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Sermón
en el día de Jesús 1 de enero de 2012.
Título:
EL DON DE CRISTO
Biblia:
Efesios 4:1-32
Predicador:
Pastor Dong Han David Lee
Iglesia
Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte.
1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,
Asunción,
Paraguay
www.evangelio123.org
pastordavid@evangelio123.org
(595)
021-301-706 / (595) 0981-815-179
*******************
1)
Yo pues, preso en el Señor,
os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados,
2)
Con toda humildad y
mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor,
3)
Solícitos en guardar la
unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;
4)
Un cuerpo, y un Espíritu como
fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;
5)
Un Señor, una fe, un
bautismo,
6)
Un Dios y Padre de todos, el
cual es sobre todos, y por todos, y en todos.
7)
Pero a cada uno de nosotros
fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo.
8)
Por lo cual dice: Subiendo a
lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres.
9)
Y eso de que subió, ¿qué es,
sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?
10) El que descendió, es el mismo
que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo.
11) Y él
mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros,
evangelistas; a otros, pastores y
maestros,
12) A fin de perfeccionar a los santos para la
obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo,
13) hasta que
todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un
varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
14) para que ya no seamos niños
fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema
de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,
15) sino que
siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto
es, Cristo,
16) de quien todo el cuerpo, bien
concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,
según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir
edificándose en amor.
17) Esto, pues, digo y requiero en el Señor; que ya no andéis como los
otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente,
18) Teniendo el entendimiento
entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay,
por la dureza de su corazón;
19) Los cuales, después que
perdieron toda sensibilidad, se entregaron a la lascivia para cometer con
avidez toda clase de impureza.
20) Mas vosotros no habéis
aprendido así a Cristo,
21) Si en verdad le habéis oído,
y habéis sido por él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús.
22) En cuanto a la pasada manera
de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos
engañosos,
23) Y renovaos en el espíritu de
vuestra mente,
24) Y vestíos del nuevo hombre,
creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
25) Por lo cual, desechando la
mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo: porque somos miembros los unos
de los otros.
26) Airaos, pero no pequéis; no
se ponga el sol sobre vuestro enojo,
27) Ni deis
lugar al diablo.
28) El que hurtaba, no hurte más,
sino trabaje, haciendo con sus manos, lo que es bueno, para que tenga qué
compartir con el que padece necesidad.
29) Ninguna palabra corrompida
salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a
fin de dar gracia a los oyentes.
30) Y no contristéis al Espíritu
santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
31)Quítense
de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
32) Antes sed benignos unos con
otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó
a vosotros en Cristo.
INTRODUCCIÓN
Es sorprendente cómo Dios nos enseña cada
día nuevas cosas, nos hace ver cosas que amplían la dimensión de nuestro
conocimiento y acrecienta el entendimiento de las cosas.
Verdades que estaban cerca nuestro,
incluso vivíamos en parte porque somos parte en cristo; mas no con nombre. Sí
sabíamos que el don de Cristo existía, mas que se limitaba estrictamente al
Señor Jesús. Incluso hemos aprendido a padecer a la manera de Cristo y soportar
las cargas por “amor”, pues así participábamos como hermanos. Por eso, nunca se
menciona ni se lo citaba con los otros dones que creíamos eran para nosotros.
Generalmente uno de los grandes problemas
que existen en las iglesias donde creen en Jesucristo como Señor y Salvador es
sobrevalorar lo que uno conoce y suponer que no existen otras cosas fuera de
nuestro ámbito de conocimiento. Asimismo siempre hemos pretendido conocer el
amor de Jesús y hemos esforzado en vivirlo y en transmitirlo.
Mas es cierto que somos blancos de
críticas e incluso entre miembros de una misma iglesia no nos llevamos bien; y
esto con mucho pesar: tenemos el mismo principio de fe, tenemos el mismo
Espíritu, tenemos la misma Biblia, creemos en un mismo Padre, y en nuestro caso
tenemos una misma doctrina; mas no es fácil llegar a la unidad de la fe y del
conocimiento del Hijo de Dios. Y nos parece lejana la posibilidad de alcanzar el
ser un varón perfecto a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.
