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Sermón en el día de Jesús 6 de marzo de 2005 Título: Equilibrio Biblia: 1 Juan 2:15-17 Predicador: Pastor Dong Han David Lee Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza www.evangelio123.org 5 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
Hablo a los buenos creyentes en Jesucristo, “creo que no existe nadie quien no se haya preguntado y sigue preguntándose a sí mismo: ¿amo a Jesús o amo al mundo?”. Y así como no existen dos personas con rostros iguales ni entre gemelos, estoy seguro que han escuchado muchas veces acerca de amar al mundo y tantas veces escucharon, pero las veces que oyeron se quedaron más confundidos. Porque dependiendo del predicador, interpreta la palabra de una forma, pues mide con su vara. Puede que yo esté agregando un grano más a la confusión, pero oremos al Señor Jesús para que nos guíe y podamos obtener una respuesta y tranquilidad en nuestra vida espiritual. Pues seguro que todo buen creyente desea agradar a Jesús, mas cuando se preocupa y trata de cumplir viviendo para Dios y no para el mundo, mas al día siguiente se entera que el esfuerzo que hizo no sirve, igual sigue viviendo en el mundo. Por eso es importante medir correctamente y aplicar la Palabra en su justa medida. Este pasaje ha sido una carga realmente pesada a los hombres, una y otra vez somos acusados de buscar el mundo. ¿Existe un punto final? Tampoco podemos abandonar todo, vender todas las posesiones, adentrarnos en el desierto y vivir aislado hasta que el Señor venga. Otra óptica ridícula que escucho de ciertos creyentes es la teoría de que los pastores han ganado esta batalla, porque ellos dejaron el mundo y se abocan exclusivamente a los asuntos de Dios. ¡Esto también es una falacia! Porque existen muchos pastores quienes no han vencido el mundo y siguen inmersos en el mundo. El pastor David quien les habla también no ha superado completamente al mundo para excluirse del tema. Seguro que en algunos puntos he podido vencer, pero me quedan muchos puntos más por superar. ¿Entonces no tiene autoridad para predicar sobre estas palabras? Independientemente de si yo cumplo o no, es un problema personal mío delante de Dios (y sé que estoy avergonzado en muchos temas), mas no por eso la Palabra de Dios tiene que ser dejado de predicarse. Necesitamos establecer bases comunes y persigamos con fe y pidamos a Jesús que nos ayude. Pues necesitamos encontrar un camino, no puede la Biblia acusarnos sin abrir también un camino para vencer, pues recordamos versículos como “antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”, si estas palabras son ciertas, sí tenemos una respuesta y una forma de vencer al mundo. ACEPTAR NUESTRA REALIDAD Primeramente, debemos reconocer delante de Dios que solamente él es justo, que yo soy pecador. Reconocer que la Palabra de Dios es cierta y que no tengo de qué alegar a mi favor. Que el juicio de Dios sobre este y todos los puntos son reales, justos y equitativos. El problema surge desde el momento en que deseo acomodar la Palabra de Dios para que me justifique, crear una causa que me señale como víctima del sistema y no un culpable directo. Pues solamente reconociendo nuestra falta sin “peros”, sino aceptar “llana y completamente la Palabra de Dios”, es el primer paso para vencer. LAS DISCREPANCIAS Generalmente la dificultad en este tema está principalmente en determinar ¿qué es el mundo?, pues todos vivimos EN EL MUNDO. Evidentemente antes de nuestra muerte jamás podremos vivir a espaldas del mundo. Mas también eso iría en contra de las palabras de Jesús quien dijo: vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. (San Mateo 5:14). Por eso, no es correcto que los creyentes eviten el mundo, así como Jesús quien es la luz del mundo vino a iluminar las tinieblas, hoy cada creyente es una luz de Cristo para alumbrar este mundo. Entonces, ¿no es una contradicción? Pues Jesús mismo en la gran comisión dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. (San Marcos 16:15). Mas hoy leemos en la Biblia que nos dice: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Aquí está la discrepancia, pues no estamos juzgando las mismas cosas, algunos dicen, hay que amar a los hombres del mundo para evangelizarlos pero alejarnos de las cosas materiales, de las riquezas. Mas seguro que ninguna iglesia, ningún ministerio puede permanecer sin las ofrendas que hacen los hombres. Ningún pastor puede sostenerse sin dinero. Otros hablan de exceso de dinero y riquezas, ¿significa que todos los creyentes están condenados a vivir en la pobreza? ¡Y muchas iglesias enseñan de esta manera! Pero en la Biblia encontramos a muchos ricos y fueron aceptados por Dios: Abraham, Isaac, Jacob, Job, el rey David, el rey Salomón; inclusive Zaqueo sólo ofrendó la mitad de toda su fortuna a los pobres y Jesús le dijo: hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Si las riquezas son malas y constituye el mundo, jamás nuestro Padre Dios debería haber dicho: Mías es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos. (Hageo 2:8). NO AMÉIS AL MUNDO Nos importa aquí el concepto de amar al mundo. En la Biblia está escrito: porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. (1 Timoteo 6:9-10). Y Jesús mismo dijo: ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. (San Mateo 6:24). El problema está cuando una persona ama más las cosas del mundo a tal punto de cambiar por Dios, cuando se ama más al mundo de tal forma que se relega a Dios por causa del mundo, y no solamente por las riquezas. Sino cuando uno cambia a Dios por su familia, su familia se constituye en el mundo. Si uno cambia a Jesucristo y su iglesia por los negocios, por alguna reunión, por algún trabajo, entonces está amando más al mundo. Es