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Sermón en el día de Jesús 25 de diciembre de 2011.

Título: LA FE ADÚLTERA

Biblia: Romanos 7:1-25

Predicador: Pastor Dong Han David Lee

Iglesia Esperanza Presbiteriana Reformada

Tte. 1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,

Asunción, Paraguay

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(595) 021-301-706 / (595) 0981-815-179

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1.    ¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?

2.    Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.

3.    Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera.

4.    Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.

5.    Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte.

6.    Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

7.    ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna manera. pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.

8.     Mas el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto.

9.     Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.

10.Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;

11. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató.

12.De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.

13. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

14.Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.

15. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.

16.Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.

17. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí.

18.Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.

19.Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.

20.  Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.

21.Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.

22.  Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios;

23.Pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.

24.  ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?

25.Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.

INTRODUCCIÓN:

Sé que muchos esperan otro tipo de sermones en este día, pero como saben ustedes, yo no me guío mucho por las festividades, y varias veces les he dicho que las festividades y las celebraciones religiosas no cambian al hombre, y sus beneficios son mínimos y discutibles, porque nuestro Señor Jesucristo nos ha dado “vida”, y su presencia “diaria” para que no andemos en ritualismos y recordaciones como las demás religiones paganas del mundo. Pero muchos hombres, creyentes e incrédulos igualmente, continúan celebrando la navidad con diferentes propósitos.

Ahora bien, cuando los creyentes del Señor Jesús celebran el nacimiento del Salvador en el mundo, ¿qué buscan con la celebración? ¿Cómo entienden la vida eterna? ¿Qué ganan con las celebraciones? ¿Cómo se traduce estas celebraciones en la vida espiritual del creyente? ¿Será que le hace un creyente más fiel y confiado? Hoy les quiero hablar de las cuestiones prácticas y no solamente celebraciones, de la obra que hizo el Señor Jesús, y sus derivaciones.

Algunos me dirán, ¿qué tiene de malo celebrar el nacimiento de Jesús? ¿No es bueno para realzar nuestra fe en Jesús? Claro, que lo pueden celebrar, mas como no está mencionado en la biblia, no existe un beneficio declarado por Dios que con esas prácticas recibirán alguna gracia porque no existe tal promesa. Pero también en la práctica, en la vida de muchos hombres “creyentes”, Jesucristo está muy desdibujado, y porque se han desviado mucho del camino y de la intención original de Dios, esto causa que muchos vivan terriblemente mal. Por eso, las celebraciones son excusas para tapar los ojos del Aquel que “todo lo ve”.

Pues teniendo una salvación tan grande, una vida nueva en el Espíritu Santo y todavía viven subyugados a la ley del pecado, y por tanto: “esclavizados”; y teniendo la justificación en Jesucristo se quieren desligar de la ley de Dios.

Seguro que alguien pensará que Jesús le libertó de los pecados, y ahora es libre; que tiene vida eterna. ¿Cómo me dice que estoy esclavizado? ¿Acaso Jesús no hizo la obra de justificación y para eso nació en la tierra como hombre?

¡Pues claro que sí! Jesús sí cumplió toda la obra prometida en la Biblia, pagó el precio de nuestros pecados ante Dios y murió cumpliendo así los requerimientos de la ley y la muerte. Y con su resurrección, nosotros también juntamente con él, fuimos muertos respecto a esa ley que nos condenaba y ahora resucitado estamos bajo el régimen nuevo del Espíritu.

Mas todo esto es a nivel del Padre, del Hijo y en el Espíritu Santo. Ahora, debe también existir una contrapartida de vida, de fe, de obediencia según esta obra de Cristo, y esta es la parte práctica que muchos creyentes no están haciendo, y por eso se sienten tan avergonzados, conocen la Palabra de Dios pero no pueden vivirlo plenamente, y así dan disculpas una y otra vez. ¿Si ya tienen vida eterna, porque sienten culpabilidad? ¿No es eso señal de que están esclavizados?

DOS VECES MUERTOS

En todas las iglesias cristianas, abundan las celebraciones por el nacimiento de Jesús; mas seguro que en su interior, en su muy íntimo están muy confundidos, avergonzados porque no logran vivir en Jesucristo como debiera ser; pero que alguien les digan que están incumpliendo tales y tales mandamientos les disgusta profundamente.

