Es un Ministerio  de la Iglesia Presbiteriana Reformada Esperanza

 
Palabras de Vida

www.evangelio 1 2 3 .org

LLevando la Palabra de Dios a cada persona, a cada hogar. 

 
homepalabras de vidasermonesestudio biblicofolletoreflexioncontacto
 

Sermón en el día Miércoles 4 de febrero de 2004

Título: Haz lo que quieras de mí, Señor

Biblia: Génesis 12:1-20

Predicador: Rev. Dong Han David Lee

1 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.  

2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  

3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.  

4 Y se fue Abram, como Jehová le dijo; y Lot fue con él. Y era Abram de edad de setenta y cinco años cuando salió de Harán.  

5 Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano, y todos sus bienes que habían ganado y las personas que habían adquirido en Harán, y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.  

6 Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra.  

7 Y apareció Jehová a Abram, y le dijo: A tu descendencia daré esta tierra. Y edificó allí un altar a Jehová, quien le había aparecido.  

8 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el, y plantó su tienda, teniendo a Bet-el al occidente y Hai al oriente; y edificó allí altar a Jehová, e invocó el nombre de Jehová.  

9 Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev.  10 Hubo entonces hambre en la tierra, y descendió Abram a Egipto para morar allá; porque era grande el hambre en la tierra.  

11 Y aconteció que cuando estaba para entrar en Egipto, dijo a Sarai su mujer: He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto;  

12 y cuando te vean los egipcios, dirán: Su mujer es; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida.  

13 Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti.  

14 Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera.  

15 También la vieron los príncipes de Faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de Faraón.  

16 E hizo bien a Abram por causa de ella; y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos.  

17 Mas Jehová hirió a Faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram.  

18 Entonces Faraón llamó a Abram, y le dijo: ¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer?  

19 ¿Por qué dijiste: Es mi hermana, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete.  

20 Entonces Faraón dio orden a su gente acerca de Abram; y le acompañaron, y a su mujer, con todo lo que tenía.

Toda relación humana tiene un principio, un amigo mutuo que nos presenta, nos saludamos, conversamos unas cuantas frases y nos damos cuenta si podremos seguir conversando con la persona o no.

Siempre necesitamos temas de interés común para que toda relación perdure. Así como en la torre de Babel, nadie puede seguir una conversación si no existe un lenguaje común. Nadie puede ser amigo de nadie si dos personas no están hablando de un mismo tema. Si no tienen un interés compartido.

Si a mí no me interesa hablar de moda, pero el otro no le interesa para nada la tecnología. Cada uno hablará de su tema de interés y serán sin compatibilidad. Para que estas dos personas se unan en una conversación de interés mutuo, deberán buscar uno, colegio, universidad, niñez, raíces, deporte, acontecimiento, …etc.

¿CÓMO INICIAR UNA CONVERSACIÓN CON DIOS?

Alguien me dirá rápidamente, por medio de la oración.

Es cierto, mas ¿cuántas veces has conversado con Dios? Muchas veces nosotros sabemos que Dios nos está escuchando, pero ¿cómo sabes que Dios te está hablando? ¿Cómo comenzar una conversación? ¿Cómo hacer que él converse contigo?

He aquí por qué muchos se decepcionan de las oraciones. Es como la conversación entre dos personas que están hablando de dos temas diferentes. A ninguno de los dos le interesa el tema que estamos queriendo poner al tapete.

Tú quieres hablar a Dios de tus necesidades de dinero, de las estrechases que pasas hoy, de las urgencias de mañana. Pero Dios ni pasado mañana te responde.

Por eso muchos, con desencanto abandonan la iglesia, dejan de buscar a Dios. Con tanto entusiasmo habían orado, habían leído la palabra de Dios, pero pasaban los tiempos, pero nada ocurre entonces deja todo de lado. Incluso vemos a muchas personas que vuelve a ser como mundanos.

¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA? EXISTEN DOS TERCOS

Realmente necesitamos utilizar con mucho cuidado la palabra terquedad con Dios, pero cuando él establece una regla, ni por nada del mundo lo cambia, como dijo Jesús: el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (San Lucas 21:33).

También existe otro terco, y eres tú, porque ni por nada quieres obedecer a sus palabras, sino que te empeñas en hacer como te antoja, pedir y pedir, pero no quieres dar tu brazo a torcer…

Cuando estos dos tercos se enfrentan el uno al otro, ¿quién gana? ¿El hombre o Dios? Es obvio, ¡Qué pregunta Pastor! Me dirán.

Pero el hombre piensa que tiene el consuelo de los perdedores y dice: ¡Pero Dios es amor! Se apiadará de mí y me concederá todo lo que pido y en la forma en que lo pido. Él no se puede negar. ¡Si él sabe quién soy yo…!

Así sigue esta persona, consolándose a sí mismo, esperando que Dios tenga compasión. Pensando que Dios dará su brazo a torcer para responder a tus deseos.

Pero en la lucha de dos tercos, aun no he visto a Dios perder. Y sí he visto a muchos creyentes que iban tan bien, pero quienes se quedaron en la lona, postrados, rendidos, anonadados, decepcionados, todavía esperando que caiga algo del cielo, que ocurra un milagro; sin saber que ha perdido.

Porque tú eres un terco que pierdes un tiempo precioso, tú eres terco pero eres hombre, tú eres terco pero no puedes obligar a Dios, tú eres terco pero no puedes cambiar la voluntad de Dios, por más grave que sea tu situación.

¿Quién ganó en la guerra de la terquedad?

Hay personas que todavía no tienen respuesta. ¿Saben por qué? Porque todavía están luchando contra Dios. También existen otros que aun no están completamente vencidos, ni convencidos acerca de su derrota. Y todavía son tercos y orgullosos para admitirlo.