aquí en donde encontramos el problema, porque es diferente el concepto de cómo se quiere buscar a Jesús y su iglesia. Uno puede pretender: yo buscaré a Jesús una vez al año, una vez cada 10 años. Lo correcto es que cada día del Señor Jesús, el hombre busque a Dios en su casa, y también cumpla con el reposo en el Señor. Lo correcto es que cada vez que uno se presenta en la casa de Dios no lo haga con las manos vacías y por supuesto dar el diezmo correspondiente de sus ganancias en bruto o de todo cuanto saca provecho para sí (de los aportes a jubilación, a seguro médico, inclusive de los impuestos pues le retorna en beneficios también). EQUILIBRIO ¿Cumpliendo con lo anterior puedes decir que dejas de amar al mundo y las cosas que hay en el mundo? Es aquí donde viene la confusión, pues, muchos piensan que desde este punto, se tienen cartas libres. Seguro que algunos ya escucharon del concepto de mayordomía, que todo cuanto tenemos, incluso los hijos, Dios nos ha encargado para que administremos y cuidemos, como lo dijo el rey David al Señor: Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Puesto todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. (1 Crónicas 29:14). También Job confesó: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. (Job 1:21). Entonces, ¿qué es el equilibrio en no améis al mundo? Como los hombres miden las cosas de Dios de acuerdo a la fe que tienen en ese momento, según esa fe que tienen necesitan cumplir con el Señor Jesús. Si yo, con mis años de conocer a Jesús, quisiera vivir guiado por cómo viven los creyentes recién convertidos, entonces seguro que en mi corazón el Espíritu Santo me acusará de que estoy amando al mundo más que a Dios. Un creyente recién convertido no puede cumplir la Palabra de Dios de la misma forma como lo hace un creyente más antiguo y discipulado. Así que el equilibrio está en que según le indique el corazón, su conciencia y la voz del Espíritu Santo, eso tiene que cumplir. Si tienes una carga en tu corazón con respecto a un ministerio y tú no estás respondiendo porque eso implica algún sacrificio de tu parte para dejar algo del mundo, entonces estás amando más al mundo que a Dios. Por ejemplo, si existe un llamado de Dios para que sirvas en un ministerio y eso coincide con un partido de fútbol, y finalmente te inclinas por la pelota, estás amando más al mundo. Si sientes el deseo de participar con una ofrenda o una pequeña ayuda que tú ya has tomado la decisión, pero encuentras una linda ropa en el escaparate de un negocio y con ese dinero planeado gastas para ti, estás amando al mundo. El equilibrio es igual para todo el mundo cuando medimos según la fe que tiene, a algunos se exige más por la mayor fe que tiene, otros menos por la poca fe que tiene. Y el que sabe la fe de cada uno, y de cómo exige a cada uno es el Espíritu Santo quien escudriña los corazones y nos indica si estamos en la altura esperado por Dios. Así creo no te equivocarás. ¿Donde está el respaldo bíblico a este concepto de equilibrio? Está en San Lucas 12:47-48 Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá. Por tanto, cada uno tiene que escudriñar su corazón y cuidar de cada punto. Mas seguro que alguien quien anda en comunión con el Espíritu Santo, quien está orando largamente al Señor y quien lee la Biblia y escucha la predicación en los cultos para alimentar su espíritu no se equivocará. Pues dice el Señor: Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; pero Jehová pesa los corazones. (Proverbios 21:2). EL CONCEPTO DE UNO MÁS Lo que les quiero decir ahora es más un concepto que he aprendido a lo largo de mi vida con Jesús, he tratado de aplicarlo y nunca me ha dado cargo de conciencia posteriormente. Es el concepto de uno más. Siempre cuando uno hace el cálculo del diezmo se queda con unos cientos de guaraníes, entonces aplico el uno más y hago el redondeo en miles o en decenas de miles. Cuando no estoy seguro si hice el esfuerzo correcto en caminar la cantidad necesaria para evangelizar, prefiero caminar un poco más. Si he planeado orar dos veces por día, trato de hacerlo tres veces. Si enseño sobre un tema, prefiero agregar un comentario más, un versículos más de la Biblia, para no quedarme corto. Seguro que cada uno tiene su forma de buscar a Jesús, pero prefiero no quedarme corto. Quiero que “sobre” antes que “falte”. Prefiero que haya abundancia que sequía. Y eso ha sido beneficioso para mi fe y mi relación con Dios. No te quedes en la duda, ¿para qué tener el cargo de conciencia después y ser acusado por el diablo? CONCLUSIÓN: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. Seguro que no es una tarea fácil, el equilibrio también no es fácil, pero a cada paso es necesario responder como pide y exige el Espíritu Santo. Y es mejor que agregues antes que saques y quedarte en falta. Es una gran lucha espiritual, pero todos los que son hijos de Dios están capacitados con el poder de Dios, basta saberlos utilizar: la oración y la Palabra de Dios. Y verás que uno a uno, término por término estarás venciendo. No hagas que el Señor Jesús se quede esperando, responde pronto, en la medida en que surja los deseos o el celo de Dios por medio del Espíritu Santo en tu corazón, di ¡AMEN! Porque te ha llegado el tiempo de cumplir y el Señor te ha dado la fe más que suficiente para responder afirmativamente. Ese es tu equilibrio en la Palabra de Dios. Confía en Jesús y ten fe. Que Dios te bendiga. Es libre de utilizar el material porque dice el Señor Jesús “de gracia recibisteis, dad de gracia.” Pero está usted comprometido a no modificar el texto en parte o en su conjunto, ni utilizarlo con fines comerciales de cualquier índole. En ese caso necesitará una autorización por escrito. |
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