¿Qué nos falta? ¿Qué aspecto no está
funcionando correctamente para que existan tantas disputas, envidias, celos,
ambiciones, egoísmos, grupismos; y por fuera: críticas, faltas, errores,
murmuraciones y pecados? Es por demás conocido cómo los creyentes en Jesucristo
han perdido su renombre, nadie confía en las palabras de un cristiano, muchos
han sido engañados, estafados, ni siquiera el pastor se libra de tan mala
reputación.
¿Cuál es el problema común? Pues no hemos
esforzado en tener el don de Cristo, ni en desarrollarlo.
Sí, muchos conocen los dones de lenguas,
los dones de sanidad, o los dones de hacer milagros; mas los dones de
sabiduría, los dones de inteligencia ya son menos buscados y anhelados por la
falta de espectacularidad.
¿Pero el don de Cristo? Hemos pensado como
un beneficio que recibimos de Jesús, que por ese don nosotros hoy somos salvos,
perdonados, hijos de Dios.
Mas sí el Señor Jesús también nos ha dado
su don, el don de Cristo para que nosotros seamos con toda humildad y
mansedumbre aptos guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; en un
cuerpo, en un espíritu, en una misma esperanza, en una misma vocación, teniendo
todos un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos.
Así que ninguna iglesia del Señor
Jesucristo podrá lograr toda la unidad y la unión, incluso siendo cada uno de
nosotros unidos en Cristo como miembros de su cuerpo; porque no tenemos el don
suficiente ni la plenitud desarrollada para sobrellevarnos y amarnos según este
don.
Por eso, hoy necesitamos definir algunas
cosas, entender otras muchas para desarrollar este don y comprender cuánto
tenemos de este don en nosotros.
A modo de ilustración, ¿por qué el
sacerdote y el levita que pasaban por el camino a Jericó no se acercaron a
ayudar al hombre herido por los ladrones pero sí lo hizo el samaritano? Pues
justamente por la falta del don de Cristo o por la abundancia de este don.
¿Por qué Pedro y los otros discípulos
huyeron cuando Jesús fue apresado? Por la falta del don de Cristo, porque este
don también implica soportar y sobrellevar sufrimiento, encarcelamiento,
castigo, peligros de muerte, cárcel o la muerte misma.
Un ejemplo bien reconocible de este don lo
tiene el apóstol Pablo: “¿Son
ministros de Cristo? (Como si estuviera loco hablo) Yo más; en trabajos más
abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas
veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres
veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido
naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en altar mar; en caminos
muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi
nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el
desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo en
fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en
desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la
preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, y yo no enfermo? ¿A quién
se le hace tropezar, y yo no me indigno? Si es necesario gloriarse, me gloriaré
en lo que es de mi debilidad.” (2 Corintios 11:23-30)
NUESTRA GRACIA CONFORME AL DON DE CRISTO
En el versículo 7 nos dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la
gracia conforme a la medida del don de Cristo”.
Y esta es una guía muy práctica y
verdadera; pues es el Señor Jesús quien nos da la gracia, dice que lo hace con
un principio de medición, y eso está justamente dado por el don de Cristo que
tenemos o hemos recibido cada uno y cuán desarrollado que está ese don. Y
evidentemente, como se darán cuenta que no crece porque ustedes declaran: “yo
te amo” o dicen: “amén”; sino que tienen unas condiciones bien estrictas y
específicas para el aumento de la medida.
Y hallamos en diferentes lugares muestra
de esto, por ejemplo de cómo se distribuyen y se encargan los talentos según el
don de Cristo:
En San Mateo 25:14-15 dice así: “Porque el reino de los cielos es como un
hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les entregó sus bienes. A uno
dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su
capacidad; y luego se fue lejos.”
En este pasaje dice claramente que fue
distribuido los talentos según la “CAPACIDAD” de cada uno. Usualmente en las
iglesias de hoy, se habitúa en medir según la voluntad y entusiasmo de la
persona, según su compromiso con Dios, según su fe, según su holgura económica
y su tiempo disponible.
