:4-6:

“Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

Y esto tiene dos implicancias:

1.  Que estamos muertos en la carne, por eso somos libres de la ley del marido que era el mundo,

2.  y ahora estamos casados con Cristo según la ley del Espíritu, bajo el régimen del Espíritu.

¿Por qué se debe morir plenamente respecto a la carne, al mundo, la vida que usualmente vive los hombres del mundo, sus ideologías, sus sistemas políticos, económicos, comerciales, sociales, sus formas educativas, formativas, sus sistemas de riquezas, de confort, de bienestar, de sueños, de ambiciones, de codicias, de amor, de amistad?

Todo lo que se refiera a la carne, o sea, lo que vemos y entendemos de este mundo y lo que de ella se desprende como hombres carnales, hemos de aprender a morir respecto a este sistema. ¿Por qué?

Porque la Biblia dice claramente que Dios “condenó al pecado en la carne”, y cuando dice que condenó a la carne, no se refiere solamente a mi cuerpo, sino se refiere a todo este mundo: todos los hombres, todas las sociedades, todas las relaciones, todos los criterios de bien, de salud, de bienestar, de gobierno, de vida, de muerte, de diversión, de negocios, de trabajo, de amores, de salud, de seguridad, de miedo, de ansiedad, inclusive esta naturaleza que estamos viendo y la que nos rodea: el calor de estos días, la sequía, el frío, la tierra, el aire, el agua, la alta o baja temperatura, las preocupaciones que se tienen por el cambio climático. TODO ESTÁ CONDENADO AL PECADO, PORQUE ES LA CARNE Y ESTÁ SUJETA POR CAUSA DEL PECADO.

Estos versículos nos aclarará aún más: 1 Juan 2:15-17 “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.”

De esto nos dice la Biblia en Apocalipsis 18:1-8 “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades. Dadle a ella como ella os ha dado, y pagadle doble según sus obras; en el cáliz en que ella preparó bebida, preparadle a ella el doble. Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga.”

Por eso, si ustedes lo quieren saber, todo lo que hoy es carne, todo lo conocido por los hombres y sus formas de vida, de negocios, de amores, de odios, de rencores, de guerras, de alianzas, todo es lo que la Biblia dice: Babilonia. (Leer Apocalipsis 18 para un mayor entendimiento).

Así que, se debe no solamente vivir con “FE” en Jesús, pues si siguen solamente con la fe, siempre su carne, seguirá viviendo en Babilonia. Y cada vez que Jehová juzga a Babilonia, se sufre las consecuencias de ella. Y el Espíritu Santo les acusará de los pecados de la carne de sus miembros y le reprenderá la ley de Dios que está en la mente. Por tanto, estando en este mundo de carne, y viviendo como hacen generalmente los hombres, es imposible salir de la carne, siempre verá el pecado en sus miembros; tendrán el querer pero no el hacerlo.

Por eso dice Dios: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.” De estas palabras se desprende que existe “otro camino” que evidentemente no es el actual en que los creyentes viven acusados de los pecados que hay en sus miembros.

Y para esto mismo, Jesús dijo: “yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (San Juan 14:6)

Esto no es solamente para que uno viva en “la fe de la mente” y en su corazón “desee vivir en espíritu”. ¡No! Porque así se sigue viviendo en Babilonia, porque toda Babilonia está condenada al pecado, porque Dios condenó el pecado a la carne. La única solución es salir de Babilonia, es desprenderse de su modo de vida y aprender una nueva.

Entonces, ¿cuál es el camino? Porque si aun pensando en Jesús y teniendo fe en él, igual vemos que en nuestra carne está el pecado y en la mente: la ley de Dios. ¿Cuál es la solución que nos muestra la Biblia?

Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA

En Génesis 15:1-7 tenemos la respuesta: “Después de estas cosas vino la palabra a Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande. Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa. Luego vino a él palabra de Jehová, diciendo: No te heredará éste, sino un hijo tuyo será el que te heredará. Y lo llevó fuera, y le dijo: Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia. Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia. Y le dijo: Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos, para darte a heredar esta tierra.”

Pongan atención a estas palabras: “y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia”. ¿Cómo puede ser esto? Si también Abram estaba viviendo también en la tierra, incluso cerca de Sodoma y Gomorra; naciones a las cuales acababa de salvar de sus captores de guerra. ¿Cómo Jehová puede contar por justicia la fe de Abram? ¿Sobre qué asunto le fue contado como justicia?

