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Sermón
en el día de Jesús 25 de diciembre de 2011.
Título:
LA FE ADÚLTERA
Biblia:
Romanos 7:1-25
Predicador:
Pastor Dong Han David Lee
Iglesia
Esperanza Presbiteriana Reformada
Tte.
1ro. Leónidas Escobar 3913 c/ Av. Japón,
Asunción,
Paraguay
www.evangelio123.org
pastordavid@evangelio123.org
(595)
021-301-706 / (595) 0981-815-179
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1. ¿Acaso ignoráis, hermanos
(pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre
entre tanto que éste vive?
2. Porque la mujer casada está
sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella
queda libre de la ley del marido.
3. Así que, si en vida del
marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido
muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no
será adúltera.
4. Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que
seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto
para Dios.
5. Porque mientras estábamos en
la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros
miembros llevando fruto para muerte.
6. Pero ahora estamos libres de
la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que
sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la
letra.
7. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley
es pecado? En ninguna manera. pero yo no conocí el pecado sino por la ley;
porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás.
8.
Mas el pecado, tomando
ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el
pecado está muerto.
9.
Y yo sin la ley vivía en un
tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí.
10.Y hallé
que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte;
11. Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y
por él me mató.
12.De manera
que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno.
13. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna
manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por
medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a
ser sobremanera pecaminoso.
14.Porque
sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado.
15. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero,
sino lo que aborrezco, eso hago.
16.Y si lo
que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.
17. De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que
mora en mí.
18.Y yo sé
que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está
en mí, pero no el hacerlo.
19.Porque no
hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.
20. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí.
21.Así que,
queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.
22. Porque según el hombre
interior, me deleito en la ley de Dios;
23.Pero veo
otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros.
24. ¡Miserable de mí! ¿quién me
librará de este cuerpo de muerte?
25.Gracias
doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo
a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.
INTRODUCCIÓN:
Sé que muchos esperan otro tipo de
sermones en este día, pero como saben ustedes, yo no me guío mucho por las
festividades, y varias veces les he dicho que las festividades y las
celebraciones religiosas no cambian al hombre, y sus beneficios son mínimos y
discutibles, porque nuestro Señor Jesucristo nos ha dado “vida”, y su presencia
“diaria” para que no andemos en ritualismos y recordaciones como las demás
religiones paganas del mundo. Pero muchos hombres, creyentes e incrédulos
igualmente, continúan celebrando la navidad con diferentes propósitos.
Ahora bien, cuando los creyentes del Señor
Jesús celebran el nacimiento del Salvador en el mundo, ¿qué buscan con la
celebración? ¿Cómo entienden la vida eterna? ¿Qué ganan con las celebraciones? ¿Cómo
se traduce estas celebraciones en la vida espiritual del creyente? ¿Será que le
hace un creyente más fiel y confiado? Hoy les quiero hablar de las cuestiones
prácticas y no solamente celebraciones, de la obra que hizo el Señor Jesús, y sus
derivaciones.
Algunos me dirán, ¿qué tiene de malo
celebrar el nacimiento de Jesús? ¿No es bueno para realzar nuestra fe en Jesús?
Claro, que lo pueden celebrar, mas como no está mencionado en la biblia, no
existe un beneficio declarado por Dios que con esas prácticas recibirán alguna
gracia porque no existe tal promesa. Pero también en la práctica, en la vida de
muchos hombres “creyentes”, Jesucristo está muy desdibujado, y porque se han
desviado mucho del camino y de la intención original de Dios, esto causa que muchos
vivan terriblemente mal. Por eso, las celebraciones son excusas para tapar los
ojos del Aquel que “todo lo ve”.
Pues teniendo una salvación tan grande,
una vida nueva en el Espíritu Santo y todavía viven subyugados a la ley del
pecado, y por tanto: “esclavizados”; y teniendo la justificación en Jesucristo
se quieren desligar de la ley de Dios.