Mas el Señor mide esta “capacidad” según
la abundancia y plenitud del don de Cristo que hay en el creyente. No es cuánto
dinero tenga, o cuánta formación académica tenga, ni cuándo sea su fuerza, ni
si es hombre o mujer; sino según tenga en abundancia el don de Cristo.
Entonces, ¿por qué es tan difícil tener y
desarrollar este don?
Antes que nada, así como la fe es un don
de Dios, y el Señor lo da a todos los predestinados desde antes de la fundación
del mundo, y cuando llega el tiempo de su llamado, el Espíritu Santo sobreviene
y da este don en común a todos sus elegidos sin excepción. También lo es el don
de Cristo, es un don “inherente” en todos los hijos de Dios, porque nosotros
somos hechos a la imagen y semejanza de Dios, porque por ser elegidos y
llamados, porque Cristo Jesús nos hizo uno en él como miembros de su cuerpo;
por tanto, este don también lo tenemos desde el día que el Señor Jesús se
manifiesta en nosotros.
Ahora, ¿por qué en tan pocos creyentes elegidos
se les notan el don de Cristo? ¡Buena pregunta!
1. El don de Cristo solamente se
desarrolla cuando se vive fielmente en toda la Palabra de Dios y ésta se impone
sobre toda la vida del creyente.
2. El don de Cristo solamente se
desarrolla cuando se realizan las obras y los ministerios según los principios
de la sana doctrina, según los términos del pacto de Abraham y los
subsiguientes, en aquellas obras que el Señor impone y en los tiempos que él
dicta.
Justamente aquí está la grave equivocación
de muchos creyentes e iglesias, porque cada uno se idea una obra o un
ministerio, se dedican a ella con todas sus fuerzas, con todas las
expectativas, y se dedican toda su vida en ella; pero ni las personas ni la
iglesia crecen ni desarrolla en el don de Cristo.
Por eso, el Señor Jesús siempre nos enseña
y dice: “Por sus frutos los
conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así,
todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede
el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol
que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos
los conoceréis” (San Mateo 7:16-20). Mas a pesar de estas palabras,
nadie está midiendo según el don de Cristo que muestran las personas o la
iglesia. Esto debería ser la señal para evaluar y obrar consecuentemente.
Cada creyente debe evaluarse cuánto ha
crecido este don en sí mismo. ¿Qué puede hacer como Cristo? ¿Cuánto puede amar,
cuánto puede sufrir, cuánto puede padecer, cuánto puede morir, cuánto puede
obedecer en todos los mandamientos?
LAS SEÑALES DEL DON DE CRISTO EN NOSOTROS
Seguramente existirán aún incrédulos
pensando que no tienen este don de Cristo, les explicaré:
1. Cuando al elegido de Dios le
llega el tiempo de su llamamiento, desde el momento que escucha el llamado, se
le da el don de fe y éste le atrae a Jesucristo. Y busca la iglesia, y vence
toda oposición, vence los obstáculos, renuncia cada día un poco al mundo de
donde proviene, controla y vence sus deseos y el amor del mundo que tenía, la
palabra de Dios le sostiene, se hace fiel cada día más. Sí está tomando una
cruz de Jesús con fuerza y valentía y le está siguiendo. Son las manifestaciones
del don de Cristo.
2. Cada vez que ustedes escuchan
la Palabra de Dios, cada vez que reciben una gracia del Espíritu, cuando son
consolados, cuando son fortalecidos, cuando escuchan su voz, cuando sienten que
Dios le ha escuchado y reciben la respuesta. ¿Qué hacen ustedes? ¿Qué sienten
ustedes? Desean vivir mejor y más dedicados para el Señor Jesús. Otros dicen:
¿Señor qué más haré por ti? ¿Qué deseas que haga? ¿Qué esto? Es el don de
Cristo que está en nosotros y se está desarrollando, que se está manifestando.