Sí, Abram vivía en la tierra como nosotros, pero era diferente, porque había salido con fe de la tierra de su carne que era Ur de los caldeos, y con fe y creyendo en la promesa de Jehová se había dirigido a la tierra de Canaán, la que heredaría, y tenía la promesa de que la descendencia de Abram sería como las estrellas del cielo que desde esa tierra estaba viendo.

Esto significa que el creyente debe morir con respecto a su carne, a su Babilonia, a todo lo que anteriormente aspiraba como hombre ambicioso y codicioso, porque todo eso está condenado en el pecado. Y tiene que irse a la tierra que le indica Jehová, tiene que vivir según los términos de su pacto; porque y hacer todas las cosas según ese principio. Pues únicamente así Jehová considera que estás viviendo bajo el nuevo régimen del Espíritu.

Por esto mismo, cuando Jehová envió a Moisés, los “sacó” de Egipto, los hizo cruzar el Mar Rojo (los bautizó), y los condujo por el desierto donde aprendió a conocer a Jehová y sus leyes, y a vivir dependiendo plena y solamente de las manos de Dios, con el Maná y el agua que salía de las rocas. Y finalmente entrar en la tierra prometida, siendo una nación grande, y recibiendo las bendiciones. Que es el cumplimiento del pacto de Abraham, de Isaac, de Jacob. Y además debían entrar en el reposo de Dios, según Hebreos capítulo 4.

Así que nada se hace por fe estando en el mismo lugar y viviendo bajo los mismos principios anteriores a Jesucristo, o de cualquier hombre del mundo. Se debe vivir bajo una nueva norma estrictamente dentro de las Palabras de Dios, buscando su pacto personal y esforzándose para entrar en ella, se debe cambiar totalmente la forma de vida, de sueños y deseos, de ambiciones y vida. Pues todo creyente que comienza su vida en Jesucristo está posicionado en el desierto espiritual de Dios. Y no es suficiente que un individuo sea perfecto, pues la congregación toda como iglesia debe entrar en la tierra, conquistar la tierra y recibir la heredad de Dios.

En medio de este proceso, verá que Dios justifica poco a poco tu vida, también te conducirá, te entrenará, te discipulará, aprenderás a vivir en la disciplina del pacto y sus promesas. Buscarás tu pacto personal, y siempre que vivas tras ella, serás justificado y verás que vives bajo la guía del Espíritu Santo. Y toda condenación que veías en tu carne porque seguía el pecado, se irá cambiando gradualmente y verás que sí tu carne, toda tu vida se es íntegro, que la ley de Dios que está en tu mente también tiene su accionar en tu carne.

¿Cuándo uno sabe que está viviendo en la guía del Espíritu Santo? Ciertamente que nunca más volvemos a decir: “¡Miserable de mí!”, ¿existen otras señales que me atestigüen que vivo según la ley de Dios que está en mi mente y ahora también en la carne? Sí existen una serie de manifestaciones que siguen al creyente quien vive según la ley de Dios y es guiado ahora en el Espíritu Santo:

VIVIFICACIÓN DE VUESTROS CUERPOS MORTALES

Porque ahora los creyentes se ocupan de seguir al Espíritu, comienzan a pensar según las cosas del Espíritu y en ellas encuentra vida y paz (8:5-6)

Ahora sí sabe que está agradando a Dios, comienza a sentir al Espíritu Santo quien se manifiesta cada día más, y siente el Espíritu de Cristo, y siente cómo su cuerpo es vivificado.

Una consecuencia inmediata de la manifestación del Espíritu de Cristo y la vivificación es “La Convicción y La Seguridad de la Salvación”. Es por eso, que ninguno de ustedes están preocupados por si son salvados o no, ni caen en la duda de “la pérdida de la salvación” como muchos creyentes en Jesucristo tienen, ni sienten la necesidad de “perdón” porque está en juego su “salvación”, ni sienten necesidad de “bautizarse” o de “purificarse”; porque están viviendo en espíritu porque han seguido el camino del pacto y esperan fielmente en sus promesas. Así va aumentando el reposo en Dios.