EL HOMBRE ABRAHAM

Abraham fue un hombre, pero también un modelo de hombre. ¿En qué sentido? Muchos resaltan la fe. Pero en el capítulo 12 de Génesis, hoy y por esta vez, deseo resaltar la obediencia.

Entonces ¿Qué es la fe? ¿Qué es la obediencia? Sencillo, la obediencia es la Fe traducida en obra. Como dice Santiago 2:18 Pero alguno dirá: tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

La fe que tenía Abraham, fue dado por el Espíritu Santo, como a nosotros nos fue dado. ¿Pero por qué Dios promete tantas cosas a él y es el padre de todos los creyentes? No está en la fe que es común en todos nosotros. Todos quienes estamos aquí podemos decir que tenemos fe en Jesucristo. ¿Pero qué nos hace diferentes los unos a los otros? ¿Por qué Dios obró en forma tan diferente con Abraham? ¿Por qué cada uno de nosotros estamos en una situación diferente con respecto a la fe? ¿Por qué unos son constantes y otros inconstantes? ¿Por qué unos reciben más respuestas de Dios y están contentos y otros no reciben respuestas, y están con rostros de guerra?

¿Es mi Dios diferente al de ustedes? ¿Es mi Dios de diferente categoría que aquel que están creyendo ustedes? ¿Entonces, dónde crees está la diferencia? ESTA EN LA OBEDIENCIA.

Si existe alguien quien cuando escucha una palabra dice: SI SEÑOR, AMEN SEÑOR, ASI HARE, ¿Cómo deseas que haga, Señor?

Existe otro que dice: No puede ser, No lo haré, ¿Por qué yo?, ¿Por qué no pide al otro?, Si esto es mío. Esto no puede pedirme. Esto es algo del pastor solamente. Es la forma como él ve la Biblia, pero yo no.

NO SON LOS AÑOS

Hoy en el capítulo 12 nos enseña algo bien sencillo.

Dios dijo, sal de tu tierra, de la casa de tu familia, al lugar que yo te mostraré.

Abraham obedeció, salió. Este es el principio.

Aquí está el secreto que muchos no saben. Dios desea ver en sus hijos esto: LA OBEDIENCIA. El no pide toda la perfección al hombre desde un primer momento, ni en todos los puntos.

Cuando Abraham pudo obedecer, esto agradó a Dios. Luego ustedes saben que Abraham, no se quedó en la tierra que Dios le había prometido sino que fue hasta Egipto, allí él mintió respecto a su esposa, haciendo que los hombres de Egipto pecaran y incluso pudiera cometer un pecado grave. Pero Dios, antes de reprochar a Abraham por el pecado, antes que nada salva de esa situación, hace que Faraón y todos los hombres de esa tierra tengan miedo de Abraham, incluso le dan regalos y lo hace un hombre rico, también hiere a Faraón y su casa con plagas.

Vemos la fe de Abraham en obedecer rápidamente a Dios, pero también vemos la debilidad del hombre Abraham quien peca contra Dios. Pero Dios primeramente salva de una situación peligrosa, y porque Dios había prometido algo a Abraham, sea la forma que sea, lo lleva a un feliz término, lo bendice, lo hace poderoso. Y todos los pecados que sigue cometiendo, Dios lo va corrigiendo poco a poco.

HAZ LO QUE QUIERAS DE MÍ, SEÑOR

Oren para que esta pueda ser tu respuesta.

Cuando escuchan la palabra de Dios, digan: Sí, Señor. Lo haré.

Y háganlo. Luego dejen que Dios se responsabilice por lo que ustedes respondieron.

¿Qué piensan ustedes? ¿Dios necesita de dinero? ¿Por qué Dios no quiere abrir la bolsa de su dinero? ¿Por qué Dios cerrará su boca para no hablarte?

Porque necesita escuchar de tu boca: Sí, Señor.

Quiere ver en ti la actitud: HAZ LO QUE QUIERAS DE MI, SEÑOR.

El sabe que nosotros no somos perfectos. Él Sabe que por más que nosotros digamos Sí Señor, lo haré. Sin su ayuda, sin que el Espíritu Santo nos ayude en todo momento, no podremos pararnos con firmeza.

Mas él desea escuchar que nosotros confiamos en Señor, que para nosotros él es lo más importante. Y cuando así actuamos, él también nos muestra sus milagros. Muestra sus caminos.

¿Piensa en qué no puedes decir: Haz lo que quieras de mí Señor?

Veo que muchos de ustedes, en las situaciones cotidianas de la vida no pueden decir: Sí Señor.

Para hablar con alguien de Cristo, para llevar el folleto a alguien, no pueden orar y leer la palabra a alguien, no pueden asistir a la iglesia venciendo muchas cosas, los cultos, los estudios bíblicos. No pueden decir que van a la iglesia, todavía no están convencidos.

CONCLUSIÓN

Es tiempo de obedecer.

Es tiempo de decir: Sí Señor. Y probar cómo Dios entonces responde.

¿Hasta cuándo serás terco?

¿Hasta cuándo estarás pensando de que Dios aún él quebrantando su palabra escuchará tu ruego?

¿Todavía tienes tiempo para esperar?

Tu vida puede comenzar a cambiar por el sólo hecho de decir: Sí Señor, lo haré. Obedeceré a tus palabras puede abrir las puertas de cosas que ni imaginas.

Pruébalo.

Que Dios te bendiga.

    


Informes sobre esta página: webmaster@evangelio123.org
Copyright © 2003-2004 Palabras de Vida, www.evangelio123.org
Última modificación: 7 de febrero de 2004