3. Todos los domingos estamos
evangelizando, todos los días estamos evangelizando. Y todos sentimos y
sufrimos las dificultades, el cansancio, las luchas, las condiciones
climáticas, la oposición de las personas y de otros peligros que hemos de
afrontar. ¿Pero qué nos hace renovar el esfuerzo día tras día? ¿Por qué gastan
ustedes su dinero, su tiempo, hacen un esfuerzo grandioso, vencen miedos y
vergüenzas, pasan malos ratos? Es porque el don de Cristo les está llevando a
eso, y se está aumentando. Porque espiritualmente nos sentimos muy bien,
cansados de cuerpo y de mente, pero tenemos una paz muy grande. Incluso vemos
cómo nuestros hijos se esfuerzan, caminan, corren, e incluso compiten para
repartir los folletos; es el don de Cristo que se está manifestando en ellos.
4. Hacemos los ministerios,
oramos por los enfermos, por los encarcelados, enseñamos y predicamos, vemos
los dolores y los resultados de los pecados; y asumimos sus dolores, ayudamos a
llevarlo nosotros y le damos alivio. A veces, a nosotros nos duele terriblemente;
y volvemos y nos arrodillamos ante el Señor, estamos cansados pero al día
siguiente nuevamente estamos deseosos, preocupados por aquellos por quienes
hemos orado y predicado. Es el don de Cristo que nos ha ayudado y nos ha
llevado a ese gozo.
Entonces, ¿cómo se desarrolla y podemos
aumentar la medida de nuestro don de Cristo? Los versículos 9-10 nos dice
claramente: “Y eso de que subió, ¿qué
es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la
tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los
cielos para llenarlo todo.”
Jesús dejando su gloria, su investidura,
su posición, dejó por un momento de ser Dios para ser siervo, para ser hombre.
Llevó el pecado de todos nosotros y murió, murió y resucitó, y ascendió a los
cielos.
Haciendo correctamente toda la Palabra de
Dios, y permaneciendo en todos los mandamientos de Dios y en toda obediencia
hemos de morir por causa de Jesús y de sus palabras, y por los hombres del
mundo a quienes damos testimonio. Pero tiene que ser “una vida” y “una muerte”
bíblica.
Por eso, no se ven muchos ejemplos de este
don de Cristo, porque no se lleva correctamente la cruz, porque no se soporta
bíblicamente la palabra, porque se trata de evitar toda confrontación, la
pérdida, la vergüenza, el vituperio. Hoy el creyente cree en Jesucristo sin la
cruz. Ama a Dios pero también ama terriblemente el mundo. No conoce las
doctrinas bíblicas en que debe ser columna y baluarte de la verdad. Tampoco
vive arrojado y únicamente según los términos del pacto de Abraham, el cual es
de todos los creyentes; como dice Gálatas 3:6-9 “así Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia. Sabed, por
tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham. Y la Escritura,
previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles, dio de
antemano la buena nueva a Abraham,
diciendo: En ti serán benditas todas las naciones. De modo que los de la fe son
bendecidos con el creyente Abraham.”
EL DON DE CRISTO
¿No me es suficiente con tener los otros
dones espirituales? Dirán algunos.
Leamos juntos 1 Corintios 12:31 y 13:1-3
que dice: “Procurad, pues, los dones
mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente. Si yo hablase lenguas
humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o
címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y
toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes,
y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a
los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada
me sirve.”
El amor no es un don, pero sí el amor es
una cualidad principal del don de Cristo. Así que si nosotros también
aumentamos la medida del don de Cristo, este amor de Jesús también aparecerá
más y más en nosotros. Por eso dice, que de nada sirve que tengan los otros
dones espirituales si el don de Cristo no está presente en uno y está
accionando fuertemente. Y cuando cada creyente crece en su don de Cristo y se
desarrolla también en los otros dones espirituales, esa imagen que vemos y
tanto queremos de Jesús en los evangelios lo veremos en sus hijos.
Lo que hoy es imposible por la ley, ni el
deseo voluntarioso con todo el esfuerzo de la fe; mas cuando la gracia vaya en
aumento veremos en cada persona la capacidad como estas: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no
es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se
irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la
verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor
nunca deja de ser.
Por la falta de este don de Cristo el
tercer siervo quien recibió un talento no pudo negociar con lo recibido del
Señor.