Seguro que alguien pensará que Jesús le
libertó de los pecados, y ahora es libre; que tiene vida eterna. ¿Cómo me dice
que estoy esclavizado? ¿Acaso Jesús no hizo la obra de justificación y para eso
nació en la tierra como hombre?
¡Pues claro que sí! Jesús sí cumplió toda
la obra prometida en la Biblia, pagó el precio de nuestros pecados ante Dios y
murió cumpliendo así los requerimientos de la ley y la muerte. Y con su
resurrección, nosotros también juntamente con él, fuimos muertos respecto a esa
ley que nos condenaba y ahora resucitado estamos bajo el régimen nuevo del
Espíritu.
Mas todo esto es a nivel del Padre, del
Hijo y en el Espíritu Santo. Ahora, debe también existir una contrapartida de
vida, de fe, de obediencia según esta obra de Cristo, y esta es la parte
práctica que muchos creyentes no están haciendo, y por eso se sienten tan
avergonzados, conocen la Palabra de Dios pero no pueden vivirlo plenamente, y
así dan disculpas una y otra vez. ¿Si ya tienen vida eterna, porque sienten
culpabilidad? ¿No es eso señal de que están esclavizados?
DOS VECES MUERTOS
En todas las iglesias cristianas, abundan
las celebraciones por el nacimiento de Jesús; mas seguro que en su interior, en
su muy íntimo están muy confundidos, avergonzados porque no logran vivir en
Jesucristo como debiera ser; pero que alguien les digan que están incumpliendo
tales y tales mandamientos les disgusta profundamente.
¿Se han preguntado por qué les disgusta
escuchar acerca de los mandamientos de Dios? ¿Acaso la Biblia no dice: “Tus manos me hicieron y me formaron;
hazme entender, y aprenderé tus mandamientos” (Salmo 119:73? Si esto te
sucede, es porque estás esclavizado “NUEVAMENTE” o nunca has sabido vivir en la
guía del Espíritu Santo.
En muchos casos, esto sucede por
ignorancia, porque no saben cómo se debe vivir para Cristo y morir respecto al
mundo. Es que muchos son enseñados solamente a tener fe en Jesucristo, ¿Cuánta
fe hay que tener para no estar avergonzado? Simplemente mucha. ¿Cómo debe estar
direccionada esa fe? No lo saben. Otros piensan que mostrar la fe está en
confesar de corazón su amor por Jesús, en participar en la iglesia en
diferentes actividades y hacer por supuesto grandes celebraciones de piedad.
La razón de todo esto, es porque están “dos
veces muertos”. Seguro que para muchos este término es nuevo, pero les
explicaré.
Veamos los versículos 4-6: “Así también vosotros, hermanos míos, habéis
muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que
resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras
estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en
nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la
ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que
sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la
letra.”
Esta es la primera muerte, en el cual
fuimos hechos uno en Cristo en quien juntamente con él morimos y juntamente con
él hemos resucitado, por tanto hemos muerto a la vieja ley que nos condenaba
porque había pecado en nosotros. Y habiendo en Cristo pagado tal precio, ya
estamos muertos. Esta es la primera muerte.
Mas también existe una segunda muerte para
aquellos que están en Cristo Jesús, no me estoy refiriéndome a lo que dice en
Apocalipsis, sino que hoy en vida en carne también existe una segunda muerte. Y
esto sucede con todas las personas quienes han pasado la primera muerte con
Cristo Jesús, pero en lugar de vivir bajo el régimen nuevo del Espíritu,
nuevamente se siguen a las tentaciones, a las codicias, a las desobediencias de
los mandamientos, y cometen pecados como antes. Y esta es la segunda muerte: “Porque no hago el bien que quiero, sino
el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo,
sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta
ley: que el mal está en mí.” (19-21)
Y esto se acentúa cuando el creyente en
lugar de amar la ley de Dios, que es espiritual, que es bueno, que es verdad; lo
está desechando porque revela su pecado. Y cuando nuevamente vuelve a pecar sin
poder vivir en el régimen nuevo del Espíritu se está volviendo a esclavizar
nuevamente; es por eso que nacen sentimientos contra los mandamientos de Dios
(como aquellos que hay en los incrédulos e impíos del mundo).