AUTORIDAD DE DIOS EN EL HIJO

En la medida que el creyente avanza en escuchar al Espíritu Santo en el camino del pacto y cumple con cada ley de Dios, verá cómo el Espíritu de Adopción se manifiesta, que por un lado le confirma que es hijo de Dios y por otro lado le da el derecho de llamar a Dios: Padre.

Verá que es una relación muy diferente a la cual el creyente estaba acostumbrado, pues deja de ser un visitante para ser hijo y con aptitudes y derechos de hijo se dirige al Padre Celestial.

A partir de ahí, todo tiene una dimensión diferente; porque la Biblia se lee en forma personal (porque ahora es hijo), y el celo por las cosas del Padre es superior, pues ya no es de un “creyente”, ni de un “jornalero”, ni de “siervo”, sino de hijo.

Y dentro de esta nueva vida como hijo “en ejercicio pleno”, entenderá cómo las cosas están preparadas y la herencia que ha recibido está cercano y su vida ha sido direccionado desde mucho tiempo atrás por el Padre. Entenderá con mayor visión las causas de tanta disciplina en su vida y crecimiento espiritual.

MANIFESTACIÓN DE LOS HIJOS

Poco a poco se va manifestando la naturaleza de hijo que hay en nosotros por la gracia de Jesucristo. Repito, el creyente siempre fue hijo de Dios en Jesucristo si es que fue predestinado; mas mientras no tome el camino del pacto y sus promesas, y se aleja y renuncia a los métodos carnales del mundo, jamás se manifiesta como hijo.

Hay que entender claramente que no todo es inmediato, por eso, hoy Romanos también nos lo dice: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (8:16-18)

Realmente no es fácil verse a sí mismo más allá de lo que hoy como creyente es, pues las debilidades de la carne que muestra le empequeñecen como creyente. Mas sí, existe la manifestación de los hijos de Dios a través del camino del pacto, que lo anduvo Abraham y sus hijos, y también en nosotros.

MANIFESTACIÓN DE LA CREACIÓN

Ahora bien, solamente cuando la manifestación de los hijos ocurre porque cree y vive con fe, como dice la Biblia: “El justo por su fe vivirá”, también la creación misma que está “encarcelada” juntamente con el hijo por causa de la corrupción de los pecados; mas cuando el hijo se manifiesta en el camino del pacto y vive según la guía del Espíritu Santo, en la medida que se manifiesta como hijo de Dios, también dice que la creación es liberada.

Liberada de las sequías, de las plagas, de muertes, de hambres, de fuego, de la destrucción repentina, de los incendios, de los tormentos.

La Biblia es bien clara: “Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza, Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.”

Por eso, la mayor abundancia, la bonanza que hoy los hombres han conseguido con la tecnología y conocimiento se realiza dentro de la corrupción del pecado. ¿Y qué será cuando sea liberada de tal corrupción? Realmente es difícil de imaginarse hoy, mas es cierto. Lo difícil es encontrar a un hombre de fe que siga el camino del pacto de Abraham, de Isaac, y de Jacob, hoy.

CONCLUSIÓN

Sé que este es uno de los grandes cabos sueltos que tienen los creyentes en Jesucristo, porque han leído muchas veces el libro de Romanos y no han podido resolver estas incógnitas.

Y permanecen como incógnitas para ellos porque no creen en el pacto de Abraham, de Isaac, y de Jacob. Porque para creer en el pacto y seguir este camino, hay que creer en la predestinación, en la elección incondicional, en la gracia limitada. Cada uno de ellos es un elemento como una puerta, que cuando el creyente con fe es posible abrir, encontrará la siguiente puerta; mas por otro camino de doctrina, jamás verá la verdad ni se le iluminará la luz de Dios.

Lastimosamente muchos por doctrinas de hombres enseñadas como mandamientos de Dios se han perdido y han caído en desobediencia, del cual muchos nunca más logran salir pues han perdido demasiado tiempo y han sido declarados “higueras estériles” por el Señor.

Pero aquellos que pueden seguir con fe, como dice Romanos 1:16-17, todo es verdad y fiel: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”.

Nosotros somos testigos de este camino del pacto, y sabemos que cada día se irá manifestando más y más. Sí, veremos cumplir todas estas palabras de Romanos, por ello los esforzamos cada día.

Que Dios te bendiga en el pacto.

 

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: 13 de enero de 2012