LOS CONSTITUIDOS SEGÚN EL DON DE CRISTO
HOY MUCHOS SE AUTO ASIGNAN NOMBRES Y
TÍTULOS, y pretenden elevarse a sí mismos en importancia por encima de los creyentes
en la iglesia, y se ponen títulos o se hacen llamar profetas o apóstoles,
porque el título de pastor es muy bajo y gastado se quieren diferenciar.
Mas vemos aquí que Jesús ha establecido
apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros conforme a la medida del
don de Cristo. O sea, no es un título que uno se auto asigne, sino es según la
gracia recibido por LA MEDIDA DEL DON DE CRISTO que ha desarrollado.
Así también, este don de Cristo tiene una
particularidad muy grande y especial, un creyente fiel, por más que no sea el
pastor de una iglesia, pero que es fiel en ganar la gracia según el don de
Cristo, tiene cualidades de maestro, y crece a tener cualidades de pastor,
crece aún más a tener cualidades de evangelista, de profeta y de apóstol. Hoy
se pueden ver casos particulares, en asuntos puntuales en donde se ven estas
señales y dones.
Talvez la persona no lo sepa, porque la
iglesia no le llama “apóstol Fulano”, por ejemplo, pero sí en ciertos aspectos,
en determinados tiempos, en obras específicas, sí hace la obra de apóstol.
Y por medio de este don de Cristo que cada
uno aumenta en su medida, crecerá, crecerá hasta la plenitud de Jesús y entrará
en un mundo y relacionamiento con Dios particular, muy especial, conocido
solamente por aquel que lo tiene: “mas
cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. Cuando yo era
niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya
fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas
entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré
como fui conocido. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos
tres; pero el mayor de ellos es el amor.” (1 Corintios 13:10-13)
Ahora, el don de Cristo no es concedido en
los hijos de Dios para su gusto y su a discreción como sucede hoy con los dones
de sanidad o de hacer milagros; el don de Cristo tiene un propósito bien
específico que nos enseña el pasaje de hoy, veamos los versículos 12-16:
“A
fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la
edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la
fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la
estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes,
llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres
que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que
siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto
es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas
las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada
miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”
1. Formar a maestros y obreros
para el ministerio.
2. Que edificarán los creyentes
en el cuerpo de Cristo, que es el individuo y la iglesia de Jesucristo.
3. Dice que ha dado este don principalmente
para buscar y alcanzar la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios.
4. Para formar a un varón
perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Tanto a sí mismo
como a los otros.
5. Formar y perfeccionar en el
don de Cristo para que no sean niños fluctuantes, llevados por todo viento de
doctrina, ni caer en la estratagema de hombres que utilizan las artimañas del
error.
6. Y crecer en la cabeza que es Cristo
y tener un cuerpo concertado y unido como iglesia. Creciendo y edificándose en amor.
CONCLUSIÓN:
El don de Cristo no es un don de grandeza,
no es un don que brille y se hace notorio cuando el hombre se busca enaltecer y
encumbrar con el poder humano sobre la iglesia.
Mas este don de Cristo, funciona justamente
al revés, como lo dijo el Señor Jesús: “Vosotros
me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor
y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies
los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho,
vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor
que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió. Si sabéis estas
cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis.” (San Juan 13:13-17)
Y definitivamente hay que ser una persona
muy adulta y madura espiritualmente, con fuertes y profundos conocimientos de
Dios y una convicción muy firme y segura de las doctrinas de la Biblia.
Antes que el enaltecimiento, primero es la
muerte como le sucedió a Jesús, y Dios sabe cómo cargarte en ti según el don de
Cristo. Simplemente mediten en estas palabras para ver si aún desean el don de
Cristo nuestro Señor: “¿Quién ha
creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?
Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer
en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.
Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en
quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo
estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros
dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas
él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo
de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos
nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas
Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no
abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de
sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue
quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de
los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los
impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo
maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo,
sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el
pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su
mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho;
por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las
iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los
fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue
contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por
los transgresores.” (Isaías 53)
El que lee entienda acerca del don de
Cristo: “Como está escrito: Por causa
de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero.
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos
amó.” (Romanos 8:36-37)
Que Dios te bendiga en tu muerte como
Cristo cada día.
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