¿Se han preguntado por qué les disgusta escuchar acerca de los mandamientos de Dios? ¿Acaso la Biblia no dice: “Tus manos me hicieron y me formaron; hazme entender, y aprenderé tus mandamientos” (Salmo 119:73? Si esto te sucede, es porque estás esclavizado “NUEVAMENTE” o nunca has sabido vivir en la guía del Espíritu Santo.

En muchos casos, esto sucede por ignorancia, porque no saben cómo se debe vivir para Cristo y morir respecto al mundo. Es que muchos son enseñados solamente a tener fe en Jesucristo, ¿Cuánta fe hay que tener para no estar avergonzado? Simplemente mucha. ¿Cómo debe estar direccionada esa fe? No lo saben. Otros piensan que mostrar la fe está en confesar de corazón su amor por Jesús, en participar en la iglesia en diferentes actividades y hacer por supuesto grandes celebraciones de piedad.

La razón de todo esto, es porque están “dos veces muertos”. Seguro que para muchos este término es nuevo, pero les explicaré.

Veamos los versículos 4-6: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”

Esta es la primera muerte, en el cual fuimos hechos uno en Cristo en quien juntamente con él morimos y juntamente con él hemos resucitado, por tanto hemos muerto a la vieja ley que nos condenaba porque había pecado en nosotros. Y habiendo en Cristo pagado tal precio, ya estamos muertos. Esta es la primera muerte.

Mas también existe una segunda muerte para aquellos que están en Cristo Jesús, no me estoy refiriéndome a lo que dice en Apocalipsis, sino que hoy en vida en carne también existe una segunda muerte. Y esto sucede con todas las personas quienes han pasado la primera muerte con Cristo Jesús, pero en lugar de vivir bajo el régimen nuevo del Espíritu, nuevamente se siguen a las tentaciones, a las codicias, a las desobediencias de los mandamientos, y cometen pecados como antes. Y esta es la segunda muerte: “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.” (19-21)

Y esto se acentúa cuando el creyente en lugar de amar la ley de Dios, que es espiritual, que es bueno, que es verdad; lo está desechando porque revela su pecado. Y cuando nuevamente vuelve a pecar sin poder vivir en el régimen nuevo del Espíritu se está volviendo a esclavizar nuevamente; es por eso que nacen sentimientos contra los mandamientos de Dios (como aquellos que hay en los incrédulos e impíos del mundo).

Además esto es lo confuso, que muchos creyentes con mucha sinceridad buscan vivir en el Espíritu, desean hacer lo bueno, se esfuerzan tremendamente, hacen esfuerzos heroicos para no pecar. Mas nunca lo logran, y siempre están “decepcionados” consigo mismos, y cuando se ve su figura entrar en la iglesia, están cansados, están avergonzados, no pueden levantar su rostro, y siempre sienten que han defraudado a Jesús.

¿Existe alguna forma de vivir realmente bajo el régimen nuevo del Espíritu y no sentirse avergonzado y que estos versículos sean como el consuelo de los perdedores? “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (v. 22-23)

Por esta causa, muchos creyentes están cansados de vivir, desean morir lo antes posible, porque así creen que esta vida de “dos veces muertos” ya no les carcoma. Y las personas quienes sienten esto, verán que nunca se pueden parar con decisión, con confianza ante los incrédulos.

Mas el problema no está en la ley, sino en el camino de vida están siguiendo y eso les hace permanecer en el pecado.

Por tanto, lo que hay que resolver, no es eliminar el mandamiento de Dios que es vida y es espiritual; sino la cuestión es que cada día hay que morir respecto la tipo de vida y su camino que les encamina SIEMPRE al pecado y les esclaviza.

Es así como nos dice el versículo 1: “¿Acaso ignoráis, hermanos que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?

También nos dice en Gálatas 4:7-9 respecto a esto: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo. Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?

Por tanto, si ustedes no hacen morir la carne con sus concupiscencias y a obedecer los sentidos de la carne que los llevarán indefectiblemente a la esclavitud nuevamente; estarán volviéndose nuevamente a la ley de la muerte en que antes estábamos. Y respecto de la nueva vida que tenemos en Cristo Jesús, estamos muriendo también. Por eso, muchos creyentes hoy son dos veces muertos.