Además esto es lo confuso, que muchos
creyentes con mucha sinceridad buscan vivir en el Espíritu, desean hacer lo
bueno, se esfuerzan tremendamente, hacen esfuerzos heroicos para no pecar. Mas
nunca lo logran, y siempre están “decepcionados” consigo mismos, y cuando se ve
su figura entrar en la iglesia, están cansados, están avergonzados, no pueden levantar
su rostro, y siempre sienten que han defraudado a Jesús.
¿Existe alguna forma de vivir realmente
bajo el régimen nuevo del Espíritu y no sentirse avergonzado y que estos
versículos sean como el consuelo de los perdedores? “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero
veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me
lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros” (v. 22-23)
Por esta causa, muchos creyentes están
cansados de vivir, desean morir lo antes posible, porque así creen que esta
vida de “dos veces muertos” ya no les carcoma. Y las personas quienes sienten
esto, verán que nunca se pueden parar con decisión, con confianza ante los
incrédulos.
Mas el problema no está en la ley, sino en
el camino de vida están siguiendo y eso les hace permanecer en el pecado.
Por tanto, lo que hay que resolver, no es
eliminar el mandamiento de Dios que es vida y es espiritual; sino la cuestión
es que cada día hay que morir respecto la tipo de vida y su camino que les
encamina SIEMPRE al pecado y les esclaviza.
Es así como nos dice el versículo 1: “¿Acaso ignoráis, hermanos que la ley se
enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?
También nos dice en Gálatas 4:7-9 respecto
a esto: “Así que ya no eres esclavo,
sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.
Ciertamente, en otro tiempo, no conociendo a Dios, servíais a los que por
naturaleza no son dioses; mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo
conocidos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres
rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar?
Por tanto, si ustedes no hacen morir la
carne con sus concupiscencias y a obedecer los sentidos de la carne que los
llevarán indefectiblemente a la esclavitud nuevamente; estarán volviéndose
nuevamente a la ley de la muerte en que antes estábamos. Y respecto de la nueva
vida que tenemos en Cristo Jesús, estamos muriendo también. Por eso, muchos
creyentes hoy son dos veces muertos.
¿Quién nos ayudará esta vez? ¿Quién les
podrá salvar cuando desechando las palabras de Dios y la vida nueva en Cristo
Jesús uno se vuelve nuevamente a la vida del cuál fue salvado?
LA FE ADÚLTERA
Por esta causa es una fe adúltera, porque
dicen que creen en Jesús, tienen fe en él, que tienen nueva vida en él pero
están esclavizándose allí de donde justamente Cristo nos sacó y nos libró. Y en
lugar de buscar el camino que les libre de esa vida, insisten en ella; se
esclavizan pero aman ese mundo, esa vida, desean y no la dejan alejarse
demasiado de sus vidas; mas ante Jesús porque sienten la culpabilidad de su
pecado, y porque estamos casados con el Señor; sentimos que hemos engañado a
Jesús. Así es la fe adúltera.
A veces ama a Jesús y a veces ama al
mundo. Y siempre quieren resolver eso pidiendo y pidiendo siempre perdón, y que
les lave con la sangre de Jesús.
Y más, en navidad están todos
enternecidos, todos miran y se acuerdan de Jesús, pero desde el 26, nuevamente
aman el mundo, conviven con el mundo, dicen que la palabra de Dios les ha
cortado las alas del mundo. Y buscan frenéticamente volver.
Y cuando vuelven y viven, conocen que ese
mundo también es malo, que no están bien con el Señor Jesús, y nuevamente
vuelven con vergüenza.
Sí esta es la fe adúltera en acción. Y
siempre el adulterio se hace a escondidas, ¿no es cierto?