¿Quién nos ayudará esta vez? ¿Quién les podrá salvar cuando desechando las palabras de Dios y la vida nueva en Cristo Jesús uno se vuelve nuevamente a la vida del cuál fue salvado?

LA FE ADÚLTERA

Por esta causa es una fe adúltera, porque dicen que creen en Jesús, tienen fe en él, que tienen nueva vida en él pero están esclavizándose allí de donde justamente Cristo nos sacó y nos libró. Y en lugar de buscar el camino que les libre de esa vida, insisten en ella; se esclavizan pero aman ese mundo, esa vida, desean y no la dejan alejarse demasiado de sus vidas; mas ante Jesús porque sienten la culpabilidad de su pecado, y porque estamos casados con el Señor; sentimos que hemos engañado a Jesús. Así es la fe adúltera.

A veces ama a Jesús y a veces ama al mundo. Y siempre quieren resolver eso pidiendo y pidiendo siempre perdón, y que les lave con la sangre de Jesús.

Y más, en navidad están todos enternecidos, todos miran y se acuerdan de Jesús, pero desde el 26, nuevamente aman el mundo, conviven con el mundo, dicen que la palabra de Dios les ha cortado las alas del mundo. Y buscan frenéticamente volver.

Y cuando vuelven y viven, conocen que ese mundo también es malo, que no están bien con el Señor Jesús, y nuevamente vuelven con vergüenza.

Sí esta es la fe adúltera en acción. Y siempre el adulterio se hace a escondidas, ¿no es cierto?

Lo malo, lo peor es que simulan no cometer ningún adulterio contra Jesús, que su fe es pura, es sublime, es edificante, es especial y apreciada por el Señor. En esto están todos en una misma bolsa de culpables y adúlteros: iglesias, pastores y creyentes. Todos se confabulan, y todos se presentan no tener otra respuesta posible contra los males del mundo. Que únicamente Jesús es el justo y santo, y nosotros cuando abandonemos este mundo ya sea por la muerte o ya sea por la segunda venida de Jesús serán librados de esta vida de engaño y adulterio.

También esto es una práctica común, el consolarse por medio de la fe y de la declaración en todo momento del capítulo 8 de Romanos: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu.” (v.8:1-5).

Mas verán que por más que repitan y repitan estos versículos, por más que crean en estas palabras, la conciencia que me da el Espíritu Santo de que estoy pecado y que soy esclavo de los diferentes pecados no me deja en paz.

¿CÓMO SÉ QUE TENGO UNA FE ADÚLTERA?

Los versículos 7:22-25 está martillando constantemente el corazón de los creyentes: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.”

Estas palabras de Romanos 8:6-10 ya están cumplidas en Cristo y por tanto en nosotros también porque estamos unidos a él en su cuerpo, mas el camino de nuestra vida no nos permite ver y vivir toda esta realidad: “Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”

Realmente son vueltas y vueltas a las palabras, al conocimiento, a los principios bíblicos, y una lucha constante para no tener una fe adúltera.

En realidad, no hay salida por el lado de la fe. No es posible cerrar los ojos, ni es posible aislarse del mundo como muchas comunidades cristianos lo han intentado, ni vale irse a otro país, ni mudarse de ciudad en ciudad para guardar la fe.

Buscan la completa comunión en el Espíritu Santo para combatir esta segunda muerte, otros hacen vigilias, oraciones, ayunos, incluso están aquellos que atribuyen de todo esto a Satanás y otros demonios.

Mas existe un peligro en ciernes que muchos creyentes no están contemplando. Que no tienen todo el tiempo del mundo para resolver esta cuestión, que no pueden quedarse entre dos aguas, ni seguir un momento al mundo y otro siguiente volverse a Jesús.

No es lucha de poderes, ni falta de dones, o se puede atribuir a la fe; sino es el camino que toman los creyentes.

EL CAMINO DEL PACTO

Es que Dios ha preparado un camino en el cual realmente el creyente, el hijo de Dios al obedecer y seguir ese camino está muriendo respecto al mundo y vive plenamente en Cristo Jesús.