Lo malo, lo peor es que simulan no cometer
ningún adulterio contra Jesús, que su fe es pura, es sublime, es edificante, es
especial y apreciada por el Señor. En esto están todos en una misma bolsa de
culpables y adúlteros: iglesias, pastores y creyentes. Todos se confabulan, y
todos se presentan no tener otra respuesta posible contra los males del mundo.
Que únicamente Jesús es el justo y santo, y nosotros cuando abandonemos este
mundo ya sea por la muerte o ya sea por la segunda venida de Jesús serán
librados de esta vida de engaño y adulterio.
También esto es una práctica común, el
consolarse por medio de la fe y de la declaración en todo momento del capítulo
8 de Romanos: “Ahora, pues, ninguna
condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a
la carne, sino conforme al espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en
Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte. Porque lo que
era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a
su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado
en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no
andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que son de
la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en
las cosas del Espíritu.” (v.8:1-5).
Mas verán que por más que repitan y
repitan estos versículos, por más que crean en estas palabras, la conciencia
que me da el Espíritu Santo de que estoy pecado y que soy esclavo de los
diferentes pecados no me deja en paz.
¿CÓMO SÉ QUE TENGO UNA FE ADÚLTERA?
Los versículos 7:22-25 está martillando
constantemente el corazón de los creyentes: “Porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en
mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a
la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará
de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así
que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley
del pecado.”
Estas palabras de Romanos 8:6-10 ya están
cumplidas en Cristo y por tanto en nosotros también porque estamos unidos a él
en su cuerpo, mas el camino de nuestra vida no nos permite ver y vivir toda
esta realidad: “Porque el ocuparse de
la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los
designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley
de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a
Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que
el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de
Cristo, no es de él. Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está
muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. Y si el
Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que
levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos
mortales por su Espíritu que mora en vosotros.”
Realmente son vueltas y vueltas a las
palabras, al conocimiento, a los principios bíblicos, y una lucha constante
para no tener una fe adúltera.
En realidad, no hay salida por el lado de
la fe. No es posible cerrar los ojos, ni es posible aislarse del mundo como
muchas comunidades cristianos lo han intentado, ni vale irse a otro país, ni
mudarse de ciudad en ciudad para guardar la fe.
Buscan la completa comunión en el Espíritu
Santo para combatir esta segunda muerte, otros hacen vigilias, oraciones,
ayunos, incluso están aquellos que atribuyen de todo esto a Satanás y otros
demonios.
Mas existe un peligro en ciernes que
muchos creyentes no están contemplando. Que no tienen todo el tiempo del mundo
para resolver esta cuestión, que no pueden quedarse entre dos aguas, ni seguir
un momento al mundo y otro siguiente volverse a Jesús.
No es lucha de poderes, ni falta de dones,
o se puede atribuir a la fe; sino es el camino que toman los creyentes.
EL CAMINO DEL PACTO
Es que Dios ha preparado un camino en el
cual realmente el creyente, el hijo de Dios al obedecer y seguir ese camino
está muriendo respecto al mundo y vive plenamente en Cristo Jesús.
Y ese es el camino del pacto de Abraham,
de Isaac y de Jacob. Por eso, cuando Jehová visitó a Abram la primera vez le
dijo: “Pero Jehová había dicho a
Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la
tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y
engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y
a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de
la tierra. Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram
de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán. Tomó, pues, Abram a Sarai
su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y
las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de
Canaán, y a tierra de Canaán llegaron.” (Génesis 12.1-5)
Por eso Jesús también le dijo a Pedro y a
los demás discípulos: “No temas; desde
ahora serás pescador de hombres”. (San Lucas 5:10)
También al joven rico que estaba
preocupado por su vida, le dijo Jesús: “Si
quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás
tesoro en el cielo; y ven y sígueme”. (San Mateo 19:21).
Es por el pacto que Jehová hizo con
Abraham, con Isaac y con Jacob hizo que Moisés llevase el pueblo de Israel, una
nación tan grande como las estrellas del cielo en multitud fuera de Egipto,
cruzaron el Mar Rojo, cruzaron el desierto, establecieron un pacto y entraron
finalmente en la tierra del pacto Canaán por la guía de Josué.
Hoy también, existe y funciona el pacto de
Abraham con cada creyente, con cada familia. Dios tiene y establece un pacto,
le da una tierra en la cual el creyente debe buscar entrar en ella
pacientemente, discipulándose y preparándose. Conquistando la tierra por medio
de la evangelización, y haciendo una nación grande con basamento en la iglesia
de Jesucristo.
Ahora tenemos nosotros el ejemplo que
Jehová Dios ha dado con el pueblo de Israel, y ese ejemplo y nuestro pacto se
cumplen en esta tierra y en toda la tierra de nuestra promesa; y por medio de
esta familia que es la iglesia, el cuerpo de Cristo Jesús. Por eso, la Biblia
insiste tanto en que nosotros también somos israelitas, y miembros de la
familia de Dios:
“Por
tanto, acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la
carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano
en la carne. En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de
Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el
mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos,
habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz,
que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,
aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en
ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo
la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo,
matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a
vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él
los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya
no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y
miembros de la familia de Dios.” (Efesios 2:11-19)
Todo creyente que no se “muera” en Cristo
y crea en este camino del pacto que está establecido como pacto perpetuo en
Abraham, en Isaac y en Jacob, siempre será acusado de una fe adúltera.
Porque para seguir el camino del pacto, se
debe “salir” del mundo y su sistema de vida, costumbres, social y económico; a
una nueva vida que es un camino muy angosto que se llama el pacto. Que en sus
primeros tiempos requiere de un discipulado y una disciplina muy firme y fuerte.
Se debe “morir” de todo lo que uno conoce, lo que uno desea, del mundo que
desea ardientemente; para seguir un camino diferente. ¡Claro que en el pacto
existe tierra, existen familias, multitudes como nación, claro que existen
grandes bendiciones del cielo y de la tierra! Mas se deben lograrlas según el
tiempo y el camino establecido por Dios.
Hoy deben orar para que Dios les abra los
ojos del entendimiento, porque les parecen vivir en la misma tierra, en el
mismo mundo, buscan los mismos bienes. Mas el camino del pacto tiene sus reglas,
pero ciertamente que se deben morir en todos los sentidos de la vida. Y el que
tiene verdadera fe en Jesucristo, y vive esta vida en el pacto, sabrá que
existe, que es cierto, y dejará la fe adúltera.
CONCLUSIÓN:
Entonces entenderá que muchos de los
rituales y tradiciones que tienen y guardan los creyentes en Jesucristo no tiene
su razón ni asidero en el pacto ni es útil para la vida en la guía del Espíritu
Santo.
Sé que muchos seguirán y se empecinarán en
ser adúlteros, prefieren morir dos veces; y sus higueras siguen estériles hasta
que sean maldecidas y quemadas.
También sé que el camino del pacto no es
apetecible para los codiciosos, para los que aman la propia gloria; de aquellos
que se olvidan que están muertos en Cristo Jesús.
Mas también la vida y la plenitud de vida
que encontrarán en Jesucristo y cuando vean cómo toda la Biblia cobra vida y
sus palabras se cumplen fielmente como se nos enseña y nos testimonia es el
testigo más elocuente.
Los que aman y continúan en la fe
adúltera, morirán en esa fe: sin frutos y cada vez más solitarios; aborrecidos
por el mundo y desechados por Dios. Talvez, por medio de una gracia muy
especial de Dios, despierte a los creyentes y tengan entendimiento.
Mientras tanto, nosotros seguiremos firmes
en nuestro camino de vida, en la consecución de nuestro pacto. Sí,
verdaderamente “la verdad nos hace libres”. Es un camino solitario, angosto;
mas también sé que Dios hará notar por el mundo nuestro ejemplo para que los
hijos vuelvan a la casa del Padre Celestial.
Que Dios les bendiga.
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