Y ese es el camino del pacto de Abraham, de Isaac y de Jacob. Por eso, cuando Jehová visitó a Abram la primera vez le dijo: “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán, y a tierra de Canaán llegaron.” (Génesis 12.1-5)

Por eso Jesús también le dijo a Pedro y a los demás discípulos: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. (San Lucas 5:10)

También al joven rico que estaba preocupado por su vida, le dijo Jesús: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme”. (San Mateo 19:21).

Es por el pacto que Jehová hizo con Abraham, con Isaac y con Jacob hizo que Moisés llevase el pueblo de Israel, una nación tan grande como las estrellas del cielo en multitud fuera de Egipto, cruzaron el Mar Rojo, cruzaron el desierto, establecieron un pacto y entraron finalmente en la tierra del pacto Canaán por la guía de Josué.

Hoy también, existe y funciona el pacto de Abraham con cada creyente, con cada familia. Dios tiene y establece un pacto, le da una tierra en la cual el creyente debe buscar entrar en ella pacientemente, discipulándose y preparándose. Conquistando la tierra por medio de la evangelización, y haciendo una nación grande con basamento en la iglesia de Jesucristo.

Ahora tenemos nosotros el ejemplo que Jehová Dios ha dado con el pueblo de Israel, y ese ejemplo y nuestro pacto se cumplen en esta tierra y en toda la tierra de nuestra promesa; y por medio de esta familia que es la iglesia, el cuerpo de Cristo Jesús. Por eso, la Biblia insiste tanto en que nosotros también somos israelitas, y miembros de la familia de Dios:

Por tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios.” (Efesios 2:11-19)

Todo creyente que no se “muera” en Cristo y crea en este camino del pacto que está establecido como pacto perpetuo en Abraham, en Isaac y en Jacob, siempre será acusado de una fe adúltera.

Porque para seguir el camino del pacto, se debe “salir” del mundo y su sistema de vida, costumbres, social y económico; a una nueva vida que es un camino muy angosto que se llama el pacto. Que en sus primeros tiempos requiere de un discipulado y una disciplina muy firme y fuerte. Se debe “morir” de todo lo que uno conoce, lo que uno desea, del mundo que desea ardientemente; para seguir un camino diferente. ¡Claro que en el pacto existe tierra, existen familias, multitudes como nación, claro que existen grandes bendiciones del cielo y de la tierra! Mas se deben lograrlas según el tiempo y el camino establecido por Dios.

Hoy deben orar para que Dios les abra los ojos del entendimiento, porque les parecen vivir en la misma tierra, en el mismo mundo, buscan los mismos bienes. Mas el camino del pacto tiene sus reglas, pero ciertamente que se deben morir en todos los sentidos de la vida. Y el que tiene verdadera fe en Jesucristo, y vive esta vida en el pacto, sabrá que existe, que es cierto, y dejará la fe adúltera.

CONCLUSIÓN:

Entonces entenderá que muchos de los rituales y tradiciones que tienen y guardan los creyentes en Jesucristo no tiene su razón ni asidero en el pacto ni es útil para la vida en la guía del Espíritu Santo.

Sé que muchos seguirán y se empecinarán en ser adúlteros, prefieren morir dos veces; y sus higueras siguen estériles hasta que sean maldecidas y quemadas.

También sé que el camino del pacto no es apetecible para los codiciosos, para los que aman la propia gloria; de aquellos que se olvidan que están muertos en Cristo Jesús.

Mas también la vida y la plenitud de vida que encontrarán en Jesucristo y cuando vean cómo toda la Biblia cobra vida y sus palabras se cumplen fielmente como se nos enseña y nos testimonia es el testigo más elocuente.

Los que aman y continúan en la fe adúltera, morirán en esa fe: sin frutos y cada vez más solitarios; aborrecidos por el mundo y desechados por Dios. Talvez, por medio de una gracia muy especial de Dios, despierte a los creyentes y tengan entendimiento.

Mientras tanto, nosotros seguiremos firmes en nuestro camino de vida, en la consecución de nuestro pacto. Sí, verdaderamente “la verdad nos hace libres”. Es un camino solitario, angosto; mas también sé que Dios hará notar por el mundo nuestro ejemplo para que los hijos vuelvan a la casa del Padre Celestial.

Que Dios les bendiga.

 

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: 31 de diciembre de 2011